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Mario, una voz de los taxis en la ciudad

Empezó a trabajar a los 15 años en SEA y hace 27 que su inconfundible voz se escucha en los taxis sanluiseños. Conoce a la perfección las calles y los barrios de San Luis.

Por Jhonny Díaz
| 02 de agosto de 2020
Mario Joel Quiroga. "Ser operador de radio de una empresa de taxi es apasionante. Llevo 27 años en esta profesión y no me arrepiento de nada".

“Cosmos, ¡buenos días!...Me puede mandar un auto?... Sí... dígame a que dirección... barrio El Lince, manzana 193 casa 444... Va para allá... ¿Móvil cerca de barrio El Lince?... ¿Móvil cerca de barrio El Lince?... Yo el 14... también el 78... yo, el 33... Acérquese móvil 78... Copiado, voy en camino”.

 

Así comienza una mañana cualquiera de Mario Joel Quiroga, uno de los más antiguos operadores de radio de empresas de taxis. Mario tiene 43 años y nació en San Francisco del Monte de Oro, es hijo de Hilda Noemí Soloa y de Antonio Mario Quiroga, tiene tres hermanas mujeres, Noelia, Paola y Vanesa, y un hermano varón, Jorge.

 

Por razones laborales la familia Quiroga se trasladó a Moreno provincia de Buenos Aires y fueron vecinos del barrio Jardín de Moreno y después en el Cortejarena. Al regreso, Mario Joel fue alumno de la escuela Rivadavia. Se recibió de electrotécnico en la escuela Industrial de la calle Pringles. Tenía 15 años y vivía en Aristóbulo del Valle y Caseros de San Luis.

 

 

 

Mario dice: "Mi madre se había enterado de que en la remisería del barrio ubicada en Los Inmigrantes y Esteban Adaro (SEA), de los hermanos Balduz, estaban buscando operadores de radio. Fui a buscar trabajo sin saber nada de esta profesión y tuve suerte, me hicieron practicar, estaba "operando" Walter Pretick, fue el 9 de mayo de 1993".

 

"Al día siguiente trabajé con Luis Díaz a quien todos conocen por Manolo y ocurrió una cosa de no creer. Faltó la operadora del turno noche y me quedé solo, la verdad fue difícil pero mis compañeros entendieron la situación y la saqué a flote como pude. Yo no tenía ni idea, me ayudaron quienes estaban ahí, nadie se enojó o le molestó si no le 'cantaba' un viaje", recordó el operador.

 

"Mi primer año fue un poco difícil, complicado, con mi madre vivíamos en Caseros y Aristóbulo del Valle, no tenía ni idea de lo que era la ciudad, menos de ser operador de una remisería. Tuve muy buenos compañeros de trabajo, algunos todavía hoy siguen conmigo, como don Antonio Rojo, Roque Tula y Adrián Perezlindo (ex compañero del colegio) por nombrar a algunos y Oscar Sosa, que falleció hace poco".

 

 

 

Quiroga agrega que trabajó con los hermanos Balduz hasta que, por razones económicas, la empresa desapareció el 23 de marzo de 2003 y junto a muchos más se fueron en diferentes direcciones laborales. "Aproveché para hacer un viaje a Córdoba con unos amigos y descansar", contó. "A mi regreso Juan Raimundo de Amo me habló para trabajar en su empresa, fue el 9 de junio de 2004. Pensaba seguir estudiando pero me quedé y esa noche hice una prueba sin problemas. Muchos taxistas ya me conocían de la otra empresa, hoy no me arrepiento de nada".

 

Mario dice que solo trabajó dos días haciendo turnos de noche y que fue pasado a la mañana. Comparte las jornadas con otros tres operadores: Adrián Maldonado, Andrés Molina y el correntino Walter Vallejos.

 

"Roberto Martínez, exchofer de taxi, se hizo cargo del personal, al estar enfermo el titular de la empresa. Es una especie de jefe de Recursos Humanos, él lleva todo lo relacionado al personal y la diagramación empresarial", dijo Quiroga. Confió que a lo largo de los 27 años que lleva de profesión, nunca tuvo problemas con sus compañeros de trabajo, más allá de un intercambio de opiniones laborales.

