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Tiempos de imperfección

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Tiempos de imperfección

La diplomacia internacional y el equilibrio entre las naciones no admiten favoritismo alguno, sobre todo cuando deben considerarse los múltiples aspectos oscuros que poseen las dos principales potencias globales.
Estados Unidos, de la mano de Donald Trump, rompió cada acuerdo internacional previamente suscrito; desde los que contemplaban los fondos para la preservación del planeta, hasta los que honraban la protección de los migrantes. China, por sus parte, no es el mejor ejemplo de una democracia transparente, ni de la defensa de las libertades de sus ciudadanos.
Miles de manifestantes prodemocracia volvieron a movilizarse en Hong Kong, por décimo fin de semana consecutivo, dispuestos a desafiar una vez más la prohibición de las autoridades a salir a la calle.
Numerosas personas se congregaron desde principios de la tarde en el Victoria Park, donde empezaron una marcha no autorizada por la Policía, bajo un calor húmedo y sofocante. "Seguimos aquí y veremos si tenemos ganas de desfilar más tarde", declaró una manifestante de 25 años.
"Que la manifestación esté prohibida no nos preocupa demasiado", añadió. "No sería bueno para Hong Kong que todo el mundo tenga miedo y que nadie salga a la calle", aseguró y dijo que "debemos liberarnos del miedo”.
La Policía había autorizado la concentración en Victoria Park pero no la marcha prevista en dirección al este de la isla de Hong Kong. Los manifestantes adoptaron la estrategia del "gato y el ratón" para esquivar el dispositivo policial y disminuir las confrontaciones con las fuerzas de seguridad.
"Nuestro objetivo es evitar los heridos, la sangre y las detenciones", explicó un estudiante de 17 años que se encontraba en Victoria Park.
El sábado por la noche los cuerpos de antidisturbios lanzaron gases lacrimógenos y detuvieron a 16 personas, pero los protestantes evitaron violentas confrontaciones con la Policía, como las que se produjeron durante las últimas semanas.
"Nuestra estrategia anterior, que consistía en mantenerse en un mismo lugar, provocó que hubiera numerosos detenidos y heridos", reconoce Chan, quien sostiene que "debemos ser como el agua para evitar los golpes”.
Las autoridades también habían prohibido una segunda manifestación, con varios miles de participantes en el barrio obrero de Sham Shui Po, en Kowloon. La mayoría de ellos iba vestida de negro y equipada con cascos de construcción amarillos, la emblemática vestimenta de los manifestantes hongkoneses.
Al mismo tiempo, cientos de personas continuaban una sentada en el aeropuerto internacional, por tercer día consecutivo. Con esta iniciativa quieren sensibilizar con su causa a los visitantes extranjeros que llegan a Hong Kong.
La movilización, que nació en junio como rechazo a un proyecto de ley que permitiría las extradiciones a China continental, amplió sus reivindicaciones con Pekín en el punto de mira.
El controvertido proyecto de ley fue suspendido, pero los manifestantes continúan reclamando su retirada definitiva así como la dimisión de la dirigente del ejecutivo local, Carrie Lam, y la designación de un sucesor a través de una votación con sufragio universal en lugar de su designación por el gobierno central chino, como sucede actualmente.
También exigen una investigación sobre la violencia policial, después que se produjeran confrontaciones violentas en las marchas y hubiera centenares de detenidos.
La megalópolis del sur de China vive su mayor crisis política desde que fue retrocedida por Londres a China en 1997. Las protestas casi diarias degeneran cada vez más en enfrentamientos entre grupos radicales y la Policía.
Carrie Lam descartó cualquier concesión a los manifestantes y les advirtió que estaban provocando una tormenta económica en la ciudad. Las autoridades hongkonesas recibieron un apoyo total de Pekín, que durante esta semana acentuó sus amenazas a los manifestantes.
La imperfección de los liderazgos globales es la muestra más evidente de los tiempos actuales.

