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Robo en el taller mecánico: de Mendoza a San Luis, para cometer un asalto

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Aseguran que los cuatro delincuentes tenían el dato que en el local había una importante suma de dinero.  Maniataron a las víctimas, pero una alcanzó a escapar y llamó al 911.

Fueron a una fija. Los cuatro delincuentes armados que asaltaron ayer a la siesta un taller mecánico de la calle Ciudad del Rosario, a dos cuadras de la Jefatura Central de Policía, en San Luis, tenían el dato certero que allí iban a encontrar una cuantiosa suma de dinero, en dólares y pesos. Y la encontraron. Pero tuvieron mala suerte, porque un aviso al 911 alertó a la Policía y todos terminaron detenidos: dos allí mismo, y otros dos, horas después, en un campo en cercanías a la localidad de Balde.

La gavilla habría llegado de Mendoza a cometer el atraco en el taller de mecánica integral ubicado en Ciudad del Rosario 453, entre Obispo Orzali y Yapeyú, que pertenece a la firma Arcando. Hasta anoche, la Policía no reveló la identidad ni los antecedentes de los delincuentes, que llegaron al local en un Volkswagen Bora negro.

 

EN OFF: Tenían el dato, no fue al voleo

Aunque tal vez no sea tan fácil escalar la pista hacia quienes filtraron el dato, para los investigadores es obvio que alguien aportó a los delincuentes la información que los motivó a cometer el asalto.

 


Poco después de las dos de la tarde, los asaltantes irrumpieron a cara descubierta en el taller, blandiendo armas cortas, y amenazaron a todas las personas a las que sorprendieron dentro. No está claro si además de los empleados estaban el dueño y algunos clientes.

Los delincuentes empezaron a reunir a todas las personas que alcanzaron a ver y a retenerlas dentro del galpón, pero al parecer uno de los empleados se les alcanzó a escabullir. Corrió hacia el fondo, subió la medianera y escapó por el techo vecino. Con su celular llamó al 911.

 

 

 

“No pasa nada, estamos trabajando”

Los delincuentes empezaron a apremiar a las víctimas para que les entregaran el dinero que habían ido a buscar. Sabían que ayer —algo que no es habitual, según trascendió de fuentes de la investigación— había una suma de dinero importante: serían 45 mil dólares, 600 mil pesos y cheques por un valor de 300 mil pesos.

El origen y el destino de esos valores no estaban claros ayer. Una versión decía que el dueño del taller tiene como clientes a empresas y que justamente ayer le habían abonado por los servicios de mecánica a sus flotas de vehículos. Otra señalaba que el mecánico había reunido ese monto “para pagar indemnizaciones”.

Los delincuentes alcanzaron a hacerse del botín. Tenían el dinero en su poder cuando llegó la Policía.

 

 

Sorprendidos en flagrante delito, los asaltantes no se rindieron y, de urgencia, intentaron una estrategia para zafar. Según trascendió, cuando llegó uno de los primeros policías en arribar al taller, uno de los ladrones salió haciéndose pasar por un empleado. “No, no pasa nada, estamos trabajando”, contestó cuando el efectivo le dijo que iban por un alerta de que allí había un robo.

Pero enseguida ese malviviente y uno de sus cómplices, dos hombres de alrededor de 60 años, fueron reducidos en el mismo local. En su poder tenían una parte del dinero.

Lo que no está claro es cómo y en qué momento lograron salir los otros dos. Habrían escapado en el Bora en el que habían llegado.

Pero anoche, cuando los localizaron en un campo de las inmediaciones de Balde, 30 kilómetros al oeste de la ciudad de San Luis, no habrían hallado el vehículo junto a ellos, según trascendió de una fuente de la Policía.

Esos otros dos asaltantes tenían en su poder otra parte del dinero robado, señaló el informante.

La Policía empezó a hacer la requisa y el recuento del dinero en el mismo lugar donde fueron apresados los dos que habían alcanzado a huir. Pero como esa zona de monte es muy oscura, habían dispuesto levantar todo y trasladarlo a la subcomisaría de Balde, para continuar allí con el recuento del dinero y otras constataciones.

