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"Las provincias de Cuyo tuvieron un enorme peso en la historia argentina"

El autor acaba de editar un libro en el que explica el origen de algunas palabras y expresiones. En una charla exclusiva con Cooltura, valoró a Juan Pascual Pringles y contó cómo empezó a contar la historia.

Por Astrid Moreno García
| 11 de enero de 2021

Daniel Balmaceda tiene la palabra adecuada, la frase idónea y la historia acorde para cada situación. Así como en sus escritos, el historiador habla con la misma precisión con la que un matemático ejecuta las cuentas más difíciles y se corrige instantáneamente cuando lo dicho no refleja exactamente lo que tiene en su cabeza. Para contar hasta la situación más cotidiana, el lingüista y filólogo reflexiona, vuelve por sobre sus palabras y reformula las oraciones para encontrar una cohesión tan sólida y concreta como que en 1815 las provincias cuyanas se unieron para crear el Ejército Libertador.

 

¿Qué historia esconde el nombre de una calle aleatoria de un barrio porteño?, ¿por qué se dice "más perdido que turco en la neblina"?, ¿por qué a alguien que es “canchero” se le dice “piola”? o, incluso, ¿cuál era la comida preferida de Domingo Faustino Sarmiento? Esas son algunas de las preguntas que responde Balmaceda en sus más de 15 libros. "El apasionante origen de las palabras" es su último libro, que configura una recopilación de frases y palabras que todos los argentinos y argentinas dicen sin saber las narrativas disparatadas que se esconden detrás. Se trata de una recopilación y ampliación de dos libros anteriores del escritor, pero con una mirada más profunda.

 

Con Cooltura, Daniel habló sobre la historia argentina, sus escritos, su proceso creativo e incluso remarcó entre los próceres que, según su criterio, merecen más reconocimiento, al puntano Juan Pascual Pringles.

 

—¿Por qué rama de la historia comenzó tu pasión por los sucesos?

 

—La curiosidad por la historia argentina la tuve desde chico y después por la de América, pero simplemente como un lector no muy profundo del tema, de conocer y querer saber un poco más sobre esa parte que nos tocaba aprender en el colegio. Con el tiempo sí me interesó mucho la vida de Cristóbal Colón y me dediqué muy específicamente a ese período, a sus viajes, la llegada a América y en la parte más biográfica del almirante. Después, ya más enfocado en el periodismo, comencé a encontrar un espacio más bien como hobby para salirme de la actualidad y dedicarme a revisar otras etapas de nuestra historia, y así fue como surgió mi profesión. Una vez, en la revista Noticias me tocó hacer una nota sobre el 25 de Mayo de 1810, fue allí que emergió todo esa pasión que tengo por nuestro pasado.

 

—¿Cómo es el trabajo de encontrarle la vuelta a la historia y hacerla original nuevamente?
—Ahí confluyen un par de temas. Por ejemplo, el periodismo gráfico me ayudó mucho porque aprendí a detectar formas de ingresar en una nota e iniciar un texto provocando interés desde un principio con un buen cierre. También fue una ayuda importante la radio, donde me tocó trabajar con "El Negro" González Oros, Fernando Bravo y Andy Kurtnesoff, entre otros; sumado a la necesidad de estar en el micrófono generando un contenido compacto, fácil de explicar y atractivo. Creo que eso también colaboró a que aprenda y entienda cuál es el sistema de comunicación con el que me siento cómodo.

 

—¿Cuáles considerás que son los patriotas más menospreciados por la historia oficial?
—Esa respuesta implica un contenido que genera cierta dificultad, porque la gente ya tiene determinada la historia oficial y, para mí, el planteo de la historia oficial y revisionista no me parece apropiado, sino más bien me parece que el revisionismo histórico de los últimos 15 años le puso el título de "oficial" a una historia que siempre se ha ido revisando. De hecho yo no le podría aportar nada a la historia si no revisara. Sí creo que aquellos que se ganaron el título de patriotas, que es un término muy genérico, no deberían ser menospreciados en ningún terreno. Sin embargo, hay grupos de historiadores que son excesivamente críticos con Sarmiento, Roca, Rivadavia y Mitre, mientras que por otro lado están quienes están en contra de Rosas, Quiroga, Urquiza y otros caudillos que también tiene sus enemigos. Más cerca en la historia hay una profunda división de los historiadores que analizan el peronismo, pero no es mi terreno de investigación ya que al siglo XX no lo conozco tan en profundidad.

 

—¿Cómo surgió la idea de hacer un libro sobre "La comida en la historia argentina"?
—Hay algo que ocurre con todos los libros que hago: mientras estoy investigando uno, empiezo casi de forma inconsciente a detectar algunos temas que pueden llegar a estar relacionados y que pueden integrar un conjunto individual. Entonces, para dar un ejemplo, por ahí estoy leyendo sobre las invasiones inglesas y en esa investigación me encuentro con un tema vinculado a los alimentos. A la semana siguiente estoy con los barcos que viajaban a Europa y los inmigrantes, y me encuentro con algún tema de comida. Cuando en algún momento advierto que hay mucho sobre ese tema o estoy leyendo una carta y alguien hace una mención sobre los alimentos empiezo a tomar conciencia sobre que hay una posibilidad de libro, empiezo a prestar más atención hasta que decido que ya hay suficientes elementos y encaro una investigación más profunda.

