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Agua para la vida

 

El océano es una de las primeras víctimas del calentamiento y a la vez protege a la especie humana del CO2, absorbiéndolo; un papel vital que los expertos esperan que se empiece a tener en cuenta en las políticas climáticas.

“Tenemos una gran oportunidad en los próximos 18 meses de hacer algo por los océanos”, dijo Dan Laffoley, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Y no solo contra la contaminación de plásticos y la sobrepesca, protagonistas recurrentes de las campañas de protección de los mares.

El 2019 estará marcado por la publicación de un informe especial del Panel Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) consagrado a los océanos. Un informe seguramente “sombrío”, prevé Lisa Speer (se publicará en setiembre), de la ONG estadounidense Natural Resources Defense Council.

En el informe del IPCC de 2014 se establecía una subida de (como mucho) un metro, a fines de siglo respecto a 1986-2005. Pero un reciente estudio científico previó un aumento superior, incluso si la humanidad logra limitar el calentamiento a + 2º C, objetivo mínimo del Acuerdo de París.

A este desafío mayor se suma lo que Laffoley describe como los “cuatro jinetes del Apocalipsis”: el calentamiento de la superficie, el del océano en su conjunto, la aceleración de la acidificación y las “zonas muertas”, donde el nivel insuficiente de oxígeno impide la vida marina. “Los científicos estamos estupefactos ante la envergadura, la intensidad y la rapidez del cambio”, remarcó.

Los océanos absorben alrededor de 30% de las emisiones de CO2 generadas por la actividad humana y más del 90% del calor adicional creado por estas emisiones, lo que limita las consecuencias para el hombre. Pero al hacerlo, su superficie se calienta y se vuelve más ácida, un fenómeno con consecuencias nefastas para los corales.

“Hay un límite” a esta capacidad de absorción compartida con los bosques, advirtió recientemente Peter Thomson, enviado especial para el clima, de la ONU. “Una de cada dos de nuestras respiraciones procede del oxígeno producido por el océano. Es hora de hacer cambios radicales”, dijo.

Los defensores de los océanos esperan que la alerta que probablemente lanzará el IPCC en setiembre permita tomar conciencia de la relación inextricable entre el océano y el clima.

En la misma línea, el presidente chileno Sebastián Piñera quiere que la 25º Conferencia de la ONU sobre el Clima (COP25) que su país presidirá en diciembre en Santiago pase a la historia como la “COP azul”. Pero ¿cómo traducir esta voluntad política en actos?

Los países deben incluir medidas relativas al océano en sus compromisos nacionales, opinan los especialistas. Los países signatarios del Acuerdo de París deben preparar para 2020 una revisión de sus compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en el que podrían incluir dichas medidas.

Trabajar por la preservación y la valorización de los ecosistemas marinos es trabajar por el clima, sostienen.

Concretamente, científicos y ONG reclaman que se extienda rápidamente la red mundial de áreas marinas protegidas. Estas pueden albergar de nuevo la vida en algunas zonas dentro de unas décadas, e invertir la tendencia. De esta manera es posible hacerle frente a las crisis provocadas por el cambio climático.

Otros expertos subrayan la importancia del llamado “carbono azul”, que designa la capacidad de absorber CO2 de algunos ecosistemas costeros, como los manglares.

Preservar estas áreas ricas en “carbono azul” es tan beneficioso para el clima como para la humanidad. Los manglares pueden proteger las costas de las tormentas y la subida del nivel del mar y a la vez, preservar la biodiversidad. Es un potencial ganador-ganador-ganador. Agua para la vida. Agua de los océanos del mundo. Agua que cuidar y preservar.

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Agua para la vida

 

El océano es una de las primeras víctimas del calentamiento y a la vez protege a la especie humana del CO2, absorbiéndolo; un papel vital que los expertos esperan que se empiece a tener en cuenta en las políticas climáticas.

“Tenemos una gran oportunidad en los próximos 18 meses de hacer algo por los océanos”, dijo Dan Laffoley, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Y no solo contra la contaminación de plásticos y la sobrepesca, protagonistas recurrentes de las campañas de protección de los mares.

El 2019 estará marcado por la publicación de un informe especial del Panel Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) consagrado a los océanos. Un informe seguramente “sombrío”, prevé Lisa Speer (se publicará en setiembre), de la ONG estadounidense Natural Resources Defense Council.

En el informe del IPCC de 2014 se establecía una subida de (como mucho) un metro, a fines de siglo respecto a 1986-2005. Pero un reciente estudio científico previó un aumento superior, incluso si la humanidad logra limitar el calentamiento a + 2º C, objetivo mínimo del Acuerdo de París.

A este desafío mayor se suma lo que Laffoley describe como los “cuatro jinetes del Apocalipsis”: el calentamiento de la superficie, el del océano en su conjunto, la aceleración de la acidificación y las “zonas muertas”, donde el nivel insuficiente de oxígeno impide la vida marina. “Los científicos estamos estupefactos ante la envergadura, la intensidad y la rapidez del cambio”, remarcó.

Los océanos absorben alrededor de 30% de las emisiones de CO2 generadas por la actividad humana y más del 90% del calor adicional creado por estas emisiones, lo que limita las consecuencias para el hombre. Pero al hacerlo, su superficie se calienta y se vuelve más ácida, un fenómeno con consecuencias nefastas para los corales.

“Hay un límite” a esta capacidad de absorción compartida con los bosques, advirtió recientemente Peter Thomson, enviado especial para el clima, de la ONU. “Una de cada dos de nuestras respiraciones procede del oxígeno producido por el océano. Es hora de hacer cambios radicales”, dijo.

Los defensores de los océanos esperan que la alerta que probablemente lanzará el IPCC en setiembre permita tomar conciencia de la relación inextricable entre el océano y el clima.

En la misma línea, el presidente chileno Sebastián Piñera quiere que la 25º Conferencia de la ONU sobre el Clima (COP25) que su país presidirá en diciembre en Santiago pase a la historia como la “COP azul”. Pero ¿cómo traducir esta voluntad política en actos?

Los países deben incluir medidas relativas al océano en sus compromisos nacionales, opinan los especialistas. Los países signatarios del Acuerdo de París deben preparar para 2020 una revisión de sus compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en el que podrían incluir dichas medidas.

Trabajar por la preservación y la valorización de los ecosistemas marinos es trabajar por el clima, sostienen.

Concretamente, científicos y ONG reclaman que se extienda rápidamente la red mundial de áreas marinas protegidas. Estas pueden albergar de nuevo la vida en algunas zonas dentro de unas décadas, e invertir la tendencia. De esta manera es posible hacerle frente a las crisis provocadas por el cambio climático.

Otros expertos subrayan la importancia del llamado “carbono azul”, que designa la capacidad de absorber CO2 de algunos ecosistemas costeros, como los manglares.

Preservar estas áreas ricas en “carbono azul” es tan beneficioso para el clima como para la humanidad. Los manglares pueden proteger las costas de las tormentas y la subida del nivel del mar y a la vez, preservar la biodiversidad. Es un potencial ganador-ganador-ganador. Agua para la vida. Agua de los océanos del mundo. Agua que cuidar y preservar.

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