SAN LUIS - Domingo 07 de Agosto de 2022

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Los garbanzos del norte ya se consumen en toda Italia

Marcelo Vega es un productor cordobés que aprovechó las ventajas de la infraestructura puntana. Tiene riego artificial y sacó la carga a Europa a través de San Luis Logística.

Por Marcelo Dettoni
| 13 de diciembre de 2020
Oportunidad. Hay poca competencia para exportar en el mercado del garbanzo. Fotos: Marcelo Vega/Prensa San Luis logística.

El corredor productivo que une Quines con Candelaria es un claro ejemplo de diversificación productiva. Apoyadas por la posibilidad de tener riego artificial y por un clima amigable para todo tipo de cultivos, a lo que hay que sumar la infraestructura que instaló el gobierno provincial, son varias las empresas que se instalaron y trabajan esas tierras con diferentes siembras que aportan colorido y dan un aspecto distintivo.

 

A lo largo de la ruta 79, que al noroeste se pierde por La Rioja donde ya el paisaje es mucho más árido y menos trabajado, se instalaron firmas que más allá de los cultivos tradicionales de verano como la soja y el maíz, hacen algodón, pusieron algún que otro tambo, crían ganado de manera intensiva o, como Marcelo Vega, apostaron por las legumbres, en su caso el garbanzo, que no está muy desarrollado en la zona.

 

Vega es de aquellos que decidió un cambio radical en su vida. Primero dejó la locura de Buenos Aires para instalarse en Córdoba cuando tuvo la oportunidad, ya que trabajaba en la empresa Fiat, que justo había abierto una nueva planta de ensamblado de sus autos en la localidad de Ferreira. Como ingeniero químico, hizo carrera en la automotriz italiana hasta que un día dijo basta. Fue allí cuando el campo lo recibió con los brazos abiertos, como suele hacer con aquellos que demuestran ganas de aprender, invertir y progresar.

 

 

Control. En San Luis Logística, el servicio incluye un monitoreo del cargamento.

 

 

Junto con un compañero de Fiat, Julio Páez, dejó la empresa y acometió una mucho más complicada para un neófito en la producción: cultivar garbanzos para venderlos en Europa, donde sabía que había un mercado ávido por las legumbres. Aprovechó los contactos italianos que le dejó su paso por la automotriz de Turín, sobre todo cuando estuvo en la línea de tractores New Holland, y comenzó con un negocio que, como todo lo que se hace al aire libre y al imperio del clima, tiene sus riesgos. Pero ambos estuvieron dispuestos a correrlos.

 

“Siempre estoy en busca de cosas nuevas, basta de soja, maíz y trigo, de eso ya hay bastante en la Argentina. Los garbanzos abren un abanico de posibilidades y hay poca competencia para exportar. Por eso nos jugamos a hacerlo en dos zonas poco tradicionales como San Luis y Catamarca”, cuenta el productor desde su casa en Villa Allende, Córdoba, donde vive con su esposa Mariana y sus cuatro hijos. Está agradecido de haberse decidido a arrendar campos en San Luis, ya que a Córdoba le fue muy mal este año con la legumbre debido a la sequía y los problemas que trajo el fuego.

 

 

300 hectáreas de garbanzos hace Marcelo Vega por año en Candelaria, a lo que agrega otras 300 en Frías, en el límite entre Santiago del Estero y Catamarca. Empezó a vender en Italia.

 

Así fue que crearon la firma Cosechas del Sol, con la que buscan la diversificación agrícola y sumar exportaciones a los números que maneja San Luis. “En esta campaña, que estamos a punto de levantar, hicimos 300 hectáreas en Candelaria y otras 300 en Frías, justo en el límite entre Catamarca y Santiago del Estero. Todo con riego artificial, por supuesto, si no fuera así sería más costoso cosecharlo que dejarlo en el campo tirado. El año pasado fue de precios bastante bajos, pero al revés de lo que pasó con otras actividades, la pandemia resultó beneficiosa para las legumbres”, cuenta Vega. El garbanzo se siembra en mayo y se cosecha a fines de noviembre porque así escapa a las heladas de mayo y a las lluvias de diciembre, que pueden llegar a "lavar" los granos y dejarlos blancos, lo que los hace inviables para la exportación.

