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Cambios profundos

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Cambios profundos

Ocurren cambios profundos con una velocidad y frecuencia tal, que muchos de ellos, ni siquiera se convierten en noticias. O en todo caso, en una noticia menor: la empresa estadounidense Google, cuyo sistema operativo Android está instalado en la gran mayoría de los teléfonos inteligentes del mundo, indicó que cortaba sus relaciones con Huawei, una decisión de graves consecuencias para el gigante chino, que ya no podría ofrecer Gmail o Google Maps a sus clientes.
Este inesperado anuncio se produce en medio de las tensiones comerciales entre Washington y Pekín, y tras la espectacular decisión del presidente Donald Trump de prohibir a los grupos estadounidenses comerciar en el ámbito de las telecomunicaciones con sociedades extranjeras consideradas “peligrosas para la seguridad nacional”. Notable maniobra de enorme complejidad.
La medida apunta principalmente a Huawei, el gigante chino de las telecomunicaciones, segundo fabricante mundial de smartphones y bestia negra de Washington, que acusa al grupo de ciberespionaje en favor del gobierno de Pekín.
En efecto, el grupo figura en una lista de empresas sospechosas con las que no se puede negociar sino después de obtener la luz verde de las autoridades.
“Estamos cumpliendo con la orden y examinando las implicaciones”, dijo un portavoz de Google en un correo electrónico a la AFP: “Para los usuarios de nuestros servicios, Google Play (tienda de aplicaciones Android, ndlr) y el sistema de seguridad Google Play Protect seguirán funcionando en los aparatos Huawei existentes”, matizó el portavoz.
Pero como el decreto presidencial prohíbe compartir tecnologías, Google va a tener que ir más allá y suspender su colaboración con Huawei. Las implicaciones pueden ser importantes pues, como todos los grupos tecnológicos, Google debe colaborar con los fabricantes de smartphones para que sus sistemas sean compatibles con los teléfonos.
Además solo podrá ofrecer a los usuarios de Huawei la versión libre de derechos de su programa Android, según una fuente cercana al caso. Ello significa que esos usuarios no podrán ya acceder a las aplicaciones y servicios propiedad de Google, como la mensajería Gmail o Google Maps.
Es cierto que estas aplicaciones deberían permanecer activas al menos en un primer momento, indicó a la AFP otra fuente allegada. Pero mientras el decreto siga vigente, Huawei se verá obligado a realizar actualizaciones desde Android Open Source Projet -la versión libre de derechos- y sus clientes deberán hacer lo mismo.
Por lo tanto es posible que el grupo chino no pueda en el futuro ofrecer Android y todas sus aplicaciones, como la muy popular plataforma de videos YouTube.
Huawei dijo en un comunicado que “seguirá proporcionando actualizaciones de seguridad y servicio pos-venta” a todos los smartphones y tabletas a nivel mundial, incluyendo los dispositivos que aún no han sido vendidos.
En tanto, un portavoz de la cartera china de Relaciones Exteriores, Lu Kang, dijo que Pekín sigue muy de cerca la situación y que “apoyará a las empresas chinas para tomar las medidas legales pertinentes con el fin de defender sus legítimos derechos”.
Huawei, cuya sede está en Shenzen, sur de China, es además muy dependiente de los suministradores extranjeros: cada año, compra por 11.000 millones de dólares en componentes a grupos del sector estadounidenses, sobre un total de 67.000 millones de gastos en suministros, según el diario japonés Nikkei.
Informaciones de prensa indican que varios fabricantes de chips estadounidenses que abastecen hardware a Huawei suspendieron sus entregas.
La firma está desde hace tiempo en la mira de las autoridades estadounidenses, bajo sospechas de que espía para Pekín, que ha contribuido en gran parte a su espectacular expansión internacional.
Washington teme que este grupo, presente en 170 países y que asegura emplear a 190.000 personas, sea un caballo de Troya de China.
China y Estados Unidos, las dos primeras economías mundiales, libran una guerra comercial, mediante la mutua imposición de aranceles. La tecnología es un eje fundamental de esa guerra. Es una época de cambios profundos.

