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Enviaron a prisión a un hombre por el delito de abuso sexual

Una exhijastra del hombre declaró que hace 20 años, cuando era niña, también abusó de ella.

Por redacción
| 20 de noviembre de 2020
El detenido fue trasladado este viernes a la Penitenciaría. Foto: Relaciones Policiales.

Como si el relato de K., una niña abusada, no hubiera sido suficiente, en el curso de la investigación de su caso surgió que esos no fueron los únicos ultrajes cometidos por el tío de la nena. K. le contó a su madre y después a los profesionales de la Cámara Gesell que el hermano de su papá, J.L., abusó de ella en dos oportunidades. Luego de que los padres de K. lo denunciaran, la hija de una antigua pareja que tuvo el imputado se presentó voluntariamente en la Justicia y declaró que, cuando era una niña, también fue manoseada por J.L. Ese testimonio, junto al resto de las pruebas recolectadas en los últimos siete meses, fueron más que suficientes para que el juez Penal 2 de Villa Mercedes, Leandro Estrada, resolviera procesarlo y enviarlo al Penal.

 

Lo procesó por "Abuso sexual gravemente ultrajante", confirmó el magistrado. Es decir un delito que, en la legislación penal, se ubica en medio de lo que es un abuso sexual simple (que se configura ante un manoseo, por ejemplo) y una violación, un hecho más grave aún. En este caso se trata de un delito con un mayor grado de perversidad que el primero, que va más allá del tocamiento, pero sin llegar a incurrir en el acceso carnal.

 

Uno de los elementos que probó, al menos en esta instancia del proceso judicial, que el hombre de 57 años abusó de la hija de su hermano fue el testimonio de la víctima. La nena de 11 años confesó que en una oportunidad, cuando él fue a su casa a buscar algo, la llevó a la cama y le hizo "cosas feas", eso que "hacen los adultos" cuando nadie los ve. En otra ocasión la obligó a hacer una práctica sexual.

 

 

La víctima contó que su tío la había llevado a una cama y le hizo "eso que hacen los adultos".

 

Después de abusarla, además, la amenazó. Le dijo que si hablaba toda su familia terminaría en la cárcel.

 

Para los profesionales de la Cámara Gesell, que evaluaron psicológicamente a la víctima, no hay dudas de la veracidad de lo que dijo. Si bien su testimonio siempre fue concreto, todas las vivencias que relató estuvieron acompañadas "de vergüenza, resistencia al recuerdo y angustia", que expresó en llanto, señalaron los especialistas en su informe.

 

El otro elemento que resultó crucial en la investigación fue lo que contó la exhijastra del acusado. Luego de que los padres de K. denunciaran los abusos, en abril pasado, la mujer se acercó a la familia de la niña y les dijo que ella había pasado por lo mismo.

 

La testigo les reveló (y luego lo ratificó ante el juez) que hace 20 años, cuando era una nena y su madre era pareja de J.L, él abusó de ella. Y la descripción de los ultrajes coincidió mucho con lo que narró K.

 

Es muy probable que esos abusos no sean investigados. La mujer dijo que no los denunciará y, al ser delitos de instancia privada, si no hay una presentación formal, la Justicia no iniciará averiguaciones, explicó una fuente judicial.

 

J.L. fue detenido el miércoles de la semana pasada, por los policías del Departamento de Investigaciones (DDI). Luego de dos días de indagaciones, los efectivos confirmaron que vivía en el barrio Belgrano, en Las Heras al 2000, en un departamento ubicado al fondo del domicilio de sus padres. Allí lo arrestaron, a las 17.

 

Al otro día fue indagado por el juez. Desde el principio buscó defenderse y negó haber atacado la integridad sexual de su sobrina.

 

Dijo que apenas su hermano le exigió explicaciones sobre lo que le hizo a su hija, le aseguró que nunca se le pasaría por la cabeza hacer algo así y le pidió hablar cara a cara, delante de la criatura. Pero su hermano no quiso.

 

 

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