 

 Proteínas. La tendencia es comer sano.

 

 

 

Claro, la aparición del coronavirus obligó a las sociedades a encerrarse en su casa y planteó la necesidad de tener una alacena completa con productos secos. Y allí las legumbres tallaron fuerte. “Y no solo por una cuestión de acaparar alimentos, también porque hay una tendencia muy marcada a comer más sano, sobre todo en las sociedades desarrolladas y en las capas jóvenes. En el caso de los garbanzos, había un año de stock en el mundo y se agotó en solo nueve meses, eso elevó los precios y lo volvió un negocio muy rentable. Y esto no termina acá: en cinco años la demanda de proteína natural va a ser enorme”, analizó.

 

El mercado europeo es un receptor clásico de la producción, no solo sudamericana, también la que provee el este del continente, sobre todo Ucrania, y países como Turquía, India y Pakistán, que tienen una amplia tradición productiva. “El garbanzo tiene muchas propiedades y en Europa se incluye en muchas comidas debido al frío. Está comprobado que subió mucho el consumo por habitante desde marzo. La gente empezó a cocinar más en la casa y dejó de lado el delivery por miedo a los contagios. Y como no podía hacer actividad, son muchos los que decidieron comer más sano”, agregó este hombre de 50 años nacido en Villa Adelina, en la zona norte del Gran Buenos Aires, un entusiasta siempre dispuesto a invertir en negocios innovadores y de alto potencial.

 

Los garbanzos que cultiva en Candelaria los procesa ahí nomás, en Quines, donde trabó relación con otro empresario inquieto como Santiago Prandi, un cordobés que hace años tiene la empresa Sistemas de Riego, en la que hace agregado de valor para su producción propia y para terceros como Marcelo. “Nos conectamos  porque él es el representante en esta zona de los equipos de riego Valley, que se producen en Estados Unidos. Enseguida hubo buena onda porque es otro emprendedor, un empresario que invierte en nuevas tecnologías. Yo vengo de la industria automotriz, donde todo se hace de acuerdo a procedimientos pautados de antemano y a instructivos. En general las empresas chicas se manejan de manera distinta, sobre todo en el ámbito agropecuario, pero Prandi tiene claro que hay que ser ordenado para progresar”, asegura Vega, quien reconoce que tuvo que aprender “de cero” los secretos para producir con eficiencia y calidad.

 

 

Hay una tendencia mundial a comer más sano, que creció con la pandemia. En 5 años la demanda de proteína natural va a ser enorme. Marcelo Vega.

 

El servicio al que se refiere el productor es la zaranda para quitarle al cultivo los palillos y las hojas y la calibración por tamaño para separar los granos: “Tiene una máquina que manda por distintos conductos los que miden 7 milímetros, los de 8 y los de 9, ya que van a distintos mercados. Y los partidos se utilizan para hacer harina”, explica. Además, con tecnología también se pueden separar los que son muy livianos, considerados defectuosos a través de una máquina de colorimetría. “Funciona armando una cortina de chorros de aire que los detecta y los saca. Sin esta maquinaria no podría exportar a Europa, donde las exigencias son mayúsculas. Además, las legumbres se venden solas, hasta un ojo sin entrenamiento detectaría un garbanzo defectuoso en una parva de mil granos”, asevera.

 

 

Riego artificial. En el corredor productivo Quines-Candelaria están las condiciones.

 

 

En un año tan malo como el que vivió el país debido a la pandemia, ahora Vega tiene pretendientes cordobeses que quieren hacerle agregado de valor a su producción. “Me llaman todas las empresas porque están parados, allá la campaña fue muy floja. Quizá envíe en el futuro lo que produzco en Catamarca, ya que el flete es más barato a Córdoba, a las plantas que están en Totoral o Río Segundo”, anticipa con una cabeza que siempre está pensando nuevas opciones para crecer.

