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La hora de las decisiones, la hora de dar la cara

Por redacción
| 07 de julio de 2020

 Las redes sociales suelen ser entretenidas, hasta divertidas en algún caso. Muchas veces son una clara expresión de libertad donde cada usuario vuelca pensamientos, inquietudes, sensaciones, deseos, sueños o necesidades, todo con la más absoluta libertad. Son toda una forma de conexión con la sociedad. La política suele adoptarlas como un recurso válido para acompañar e incluso protagonizar campañas electorales.

 

A cualquier efecto, vale aclarar que la República Argentina se encuentra en una situación muy complicada, y no son momentos de campaña electoral. La libertad mencionada respecto al uso de las redes encuentra alguna limitación cuando se trata de funcionarios públicos o de ciudadanos que ocupan cargos donde ejercen la representación popular que, en su momento,  les otorgaron las urnas. No pueden darse el lujo de expresar cualquier cosa. Su cargo y su investidura conllevan una gran responsabilidad. En épocas de pandemia esa responsabilidad se relaciona con apoyar medidas de cuidado sanitario y de protección de la salud de la población. Su pueblo los necesita sabios, maduros y responsables. La gracia, la chicana, la descalificación, la ventajita y todo ese repertorio pueden ser diferidos para otros tiempos. No deberían tener cabida en momentos tan duros, en situaciones tan difíciles para la inmensa mayoría de la población. Hay un sector de la oposición política que no ha expresado una propuesta, que no ha hecho oír su voz para una acción de contención y de cuidado para los más vulnerables. No se los ve en ninguno de los sitios donde su investidura debiera ubicarlos. Prefieren pendular por las redes agraviando, descalificando y llevando agua para su molino. Muchos de esos molinos están secos hace años, el calor popular los abandonó hace rato. Pero la responsabilidad continúa. Tanta conducta impropia de líderes democráticos se ve agravada cuando, a la hora de expresarse en los espacios adecuados, eligen un mutismo incomprensible. Es el caso de algunos intendentes que participan de importantes reuniones donde se espera canalizar sus inquietudes y sus aportes. En esas instancias, nada dicen. Nada argumentan en beneficio de sus propios vecinos. Luego descargan en las redes sociales infamias y mentiras. Piden auxilio en cualquier parte, para denigrar y desmerecer a San Luis y a su gente.

 

No hay que hacer trampas. No hay que buscar segundas intenciones. No hay que descalificar desde la ignorancia y la ambición personal. Clarito: el laboratorio privado de la ciudad de San Luis está autorizado a hacer lo que hizo. Su envío de material a otro laboratorio de Bahía Blanca es público, notorio y está autorizado. Ese laboratorio está autorizado a funcionar y a utilizar los procedimientos que utilizó (aunque en San Luis se usen otros, también autorizados). El positivo de coronavirus que obtuvo fue comunicado de inmediato adonde debían comunicarlo. Son organizaciones que existen, operan a la luz del sol y están autorizadas. Al laboratorio privado de San Luis lo eligió el ciudadano en uso de sus libertades. El laboratorio público de la provincias funciona según protocolos establecidos por Nación, validados por todas las autoridades sanitarias. Ha arrojado resultados negativos y resultados positivos en diferentes mediciones. No ha recibido una sola objeción en su trabajo. Todo el equipo de salud, incluidos los químicos y profesionales del Laboratorio Provincial “Doctor Dalmiro Pérez Laborda”, tiene nombre y apellido y da la cara. No en la redes, sino frente a todo el pueblo y todo el periodismo de San Luis. Explican con paciencia y generosidad todo lo que haya que explicar. ¿Cuál es el problema? ¿Qué es lo que se pretende insinuar o sugerir? ¿Por qué se siembran dudas y sospechas incalificables?

 

Que hay mucha gente muy perjudicada por algunas medidas, es cierto. Que se trabaja arduamente para resolver sus problemas y para alivianar en todo lo posible tanta carga, también lo es. Y muchos comerciantes, empresarios y trabajadores defienden con lealtad su legítimo interés, y comprenden con dolor la situación. Lo inadmisible, lo incalificable es que desde algunos sectores se especule política y electoralmente con fines miserables. 

 

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