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Armas, Medio Oriente e hipocresía

Cuando el presidente Saddam Hussein dirigió uno de los regímenes más autoritarios del mundo en el Medio Oriente, militarmente volátil entre 1979 y 2003, los periódicos estadounidenses lo describían rutinariamente como “el hombre fuerte de Iraq”, ya que la mayoría de los periodistas califica a los dictadores en todo el mundo.

En su caso, esa fuerza se basaba en un poderío militar que construyó sobre un arsenal masivo de armas, principalmente de la entonces Unión Soviética (bajo un Tratado de Amistad y Cooperación de 15 años) y también de Francia y Gran Bretaña.

Pieter Wezeman, investigador principal del Programa de Armas y Gastos Militares del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri), dijo que después de 2003 Iraq recibió grandes cantidades de armas de Estados Unidos, en parte como ayuda, y en parte pagadas por Iraq.

Estados Unidos ha sido el mayor proveedor de armas a Iraq entre 2003 y 2018. Sin embargo, Iraq también ha buscado proveedores alternativos. “Ya en 2005 ordenó helicópteros de transporte rusos; alrededor de 40 de estos fueron entregados en el período 2006-2011. Integrarlos a las fuerzas armadas iraquíes probablemente no fue un gran problema, ya que eran de un tipo que Iraq ya había estado operando desde 1980, cuando los adquirió de la entonces Unión Soviética”, señaló Wezeman.

En una conferencia de prensa en el palacio presidencial de Bagdad a fines de 1981, el presidente iraquí criticó a Irán, con quien estaba en guerra (1980-1988), e igualmente a Israel, por el ataque aéreo de junio de ese año contra el reactor nuclear de Osirak, a unos 20 kilómetros al sur de Bagdad.

Respaldado por su arsenal de armas, Iraq invadió la vecina Kuwait en agosto de 1990, una breve ocupación de siete meses que terminó cuando una coalición liderada por Estados Unidos expulsó a los iraquíes que habían desafiado una resolución del Consejo de Seguridad que pedía la retirada de las tropas, en la llamada Primera Guerra del Golfo.

Cuando una coalición liderada por Estados Unidos, esta vez al margen de la ONU, invadió Iraq y derrocó a Saddam Hussein en 2003, la administración de George W. Bush (2001-2009) transformó a Iraq en uno de los mayores mercados de armas de Estados Unidos en Medio Oriente, solo por detrás de  Arabia Saudita, Israel y Egipto.

Las armas estadounidenses incluían sofisticados aviones y helicópteros de combate, misiles aire-aire y aire-tierra, buques de guerra, tanques, obuses y vehículos blindados, junto con asistencia militar, en gran medida bajo un bilateral Acuerdo Marco Estratégico.

El diario The Wall Street Journal informó en enero que Iraq estaba considerando comprar un sistema de defensa aérea ruso, después que su gobierno solicitó al parlamento que las estadounidenses, que suman más de 5.200, abandonen Iraq.

El gobierno de Donald Trump se negó a aceptar esa solicitud, lo que llevó a Iraq a acusar a Estados Unidos de violar el territorio soberano y tal vez la carta de la ONU, en lo que en gran parte sería una reacción de Bagdad al asesinato del mayor general iraní Qasem Soleimani dentro del territorio iraquí.

Consciente de la asistencia estadounidense para luchar contra el radical grupo Estado Islámico, un funcionario iraquí le dijo a The New York Times en enero: “No queremos que los estadounidenses se vayan. Queremos que se vayan las tropas estadounidenses”.

Es lógico que el gobierno iraquí se enfrente a Washington por abrirse a otros proveedores de armas. Para los expertos, Estados Unidos y Rusia protagonizan una carrera armamentista en Medio Oriente. Al avivar la violencia en la región, Washington de hecho está creando futuros mercados para los fabricantes de armas estadounidenses.

India estuvo operando armas rusas (antes soviéticas) y de otros países europeos desde la década de los 60; durante la última década también agregó armas estadounidenses a su armamento. Jordania operó conjuntamente sistemas SAM estadounidenses y soviéticos desde los años 80, mientras que Grecia, miembro de la OTAN, adquirió sistemas SAM rusos en torno al año 2000 y Turquía, otro miembro de la OTAN, compró sistemas rusos el año pasado.

Estados Unidos y Rusia debieran trabajar para reducir el conflicto y las transferencias de armas al Medio Oriente. Pero hacen lo contrario. Que a nadie sorprendan los escenarios por venir.