 

Cuando en 2010 dejó la Fiat, tuvo una primera experiencia negativa en materia de exportaciones. Una empresa italiana que se dedica principalmente al tomate me ofreció producir en Argentina y venderles lo que sacáramos. Cultivamos en San Juan pero nos fue mal con el extracto de tomate, hubo errores en el proceso, no teníamos la experiencia suficiente”, lamenta Vega, quien está convencido que los europeos revisan de manera especial lo que llega de la Argentina, “porque tenemos fama de no cuidar la calidad y yo quiero cambiar esa imagen, al menos con mis envíos”.

 

Pero no bajaron los brazos junto con su socio, armaron la figura legal de brooker, hicieron nuevos contactos y decidieron producir ellos con un compromiso irrenunciable de hacerlo con calidad como para no pasar un nuevo papelón en Europa. Fue el momento de desembarcar en San Luis. “Si tenés riego, las chances son muy buenas, porque podés controlar todos los parámetros. Hay buena sanidad, el clima ayuda y la provincia también, porque Candelaria tiene infraestructura de base. El garbanzo, si bien viene de zonas áridas, sin agua no va y acá hay buena provisión”, reflexiona el productor, quien cuenta que ahora también les piden que hagan porotos negros, colorados y de la variedad alubia.

 

“Los italianos, una empresa grande que se llama Gandolfi Parma y se dedica en un 80% al procesado de tomates, nos pidió una serie de requisitos. Tuvimos que contratar un ingeniero agrónomo, un despachante, un estudio jurídico y otro contable. Así llegamos a armar una buena estructura”, sigue Vega con su relato.

 

 

Preparación. Interior de un contenedor que llevará los garbanzos hasta Italia.

 

 

En este punto es cuando comenzó su relación con San Luis Logística. “Llamé para ver qué posibilidades había para exportar y se comunicó conmigo Lucas Dettoni, del área Generación de Negocios de Comercio Exterior, quien me explicó las posibilidades que brindaban ellos, su servicio en la Zona de Actividades Logísticas (ZAL) y todo lo que necesitaba para sacar la mercadería hasta el puerto de Buenos Aires. Fue muy instructiva la charla, porque además él me contactó con la gente de Aduana, para hacer los trámites en planta”, recuerda el dueño de Cosechas del Sol, quien inició los trámites unos tres meses atrás y reconoce que “no sabía que San Luis Logística era una empresa estatal”.

 

Con la asistencia de San Luis Logística, hizo una primera carga de prueba con dos contenedores, que llegaron a Italia sin problemas. “Estamos trabajando con personal de Aduana para habilitar la planta de Quines y seguir sacando garbanzos directo desde la provincia. Tras esa prueba, ahora estamos enviando otros 14 contenedores por camión al puerto de Buenos Aires, donde embarcan por mar a Italia. Cada uno tiene 960 bolsas, en total 24 toneladas”, detalla Vega, quien anticipa un próximo envío para mediados de diciembre, ya que está muy conforme con el servicio del ente provincial.

 

En un primer momento iba a hacer el envío a través de una empresa tradicional como Agro Uranga, que también sacaba los garbanzos por Buenos Aires, pero al final lo sedujo la opción de San Luis Logística.

 

 

Preparación. Un clark introduce en un contendedor las bolsas de 25 kilos cada una de garbanzos. El primer destino era el puerto de Buenos Aires y el final, Europa.

 

 

“Si bien tiene mucha experiencia, salían los bolsones con su marca, en cambio ahora salen con la de Cosechas del Sol, estoy muy conforme con el trato que me dieron en la ZAL y el trabajo de la gente”, reconoce.

 

Con este bagaje positivo, Vega quiere duplicar o incluso triplicar la producción de garbanzos en el departamento Ayacucho en las próximas campañas. “Hay tierra suficiente, lo que no hay que escatimar es inversión, poner fertilizantes y todo lo que haga falta para hacer un producto de calidad. Incluso es posible diversificar la oferta con otros cultivos de invierno”, se entusiasma. Otro proyecto es el de contactarse con otros productores de la zona y ofrecerles que hagan garbanzos, que él les asegura un mercado afuera. “Debería ser un convenio con el que ganemos todos, no un alquiler de campos. Yo pongo el capital y ellos la tierra, seríamos socios en el negocio”, anticipa con una visión que pocos tienen y es la que le permitió salir adelante el día que decidió cambiar de vida y apostar por el campo.

 

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