 

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Tiempos de imperfección

La diplomacia internacional y el equilibrio entre las naciones no admiten favoritismo alguno, sobre todo cuando deben considerarse los múltiples aspectos oscuros que poseen las dos principales potencias globales.
Estados Unidos, de la mano de Donald Trump, rompió cada acuerdo internacional previamente suscrito; desde los que contemplaban los fondos para la preservación del planeta, hasta los que honraban la protección de los migrantes. China, por sus parte, no es el mejor ejemplo de una democracia transparente, ni de la defensa de las libertades de sus ciudadanos.
Miles de manifestantes prodemocracia volvieron a movilizarse en Hong Kong, por décimo fin de semana consecutivo, dispuestos a desafiar una vez más la prohibición de las autoridades a salir a la calle.
Numerosas personas se congregaron desde principios de la tarde en el Victoria Park, donde empezaron una marcha no autorizada por la Policía, bajo un calor húmedo y sofocante. "Seguimos aquí y veremos si tenemos ganas de desfilar más tarde", declaró una manifestante de 25 años.
"Que la manifestación esté prohibida no nos preocupa demasiado", añadió. "No sería bueno para Hong Kong que todo el mundo tenga miedo y que nadie salga a la calle", aseguró y dijo que "debemos liberarnos del miedo”.
La Policía había autorizado la concentración en Victoria Park pero no la marcha prevista en dirección al este de la isla de Hong Kong. Los manifestantes adoptaron la estrategia del "gato y el ratón" para esquivar el dispositivo policial y disminuir las confrontaciones con las fuerzas de seguridad.
"Nuestro objetivo es evitar los heridos, la sangre y las detenciones", explicó un estudiante de 17 años que se encontraba en Victoria Park.
El sábado por la noche los cuerpos de antidisturbios lanzaron gases lacrimógenos y detuvieron a 16 personas, pero los protestantes evitaron violentas confrontaciones con la Policía, como las que se produjeron durante las últimas semanas.
"Nuestra estrategia anterior, que consistía en mantenerse en un mismo lugar, provocó que hubiera numerosos detenidos y heridos", reconoce Chan, quien sostiene que "debemos ser como el agua para evitar los golpes”.
Las autoridades también habían prohibido una segunda manifestación, con varios miles de participantes en el barrio obrero de Sham Shui Po, en Kowloon. La mayoría de ellos iba vestida de negro y equipada con cascos de construcción amarillos, la emblemática vestimenta de los manifestantes hongkoneses.
Al mismo tiempo, cientos de personas continuaban una sentada en el aeropuerto internacional, por tercer día consecutivo. Con esta iniciativa quieren sensibilizar con su causa a los visitantes extranjeros que llegan a Hong Kong.
La movilización, que nació en junio como rechazo a un proyecto de ley que permitiría las extradiciones a China continental, amplió sus reivindicaciones con Pekín en el punto de mira.
El controvertido proyecto de ley fue suspendido, pero los manifestantes continúan reclamando su retirada definitiva así como la dimisión de la dirigente del ejecutivo local, Carrie Lam, y la designación de un sucesor a través de una votación con sufragio universal en lugar de su designación por el gobierno central chino, como sucede actualmente.
También exigen una investigación sobre la violencia policial, después que se produjeran confrontaciones violentas en las marchas y hubiera centenares de detenidos.
La megalópolis del sur de China vive su mayor crisis política desde que fue retrocedida por Londres a China en 1997. Las protestas casi diarias degeneran cada vez más en enfrentamientos entre grupos radicales y la Policía.
Carrie Lam descartó cualquier concesión a los manifestantes y les advirtió que estaban provocando una tormenta económica en la ciudad. Las autoridades hongkonesas recibieron un apoyo total de Pekín, que durante esta semana acentuó sus amenazas a los manifestantes.
La imperfección de los liderazgos globales es la muestra más evidente de los tiempos actuales.

 

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