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El clima y el contexto no jugaron para la campaña

Pocas lluvias y golpes de calor tardíos, en pleno llenado de granos, conspiraron contra los rindes de la soja y el maíz. La cosecha de la oleaginosa está casi terminada en la zona.

Por Marcelo Dettoni
| 24 de mayo de 2020
El campo sufre por la falta de lluvias y lo que significa para la soja y el maíz.

Con la cosecha de soja a punto de terminar y la del maíz transitando su primer tramo, es un buen momento para repasar cómo marcha la campaña 2019/20 en San Luis, ahora que ya hay rindes consolidados y se puede brindar un panorama más completo de un ciclo que no fue fácil de transitar.

 

En el Valle del Conlara, la referencia de la revista El Campo es Marcelo Bongiovanni, ingeniero agrónomo, docente de la FICA y dueño de un campo en Tilisarao, además de vendedor de insumos, por lo que puede ubicarse en varios lados de un imaginario mostrador agrícola. Para él, como para tantos otros, fue un 2020 con mucho trajín y pocos resultados concretos.

 

“Fue una campaña muy complicada, básicamente desde el punto de vista climático. Veníamos de un invierno seco, con los perfiles en algunos casos con la mitad del agua de lo que normalmente almacenan, y algunos aún menos. La salida del otoño fue seca, salvo por las lluvias en algunos lugares puntuales entre marzo y abril del año pasado, lo que permitió una base de almacenaje de agua”, arrancó Bongiovanni.

 

El productor asegura que el clima jugó un papel fundamental: “Después fueron lluvias muy irregulares, aunque hay que reconocer que la falta de agua no fue tan grave como en otras partes de la provincia. Recién empezó a llover en noviembre, por lo que tuvimos muchos lotes atrasados en control de malezas por falta de condiciones. Muchos productores recién comenzaron a aplicar con las lluvias y se perdió mucho tiempo, por lo que la maleza se vino grande y eso complicó después los cultivos”.

 

Las precipitaciones siguieron siendo muy variables entre zonas cercanas en el período noviembre/enero; y recién en febrero llovió un poco más, igual que parte de marzo, con los cultivos en la etapa final y definitoria del rendimiento. Pero hubo un período clave que les jugó en contra: “No hubo agua desde el 10 de febrero hasta el 29 de marzo. Y encima con altas temperaturas, por encima de lo normal, con mucha incidencia de lo que nosotros llamamos el ‘golpe de calor’, o sea temperaturas por encima de los 35 grados”.

 

“En ese período, que tiene que ver con el llenado de granos en soja y maíz, lo normal son tres o cuatro días con golpe de calor, con la temperatura media diaria tendiendo a disminuir hacia marzo. Este año fue todo lo contrario, un marzo muy cálido, con temperaturas iguales o más altas que en febrero. Entonces si faltaron lluvias y sufrimos 14 días con golpe de calor, el estrés calórico y la falta de agua tuvieron consecuencias muy graves en los rindes”, analizó.

 

 

 

Repasando el mapa de las precipitaciones en el Conlara, la peor parte se la llevaron Naschel y La Toma, mientras que a Tilisarao y Concarán les fue algo mejor, con lluvias relativamente normales, pero a la vez mal distribuidas. Concarán al norte, Santa Rosa y Merlo, tuvieron muy buenas lluvias en febrero, por lo que a diferencia del resto del valle los cultivos que venían bien encaminados, no todos, tuvieron una buena condición y rendimientos aceptables.

 

Bongiovanni está en Tilisarao y tiene datos precisos de esa zona. “Tuvimos algo de agua al comienzo de la campaña (mayo, 80 mm), eso permitió que hubiera algo de reserva en el perfil. Todo el invierno y el comienzo de la primavera fueron muy secos, hasta octubre, y llegaron las primeras lluvias en noviembre, que fue un mes muy bueno (145 mm). Diciembre estuvo por debajo de lo normal (75 mm), enero fue bueno, por encima del promedio (125 mm), febrero normal, con pocas lluvias (95 mm) y en marzo cayeron 98 milímetros, pero recién el día 29, lo que complicó el llenado de granos”, repasó.