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Armas, Medio Oriente e hipocresía

Cuando el presidente Saddam Hussein dirigió uno de los regímenes más autoritarios del mundo en el Medio Oriente, militarmente volátil entre 1979 y 2003, los periódicos estadounidenses lo describían rutinariamente como “el hombre fuerte de Iraq”, ya que la mayoría de los periodistas califica a los dictadores en todo el mundo.

En su caso, esa fuerza se basaba en un poderío militar que construyó sobre un arsenal masivo de armas, principalmente de la entonces Unión Soviética (bajo un Tratado de Amistad y Cooperación de 15 años) y también de Francia y Gran Bretaña.

Pieter Wezeman, investigador principal del Programa de Armas y Gastos Militares del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri), dijo que después de 2003 Iraq recibió grandes cantidades de armas de Estados Unidos, en parte como ayuda, y en parte pagadas por Iraq.

Estados Unidos ha sido el mayor proveedor de armas a Iraq entre 2003 y 2018. Sin embargo, Iraq también ha buscado proveedores alternativos. “Ya en 2005 ordenó helicópteros de transporte rusos; alrededor de 40 de estos fueron entregados en el período 2006-2011. Integrarlos a las fuerzas armadas iraquíes probablemente no fue un gran problema, ya que eran de un tipo que Iraq ya había estado operando desde 1980, cuando los adquirió de la entonces Unión Soviética”, señaló Wezeman.

En una conferencia de prensa en el palacio presidencial de Bagdad a fines de 1981, el presidente iraquí criticó a Irán, con quien estaba en guerra (1980-1988), e igualmente a Israel, por el ataque aéreo de junio de ese año contra el reactor nuclear de Osirak, a unos 20 kilómetros al sur de Bagdad.

Respaldado por su arsenal de armas, Iraq invadió la vecina Kuwait en agosto de 1990, una breve ocupación de siete meses que terminó cuando una coalición liderada por Estados Unidos expulsó a los iraquíes que habían desafiado una resolución del Consejo de Seguridad que pedía la retirada de las tropas, en la llamada Primera Guerra del Golfo.

Cuando una coalición liderada por Estados Unidos, esta vez al margen de la ONU, invadió Iraq y derrocó a Saddam Hussein en 2003, la administración de George W. Bush (2001-2009) transformó a Iraq en uno de los mayores mercados de armas de Estados Unidos en Medio Oriente, solo por detrás de  Arabia Saudita, Israel y Egipto.

Las armas estadounidenses incluían sofisticados aviones y helicópteros de combate, misiles aire-aire y aire-tierra, buques de guerra, tanques, obuses y vehículos blindados, junto con asistencia militar, en gran medida bajo un bilateral Acuerdo Marco Estratégico.

El diario The Wall Street Journal informó en enero que Iraq estaba considerando comprar un sistema de defensa aérea ruso, después que su gobierno solicitó al parlamento que las estadounidenses, que suman más de 5.200, abandonen Iraq.

El gobierno de Donald Trump se negó a aceptar esa solicitud, lo que llevó a Iraq a acusar a Estados Unidos de violar el territorio soberano y tal vez la carta de la ONU, en lo que en gran parte sería una reacción de Bagdad al asesinato del mayor general iraní Qasem Soleimani dentro del territorio iraquí.

Consciente de la asistencia estadounidense para luchar contra el radical grupo Estado Islámico, un funcionario iraquí le dijo a The New York Times en enero: “No queremos que los estadounidenses se vayan. Queremos que se vayan las tropas estadounidenses”.

Es lógico que el gobierno iraquí se enfrente a Washington por abrirse a otros proveedores de armas. Para los expertos, Estados Unidos y Rusia protagonizan una carrera armamentista en Medio Oriente. Al avivar la violencia en la región, Washington de hecho está creando futuros mercados para los fabricantes de armas estadounidenses.

India estuvo operando armas rusas (antes soviéticas) y de otros países europeos desde la década de los 60; durante la última década también agregó armas estadounidenses a su armamento. Jordania operó conjuntamente sistemas SAM estadounidenses y soviéticos desde los años 80, mientras que Grecia, miembro de la OTAN, adquirió sistemas SAM rusos en torno al año 2000 y Turquía, otro miembro de la OTAN, compró sistemas rusos el año pasado.

Estados Unidos y Rusia debieran trabajar para reducir el conflicto y las transferencias de armas al Medio Oriente. Pero hacen lo contrario. Que a nadie sorprendan los escenarios por venir.

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