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Valentina Rinaudo Paglietta, una jugadora de exportación

La delantera puntana tiene 26 años, un largo recorrido deportivo y juega en la Universidad Católica de Chile.

Valentina Rinaudo Paglietta viene de una familia muy ligada al deporte. Papá Roberto jugó al fútbol en Juventud. Mamá Carina fue campeona argentina de patín artístico. Esta delantera de 26 años, que es pieza fundamental en Universidad Católica de Chile, tiene un extenso recorrido por el hockey.

Empezó en Lomas (San Luis). Después de varias temporadas en tierra puntana partió con sus goles y talento a Mendoza, para defender los colores de Vistalba. Su jerarquía la llevó a Taburiente (España), después volvió a Mendoza para jugar en Teque y Andino, hasta que se le abrió una chance en la Universidad Católica, y no lo dudó. Hoy es pieza fundamental del equipo chileno, donde ya sabe lo que es dar vueltas olímpicas. En su rico currículum figura que fue parte de Las Leoncitas seis años y con la Selección mayor jugó partidos amistosos contra Corea del Sur, Canadá y EE.UU. Dice que a su juego le sumó más agresividad. Es más explosiva.

“Empecé a jugar hockey a los 4 años. Muy chiquita. Papá (muy deportista) nos llevó con mis hermanas (Emilia, Florencia, Antonella y Guillermina) y de ahí no paramos más”, dice Valen.

Mientras disfruta de su presente, Valentina también se hizo un tiempo para responder preguntas sobre esta pandemia que afecta al mundo.

Con bocha dominada. Valentina ya logró dos títulos en el país trasandino con la camiseta de la Católica. Foto: gentileza Valentina Rinaudo Paglietta.

 

— ¿Cómo te afectó a la distancia el tema del coronavirus?

— Trato de mantenerme entretenida, competencias de comida y demás. Lo que sí afectó es el deporte; aunque tenemos un plan, no es lo mismo.

 

— ¿La población tomó conciencia de esta pandemia?

— Aún creo que no se tomó al 100%. Llegué en febrero de Europa y no tuve control, solo en Italia que allí estaba empezando todo. Deberían tomárselo en serio porque la cosa viene complicada. Tenemos contacto con gente que vive en España y se habla mucho de la falta de conciencia por parte de nosotros, tanto Argentina como Chile.

 

— ¿Les dieron un plan de entrenamiento?

— Sí. Lo seguimos diariamente. Ejercicios de gimnasio para hacer en casa y aparte yo le sumo otras clases porque el tiempo no pasa.

 

— ¿Qué dicen las autoridades sanitarias?

— En Chile puntualmente, que es donde estoy, van cerrando regiones a diario. Pero no como en Argentina, que cerraron todo. Creo que esa es la solución que aquí aún no se toma.

 

— ¿Cuáles son las precauciones principales que tomás?

— Higiene, tratar de no salir. Y si salgo, tomar precauciones como alcohol en gel, llegar y desinfectar.

 

— En lo deportivo, ¿qué balance hacés desde que llegaste?

— Positivo. Desde que llegué salimos campeonas con la Primera dos veces. Tanto en el Apertura como el Súper Campeón del año. Estoy feliz entrenando divisiones del club. En Sub 14 fuimos segundas en los dos torneos del 2019 e intermedia (salimos campeonas del Clausura 2019). Hago cursos de entrenadora online, que suma mucho y me gusta. Y me sumé a trabajar en el colegio Everest, que lamentablemente pude dar clases dos semanas, con ganas de que arranque de nuevo.

 

— ¿Un sueño?

— Tengo una marca de hockey, accesorios e indumentaria deportiva: Veyve Hockey. El sueño es que se haga más conocida, poder verla en toda Argentina y Chile me encantaría.

 

Pasan los años y Valentina sigue con la misma humildad de aquella piba que daba sus primeros pasos en el hockey provincial. Su extenso recorrido no le nubla la vista. Se la nota feliz. Disfruta el día a día. La cancha de hockey es su hábitat natural. Hizo muchos goles, eludió innumerables rivales, pero lo que nunca esquiva es la responsabilidad y el trabajo. Eso le inculcaron sus padres. Se puede llegar o no, pero lo que nunca negocia Valentina son los valores que le enseñó la familia. Hoy vive un presente de película en Chile; y seguramente esta película, como las demás en las que estuvo esta puntana, tendrá un final feliz.

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Valentina Rinaudo Paglietta, una jugadora de exportación

La delantera puntana tiene 26 años, un largo recorrido deportivo y juega en la Universidad Católica de Chile.

