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Diálogos posibles y necesarios

Por redacción
| 19 de agosto de 2020

Estados Unidos y América Latina y el Caribe necesitan establecer un diálogo renovado para enfrentar los desafíos que presenta la actual crisis desatada por la COVID-19, y alcanzar, así, una recuperación con igualdad y sostenibilidad ambiental, planteó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

 

Quizá la actual coyuntura electoral en la primera potencia global brinde la oportunidad de mejores tratos comerciales de cara a un escenario futuro, realmente incierto.

 

El organismo destacó que “aún persiste la incertidumbre acerca de qué tipo de recuperación tendremos y qué medidas de política económica se necesitarán para enfrentar la emergencia y apuntalar la recuperación”.

 

Elementos claves para la recuperación poscoronavirus son "el acceso al financiamiento externo y el acceso más amplio al mercado estadounidense en el contexto de la nueva geografía económica global que se está generando a raíz de la crisis”.

 

Igualmente, los “incentivos para la ubicación de proveedores en sectores más cercanos (nearshoring) y la diversificación de la fuentes de suministros provenientes de América Latina y el Caribe”, según esta oficina regional de las Naciones Unidas.

 

Para el mayor acceso de la región al financiamiento externo una primera solicitud es la emisión de nuevos Derechos Especiales de Giro (DEG, unidad de cuenta usada por el Fondo Monetario Internacional) y relocalizarlos hacia los países de ingresos medios.

 

Luego, se requiere incrementar la capitalización del Banco Interamericano de Desarrollo e instituciones similares, y mejorar las evaluaciones crediticias, con criterios de transparencia, oportunidad, flexibilidad y rendición de cuentas.

 

También, durante crisis sistémicas como la que vive el planeta este año, “interrumpir temporalmente las evaluaciones de la deuda soberana de los países, que hacen las agencias calificadoras de riesgo”, es decir, mejorar los términos del endeudamiento.

 

Cepal también resaltó que, junto con la calidad del crédito, se ha deteriorado el comercio de Estados Unidos con América Latina y el Caribe, disminuyendo las importaciones estadounidenses desde la región 20,5 por ciento en el primer semestre de 2020.

 

Sectores como los vehículos, repuestos y motores, turismo, entretenimiento y hotelería han sido los más afectados, con un impacto aún mayor en los países del Caribe.

 

El diagnóstico de la Cepal dice que esta “será la peor crisis en un siglo para América Latina y el Caribe: el PBI se contraerá -9,1 por ciento, el desempleo regional llegará a 13,5 por ciento, 231 millones de personas más quedarán en situación de pobreza y 98 millones en pobreza extrema”.

 

La entrega de un ingreso básico de emergencia por seis meses para la población que vive en situación de pobreza, acompañado de un bono contra el hambre y la extensión de los plazos de pago y períodos de gracia para las pequeñas y medianas empresas, son propuestas en el corto plazo.

 

Es lógico y resulta razonable que el diálogo se convierta en una herramienta ante una crisis sin antecedentes, no solo en el continente americano, sino en el mundo entero.

 

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