Escuchá acá la 90.9
X

El campo no encuentra noticias alentadoras

Carlos Etchepare

Si algo queda claro en la Argentina es que la suba del dólar es para todos, menos para los productores.

En un encuentro entre el titular de la AFIP, Leandro Cuccioli, y el secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, se acordó adecuar los sistemas de la AFIP en los próximos 90 días para garantizar que se implemente la Disposición Nº 9/19 de la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario.

Pero que los productores no se ilusionen: el tipo de cambio que regirá para estas liquidaciones se adaptará al cumplimiento de las actuales normas tributarias. De esta manera fue presentada días pasados la resolución de la AFIP que dio “por tierra” con las aspiraciones lógicas de la mayoría de los que arriesgan su capital haciendo agricultura, que pretendían cobrar las operaciones de venta de sus granos en dólares tal como lo hacen los exportadores en sus ventas al exterior. 

Un par de semanas antes, Agroindustria, a través de la Dirección de Control Comercial Agropecuario, determinó que los contratos de compraventa de granos con entrega de mercaderías en los cuales los pagos hayan sido convenidos en dólares estadounidenses, sean parciales y/o finales, deberán ser liquidados tomando en cuenta la cotización de la divisa extranjera al cierre tipo comprador del Banco de la Nación Argentina del día anterior a la fecha en que se haga efectivo el pago.

La medida corresponde a la disposición 9/2019, publicada en el Boletín Oficial, con el objetivo de brindar un marco de certeza a los operadores en relación a la cotización de la divisa al momento de las liquidaciones de los contratos de compraventa de granos con entrega.

Esta normativa intentó poner justicia a la forma de liquidar las operaciones pactadas en dólares y que en el proceso de liquidación, en general, al transformarse en pesos genera una retención encubierta del 3 al 6% que se le hace a los productores respecto del valor en dólares pactado originalmente.

Durante las últimas semanas la referida disposición tuvo resistencia para su aplicación de parte de ciertos sectores del corretaje, el acopio, las cooperativas y la exportación e industria. también la AFIP cuestionó la norma por cuanto “administrativamente su sistema no estaba preparado”.

Luego de una reunión que tuvieron representantes del organismo recaudador y de Agroindustria, la “AFIP se comprometió a adecuar sus sistemas para que la disposición se pueda aplicar”. Sin embargo, el plazo que pidió para esa adecuación (90 días) parece algo exagerado para quien se supone que tiene los mejores equipos de especialistas en sistemas de la Argentina. Pero más allá de este detalle (no menor ya que se pasa toda la cosecha en ese tiempo) queda claro que la responsabilidad de resolver el problema es de la AFIP.

Para agroindustria, la disposición Nº 9 sigue vigente, aunque no cuenta con herramientas para que su cumplimiento sea obligatorio.

En ese contexto y en base a la información que me han hecho llegar muchos productores en estas últimas semanas, se debe tener en cuenta lo siguiente:

Hay operadores del mercado en el sistema comercial (acopiadores, cooperativas, corredores, exportadores e industriales) que han cumplido con la normativa sin problemas. Por esta razón los productores deben saber que la norma no es de imposible cumplimiento y por lo tanto deben insistir en lograr que se cumpla. Es mucho el dinero que está en juego.

Por supuesto que, como siempre he dicho, la solución ideal no es esta, sino que directamente se liquide en dólares, pero mientras la AFIP se toma su tiempo para adecuar los sistemas y transformar la disposición Nº 9 en obligatoria, tengan en cuenta que todo aquel operador (agente comercial o comprador) que les garantice su cumplimiento en la actualidad les está otorgando una ventaja comercial muy importante en comparación con quien no lo haga; y esa ventaja, en muchos casos, es superior a una eventual diferencia de comisiones e inclusive de precio. A prestarle mucha atención a este detalle.

¿Y si miramos el mundo?
El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) publicó su primer informe sobre las previsiones de cosecha para el mundo en el ciclo 2019/20. Las mismas muestran una fuerte recuperación de las producciones de trigo y maíz, que alcanzarían niveles récord, y cierta estabilidad en la producción de soja basada en una muy hipotética menor producción en Estados Unidos y la Argentina. 

Por su parte Trump sigue profundizando su “guerra comercial” con la República Popular China.