 

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Robo en el taller mecánico: de Mendoza a San Luis, para cometer un asalto

Aseguran que los cuatro delincuentes tenían el dato que en el local había una importante suma de dinero.  Maniataron a las víctimas, pero una alcanzó a escapar y llamó al 911.

El taller de Arcando está ubicado a dos cuadras de la Jefatura Central. Los ladrones irrumpieron a la siesta, a cara descubierta. Fotos: Leandro Cruciani 

Fueron a una fija. Los cuatro delincuentes armados que asaltaron ayer a la siesta un taller mecánico de la calle Ciudad del Rosario, a dos cuadras de la Jefatura Central de Policía, en San Luis, tenían el dato certero que allí iban a encontrar una cuantiosa suma de dinero, en dólares y pesos. Y la encontraron. Pero tuvieron mala suerte, porque un aviso al 911 alertó a la Policía y todos terminaron detenidos: dos allí mismo, y otros dos, horas después, en un campo en cercanías a la localidad de Balde.

La gavilla habría llegado de Mendoza a cometer el atraco en el taller de mecánica integral ubicado en Ciudad del Rosario 453, entre Obispo Orzali y Yapeyú, que pertenece a la firma Arcando. Hasta anoche, la Policía no reveló la identidad ni los antecedentes de los delincuentes, que llegaron al local en un Volkswagen Bora negro.

 

EN OFF: Tenían el dato, no fue al voleo

Aunque tal vez no sea tan fácil escalar la pista hacia quienes filtraron el dato, para los investigadores es obvio que alguien aportó a los delincuentes la información que los motivó a cometer el asalto.

 


Poco después de las dos de la tarde, los asaltantes irrumpieron a cara descubierta en el taller, blandiendo armas cortas, y amenazaron a todas las personas a las que sorprendieron dentro. No está claro si además de los empleados estaban el dueño y algunos clientes.

Los delincuentes empezaron a reunir a todas las personas que alcanzaron a ver y a retenerlas dentro del galpón, pero al parecer uno de los empleados se les alcanzó a escabullir. Corrió hacia el fondo, subió la medianera y escapó por el techo vecino. Con su celular llamó al 911.

 

 

 

“No pasa nada, estamos trabajando”

Los delincuentes empezaron a apremiar a las víctimas para que les entregaran el dinero que habían ido a buscar. Sabían que ayer —algo que no es habitual, según trascendió de fuentes de la investigación— había una suma de dinero importante: serían 45 mil dólares, 600 mil pesos y cheques por un valor de 300 mil pesos.

El origen y el destino de esos valores no estaban claros ayer. Una versión decía que el dueño del taller tiene como clientes a empresas y que justamente ayer le habían abonado por los servicios de mecánica a sus flotas de vehículos. Otra señalaba que el mecánico había reunido ese monto “para pagar indemnizaciones”.

Los delincuentes alcanzaron a hacerse del botín. Tenían el dinero en su poder cuando llegó la Policía.

 

 

Sorprendidos en flagrante delito, los asaltantes no se rindieron y, de urgencia, intentaron una estrategia para zafar. Según trascendió, cuando llegó uno de los primeros policías en arribar al taller, uno de los ladrones salió haciéndose pasar por un empleado. “No, no pasa nada, estamos trabajando”, contestó cuando el efectivo le dijo que iban por un alerta de que allí había un robo.

Pero enseguida ese malviviente y uno de sus cómplices, dos hombres de alrededor de 60 años, fueron reducidos en el mismo local. En su poder tenían una parte del dinero.

Lo que no está claro es cómo y en qué momento lograron salir los otros dos. Habrían escapado en el Bora en el que habían llegado.

Pero anoche, cuando los localizaron en un campo de las inmediaciones de Balde, 30 kilómetros al oeste de la ciudad de San Luis, no habrían hallado el vehículo junto a ellos, según trascendió de una fuente de la Policía.

Esos otros dos asaltantes tenían en su poder otra parte del dinero robado, señaló el informante.

La Policía empezó a hacer la requisa y el recuento del dinero en el mismo lugar donde fueron apresados los dos que habían alcanzado a huir. Pero como esa zona de monte es muy oscura, habían dispuesto levantar todo y trasladarlo a la subcomisaría de Balde, para continuar allí con el recuento del dinero y otras constataciones.

 

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