Cerró su hoja de ruta: dolor por la muerte del piloto que marcó la historia del rally
Gabriel Velasco tenía 65 años. Junto a su hermano Marcelo, fue el primero en conseguir un título argentino. Toda una provincia lo despide.
¿Cómo se puede graficar en palabras el legado de una leyenda del deporte? Ese es el desafío inmemorial que se enfrenta cuando una personalidad del calibre de Gabriel Velasco deja este plano. Tal vez sea inútil buscar los escondites de la gramática y alcance tan solo con el rugir de un motor en medio del prime. Así se puede definir a Velasco: como un enorme rugido de motores, un sonido inconmensurable que ya quedó grabado, inmortal, en la historia del rally provincial y nacional. Velasco cerró su hoja de ruta, pero sigue su carrera del otro lado del sol.
El hombre de gloria tenía 65 años y, junto a su hermano Marcelo, fue el primero en conseguir un título argentino. El deporte motor, pero fundamentalmente toda una provincia, lo despidió con sentido dolor. Pero también con profunda esperanza, porque los grandes viven su vida con propósito, y vivir con propósito es una manera de grabar la infinitud de la existencia.
Un camino que llevaba en la sangre
Gabriel nació un 9 de noviembre de 1960 en San Luis. Sus padres, Julián Velasco y Elena Allende de Velasco, forjaron en él un don especial que fue más allá de los autos: así como brillaba en las carreras, deslumbraba en la vida con su bondad, humildad, calidez y también cierta dureza en sus conceptos deportivos; firme, aplomado.
Desde pequeño, a los 6 años, ya mostraba un talento natural para las pistas. Por entonces ya manejaba un karting, pero comenzó a competir a los 10 años. Todo en medio de una suerte de juego infantil que, con un profesionalismo involuntario, se transformó en una vida plagada de éxitos.
Con el tiempo se sumaron a la pasión automovilística sus hermanos Daniel y Marcelo. Participó en diferentes competencias en la provincia, en Mendoza y en Córdoba, donde fue sumando hitos en su haber deportivo. Con el tiempo dejó el karting y pasó a pruebas zonales. Un Renault Gordini fue uno de sus primeros coches; también pasó por un Isard hasta que llegó el Fiat 600, con el que pudo clasificarse campeón zonal de rally.
Sin embargo, uno de los momentos más importantes llegó cuando consiguió subir a un R-12, participando en el Campeonato Argentino de Rally. De todas formas, es en el zonal donde hizo la experiencia que le permitió llegar al subcampeonato.
Según relata el libro Historia del Automovilismo de la Provincia de San Luis, en ese tiempo se encontró apoyado por un grupo de entusiastas del sector que integraban la Peña Automovilística 5º Provincia, a través de quienes pudo participar del Rally Vuelta de la Manzana en Río Negro, cuando corría el año 1988 (integrando el equipo Renault).
Con el tiempo, deciden adquirir un Fiat 147 con el que corrió en varias competencias nacionales y algunas zonales, logrando otra vez un subcampeonato. Para 1992, el grupo de gente amiga decidió que debía incursionar plenamente a nivel nacional en la Clase 1. Subió varias veces al podio, clasificándose subcampeón nacional de rally. También participó en la Clase 2 con un Gol 1.6.
Gabriel: "un rápido", "un distinto"
El periodista especializado en automovilismo, Jorge Adorno (Mundo Motor), compartió un diálogo con El Diario de la República y recordó a Gabriel: "Fue un gran campeón en la época dorada del automovilismo, cuando había 15 o 16 pilotos que no sabías quién ganaba; una época donde había competitividad, donde venían del sur, del norte, del centro, de todo el país. Pero Gabriel era un piloto sumamente rápido: en montaña, en plano, en barro, en nieve... se adaptaba a cualquier piso. Y tuvo la suerte de caer en un equipo que hoy por hoy es de los mejores de Sudamérica: los hermanos Barattero", dijo con notable nostalgia.
Adorno remarcó que las virtudes de Gabriel no solo se veían en las carreras, sino en la vida, como un espejo implacable. "Siempre decía 'vos sos lento', como que él era rápido, ¿se entiende? Y quedó ese mote de los lentos y los rápidos, siempre en tono de chiste. Después tuvo muchos alumnos como Jorge 'el Indio' López, un chico que rompió 20 autos por ir a fondo entrenando con él. Era muy bueno, te subía al auto y te enseñaba, era un tipo transparente", definió.
El periodista es contemporáneo a Gabriel y le fue inevitable recordar momentos inolvidables de la infancia: "Cuando corría en karting era un destacado. Yo vivía frente a su casa, en Juana Koslay, y lo conozco de esa época, de cuando teníamos 5 o 6 años. Ya era un destacado. Si corríamos en bici o en los kartings a rulemanes, era un destacado. Un distinto. Eso fue Gabriel", manifestó.
Un legado imborrable
En apenas un resumen modesto sobre su vida, se puede advertir que el paso de Gabriel por este mundo tenía un sentido importantísimo. Primero para su familia, indudablemente; pero además, para el pueblo. Su corazón debía ser repartido —valga la metáfora— entre miles y miles de puntanos.
La muerte es el sello de una vida, y Gabriel la marcó a toda velocidad, como solo los grandes saben hacerlo. Gracias por todo lo que diste. Será inevitable que, en cada competencia, el polvo que se levante del suelo al ras de las cubiertas rememore tu impronta inigualable. Las carreras seguirán encontrándote con la historia de San Luis.
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