 

 

Sobre (no) llovido, mojado

 

El contexto económico agravó la situación de la campaña. A la siembra había buenos precios relativos, sobre todo en maíz y soja, retenciones bajas y una menor presión impositiva que la actual. También un menor costo de labores y fletes. “Hoy nos encontramos que a los bajos rendimientos hay que sumar más retenciones, precios en caída, un dólar oficial de 68 pesos y una brecha del 100% con el blue. El productor está cobrando un dólar de 40 por efecto de las retenciones”, lamentó Bongiovanni.

 

Además, aumentaron los combustibles a lo largo de la campaña y eso incidió en el costo de las labores, en los fletes. “De San Luis a puerto estamos hablando de 2.200 pesos por tonelada, 500 pesos más que la campaña pasada. Más el cúmulo de otros impuestos, como la suba del Inmobiliario, Ingresos Brutos, el  Dopro. Todo ese combo de presión impositiva creciente, más un clima difícil, incertidumbre por el coronavirus y precios internacionales bajos hace que el productor esté muy complicado”, agregó el ingeniero agrónomo, quien cree además que “no hay un futuro claro para la próxima campaña. Esto va a incidir en que haya menor área de siembra y menos uso de tecnología, algo que ya viene pasando desde hace un par de años. Vislumbro planteos muy defensivos, porque no hay margen para arriesgar”.

 

 

Los cultivos

 

En cuanto a la distribución del área sembrada, fue una campaña similar a la anterior: 50% de soja, 45% de maíz y 5% de otros cultivos menores como sorgo granífero, que empezó a cobrar importancia. “Se vieron algunos lotes, cuando antes no había nada. Va a crecer porque es interesante, tiene menos costo que el maíz y tecnología de punta para el control de malezas. Permite mejoras por el aporte del rastrojo y ofrece resistencia a la sequía. Es bueno para el sistema agrícola y tiene buen precio”, lo elogió Bongiovanni, quien dijo que también hubo algo de girasol confitero, pero marginal.

 

 

Soja

 

La soja fue el cultivo más castigado de la campaña, a lo que hay que agregar que tiene las retenciones más altas, ya que este gobierno las llevó al 33%, un diez por ciento más de lo que tributaba hasta diciembre.

 

Tuvo una fecha de siembra normal, con las lluvias de noviembre, primero se completaron los lotes en Tilisarao y Concarán; y más tarde, a principios de diciembre y de manera escalonada porque llovió más tarde, la oleaginosa llegó a Naschel, La Toma y Concarán al norte.

 

“Hasta febrero los cultivos venían en una buena situación, sin problemas de plagas y enfermedades, salvo lo normal. Las estimaciones a mediados de febrero nos daban que la soja podía llegar a tener buenos rindes, entre 25 y 30 quintales por hectárea (qq/ha). Después se cortaron las lluvias hasta el 29 de marzo, lo que pegó en el llenado de granos y entonces las plantas entraron en situación de estrés. El grano perdió peso, culminando en un adelantamiento del ciclo. La soja se terminó ‘entregando’ el 20/25 de marzo, cuando eso ocurre normalmente el 10 o el 15 de abril para las sembradas a principios o mediados de noviembre”, contó el profesional.