La Bolsa de Comercio de Rosario, en su habitual informe señaló que desde el viernes 10 de mayo, con acusaciones de que China no accedió a negociar según lo comprometido en el último período, Estados Unidos dispuso un aumento de la alícuota del 10% al 25% a una serie de importaciones de productos de origen chino, que está valuados en conjunto en US$200.000 millones. Al mismo tiempo, que otros bienes por un total de US$325.000 millones que a la fecha no pagaban arancel, comenzaron a tributar el 25%.

Para comprender el impacto global que tienen las tensiones entre ambas naciones debe considerarse que en conjunto estos dos países detentan el 40% del PBI global. Además, en 2018 China importó 155.000 millones de dólares en bienes desde los Estados Unidos, mientras que la administración de Donald Trump compró 539.000 millones de dólares en productos chinos, por lo que el déficit bilateral de los norteamericanos superó los 384.000 millones de dólares.

Una amenaza para la soja
Las escaramuzas comerciales entre ambas naciones comenzaron a impactar sobre los mercados desde el mes de marzo de 2018, cuando comenzaron a aumentar sucesiva y escalonadamente los aranceles a la importación de una serie de productos estratégicos de su contraparte, que incluyen una variedad de commodities agrícolas, carnes, automóviles, etc. Entre todos, es la soja uno de los casos más emblemáticos que ha recibido aranceles del 25% a partir de julio del año pasado por parte de China.

El gigante asiático es el mayor importador de soja a nivel global y, tradicionalmente, ha sido Estados Unidos su abastecedor principal. El fuerte abaratamiento de la soja estadounidense en la cúspide del conflicto el año pasado determinó un notable aumento de la molienda norteamericana de soja, ya que incluso fábricas pequeñas y más ineficientes encontraban rentable retomar la actividad.

El crushing de soja en EE.UU. alcanzó un récord histórico y, con ello, la nación logró aumentar un 20% las exportaciones de harina de soja, alcanzando el mayor volumen de su historia. La mayor competitividad de las exportaciones del subproducto de parte de los estadounidenses erosionó la penetración argentina en algunos destinos claves, tal como los países que conforman la Unión Europea.

De la misma manera que se evidenció una caída en los precios del poroto de soja, se registró una caída en el precio de los subproductos de la oleaginosa. La baja en los precios de exportación de los productos derivados de la soja erosionó las márgenes de la industria molinera argentina, por lo que si bien el marco del conflicto comercial entre ambas naciones puede ofrecer la oportunidad de exportar más poroto de soja, se hace a expensas de la actividad industrial y las exportaciones de harina -principal producto de exportación argentino- y aceite de soja.

Aquí debe considerarse también que el poroto de soja que Argentina puede ofrecer es de un contenido proteico relativamente bajo en comparación con otros proveedores mundiales, por lo que no es un rubro en el que se tenga una ventaja comparativa. Además, al contrario de la harina, el poroto de soja se concentra en un único destino de exportación, aumentando la vulnerabilidad de nuestras cuentas externas (aproximadamente el 96% de los despachos de exportación de poroto de soja argentinos tuvo como destino a China en 2018).

La continuidad de la guerra comercial traería mayores perjuicios para la Argentina, por verse afectado su principal producto de exportación: harina de soja. No se estima a la fecha que nuestro país pueda -en el marco de la guerra comercial- exportar más productos a China que lleguen a compensar los perjuicios que podrían darse en el complejo sojero (menor precio internacional de la soja, creciente entrada en el mercado internacional de harina de soja por parte de Estados Unidos). Y encima está en el escenario la reciente aparición de la peste porcina africana, que implica menor demanda de poroto de soja por parte de China para alimentar su stock de ganado porcino.

Incertidumbre y proteccionismo
Además, dejando de lado el comercio de bienes entre países, en un contexto donde la macroeconomía argentina depende fuertemente del flujo de fondos internacionales, la incertidumbre global y el mayor proteccionismo entre los actores clave no son una buena noticia para el país, toda vez que ello resulte en una mayor preferencia de los fondos de capital internacional por economías consideradas más estables, como son las de los países más desarrollados.

Es sabido que en las épocas de retracción del comercio internacional, el crecimiento global también se morigera, tal como ha advertido el FMI en su último informe de perspectivas de crecimiento mundial.

En suma, si bien la guerra comercial puede traer alguna oportunidad puntual de negocios en el rubro carne de cerdos o poroto de soja, difícilmente el efecto neto sobre la economía argentina resulte positivo. Argentina depende fuertemente del comercio internacional y el financiamiento externo, y la retracción de ambos exacerba la vulnerabilidad de la economía internacional en general y de nuestro país en particular.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

El campo no encuentra noticias alentadoras

Si algo queda claro en la Argentina es que la suba del dólar es para todos, menos para los productores.

