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Criar solas, la maternidad en desigualdad y vulneración

Los hogares monomarentales conforman el 26,3% de los hogares del país. Las familias a cargo de una mujer sufrieron el mayor impacto negativo de la crisis por COVID-19 y fueron los más alcanzados por la pobreza y por la crisis de los cuidados.

Por Raquel Wolansky
| 17 de octubre de 2021
Foto: Shutterstock.

 Con las medidas de la pandemia el papá no los vio ni los buscó, recién retomó el vínculo cuando empezaron a permitir la circulación. Me las tuve que arreglar sola, con un alquiler y sin trabajo por ser independiente. Fue bastante duro, pasamos esa etapa los tres muy solos”, cuenta Verónica, mamá de dos adolescentes de 19 y 16 años, que subsistió gracias a esas redes que se generan (familiares o amigos) cuando la crianza es solitaria.

 

Verónica crió y cría sola, desde que su hija menor tenía 1 año cuando se separó del progenitor, quien a partir de ese momento solo se limitó a cumplir con una cuota alimentaria y un régimen de visitas un fin de semana cada 15 días. El resto de los días, 26 cada mes, todos los cuidados de sus hijos fueron siempre su responsabilidad. “Nunca hubo una cuestión pareja en las obligaciones, como que él siempre tuvo el derecho a elegir horarios de trabajo, sus vacaciones, sus actividades recreativas, mientras que para mí siempre fue un ‘arreglate’. Hubo momentos en los que prácticamente trabajaba para pagar una niñera que los cuidara… pensaba: 'Gano 40 pesos, pero 20 son para la niñera'. Fue muy duro, siempre estuve sola para las tareas escolares, las situaciones cotidianas, los médicos. Todo lo afronté sola y con esas redes que nos ayudan, que son nuestras familias y amigos”, relata.

 

 

Desigualdad. Solo una de cada cuatro mujeres que crían solas cuenta con los ingresos de la cuota alimentaria. Foto: El Diario.

 

 

La historia de Verónica es la de millones de mujeres argentinas que son jefas de hogares monomarentales, la mayoría no por elección, y que maternan en el absoluto desamparo y desigualdad.

 

Según el último informe de la Encuesta Permanente de Hogares, la cantidad de hogares monomarentales en el país, es decir, a cargo de jefas mujeres y sin otro cónyuge, con niños, niñas y adolescentes es del 26,3%. En tanto, según un estudio de Cippec, 3 de cada 10 madres no viven junto al padre de sus hijos y, de ellas, solo una de cada cuatro cuenta con los ingresos de la cuota alimentaria.

 

 

 

“Sobre las familias monomarentales no solo recaen las tareas de cuidado con una carga casi exclusiva, sino la problemática profunda del incumplimiento de las cuotas alimentarias, lo engorroso y económicamente imposible de llevar adelante un juicio de alimentos, la falta de perspectiva de género en la Justicia, la permanente revictimización, la impunidad con la que los varones pueden no pagar sus cuotas alimentarias sin tener ningún tipo de consecuencia legal, social ni moral”, indica Paola Urquiza, psicóloga de Buenos Aires, quien trabaja en el acompañamiento de víctimas de violencia de género y quien creó los perfiles de Instagram y Facebook “Familias Monomarentales”, desde donde se busca concientizar y difundir, con perspectiva de género, la problemática del incumplimiento de los deberes de asistencia alimentaria.

 

 

Se deben generar más redes de contención para las familias monomarentales, que no solo involucren al Estado, sino a la sociedad misma.Susana Torres

 

A todo este contexto de desi-gualdad hubo que sumarle una problemática más para este tipo de familias: la pandemia. Un informe de mayo de este año de Unicef y la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía reveló que los hogares monomarentales con niños, niñas y adolescentes a cargo de una mujer enfrentaron el mayor impacto negativo de la crisis por COVID-19 y “son los más alcanzados por la pobreza y por la crisis de los cuidados”.

 

En el primer trimestre de 2020, según este mismo informe, la pobreza por ingresos alcanzaba al 30,4% de los hogares argentinos, mientras que en los monomarentales la pobreza llegaba al 59% de los hogares y al 68,3% de los niños, niñas y adolescentes.

 

En “Familias Monomarentales” también realizaron una encuesta en mayo de este año de la que participaron más de 1.200 hogares monomarentales y sacó a la luz indicadores como el escaso acceso a la vivienda, la dificultad de compatibilizar las tareas de cuidado con laborales, la precarización laboral, la discriminación laboral por el hecho de ser madres solas, y los serios inconvenientes en la Justicia para lograr resoluciones más equitativas en las divisiones de las tareas de cuidado.

 

 

 

“Generalmente los pedidos de coparentalidad terminan revictimizando tanto a los niños como a las madres, cronificando una violencia que se manifiesta en el no pago de alimentos y que solo generan más obstáculos que beneficios”, explica Urquiza, y agrega: “Es una situación compleja, en la que las mujeres a cargo de familias monomarentales solo cuentan con redes de apoyo de familiares o amigas que resultan ser quienes las apoyan y acompañan en el proceso de cuidar y maternar sin el otro progenitor, porque en realidad no existen políticas públicas desarrolladas pensando en esta nueva configuración familiar, que viene creciendo a partir de la sanción del divorcio, las separaciones vinculares y de la concientización de vivir una vida libre de violencias que muchas mujeres, a pesar de que la crianza sola termina siendo difícil, la eligen antes de seguir sosteniendo vínculos violentos con sus exparejas y que afectan a los hijos en común”.

 

 

Por elección, también discriminadas

 

 

 Equipo de dos. Susana y su hijo, una familia monomarental por elección.Foto: Gentileza.

 

 

Susana Torres y su hijo componen una familia monomarental donde no existe un vínculo con el progenitor ni con su familia. Pero de igual manera, aunque en este caso la familia tiene esta conformación por elección, las desi-gualdades y la vulnerabilidad se viven de la misma manera.

 

“Las familias monomarentales siempre tenemos desventajas en relación a las familias biparentales, ya desde la licencia por maternidad o las asignaciones familiares que deberían ser dobles, como en varios países de Europa, entendiendo que los cuidados recaen en una sola persona. Hay una gran falta de legislación para las familias diversas, no hay políticas de contención para estas familias que son más vulnerables, se debe revisar todo, desde marcos legales, nuevas leyes, generación de más redes de contención que no solo involucran al Estado, sino a la sociedad misma. Cuando hablo de esas redes de contención no solo hablo de familia y amigas, sino también de todo lo que involucra a los cuidados”, explica Susana, y agrega: “Yo transito esta situación por elección, pero la mayoría de las madres lo viven como una obligación, desde el lugar de no tener otra opción, del abandono, la negligencia, la soledad y hasta la situación del fallecimiento de alguno de los padres. Hay mucha diversidad de cómo puede ser una familia monomarental, pero lo que sí tienen todas estas familias son situaciones de mucha vulnerabilidad, porque el hije de esta familia necesita siempre una red de contención. Cuando la persona que cuida es una sola, el niñe depende exclusivamente de esa persona, entonces instituciones educativas o lugares de trabajo de las madres tienen que empezar a tener en cuenta estas nuevas configuraciones familiares que no están siendo tenidas en cuenta y viven mucha discriminación. La desigualdad es moneda corriente, incluso desde la religión, yo soy una persona creyente y la falta de una figura paterna fue un reclamo para poder bautizar a mi hijo”.

 

 

Redacción / NTV

 

 

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