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Periodistas en la mira

  En vastas regiones del planeta los periodistas sufren crecientes niveles de agresión, persecuciones y muerte, según determinó una investigación de la (ONU) Organización de las Naciones Unidas, para quien el columnista saudí Jamal Khashoggi fue víctima de “una ejecución premeditada y deliberada perpetrada por funcionarios de Arabia Saudita”.
Es solo el ejemplo más reciente y cruel de una larga lista de iniquidades a las que están sometidos los trabajadores de prensa del mundo. Después de una investigación de seis meses, la relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Agnes Callamard, concluyó que Arabia Saudita es “responsable” del asesinato “extrajudicial” de Khashoggi, columnista del Washington Post.
“Este asesinato fue el resultado de una misión planificada que involucró una amplia coordinación e importantes recursos humanos y financieros. Fue supervisada, planificada y respaldada por funcionarios de alto nivel y fue premeditada”, dijo en Ginebra, ante el Consejo de Derechos Humanos, el máximo órgano de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh).
Se trató de “una ejecución premeditada y deliberada, un asesinato extrajudicial del cual es responsable el Estado de Arabia Saudita”, sentenció la alta funcionaria sobre el crimen del crítico del reino saudí que tuvo lugar en Estambul en octubre de 2018.
“El derecho a la vida es un derecho en el centro de la protección internacional de los derechos humanos. Si la comunidad internacional ignora los asesinatos selectivos diseñados para silenciar la expresión pacífica, pone en riesgo la protección de la que dependen todos los derechos humanos”, agregó Callamard.
Como ocurrió en un consulado en Turquía, el asesinato no puede considerarse un “asunto interno” y viola la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, así como la prohibición del uso extraterritorial de la fuerza en tiempos de paz, por lo que es un crimen internacional.
Callamard señaló la necesidad de establecer una investigación criminal dentro de la ONU para garantizar la administración de justicia, y señaló que la investigación realizada por las autoridades saudíes no fue la adecuada y dejó fuera a “altos mandos del país” y a “los autores intelectuales del crimen, de forma directa o indirecta”.
El gobierno de Arabia Saudita continúa negando su participación y rechazó el nuevo informe, afirmando que se basa en “prejuicios e ideas prefabricadas”. Si bien el asesinato de Khashoggi fue brutal, su historia es solo uno de los muchos casos de ataques contra periodistas en todo el mundo.
Según Reporteros sin Fronteras (RSF), 80 periodistas fueron asesinados, 348 encarcelados y 60 secuestrados tan solo en 2018, lo que refleja un nivel sin precedentes de violencia contra los profesionales de la comunicación.
Javier Valdez, un periodista mexicano que investigó la actividad de los carteles de la droga, fue asesinado en mayo de 2017.
Pocos días después, los colegas y la viuda de Valdez comenzaron a recibir mensajes infectados con un programa espía conocido como Pegasus, que fue comprado por el gobierno mexicano a la compañía israelí de guerra cibernética NSO Group.
NSO Group solo vende ese programa espía a los gobiernos con el propósito de combatir el terror e investigar el crimen. Sin embargo, el regulador digital Citizen Lab encontró 24 objetivos cuestionables, incluidos algunos de los periodistas más destacados de México.
En Canadá, un operador vinculado a Arabia Saudita también ha infectado con el programa espía al crítico del régimen saudí y amigo de Khashoggi, Omar Abdulaziz, según denuncias.
Con frecuencia, las investigaciones sobre los asesinatos de periodistas mexicanos se estancan después que los sospechosos de bajo nivel son arrestados, lo que permite que la impunidad prospere, dice la ONU.
“Hay signos claros de tácticas cada vez más agresivas por parte de los Estados y actores no estatales para silenciar de manera permanente a quienes los critican. La comunidad internacional debe evaluar estos entornos hostiles, debe hacer un balance de los hallazgos de mi investigación sobre el asesinato de Khashoggi”, dijo Callamard en el Consejo de Derechos Humanos, en el que Arabia Saudita es uno de sus integrantes.
Las denuncias son importantes, pero ya no son suficientes. La comunidad internacional debe exigir la rendición de cuentas y la no repetición. Fortalecer las protecciones y la prevención. Porque los periodistas están en la mira.