En un encuentro entre el titular de la AFIP, Leandro Cuccioli, y el secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, se acordó adecuar los sistemas de la AFIP en los próximos 90 días para garantizar que se implemente la Disposición Nº 9/19 de la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario.

Pero que los productores no se ilusionen: el tipo de cambio que regirá para estas liquidaciones se adaptará al cumplimiento de las actuales normas tributarias. De esta manera fue presentada días pasados la resolución de la AFIP que dio “por tierra” con las aspiraciones lógicas de la mayoría de los que arriesgan su capital haciendo agricultura, que pretendían cobrar las operaciones de venta de sus granos en dólares tal como lo hacen los exportadores en sus ventas al exterior. 

Un par de semanas antes, Agroindustria, a través de la Dirección de Control Comercial Agropecuario, determinó que los contratos de compraventa de granos con entrega de mercaderías en los cuales los pagos hayan sido convenidos en dólares estadounidenses, sean parciales y/o finales, deberán ser liquidados tomando en cuenta la cotización de la divisa extranjera al cierre tipo comprador del Banco de la Nación Argentina del día anterior a la fecha en que se haga efectivo el pago.

La medida corresponde a la disposición 9/2019, publicada en el Boletín Oficial, con el objetivo de brindar un marco de certeza a los operadores en relación a la cotización de la divisa al momento de las liquidaciones de los contratos de compraventa de granos con entrega.

Esta normativa intentó poner justicia a la forma de liquidar las operaciones pactadas en dólares y que en el proceso de liquidación, en general, al transformarse en pesos genera una retención encubierta del 3 al 6% que se le hace a los productores respecto del valor en dólares pactado originalmente.

Durante las últimas semanas la referida disposición tuvo resistencia para su aplicación de parte de ciertos sectores del corretaje, el acopio, las cooperativas y la exportación e industria. también la AFIP cuestionó la norma por cuanto “administrativamente su sistema no estaba preparado”.

Luego de una reunión que tuvieron representantes del organismo recaudador y de Agroindustria, la “AFIP se comprometió a adecuar sus sistemas para que la disposición se pueda aplicar”. Sin embargo, el plazo que pidió para esa adecuación (90 días) parece algo exagerado para quien se supone que tiene los mejores equipos de especialistas en sistemas de la Argentina. Pero más allá de este detalle (no menor ya que se pasa toda la cosecha en ese tiempo) queda claro que la responsabilidad de resolver el problema es de la AFIP.

Para agroindustria, la disposición Nº 9 sigue vigente, aunque no cuenta con herramientas para que su cumplimiento sea obligatorio.

En ese contexto y en base a la información que me han hecho llegar muchos productores en estas últimas semanas, se debe tener en cuenta lo siguiente:

Hay operadores del mercado en el sistema comercial (acopiadores, cooperativas, corredores, exportadores e industriales) que han cumplido con la normativa sin problemas. Por esta razón los productores deben saber que la norma no es de imposible cumplimiento y por lo tanto deben insistir en lograr que se cumpla. Es mucho el dinero que está en juego.

Por supuesto que, como siempre he dicho, la solución ideal no es esta, sino que directamente se liquide en dólares, pero mientras la AFIP se toma su tiempo para adecuar los sistemas y transformar la disposición Nº 9 en obligatoria, tengan en cuenta que todo aquel operador (agente comercial o comprador) que les garantice su cumplimiento en la actualidad les está otorgando una ventaja comercial muy importante en comparación con quien no lo haga; y esa ventaja, en muchos casos, es superior a una eventual diferencia de comisiones e inclusive de precio. A prestarle mucha atención a este detalle.

¿Y si miramos el mundo?
El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) publicó su primer informe sobre las previsiones de cosecha para el mundo en el ciclo 2019/20. Las mismas muestran una fuerte recuperación de las producciones de trigo y maíz, que alcanzarían niveles récord, y cierta estabilidad en la producción de soja basada en una muy hipotética menor producción en Estados Unidos y la Argentina. 

Por su parte Trump sigue profundizando su “guerra comercial” con la República Popular China.