 

Con este panorama climático, se perdieron entre 10 y 15 qq/ha. “Con un avance de cosecha del 95%, queda poco para terminar, estamos en un promedio en el Valle del Conlara de entre 9 y 10 quintales, diez por debajo del promedio histórico. Con valores mínimos y máximos que van de 4 a 30 qq/ha”, describió, para agregar que “en un fraccionamiento por zona, vamos a ver que la más complicada es la que está entre La Toma y Naschel, que tuvo sequía más granizo en febrero. Allí hay rindes de 6/7 qq/ha promedio. Entre Tilisarao y Concarán nos fue un poco mejor, más lluvia y sin granizo (10 a 12 qq/ha). Y en Concarán al norte, que es una zona menos agrícola, la lluvia (150 a 200 mm, el doble de lo normal) ayudó a una mejor condición y se pudo llegar a los 30 qq/ha de máxima, con promedio de 18 a 20 quintales”.

 

“A esto hay que sumarle una mala calidad de grano, que vino chico, con bajo peso cada mil semillas: 90 a 100 gramos, cuando lo normal es 150. Fue por la incidencia del estrés en el llenado. Mucho grano verde y dañado, lo que también va a complicar la comercialización, con descuentos para el productor”, cerró.

 

 

Maíz

 

En cuanto a maíz, casi no hubo siembras tempranas porque faltó humedad. Los únicos lotes en el Conlara fueron algunos puntuales bajo riego, que se plantaron entre el 15 y el 25 de octubre. “El 95% del área de maíz se sembró desde el 15 de noviembre al 10 de diciembre, con una buena condición inicial al igual que la soja. Hasta enero las condiciones fueron positivas, con pocas plagas y enfermedades. En algunos lotes puntuales hubo que hacer aplicaciones aéreas para controlar roya y tizón, pero no fue lo general. Otros tuvieron aplicaciones para combatir gusano cogollero, que hizo ataques importantes. Pero en general no pasó a mayores”, aseguró Bongiovanni.

 

Los problemas comenzaron después del 10 de febrero por el calor y la falta de lluvias. “Igual, el cereal se la banca un poco más, porque la floración tuvo algo de lluvias a fines de enero y principios de febrero”, dijo el técnico, quien reconoce que “los efectos nocivos llegaron en el llenado de granos. Serán granos más livianos, con una pérdida en el rendimiento menor que en soja, donde la merma será entre 40% y 50%. En maíz, en cambio, estará entre 20% y 30% de lo esperado”.

 

Por ahora el avance de cosecha es mínimo, porque el grano está con humedad. Ya comenzó en algunos lotes y para lo que ha sido el año, según Bongiovanni, habrá “un rendimiento aceptable: 40 a 60 quintales. Pero el área cosechada no llega al 10% del total. Todavía son datos muy preliminares”.

 

Los lotes bajo riego tuvieron una buena condición y las estimaciones allí están entre 80 y 100 qq/ha, pero es un área muy reducida, ya que la mayoría en el Valle del Conlara trabaja en secano. Bajo riego convencional serán unas 5.000 hectáreas repartidas entre Tilisarao, San Pablo, Concarán y algo en Santa Rosa. También se hace papa y alfalfa, por lo que la superficie de maíz está en unas 500 hectáreas. “Hay emprendimientos privados con círculos de riego de empresas como Cresud y otros de envergadura, pero es maíz para producción de semillas, no de granos porque no dan los números. Ellos le alquilan sus equipos a Monsanto, Syngenta y otros gigantes”, contó Bongiovanni, quien resalta que  “aquí hay uso de tecnología. El productor planta maíz híbrido, lo fertiliza, aplica todo el paquete de fitosanitarios que se necesitan. Pero hay una proporción del área de maíz del 20%, 30% que no usa tecnología, que se maneja con hijo de híbridos y algún herbicida para controlar malezas, nada más. Tendrán un rinde bajo y van a incidir en el total de la zona”, advierte con un aire de resignación que de todos modos, como este cronista lo conoce, sabe que no será un sentimiento definitivo. Bongiovanni es productor de alma y seguramente ya estará planeando estrategias para la campaña que viene, volverá a ponerle el pecho a lo que mejor hace: sacarle fruto a la tierra y trabajar de sol a sol.

 

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