 

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Periodistas en la mira

  En vastas regiones del planeta los periodistas sufren crecientes niveles de agresión, persecuciones y muerte, según determinó una investigación de la (ONU) Organización de las Naciones Unidas, para quien el columnista saudí Jamal Khashoggi fue víctima de “una ejecución premeditada y deliberada perpetrada por funcionarios de Arabia Saudita”.
Es solo el ejemplo más reciente y cruel de una larga lista de iniquidades a las que están sometidos los trabajadores de prensa del mundo. Después de una investigación de seis meses, la relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Agnes Callamard, concluyó que Arabia Saudita es “responsable” del asesinato “extrajudicial” de Khashoggi, columnista del Washington Post.
“Este asesinato fue el resultado de una misión planificada que involucró una amplia coordinación e importantes recursos humanos y financieros. Fue supervisada, planificada y respaldada por funcionarios de alto nivel y fue premeditada”, dijo en Ginebra, ante el Consejo de Derechos Humanos, el máximo órgano de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh).
Se trató de “una ejecución premeditada y deliberada, un asesinato extrajudicial del cual es responsable el Estado de Arabia Saudita”, sentenció la alta funcionaria sobre el crimen del crítico del reino saudí que tuvo lugar en Estambul en octubre de 2018.
“El derecho a la vida es un derecho en el centro de la protección internacional de los derechos humanos. Si la comunidad internacional ignora los asesinatos selectivos diseñados para silenciar la expresión pacífica, pone en riesgo la protección de la que dependen todos los derechos humanos”, agregó Callamard.
Como ocurrió en un consulado en Turquía, el asesinato no puede considerarse un “asunto interno” y viola la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, así como la prohibición del uso extraterritorial de la fuerza en tiempos de paz, por lo que es un crimen internacional.
Callamard señaló la necesidad de establecer una investigación criminal dentro de la ONU para garantizar la administración de justicia, y señaló que la investigación realizada por las autoridades saudíes no fue la adecuada y dejó fuera a “altos mandos del país” y a “los autores intelectuales del crimen, de forma directa o indirecta”.
El gobierno de Arabia Saudita continúa negando su participación y rechazó el nuevo informe, afirmando que se basa en “prejuicios e ideas prefabricadas”. Si bien el asesinato de Khashoggi fue brutal, su historia es solo uno de los muchos casos de ataques contra periodistas en todo el mundo.
Según Reporteros sin Fronteras (RSF), 80 periodistas fueron asesinados, 348 encarcelados y 60 secuestrados tan solo en 2018, lo que refleja un nivel sin precedentes de violencia contra los profesionales de la comunicación.
Javier Valdez, un periodista mexicano que investigó la actividad de los carteles de la droga, fue asesinado en mayo de 2017.
Pocos días después, los colegas y la viuda de Valdez comenzaron a recibir mensajes infectados con un programa espía conocido como Pegasus, que fue comprado por el gobierno mexicano a la compañía israelí de guerra cibernética NSO Group.
NSO Group solo vende ese programa espía a los gobiernos con el propósito de combatir el terror e investigar el crimen. Sin embargo, el regulador digital Citizen Lab encontró 24 objetivos cuestionables, incluidos algunos de los periodistas más destacados de México.
En Canadá, un operador vinculado a Arabia Saudita también ha infectado con el programa espía al crítico del régimen saudí y amigo de Khashoggi, Omar Abdulaziz, según denuncias.
Con frecuencia, las investigaciones sobre los asesinatos de periodistas mexicanos se estancan después que los sospechosos de bajo nivel son arrestados, lo que permite que la impunidad prospere, dice la ONU.
“Hay signos claros de tácticas cada vez más agresivas por parte de los Estados y actores no estatales para silenciar de manera permanente a quienes los critican. La comunidad internacional debe evaluar estos entornos hostiles, debe hacer un balance de los hallazgos de mi investigación sobre el asesinato de Khashoggi”, dijo Callamard en el Consejo de Derechos Humanos, en el que Arabia Saudita es uno de sus integrantes.
Las denuncias son importantes, pero ya no son suficientes. La comunidad internacional debe exigir la rendición de cuentas y la no repetición. Fortalecer las protecciones y la prevención. Porque los periodistas están en la mira.

 

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