La Bolsa de Comercio de Rosario, en su habitual informe señaló que desde el viernes 10 de mayo, con acusaciones de que China no accedió a negociar según lo comprometido en el último período, Estados Unidos dispuso un aumento de la alícuota del 10% al 25% a una serie de importaciones de productos de origen chino, que está valuados en conjunto en US$200.000 millones. Al mismo tiempo, que otros bienes por un total de US$325.000 millones que a la fecha no pagaban arancel, comenzaron a tributar el 25%.

Para comprender el impacto global que tienen las tensiones entre ambas naciones debe considerarse que en conjunto estos dos países detentan el 40% del PBI global. Además, en 2018 China importó 155.000 millones de dólares en bienes desde los Estados Unidos, mientras que la administración de Donald Trump compró 539.000 millones de dólares en productos chinos, por lo que el déficit bilateral de los norteamericanos superó los 384.000 millones de dólares.

Una amenaza para la soja
Las escaramuzas comerciales entre ambas naciones comenzaron a impactar sobre los mercados desde el mes de marzo de 2018, cuando comenzaron a aumentar sucesiva y escalonadamente los aranceles a la importación de una serie de productos estratégicos de su contraparte, que incluyen una variedad de commodities agrícolas, carnes, automóviles, etc. Entre todos, es la soja uno de los casos más emblemáticos que ha recibido aranceles del 25% a partir de julio del año pasado por parte de China.

El gigante asiático es el mayor importador de soja a nivel global y, tradicionalmente, ha sido Estados Unidos su abastecedor principal. El fuerte abaratamiento de la soja estadounidense en la cúspide del conflicto el año pasado determinó un notable aumento de la molienda norteamericana de soja, ya que incluso fábricas pequeñas y más ineficientes encontraban rentable retomar la actividad.

El crushing de soja en EE.UU. alcanzó un récord histórico y, con ello, la nación logró aumentar un 20% las exportaciones de harina de soja, alcanzando el mayor volumen de su historia. La mayor competitividad de las exportaciones del subproducto de parte de los estadounidenses erosionó la penetración argentina en algunos destinos claves, tal como los países que conforman la Unión Europea.

De la misma manera que se evidenció una caída en los precios del poroto de soja, se registró una caída en el precio de los subproductos de la oleaginosa. La baja en los precios de exportación de los productos derivados de la soja erosionó las márgenes de la industria molinera argentina, por lo que si bien el marco del conflicto comercial entre ambas naciones puede ofrecer la oportunidad de exportar más poroto de soja, se hace a expensas de la actividad industrial y las exportaciones de harina -principal producto de exportación argentino- y aceite de soja.

Aquí debe considerarse también que el poroto de soja que Argentina puede ofrecer es de un contenido proteico relativamente bajo en comparación con otros proveedores mundiales, por lo que no es un rubro en el que se tenga una ventaja comparativa. Además, al contrario de la harina, el poroto de soja se concentra en un único destino de exportación, aumentando la vulnerabilidad de nuestras cuentas externas (aproximadamente el 96% de los despachos de exportación de poroto de soja argentinos tuvo como destino a China en 2018).

La continuidad de la guerra comercial traería mayores perjuicios para la Argentina, por verse afectado su principal producto de exportación: harina de soja. No se estima a la fecha que nuestro país pueda -en el marco de la guerra comercial- exportar más productos a China que lleguen a compensar los perjuicios que podrían darse en el complejo sojero (menor precio internacional de la soja, creciente entrada en el mercado internacional de harina de soja por parte de Estados Unidos). Y encima está en el escenario la reciente aparición de la peste porcina africana, que implica menor demanda de poroto de soja por parte de China para alimentar su stock de ganado porcino.

Incertidumbre y proteccionismo
Además, dejando de lado el comercio de bienes entre países, en un contexto donde la macroeconomía argentina depende fuertemente del flujo de fondos internacionales, la incertidumbre global y el mayor proteccionismo entre los actores clave no son una buena noticia para el país, toda vez que ello resulte en una mayor preferencia de los fondos de capital internacional por economías consideradas más estables, como son las de los países más desarrollados.

Es sabido que en las épocas de retracción del comercio internacional, el crecimiento global también se morigera, tal como ha advertido el FMI en su último informe de perspectivas de crecimiento mundial.

En suma, si bien la guerra comercial puede traer alguna oportunidad puntual de negocios en el rubro carne de cerdos o poroto de soja, difícilmente el efecto neto sobre la economía argentina resulte positivo. Argentina depende fuertemente del comercio internacional y el financiamiento externo, y la retracción de ambos exacerba la vulnerabilidad de la economía internacional en general y de nuestro país en particular.

Logín