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Las expectativas pendientes

Por redacción
| 03 de abril de 2020
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 El más reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) puso el acento sobre un tema controversial para las sociedades actuales; ya que demuestra que cada vez hay más jóvenes “ni-ni” en el mundo: ni estudian, ni trabajan, ni reciben ninguna formación, con lo cual se compromete su futuro y se socava el crecimiento económico de los países donde viven.

El acrónimo “ni-ni” comenzó a ser utilizado en el seno de las incipientes sociedades globales, a principios y mediados de los años '90, con una connotación que hacía equilibrio entre la burla y las expectativas por el cambio. Desde allí pasó al mundo académico y de las comunicaciones, esta vez para describir un problema que afecta a millones de jóvenes en todo el mundo. Una situación que seguirá sin grandes modificaciones, luego de que haya pasado la tensión y el drama del coronavirus.

Las mujeres jóvenes tienen dos veces más probabilidades de ser “ni-ni”, y esa brecha de género se acentúa en Asia Meridional y los países árabes, donde las normas sociales y culturales impiden a las mujeres estudiar o trabajar fuera de su hogar, recogió el estudio de la (OIT).

En 2016 había 259 millones de jóvenes “ni-ni”, pero para 2019 se los calculaba en 267 millones y se prevé que la cifra aumente hasta 273 millones en 2021, de las que dos terceras partes, 181 millones, serán mujeres. La tendencia porcentual también aumenta: de 21,7 por ciento en 2015 a 22,4 por ciento en 2020.

La proyección pone en riesgo una meta dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la que señala que se necesitan 470 millones de puestos de trabajo en todo el mundo para aquellos que van a acceder por primera vez al mercado laboral.

Demasiados jóvenes en todo el mundo se desvinculan de la enseñanza y del mercado de trabajo, lo que perjudicará su futuro a largo plazo, y en última instancia, socavará el desarrollo socioeconómico de su país, sugiere el informe del Departamento de Política de Empleo de la OIT.

Además, de los 429 millones de jóvenes (de 15 a 24 años) empleados, 55 millones viven en condiciones de pobreza extrema, debido a que sus ingresos son inferiores a 1,90 dólares al día; y la pobreza moderada afecta a 71 millones.

Por otra parte, la automatización expone a los jóvenes trabajadores a un mayor riesgo de pérdida de empleo, comparados con los trabajadores de mayor edad, según el informe “Tendencias mundiales del empleo juvenil 2020: La tecnología y el futuro de los empleos”, publicado a principios de marzo.

Ello pone de manifiesto que la calificación adquirida mediante formación profesional para lograr un empleo específico tiende a quedar obsoleta más rápidamente que la adquirida en programas de enseñanza general, se indicó. Al no crearse suficientes puestos de trabajo para esos jóvenes no se aprovecha debidamente la capacidad de millones de personas, explica la (OIT).

Para el organismo, “si queremos superar los problemas que plantean la tecnología, el cambio climático, la desigualdad y la demografía, no podemos desaprovechar ese talento ni esa inversión en enseñanza”.

Es esencial reconocer que las causas por las que los jóvenes llegan a ser “ni-ni” son sumamente variadas, y el reto consiste en ofrecer a esos jóvenes políticas y medidas adecuadas para que la situación cambie. Una solución única para todos no servirá de nada.

La OIT urgió “a revisar y modernizar los programas de formación profesional de acuerdo con la evolución de la economía digital”, y agregó que “necesitamos marcos políticos integradores y sistemas de formación flexibles, basados en el diálogo entre gobiernos, trabajadores y empleadores”.

De lo contrario, millones de jóvenes “ni-ni” continuarán con sus expectativas pendientes. Una deuda de las sociedades actuales, que hipoteca el futuro y pone dudas sobre el desarrollo.

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