SAN LUIS - Sabado 25 de Junio de 2022

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Una mujer que sepa coser, bordar y abrir las puertas de la libertad

La costurera de la Bandera fue una mujer olvidada por la historia, pero rescatada por el boca a boca de los pobladores rosarinos y en un fragmento del Monumento a la Bandera.

Por Astrid Moreno
| 20 de junio de 2022

María Catalina Echevarría tomó dos telas de la tienda polirrubro de su padre adoptivo. Una era blanca y la otra, azul índigo. Llamó a dos vecinas para que la ayudaran a coser y se pusieron manos a la obra, durante cinco días. Una vez terminado el trabajo, la mujer tomó la pieza y la llevó hasta la orilla del río Paraná, donde se encontró con quien le había encargado hacer una bandera: el general Manuel Belgrano.

 

A sus 30 años, María Catalina confeccionó la primera Bandera argentina, a pedido del prócer. Fue la única figura femenina que estuvo presente durante su jura, el 27 de febrero de 1812. Sin embargo, su historia se conoce mayormente por la tradición oral y cómo confeccionó esa primera insignia aún es una incógnita que los historiadores tratan de desenredar con pocos datos.

 

Según expertos del Museo Histórico Nacional, el registro más antiguo que existe son las dos banderas de Macha, llamadas así porque fueron encontradas en 1883 en la capilla de Titirí, al norte de Bolivia, en la ciudad de Macha. Una de ellas, de 2,34 por 1,56 metros, de seda despulida y con tres franjas horizontales: celeste, blanca y celeste, tal como se la conoce en la actualidad; la otra, de parecido tamaño, pero con distintos colores: rojo, celeste y rojo. Sin embargo, con el correr del tiempo, se demostró que el rojo fue generado por una decoloración de otro material que se encontraba en el cuadro donde estaban guardadas: el color original era el blanco.

 

 

 

 

En el museo aseguran que una es la Bandera nacional, la que se conoce actualmente, aunque no pueden determinar con exactitud cuántas franjas tenía la original hecha por Catalina: si dos blancas y una celeste, si dos celestes y una blanca o si una celeste y otra blanca. Lo único certero es lo escrito por Belgrano en uno de sus informes. “La mandé a hacer blanca y celeste, conforme los colores de la escarapela nacional”, explicó quien la historia erige como el creador de la Bandera.

 

“A lo largo del siglo XIX se va a ir configurando la Bandera como la conocemos. Después de la Independencia y las guerras civiles viene el proceso de organización del Estado. La Bandera a lo largo de ese proceso fue cambiando hasta 1880, cuando termina adquiriendo la forma en la que hoy la conocemos”, complementó la docente e historiadora puntana Cintia Martínez.

 

 

La hilvanadora
María Catalina nació el 1° de abril de 1782 en Capilla del Rosario, actual ciudad de Rosario, según la historia oficial. El registro de su bautismo aún está en los libros de la basílica catedral Nuestra Señora del Rosario. Sin embargo, el historiador Rafael Restaino sostiene que la mujer que cosió la Bandera es natal de Pergamino; incluso hay un proyecto de ley, presentado por la diputada del Bloque Frente de Todos, Débora Sabrina Galán, que pide su nombramiento como ciudadana destacada de esa ciudad bonaerense.

 

Según esta versión, Fermín Echevarría arribó a Pergamino en el siglo XVIII, donde conoció a Tomasa de Acevedo, con quien tuvo a sus tres hijos: Vicente Anastasio, José Lino y María Catalina. Fermín falleció en Pergamino en 1784, dos años después que su esposa. Allí se cruza con la historia oficial.

 

Catalina quedó huérfana a los dos años y fue criada por la familia liderada por Pedro Tuella, un comerciante español y funcionario de la Corona, dueño de una tienda de ramos generales en Rosario. Luego, la hilvanadora de la Bandera se casó, grande para la época, a los 28. Lo hizo con Manuel Vidal, comerciante y alcalde de Capilla del Rosario.

 

“Era una típica mujer de su época que vivía en el período colonial. Tenía fuertes costumbres arraigadas en el amor a su familia, una gran fe religiosa y una cotidianidad que se desarrollaba de la puerta de su casa para adentro. La vida normal de una mujer de la elite e incluso de un poblado pequeño como era Rosario en ese entonces. No participaba de actividades políticas, no asistía a la guerra ni tomaba las armas”, contextualizó Cintia.

 

En 1812, las tropas de Manuel Belgrano se instalaron en la orilla del Paraná. El militar se hospedó en la casa de Catalina, debido a los vínculos que tenía con Vicente Anastasio, un abogado y amigo del prócer, a quien conoció en una misión gubernamental en Paraguay. En febrero de ese año, el jefe militar le pediría a la mujer que confeccionara la primera Bandera nacional.

 

 

 

“Coser era una de las actividades que se consideraban para una mujer de la época y de la elite, era una de las virtudes que tenían que poseer”, explicó la profesional puntana.

 

Luego de la creación de la Bandera, el Triunvirato del Río de la Plata le exigió a Belgrano que no mostrara la Bandera, pero Manuel desobedeció y la insignia lo acompañó a la lucha por la Independencia y a las posteriores batallas. Cintia lamentó: “Fue protagonista de momentos muy difíciles y de la muerte de argentinos y argentinas”.

 

 

Una nueva lucha
Que la figura de Catalina cobrara el reconocimiento que se merece fue y es una labor ardua. La mayor parte de su historia se conoce a través de la tradición oral, que se transmitió por generaciones de los pobladores rosarinos, o de lo que dejaron documentados los hombres que la rodearon. La única fotografía que se conoce de ella es una de sus últimos años de vida. Falleció el 18 de julio de 1866, a los 84 años.

 

“Se produjo una disputa entre historiadores: algunos decían que no había existido, otros que sí. En definitiva, la historia es muy interesante por cómo se supo de ella. La tradición oral la mantuvo viva”, relató la historiadora.

 

Quizás, si Catalina hubiese dejado un diario con su vida, sería prueba suficiente para los historiadores más tradicionalistas. Sin embargo, el 95 por ciento de las mujeres que vivieron durante el período colonial, incluso aquellas de la elite, no sabían leer ni escribir. Por fortuna, en Rosario la historia es un poco diferente. Echevarría es la única mujer que aparece con nombre y apellido en el Monumento a la Bandera y en el pasaje Juramento de la ciudad hay una placa en su honor. Además, está un vitraux en la catedral rosarina que recuerda la primera jura; a la derecha de la pieza se ve a María Catalina.

 

 

 

“La historia que nos enseñaron en la escuela está atravesada y escrita por varones blancos de la elite de Buenos Aires. Las mujeres solo aparecen de manera muy callada y anecdótica. De muy pocas de ellas conocemos sus nombres y son las de elite, las mujeres de pueblo como las de nuestra provincia entregaron no solo a sus hijos a la causa, sino que hasta las rejas de su casa, como dice el poema de Antonio Esteban Agüero, pero aún así no conocemos su historia”, finalizó. Por su parte, Catalina entregó, confeccionada por sus propias manos, la insignia más importante de las que mirarían los libertadores durante las duras batallas por la emancipación de la Corona española.

 

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