 

 

 

Sobre el ritmo diario, Quiroga señala que muchas veces al chofer de un móvil se le llama la atención cuando acepta un viaje estando lejos del pedido, ocupado o con un pendiente. Si lo sigue haciendo se lo saca de frecuencia por un rato para que sientan que no es correcto lo que están haciendo. "Muchas veces los taxis se van a  otro lado o no saben las numeraciones de los domicilios, esos es grave porque no escuchan al operador que los está guiando desde la central, no hay forma de equivocarse, hay que prestar atención", entiende Mario.

 

Al ser un trabajo con una estabilidad difícil de conseguir por la rutina diaria se requiere paciencia, sabiduría y conocimiento del movimiento diario vehicular y de los móviles en acción. "Es una gran verdad, todos los que estamos en esta profesión debemos ser pacientes y seguro que nuestra tarea va a tener un buen final. Esto va desde el momento que el cliente pide el taxi hasta que llega al destino pedido", explicó.

 

El día laboral de Quiroga comienza a las 6 de la mañana y desde ese momento los teléfonos no paran de sonar. "Hoy estamos un poco más tranquilos por el tema de la pandemia, no tenemos viajes escolares, especiales o fabriles y eso -por ahora- alivia un poco, pero la empresa tiene unos 120 autos y una amplia clientela y viajes 'pendientes' que de ninguna manera pueden descuidar", dijo. Y agregó: "El trabajo de operador de taxis no es fácil, hay que tener presente que son muchos los móviles manejados por personas de distintas edades y con diferentes caracteres. Eso muchas veces dificulta el rápido accionar que debe ser fluido y ágil".

 

 

 

Mario manifiesta que muchos taxistas optan por estar en la base, o sea en la puerta de la empresa, aunque el verdadero trabajo está en la calle con el teléfono, pero esa es una decisión de ellos. Otros hacen un viaje y vuelven a la empresa, ese es su sistema de trabajo.

 

"Por ejemplo si alguien pide un auto, -explicó el operador- consulto quiénes están cerca del lugar. Una vez que 'cantaron' sus ubicaciones va el primero que está más cerca del domicilio y primero de una lista que se arma a diario en la empresa donde tenemos mapas de todos los barrios de San Luis. Después de atender el viaje, automáticamente pasa a la última ubicación del diagrama. Van girando, no es complicado".

 

Admite que cuando llueve mucho o cae piedra los taxis "se guardan" haciéndose difícil de conseguir uno. "Ese es un grave problema, no quieren trabajar  por el mal estado de las calles, prefieren no arriesgar. La rotura del auto implica que van a estar varios días parados, en otros casos el taxi no es de ellos y el patrón no los autoriza a salir", explicó.

 

"A eso hay que sumarle que hay barrios complicados donde es difícil encontrar los domicilios. Otros no quieren ingresar a algunos lugares por razones de seguridad. Han sido asaltados, apedreados, golpeados o no les pagan el viaje y no quieren que se repita. Tenemos una clave secreta en la empresa donde el taxista comunica a la base si se da cuenta de una anormalidad en el viaje, calculo que otras empresas también", añadió Mario.

 

 

 

Cuenta que muchas veces los autos llevaron mujeres embarazadas y que en algunos casos, "casi tienen al niño en el taxi". Como también es frecuente el olvido de paquetes, bolsos, valijas o celulares. El problema es cuando el pasajero olvida algo en el asiento de atrás, es casi imposible que el chofer lo vea.

 

Para Quiroga, su trabajo es apasionante, guiar a los taxistas es muy entretenido.

 

"Es una votación directa entre todos los compañeros, es una forma de estar más unidos. Los clientes y quienes trabajan con la empresa reconocen la labor que cumplimos, a veces es muy agotador, pero te da grandes satisfacciones. Llevo 27 años haciendo lo mismo y a lo largo de todo este tiempo he cosechado muchos amigos y grandes compañeros de trabajo".

 

Mario Joel Quiroga es uno de los referentes más reconocidos entre los taxistas por su amplio conocimiento de calles y barrios de San Luis. "Con sus indicaciones es difícil no llegar a la dirección señalada", dicen sus compañeros de trabajo.

 

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