“Estoy muy cómoda en Chile, ya acostumbrada a la distancia en cuanto a la familia, pero estamos en contacto todo el día”, contó Valentina. Foto: gentileza Valentina Rinaudo Paglietta.

Valentina Rinaudo Paglietta viene de una familia muy ligada al deporte. Papá Roberto jugó al fútbol en Juventud. Mamá Carina fue campeona argentina de patín artístico. Esta delantera de 26 años, que es pieza fundamental en Universidad Católica de Chile, tiene un extenso recorrido por el hockey.

Empezó en Lomas (San Luis). Después de varias temporadas en tierra puntana partió con sus goles y talento a Mendoza, para defender los colores de Vistalba. Su jerarquía la llevó a Taburiente (España), después volvió a Mendoza para jugar en Teque y Andino, hasta que se le abrió una chance en la Universidad Católica, y no lo dudó. Hoy es pieza fundamental del equipo chileno, donde ya sabe lo que es dar vueltas olímpicas. En su rico currículum figura que fue parte de Las Leoncitas seis años y con la Selección mayor jugó partidos amistosos contra Corea del Sur, Canadá y EE.UU. Dice que a su juego le sumó más agresividad. Es más explosiva.

“Empecé a jugar hockey a los 4 años. Muy chiquita. Papá (muy deportista) nos llevó con mis hermanas (Emilia, Florencia, Antonella y Guillermina) y de ahí no paramos más”, dice Valen.

Mientras disfruta de su presente, Valentina también se hizo un tiempo para responder preguntas sobre esta pandemia que afecta al mundo.

Con bocha dominada. Valentina ya logró dos títulos en el país trasandino con la camiseta de la Católica. Foto: gentileza Valentina Rinaudo Paglietta.

 

— ¿Cómo te afectó a la distancia el tema del coronavirus?

— Trato de mantenerme entretenida, competencias de comida y demás. Lo que sí afectó es el deporte; aunque tenemos un plan, no es lo mismo.

 

— ¿La población tomó conciencia de esta pandemia?

— Aún creo que no se tomó al 100%. Llegué en febrero de Europa y no tuve control, solo en Italia que allí estaba empezando todo. Deberían tomárselo en serio porque la cosa viene complicada. Tenemos contacto con gente que vive en España y se habla mucho de la falta de conciencia por parte de nosotros, tanto Argentina como Chile.

 

— ¿Les dieron un plan de entrenamiento?

— Sí. Lo seguimos diariamente. Ejercicios de gimnasio para hacer en casa y aparte yo le sumo otras clases porque el tiempo no pasa.

 

— ¿Qué dicen las autoridades sanitarias?

— En Chile puntualmente, que es donde estoy, van cerrando regiones a diario. Pero no como en Argentina, que cerraron todo. Creo que esa es la solución que aquí aún no se toma.

 

— ¿Cuáles son las precauciones principales que tomás?

— Higiene, tratar de no salir. Y si salgo, tomar precauciones como alcohol en gel, llegar y desinfectar.

 

— En lo deportivo, ¿qué balance hacés desde que llegaste?

— Positivo. Desde que llegué salimos campeonas con la Primera dos veces. Tanto en el Apertura como el Súper Campeón del año. Estoy feliz entrenando divisiones del club. En Sub 14 fuimos segundas en los dos torneos del 2019 e intermedia (salimos campeonas del Clausura 2019). Hago cursos de entrenadora online, que suma mucho y me gusta. Y me sumé a trabajar en el colegio Everest, que lamentablemente pude dar clases dos semanas, con ganas de que arranque de nuevo.

 

— ¿Un sueño?

— Tengo una marca de hockey, accesorios e indumentaria deportiva: Veyve Hockey. El sueño es que se haga más conocida, poder verla en toda Argentina y Chile me encantaría.

 

Pasan los años y Valentina sigue con la misma humildad de aquella piba que daba sus primeros pasos en el hockey provincial. Su extenso recorrido no le nubla la vista. Se la nota feliz. Disfruta el día a día. La cancha de hockey es su hábitat natural. Hizo muchos goles, eludió innumerables rivales, pero lo que nunca esquiva es la responsabilidad y el trabajo. Eso le inculcaron sus padres. Se puede llegar o no, pero lo que nunca negocia Valentina son los valores que le enseñó la familia. Hoy vive un presente de película en Chile; y seguramente esta película, como las demás en las que estuvo esta puntana, tendrá un final feliz.

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