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La ansiedad, ¿negarla o asumirla?

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La ansiedad, ¿negarla o asumirla?

Bernardo Stamateas

La ansiedad, como todo aquello que puede llegar a modificar el curso normal de nuestra vida, debe ser enfrentada y nunca ignorada. Observemos algunos ejercicios que pueden ayudarte a que podamos vivir cada día con un poco menos de ansiedad:

  1. Hacer una lista de todas las preocupaciones que solemos tener. El poder escribirlas nos permitirá mirarlas objetivamente y ordenarlas en el papel o en la pantalla. Una vez que ya hicimos la lista comencemos a puntuar la importancia de cada una de ellas. Al hacerlo nos daremos cuenta que no es lo mismo perder un objeto, aunque este sea muy importante, que perder la salud. Darle un orden de prioridades a las preocupaciones les brindará orden a nuestros pensamientos y nos permitirá responder: “¿Qué puedo hacer frente a esto?” La ansiedad no la resolveremos pensando y pensando una y otra vez en lo mismo, sino accionando. Si mi miedo mayor es enfermarme, puedo preguntarme, ¿qué puedo hacer? Anotar aquellas acciones que podría realizar para luego pasar a la acción es darnos cuenta que la fantasía, la mayoría de las veces, no coincide con la realidad.
     
  2. Comer lentamente. Esto se les suele recomendar a las personas ansiosas porque no logran masticar la comida, ¡la tragan! Y lo ideal es masticar cada bocado hasta convertirlo en líquido. Aunque parezca algo simple, para el que sufre ansiedad, suele ser una tortura. De esta forma, lo que se busca es que la persona logre conectar con la enorme dosis de energía ansiosa que tiene, pues empezar a comer lentamente y a masticar lo desacelera y termina por solucionar sus problemas gastrointestinales que son la consecuencia lógica de su actitud frente a la comida en muchos casos.
     
  3. Ignorar los pensamientos catastróficos. Todos los pensamientos negativos y catastróficos que la persona elabora le provocan mucha angustia, los cuales disparan una emoción de la cual sólo deseará liberarse. Sin darnos cuenta, al querer ser libres de ellos estará reforzando el mismo pensamiento, como el conocido ejercicio de tratar de no pensar en un elefante rosa… para terminar pensando en él. ¿Qué deberíamos hacer con este tipo de pensamientos? Observarlos tal como observamos un cuadro, o nubes en el cielo, sin luchar con ellos. Y decirnos: “Estoy teniendo este pensamiento…”, hasta que desaparezca de nuestra mente.
     
  4. Es importantísimo abrir espacios de placer (tengamos ansiedad, o no). Hacer una pausa y quitar el pie del acelerador son maneras de reconectar con el placer.

Nuestra vida es muy hermosa como para que la vivamos tristemente, con una mala calidad de vida a causa de la ansiedad permanente. Si lo que venimos haciendo no funcionó, es tiempo de hacer algo nuevo y que nos animemos a cambiar. No nos conformemos y pongamos un “basta” a la ansiedad en el mismo momento en que comienza en nuestra mente antes que dañe nuestro cuerpo físico.

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La ansiedad, ¿negarla o asumirla?

La ansiedad, como todo aquello que puede llegar a modificar el curso normal de nuestra vida, debe ser enfrentada y nunca ignorada. Observemos algunos ejercicios que pueden ayudarte a que podamos vivir cada día con un poco menos de ansiedad:

  1. Hacer una lista de todas las preocupaciones que solemos tener. El poder escribirlas nos permitirá mirarlas objetivamente y ordenarlas en el papel o en la pantalla. Una vez que ya hicimos la lista comencemos a puntuar la importancia de cada una de ellas. Al hacerlo nos daremos cuenta que no es lo mismo perder un objeto, aunque este sea muy importante, que perder la salud. Darle un orden de prioridades a las preocupaciones les brindará orden a nuestros pensamientos y nos permitirá responder: “¿Qué puedo hacer frente a esto?” La ansiedad no la resolveremos pensando y pensando una y otra vez en lo mismo, sino accionando. Si mi miedo mayor es enfermarme, puedo preguntarme, ¿qué puedo hacer? Anotar aquellas acciones que podría realizar para luego pasar a la acción es darnos cuenta que la fantasía, la mayoría de las veces, no coincide con la realidad.
     
  2. Comer lentamente. Esto se les suele recomendar a las personas ansiosas porque no logran masticar la comida, ¡la tragan! Y lo ideal es masticar cada bocado hasta convertirlo en líquido. Aunque parezca algo simple, para el que sufre ansiedad, suele ser una tortura. De esta forma, lo que se busca es que la persona logre conectar con la enorme dosis de energía ansiosa que tiene, pues empezar a comer lentamente y a masticar lo desacelera y termina por solucionar sus problemas gastrointestinales que son la consecuencia lógica de su actitud frente a la comida en muchos casos.
     
  3. Ignorar los pensamientos catastróficos. Todos los pensamientos negativos y catastróficos que la persona elabora le provocan mucha angustia, los cuales disparan una emoción de la cual sólo deseará liberarse. Sin darnos cuenta, al querer ser libres de ellos estará reforzando el mismo pensamiento, como el conocido ejercicio de tratar de no pensar en un elefante rosa… para terminar pensando en él. ¿Qué deberíamos hacer con este tipo de pensamientos? Observarlos tal como observamos un cuadro, o nubes en el cielo, sin luchar con ellos. Y decirnos: “Estoy teniendo este pensamiento…”, hasta que desaparezca de nuestra mente.
     
  4. Es importantísimo abrir espacios de placer (tengamos ansiedad, o no). Hacer una pausa y quitar el pie del acelerador son maneras de reconectar con el placer.

Nuestra vida es muy hermosa como para que la vivamos tristemente, con una mala calidad de vida a causa de la ansiedad permanente. Si lo que venimos haciendo no funcionó, es tiempo de hacer algo nuevo y que nos animemos a cambiar. No nos conformemos y pongamos un “basta” a la ansiedad en el mismo momento en que comienza en nuestra mente antes que dañe nuestro cuerpo físico.

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