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Ocurren cambios profundos con una velocidad y frecuencia tal, que muchos de ellos, ni siquiera se convierten en noticias. O en todo caso, en una noticia menor: la empresa estadounidense Google, cuyo sistema operativo Android está instalado en la gran mayoría de los teléfonos inteligentes del mundo, indicó que cortaba sus relaciones con Huawei, una decisión de graves consecuencias para el gigante chino, que ya no podría ofrecer Gmail o Google Maps a sus clientes.
Este inesperado anuncio se produce en medio de las tensiones comerciales entre Washington y Pekín, y tras la espectacular decisión del presidente Donald Trump de prohibir a los grupos estadounidenses comerciar en el ámbito de las telecomunicaciones con sociedades extranjeras consideradas “peligrosas para la seguridad nacional”. Notable maniobra de enorme complejidad.
La medida apunta principalmente a Huawei, el gigante chino de las telecomunicaciones, segundo fabricante mundial de smartphones y bestia negra de Washington, que acusa al grupo de ciberespionaje en favor del gobierno de Pekín.
En efecto, el grupo figura en una lista de empresas sospechosas con las que no se puede negociar sino después de obtener la luz verde de las autoridades.
“Estamos cumpliendo con la orden y examinando las implicaciones”, dijo un portavoz de Google en un correo electrónico a la AFP: “Para los usuarios de nuestros servicios, Google Play (tienda de aplicaciones Android, ndlr) y el sistema de seguridad Google Play Protect seguirán funcionando en los aparatos Huawei existentes”, matizó el portavoz.
Pero como el decreto presidencial prohíbe compartir tecnologías, Google va a tener que ir más allá y suspender su colaboración con Huawei. Las implicaciones pueden ser importantes pues, como todos los grupos tecnológicos, Google debe colaborar con los fabricantes de smartphones para que sus sistemas sean compatibles con los teléfonos.
Además solo podrá ofrecer a los usuarios de Huawei la versión libre de derechos de su programa Android, según una fuente cercana al caso. Ello significa que esos usuarios no podrán ya acceder a las aplicaciones y servicios propiedad de Google, como la mensajería Gmail o Google Maps.
Es cierto que estas aplicaciones deberían permanecer activas al menos en un primer momento, indicó a la AFP otra fuente allegada. Pero mientras el decreto siga vigente, Huawei se verá obligado a realizar actualizaciones desde Android Open Source Projet -la versión libre de derechos- y sus clientes deberán hacer lo mismo.
Por lo tanto es posible que el grupo chino no pueda en el futuro ofrecer Android y todas sus aplicaciones, como la muy popular plataforma de videos YouTube.
Huawei dijo en un comunicado que “seguirá proporcionando actualizaciones de seguridad y servicio pos-venta” a todos los smartphones y tabletas a nivel mundial, incluyendo los dispositivos que aún no han sido vendidos.
En tanto, un portavoz de la cartera china de Relaciones Exteriores, Lu Kang, dijo que Pekín sigue muy de cerca la situación y que “apoyará a las empresas chinas para tomar las medidas legales pertinentes con el fin de defender sus legítimos derechos”.
Huawei, cuya sede está en Shenzen, sur de China, es además muy dependiente de los suministradores extranjeros: cada año, compra por 11.000 millones de dólares en componentes a grupos del sector estadounidenses, sobre un total de 67.000 millones de gastos en suministros, según el diario japonés Nikkei.
Informaciones de prensa indican que varios fabricantes de chips estadounidenses que abastecen hardware a Huawei suspendieron sus entregas.
La firma está desde hace tiempo en la mira de las autoridades estadounidenses, bajo sospechas de que espía para Pekín, que ha contribuido en gran parte a su espectacular expansión internacional.
Washington teme que este grupo, presente en 170 países y que asegura emplear a 190.000 personas, sea un caballo de Troya de China.
China y Estados Unidos, las dos primeras economías mundiales, libran una guerra comercial, mediante la mutua imposición de aranceles. La tecnología es un eje fundamental de esa guerra. Es una época de cambios profundos.

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