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Sergio Frías, un puntano de Selección que no para de crecer

El central de 2,02 metros cambió el fútbol por el vóley y sueña con llegar a las grandes Ligas.

Por Daniel Valdés
| 04 de junio de 2020
Doble "Ok". Sergio, cuando estuvo entrenando con la Selección Argentina de Vóley en el Campus de la ULP. Foto: Campus de la ULP.

Sergio Frías encontró el vóley de casualidad. Jugaba al fútbol en CAI San Luis hasta que en 2015, con 15 años y representando a su colegio en los Intercolegiales, lo vio Fabio Irustia (presidente de la Federación de Vóley) jugando en el club Lafinur y le dijo que tenía buena altura (mide 2,02 metros) para jugar al vóley, que podía llegar a la Selección e irse a otra provincia.

 

 

No se olvida nunca de esas palabras de Irustia. Y si bien fue difícil tomar una decisión porque le apasionaba mucho el fútbol, se inclinó por el vóley. Colgó los botines, dejó de despejar centros (jugaba de marcador central aunque a veces por la altura también lo ponían de nueve) y puso esos dos metros para bloquear remates o rematar con potencia para clavar la pelota en la zona de los tres metros.

 

"Fabio Irustia y Fabián Ochoa son dos entrenadores que me motivaron para crecer y mejorar"

 

 

Lafinur fue su primera casa. Hoy, con 21 años, este central puntano cuenta con experiencia en las selecciones juveniles de Argentina y es uno de los puntos más altos que tiene el club Ciudad de Buenos Aires, una de las instituciones que siempre es protagonista de la Liga Metropolitana.

 

 

No le fue fácil irse. Es único hijo. La decisión costó, pero finalmente voló a ese gigante que es Buenos Aires. Cada vez que regresa a San Luis disfruta de la familia, de las empanadas de la abuela, de juntarse con sus amigos y escuchar música.

 

 

"Me gustó el desafío de elegir el vóley. Quería nuevas experiencias. Siempre me gustó pero tenía una decisión difícil, ya que el fútbol es una de mis pasiones. Una vez que me decidí, empecé a entrenar duro y fueron llegando todas las posibilidades. En ese mismo año (2015) me convocaron para la Selección U19 que fue subcampeón mundial en Chaco, y al otro año (2016) me fui a jugar a Buenos Aires, al club Ciudad", comenta orgulloso.

 

 

El más requerido. Se hizo un tiempito para firmar autógrafos a sus fans; siempre mostró buena onda.

 

 

Dice que si volviera a nacer elegiría de nuevo el vóley, pero se haría un tiempito para hacer un picadito al fútbol con los amigos. Todavía tiene grabado en sus retinas el Sudamericano Sub 18 que jugó con la Selección en Bariloche. "Fue algo hermoso, ver que la gente copara el estadio y gritara por nosotros. Aunque lo más maravilloso era el momento de cantar del Himno, se me ponía la piel de gallina", asegura con la voz algo entrecortada.

 

 

Pero como buen familiero que es, hay algo que lo emocionó más que jugar un Sudamericano. Tuvo la chance de venir con la Selección a entrenar al Campus de la ULP. Y cuando terminó la práctica, alzó la vista y vio a toda su familia. Una enorme alegría se apoderó de él. Varias lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Ese grandote de 2,02 metros, que minutos atrás remataba haciendo llegar la pelota casi hasta el techo, de pronto se vio paralizado, pero por la alegría de ver a los viejos y a sus abuelos. "Fue una gran emoción. Los abracé uno por uno".

 

 

Si bien es cierto que Sergio tiene una enorme jerarquía y un gran potencial, también es verdad que mucho tuvo que ver la mirada de Fabio Irustia, quien lo alentó para que eligiera el vóley. Otra persona que lo marcó y lo ayudó mucho en su paso por Lafinur fue Fabián Ochoa. "Siempre me apoyaron. Creyeron en mí. Estuvieron ahí en todo momento", asegura.

 

 

Tiene un grato recuerdo de su paso por Lafinur. Fue el club que lo cobijó, que le enseñó a dar los primeros pasos en esta disciplina. Dejó muchos amigos. "La pasé muy bien en Lafinur. Gente maravillosa que me hizo sentir muy cómodo. Hice muchas amistades", afirma.

 

 

Jugó muchos partidos, pero hay uno que recuerda más que otros. Fue un encuentro por la Liga A2 en Tucumán. "Íbamos perdiendo 2-0 con Paracao de Entre Ríos y se lo dimos vuelta y le ganamos 3-2. Ese fue uno de mis mejores partidos. Sentí que dejé mi 100%", asevera.

 

 

Sergio Frías, ese pibe que jugaba en CAI San Luis de central, siguió jugando de central, pero al vóley. Hoy sueña con seguir progresando, aprendiendo, y que ese aprendizaje lo deposite en Italia o Brasil. Por el momento es un sueño, pero sabe que a los sueños para alcanzarlos, hay que perseguirlos.

 

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