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Los caminos del dolor que conducen al futuro

La realidad de los miles de migrantes que cruzan mares, desiertos, selvas y ciudades hostiles en pos de un futuro repleto de sueños para sus familias, muchas veces termina por convertirse en caminos del dolor y la muerte, tras la insensibilidad de gobiernos y sociedades.
En lo que va de 2019 han muerto al menos 514 personas en las rutas migratorias del continente americano, una cifra más de 30 por ciento por encima a la registrada durante el mismo periodo del año anterior, cuando se registraron 384 decesos, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
En un informe a la prensa, en Ginebra, Suiza, la OIM detalló que 247 muertes, casi la mitad del total, sucedieron en la frontera entre Estados Unidos y México, mientras que el resto se reportó más al sur, en América Central (80), cerca de las islas del Caribe (151) o en América del Sur (30).
Ésta es la primera vez en los últimos seis años que las fatalidades rebasan el medio millar a esta altura del año. “Las mujeres y niños suman una quinta parte de las muertes hasta el momento con 67 y 40, respectivamente. Sin embargo, todavía no se ha determinado la edad y género de los restos recuperados en 137 lugares”, detalló la oficina.
El portavoz señaló que la crisis en Venezuela, que ha generado más de cuatro millones de refugiados desde 2015, podría explicar el aumento de los fallecimientos de este año y precisó que la OIM ha registrado 89 muertes confirmadas de ciudadanos venezolanos en Centroamérica, Sudamérica y el Caribe.
“Los venezolanos son el segundo grupo con más víctimas, solo detrás de la clasificación ‘no identificado’, que suma 178 personas encontradas en el desierto o en el mar mucho después de haber perecido, por lo que quizá nunca se pueda confirmar su identidad o nacionalidad”, recalcó.
Con respecto al origen de los fallecidos cuya nacionalidad se ha confirmado, la OIM indicó que, además de Venezuela, provenían de Colombia, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, India, México, Nicaragua y Ucrania.
La causa principal de las muertes fue el ahogamiento en el mar, seguida por los accidentes viales y en las rutas de trenes, la deshidratación o exposición a la intemperie, los crímenes, las enfermedades o la falta de atención médica.
El organismo aclaró que el total de víctimas no incluye a los por lo menos 11 fenecidos bajo custodia, ya fuera en centros de detención de Estados Unidos o de México, además de la información de más de 50 muertes -no confirmadas- que habrían ocurrido en México y Panamá.
Agregó que en los últimos 10 días se recuperaron en el estadounidense estado de Texas los restos de 15 personas, así como los de 3 más que se ahogaron tratando de cruzar el río Bravo. En California también hubo cinco muertos.
Cuando se le preguntó a la OIM si las políticas migratorias estadounidenses estarían haciendo más peligrosa la travesía de los migrantes, Millman respondió que las medidas de los gobiernos de todo el mundo para asegurar sus fronteras han orillado a los migrantes a recurrir a las organizaciones criminales.
“Éste ha sido el caso de la frontera mexicana durante los últimos 20 años, donde el tráfico de personas se ha convertido en la norma desde los años del presidente (George W. Bush. Cuanto más difícil se hizo cruzar, más se acercaron los migrantes a los actores delictivos a quienes no les importa su seguridad”, enfatizó.
También existe el caso de los secuestros de migrantes de países de renta baja que se dirigen a países ricos donde tienen familia.
Esas personas se han convertido en el blanco de muchos criminales para cobrar por su rescate y se trata de un fenómeno que ocurre en todas partes, haciendo aún más riesgoso el entorno que enfrentan los migrantes.
Los caminos hacia el futuro están jalonados de dolor. Miles de personas sufren a diario el castigo por no tener patria, por no tener esperanzas. Por no ser contenidos y protegidos. También en América. También hoy.

 

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Los caminos del dolor que conducen al futuro

La realidad de los miles de migrantes que cruzan mares, desiertos, selvas y ciudades hostiles en pos de un futuro repleto de sueños para sus familias, muchas veces termina por convertirse en caminos del dolor y la muerte, tras la insensibilidad de gobiernos y sociedades.
En lo que va de 2019 han muerto al menos 514 personas en las rutas migratorias del continente americano, una cifra más de 30 por ciento por encima a la registrada durante el mismo periodo del año anterior, cuando se registraron 384 decesos, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
En un informe a la prensa, en Ginebra, Suiza, la OIM detalló que 247 muertes, casi la mitad del total, sucedieron en la frontera entre Estados Unidos y México, mientras que el resto se reportó más al sur, en América Central (80), cerca de las islas del Caribe (151) o en América del Sur (30).
Ésta es la primera vez en los últimos seis años que las fatalidades rebasan el medio millar a esta altura del año. “Las mujeres y niños suman una quinta parte de las muertes hasta el momento con 67 y 40, respectivamente. Sin embargo, todavía no se ha determinado la edad y género de los restos recuperados en 137 lugares”, detalló la oficina.
El portavoz señaló que la crisis en Venezuela, que ha generado más de cuatro millones de refugiados desde 2015, podría explicar el aumento de los fallecimientos de este año y precisó que la OIM ha registrado 89 muertes confirmadas de ciudadanos venezolanos en Centroamérica, Sudamérica y el Caribe.
“Los venezolanos son el segundo grupo con más víctimas, solo detrás de la clasificación ‘no identificado’, que suma 178 personas encontradas en el desierto o en el mar mucho después de haber perecido, por lo que quizá nunca se pueda confirmar su identidad o nacionalidad”, recalcó.
Con respecto al origen de los fallecidos cuya nacionalidad se ha confirmado, la OIM indicó que, además de Venezuela, provenían de Colombia, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, India, México, Nicaragua y Ucrania.
La causa principal de las muertes fue el ahogamiento en el mar, seguida por los accidentes viales y en las rutas de trenes, la deshidratación o exposición a la intemperie, los crímenes, las enfermedades o la falta de atención médica.
El organismo aclaró que el total de víctimas no incluye a los por lo menos 11 fenecidos bajo custodia, ya fuera en centros de detención de Estados Unidos o de México, además de la información de más de 50 muertes -no confirmadas- que habrían ocurrido en México y Panamá.
Agregó que en los últimos 10 días se recuperaron en el estadounidense estado de Texas los restos de 15 personas, así como los de 3 más que se ahogaron tratando de cruzar el río Bravo. En California también hubo cinco muertos.
Cuando se le preguntó a la OIM si las políticas migratorias estadounidenses estarían haciendo más peligrosa la travesía de los migrantes, Millman respondió que las medidas de los gobiernos de todo el mundo para asegurar sus fronteras han orillado a los migrantes a recurrir a las organizaciones criminales.
“Éste ha sido el caso de la frontera mexicana durante los últimos 20 años, donde el tráfico de personas se ha convertido en la norma desde los años del presidente (George W. Bush. Cuanto más difícil se hizo cruzar, más se acercaron los migrantes a los actores delictivos a quienes no les importa su seguridad”, enfatizó.
También existe el caso de los secuestros de migrantes de países de renta baja que se dirigen a países ricos donde tienen familia.
Esas personas se han convertido en el blanco de muchos criminales para cobrar por su rescate y se trata de un fenómeno que ocurre en todas partes, haciendo aún más riesgoso el entorno que enfrentan los migrantes.
Los caminos hacia el futuro están jalonados de dolor. Miles de personas sufren a diario el castigo por no tener patria, por no tener esperanzas. Por no ser contenidos y protegidos. También en América. También hoy.

 

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