 

—Hay detalles muy puntuales, como que a Sarmiento le decían “Comepasto”. ¿Cómo fue el proceso de investigación?
—En el caso de Sarmiento específcamente no recuerdo exactamente de dónde lo tomé, pero las investigaciones sobre él tienen la gran ventaja de que escribía mucho en periódicos, tenía mucha correspondencia y daba discursos, entonces su obra escrita es muy amplia. Además, hay que agregarle a eso todos lo que trataron y se ocuparon de Sarmiento en su tiempo y conforman una gran cantidad de fuentes para profundizar su vida. Pero diría casi con seguridad que eso es producto de algún periódico opositor de la época; en general lo más atractivo, además de leer toda la historia o lo que se conoce habitualmente sobre figuras tan reconocidas, es revisar ese tipo de prensa y la correspondencia porque es ahí donde uno encuentra estas singularidades. Era algo muy habitual en esa época, a fines del siglo XIX, que cuando se quería criticar a alguien no lo mencionaran como tal, sino con una serie de seudónimos.

 

—Una vez dijiste que "Lilita" Carrió en la historia sería como un Alfredo Palacios. Alberto Fernández, ¿quién sería?
—Esas preguntas son complejas de responder en el momento porque yo, por lo general, no hago comparaciones de políticos actuales con los de otros tiempos. Lo único que puedo llegar a establecer es justificar por qué digo que se parece a Palacios y es por esas características de asomarse, la forma de decir y estar en constante alerta frente a las medidas que toman los gobiernos, cada uno en su época. En eso Carrió se parece a él. Pero a Alberto Fernández me parece que todavía le falta un poco un proceso de maduración de su presidencia, por lo menos, para encontrar un paralelo. Le falta mayor desarrollo y su participación política en este espacio tan importante no se puede comparar a sus antecesores, que tenían otras responsabilidades. Así que creo que todavía le falta desandar el camino del gobierno como para poder establecer no a quién se parece, sino si es parecido a alguien.

 

—¿De qué trata tu nuevo libro “El apasionante origen de las palabras"?
—Nació antes de que me dedicara y pensara en escribir libros, hace unos treinta años cuando era un redactor en una revista que se llamaba "Idiomanía", en la que me ocupaba de contar historias de palabras. Eso después derivó en un pequeño libro que hice que se llamó "Historia de las palabras", en uno posterior que lo nombré "Historias de letras, palabras y frases", y hace algunos años decidí reunir esos dos trabajos, hacerles correcciones, ampliar los capítulos e incorporar nuevos para darle otro volumen a todas las investigaciones mías.

 

—En base al adelanto que publicaste, das explicaciones a muchas frases hechas que solemos decir los argentinos. ¿Podrías dar ejemplos?
—Trato de mostrar muchas de las frases que conocemos, tal vez no usamos tantas pero hay otras que no frecuentamos y conocemos muy bien. Lo que intento volcar son aquellas frases o palabras que tienen detrás una historia interesante. Si no hay atractivo en la historia, la conformación, la génesis y su origen, las descarto porque no parece que valga la pena compartirlas con los lectores. Algunas a las que hago referencia son "la mar en coche", "a cada chancho le llega su San Martín", "por si las moscas" y "no hay tutía que valga"; entre las palabras elegí "camuflaje" y "jacuzzi", entre otras. Son cientos y cientos de expresiones, pero si vamos a pensar en locales hay algunas como "más perdido que turco en la neblina", "dar bola", "salir de levante" y "ser piola" que son muy argentinas.

 

—¿Conocés San Luis? ¿Hay algún hecho histórico o dato curioso de la provincia que quieras compartir?

 

—Visité San Luis capital y Merlo, toda la zona cuyana tiene un peso enorme en la historia argentina, ya que conformó el Ejército Libertador. Todas las provincias cuyanas sostuvieron la Independencia, así que por supuesto que la historia es muchísimo más completa. En este momento pienso en los Daract y los Saá, pero también en Pringles, un hombre valiente y bravo. Inclusive una de las figuras más importantes de la historia, Juan Martín de Pueyrredón, está tan vinculada con San Luis por ser el diputado que se eligió para que los representara en el Congreso de Tucumán. Tengo miedo de olvidarme de algún puntano de enorme peso, insisto que para mi Juan Pascual Pringles tiene una historia muy atractiva y debería multiplicarse la difusión de su figura. Después pensaba en la familia Lucero, quienes tuvieron una enorme importancia en la historia del país.

 

—¿Creés que la historia es inagotable?
—En general trabajo en más de un libro a la vez justamente para aprovechar los tiempos de investigación, las idas a los archivos y la propia lectura de bibliografías. El hecho de saber cuáles van a ser mis próximos libros me da esa ventaja de aprovechar más el tiempo. Siempre surgen ideas y estoy trabajando en temas para el futuro y espero que siga siendo así.

 

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