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Segundas marcas y ofertas, la salida puntana a la inflación

Por el alza constante de los costos,  hoy el cliente local busca valores accesibles y relega la calidad. En los mayoristas crecieron las compras a granel. En las verdulerías ya no se adquiere por kilo y en las carnicerías subió el consumo de cerdo.

Por redacción
| 12 de junio de 2022
Ahorro. Hace tiempo que los almacenes mayoristas reciben a las familias que buscan cuidar al máximo su dinero. Comprar a bulto cerrado es una opción. Foto: Martín Gómez.

Un sparring flaco y famélico contra Mike Tyson furioso, un desesperado arquero de handball peloteado sin piedad por sus rivales o un malabarista al que le sobran objetos en el aire. Cualquiera de todas esas alegorías sirve para describir las peripecias que practican los consumidores puntanos en su lucha desigual por cuidar su dinero de la feroz inflación. Por ahora, ante esa piraña invisible y eterna, el atajo que hallaron ha sido adquirir productos de segundas marcas, estar siempre atentos a las ofertas, priorizar el precio sobre la calidad, comprar a granel en los locales mayoristas y usar la tarjeta de crédito para poder estirar los presupuestos.

 

Para aliviar ese combate diario contra la indomable escalada de precios, la gente adopta nuevas conductas y se protege entre sí: en ocasiones, cuando recorren góndolas de supermercados o autoservicios y alguien está por meter en su carrito algún producto, otro cliente, al ver ese movimiento, lo rescata al advertirle que "no lo compre" porque en otro comercio "está más barato". Es un boca a boca, automático, cooperativo, una asociación que no tiene contratos previos, solo la necesidad colectiva de cuidar los recursos al máximo. Como sea.

 

En la recorrida y las consultas que hizo El Diario de la República, comerciantes de distintos rubros contaron cómo cambiaron los hábitos de las y los puntanos a la hora de comprar. Sus productos predilectos, por calidad, sabor o confort, están en retirada. O mejor dicho, fuera del carrito o de la bolsa de las compras. Esas mercaderías que significaban un deleite sobre la mesa ahora tienen perfume a lujo, a gustito del fin de semana. Las segundas marcas coparon la heladera y las alacenas, a pesar de que sus sabores o rendimientos sean menores o más volátiles.

 

Nadie en Argentina está exento de los temblores inflacionarios. Si los presupuestos gubernamentales los padecen, ni pensar lo que ocurre en las industrias y comercios. "Los fletes son caros porque el combustible tiene un alto valor, pero a eso hay que sumarle impuestos. Son cuestiones que empujan los costos y si a eso, obviamente, le agregás la mínima utilidad de ganancia, el valor del producto para el cliente queda carísimo. Por eso San Luis es una ciudad y una provincia cara", destacó Manuel Palma, propietario de una verdulería ubicada sobre avenida Lafinur, en la ciudad capital.

 

Hay clientes que tienen poder adquisitivo y compran como siempre, pero estos consumidores son los menos (Manuel Palma- comerciante)

"Y eso, siempre y cuando el comerciante ajuste su ganancia, porque si cargás mucho tu utilidad, no vendés. La gente busca precios, ya no le importa demasiado la calidad. Busca poder llenar la olla", agregó.

 

Del otro lado del mostrador, quienes más padecen la fiebre inflacionaria son los asalariados. Su sueldo crece por una escalera de peldaños rotos y los precios suben en ascensor.

 

"En estos meses no tendré ningún aumento de sueldo y la plata no me alcanza, así que trato de llevar las ofertas y lo más caro lo compro con la tarjeta, que la tengo cargadísima. Busco hacer rendir la plata, pero es imposible. Ya no compro la mejor marca. Si veo que la mercadería es más o menos buena y está en precio, la llevo. No queda otra", afirmó Marisa, una mujer que esperaba su turno en una fiambrería de la zona céntrica de la capital.

 

 

Un potro indomable

 

Ningún gobierno nacional, en los últimos años, logró domar al potro de la inflación. Por Casa Rosada han pasado presidentes de todos los colores e ideologías políticas, pero sin resultados en la última década. En mayo la inflación nacional fue del 5,4% y acumula un 24 por ciento en lo que va de 2022, una cifra impensada para los primeros cinco meses del año. Para encontrar un valor idéntico hay que retroceder hasta 1991. Ni los especialistas en la materia imaginaron un semestre semejante y auguran que el resto del año será similar.

 

Economistas estiman que la escalada de precios para 2022 a nivel anual se ubicará en torno al 72%. Una bomba muy difícil de desactivar y de resistir para los salarios. La pérdida del poder adquisitivo hizo retroceder las ventas minoristas hasta un 3,4%, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), un factor que hace tambalear al emprendedor menor.

 

"Las ventas se me cayeron de una manera tremenda. La gente mutó sus costumbres de forma notoria. Antes compraban un surtido de verduras y frutas. Hoy hay tres productos claves: papas, huevos y acelga. Y pará de contar. El cliente laburante, asalariado, lleva eso. Pero aquel que solo cobra un plan me compra una papa, una cebolla y una zanahoria. No es un kilo. Una sola. Y se van a cocinarlas", afirmó Palma.

 

"Hay otros clientes que sí tienen un mayor poder adquisitivo y compran como siempre o no tienen tapujos en pedir una bandeja de frutillas. Pero esos clientes son los menos. Hoy el puntano consume papa, cebolla, huevos y acelga", sentenció el comerciante.

 

 

Entre los productos cárnicos los gustos de los sanluiseños también, por obligación, cambiaron. Y las cantidades al momento de comprar. Al igual que millones de argentinos, en las mesas puntanas el pollo -en sus diferentes recetas- desbancó a la carne, pero hay otro agregado que ayuda a variar un poco el menú.

 

"Aumentó el consumo de carne de cerdo. Vendo bastante en la actualidad, comparado con otros tiempos. No es que a la gente le guste mucho, es una cuestión de precios", remarcó Marcelo Giménez, propietario de un mercado con una carnicería.

 

"Las ventas aflojaron, pero las personas tienen que alimentarse y compran. Pero mucho menos. Antes llevaban de a un kilo de blanda, ahora piden cuatro o cinco bifes. En otros momentos la molida te la pedían por un kilo, para tener en la heladera y usarla en varias comidas. Hoy piden lo justo para cocinar en ese momento. Llevan pollo, cerdo y algo de carne, porque les gusta, pero sale cara", destacó.

 

"Bajar una media res vacuna hoy es complicado. Me cuesta $699 el kilo al gancho. Y el cerdo está en $380, hay mucha diferencia", remarcó el carnicero.

 

 

A bulto cerrado

 

Una respuesta fuerte que adoptaron los ciudadanos en San Luis es comprar en los almacenes mayoristas que, hace ya un largo tiempo, les abrieron las puertas a las familias que hacen sus compras semanales o mensuales.

 

"El consumidor busca el mejor precio. Por eso muchos llevan a bulto cerrado, porque conviene más. Se llevan varios paquetes de un mismo producto, pero que, en la cuenta, sale más barato. Muchos ya optan por marcas alternativas", afirmó el gerente de Maxiconsumo, Eduardo Luna.

 

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