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La preservación de la biodiversidad

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La preservación de la biodiversidad

Con ayuda de comunidades locales, el científico francés Michel André, especialista en bioacústica, instaló en una reserva ambiental de la Amazonía brasileña receptores ultrasensibles para vigilar en tiempo real la preservación de la biodiversidad.

“Quiero ayudar a que el resto del mundo entienda la urgencia de proteger la selva amazónica y apoyar acciones de conservación”, dijo. André es director del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) en Barcelona y uno de los responsables del proyecto Providence (Providencia), una especie de “Gran Hermano” de los sonidos de la fauna amazónica implementado en colaboración con el Instituto Mamirauá, que gestiona una reserva natural con el mismo nombre en el corazón de la selva, 500 kilómetros al norte de Manaos.

El proyecto comenzó con una observación: es muy poco lo que se conoce acerca de la vida bajo las copas de los árboles. Los satélites y los drones han permitido identificar y cuantificar los árboles talados cada año, pero hay muy pocos datos sobre la diversidad de especies que viven por debajo de la cubierta vegetal.

Esto les dio a los investigadores la idea de utilizar herramientas tecnológicas avanzadas, creadas originalmente para medir los efectos de la contaminación acústica sobre la vida marina, para monitorear la biodiversidad de la Amazonía a gran escala.

Gracias a las estaciones de Providence (conjuntos de sensores acústicos, visuales y medioambientales, llamados nodos), recopilan innumerables imágenes y sonidos (audibles o no) en áreas clave de la selva inundada de Mamirauá, para capturar el espectro más amplio posible de especies.

Estos “oídos inteligentes” envían los datos en tiempo real a un laboratorio, donde son analizados con ayuda de las comunidades indígenas y los biólogos del Instituto. Desde el inicio del proyecto, hace dos años, se han desplegado diez estaciones en la reserva y se han identificado más de 40 especies (aves, monos, jaguares, insectos, murciélagos, delfines, peces), que están siendo monitoreadas.

Este ambicioso proyecto está dividido en tres fases. La primera tuvo lugar en Mamirauá, con diez estaciones repartidas en diferentes áreas (acuáticas y terrestres), para verificar que el sistema podía operar en condiciones adversas, el procesamiento de los datos en los nodos y su transmisión a través de internet. En los sitios sin señal de internet, los datos fueron transmitidos por satélite.

La etapa intermedia tiene el objetivo de instalar esa tecnología en diferentes hábitats y demostrar que el concepto de Providence se puede exportar a cualquier lugar de la Amazonía. Serán estaciones ubicadas en la selva tropical de Bolivia, llamada Madidi, y otras diez en el Xingú en Brasil; especialmente porque están construyendo una represa y desean monitorear la conservación de la fauna antes y después.

La Fase 3 está programada para 2025 con el objetivo final de Providence: expandir la red y monitorear toda la selva tropical amazónica con mil estaciones, desplegadas en una malla de 100 x 100 kilómetros para estudiar el impacto de cambio climático y actividades humanas en este hábitat.

Un aspecto fundamental de Providence es que trabaja lado a lado con las comunidades indígenas, que son los verdaderos guardianes de la Amazonía. De hecho, ya que han vivido en la selva primaria durante siglos y sus vidas dependen de sus recursos, tienen un conocimiento vernáculo muy preciso de la biodiversidad, que es preciso aprender y comprender.

Es por eso que se involucraron desde el principio en Providence, para compartir un enfoque de conservación y lograr juntos los objetivos. Porque la preservación de la biodiversidad es un tema que involucra a todos. Así de simple.

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La preservación de la biodiversidad

Con ayuda de comunidades locales, el científico francés Michel André, especialista en bioacústica, instaló en una reserva ambiental de la Amazonía brasileña receptores ultrasensibles para vigilar en tiempo real la preservación de la biodiversidad.

“Quiero ayudar a que el resto del mundo entienda la urgencia de proteger la selva amazónica y apoyar acciones de conservación”, dijo. André es director del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) en Barcelona y uno de los responsables del proyecto Providence (Providencia), una especie de “Gran Hermano” de los sonidos de la fauna amazónica implementado en colaboración con el Instituto Mamirauá, que gestiona una reserva natural con el mismo nombre en el corazón de la selva, 500 kilómetros al norte de Manaos.

El proyecto comenzó con una observación: es muy poco lo que se conoce acerca de la vida bajo las copas de los árboles. Los satélites y los drones han permitido identificar y cuantificar los árboles talados cada año, pero hay muy pocos datos sobre la diversidad de especies que viven por debajo de la cubierta vegetal.

Esto les dio a los investigadores la idea de utilizar herramientas tecnológicas avanzadas, creadas originalmente para medir los efectos de la contaminación acústica sobre la vida marina, para monitorear la biodiversidad de la Amazonía a gran escala.

Gracias a las estaciones de Providence (conjuntos de sensores acústicos, visuales y medioambientales, llamados nodos), recopilan innumerables imágenes y sonidos (audibles o no) en áreas clave de la selva inundada de Mamirauá, para capturar el espectro más amplio posible de especies.

Estos “oídos inteligentes” envían los datos en tiempo real a un laboratorio, donde son analizados con ayuda de las comunidades indígenas y los biólogos del Instituto. Desde el inicio del proyecto, hace dos años, se han desplegado diez estaciones en la reserva y se han identificado más de 40 especies (aves, monos, jaguares, insectos, murciélagos, delfines, peces), que están siendo monitoreadas.

Este ambicioso proyecto está dividido en tres fases. La primera tuvo lugar en Mamirauá, con diez estaciones repartidas en diferentes áreas (acuáticas y terrestres), para verificar que el sistema podía operar en condiciones adversas, el procesamiento de los datos en los nodos y su transmisión a través de internet. En los sitios sin señal de internet, los datos fueron transmitidos por satélite.

La etapa intermedia tiene el objetivo de instalar esa tecnología en diferentes hábitats y demostrar que el concepto de Providence se puede exportar a cualquier lugar de la Amazonía. Serán estaciones ubicadas en la selva tropical de Bolivia, llamada Madidi, y otras diez en el Xingú en Brasil; especialmente porque están construyendo una represa y desean monitorear la conservación de la fauna antes y después.

La Fase 3 está programada para 2025 con el objetivo final de Providence: expandir la red y monitorear toda la selva tropical amazónica con mil estaciones, desplegadas en una malla de 100 x 100 kilómetros para estudiar el impacto de cambio climático y actividades humanas en este hábitat.

Un aspecto fundamental de Providence es que trabaja lado a lado con las comunidades indígenas, que son los verdaderos guardianes de la Amazonía. De hecho, ya que han vivido en la selva primaria durante siglos y sus vidas dependen de sus recursos, tienen un conocimiento vernáculo muy preciso de la biodiversidad, que es preciso aprender y comprender.

Es por eso que se involucraron desde el principio en Providence, para compartir un enfoque de conservación y lograr juntos los objetivos. Porque la preservación de la biodiversidad es un tema que involucra a todos. Así de simple.

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