"Mi sueño personal es ser papá"
A poco de ganar el dobles en Australia, el tenista habló mano a mano con El Diario de la República. Entre la exigencia del máximo nivel y una noticia que le cambia la vida, el cordobés atraviesa un año tan especial como desafiante.
Gustavo Fernández cerró otro Australian Open inolvidable. En una misma jornada, el tenista cordobés oriundo de Río Tercero conquistó su quinto título de Grand Slam en dobles y, al mismo tiempo, se quedó en las puertas de una nueva final en singles. Luces y sombras que resumen no solo su semana en Melbourne, sino también el momento personal y profesional que atraviesa uno de los grandes referentes del deporte argentino.
En semifinales de singles, Fernández cayó ante el japonés Tokito Oda, número uno del mundo, por 6-1 y 7-6 (7-2), resultado que terminó con la ilusión de alzar su tercer Australian Open en la modalidad individual. Horas más tarde, el destino volvió a cruzarlos, esta vez del mismo lado de la red: juntos se consagraron campeones de dobles tras vencer con autoridad por 6-2 y 6-1 a los líderes del ranking mundial, el holandes Spaargaren y el español Caverzaschi, en apenas 1 hora y 5 minutos de juego.
“Contento por concretar el Grand Slam en dobles, era importante hacerlo, es muy especial”, fueron las primeras palabras de Fernández tras levantar el trofeo, todavía con las emociones a flor de piel y en un mano a mano con El Diario de la República.
La caída en singles, sin embargo, dejó un sabor amargo. “Me quedé con amargura en el single, jugué demasiado tiempo mal al tenis. En un partido de semifinales de Grand Slam contra el mejor del mundo, pagué caro eso”, analizó con sinceridad.
En su mirada sobre el partido, el cordobés fue autocrítico. “Me tomó demasiado tiempo entrar al partido. Hay cosas a trabajar, es muy pesado jugar más de la mitad del partido mal. Si quiero pelear cosas importantes, no me puede pasar. Sí quedé contento con el físico, la pretemporada que hicimos estuvo bien”, explicó.
La particularidad del día tuvo un protagonista compartido. Tokito Oda, su verdugo en singles y su socio en dobles, es una de las grandes figuras del circuito con apenas 19 años. Fernández explicó cómo se vive una situación tan poco habitual. “Cuando nos tenemos que ‘sacar los cuernos' en contra lo hacemos, pero cuando jugamos juntos lo del pasado quedó atrás y ya está. Es importante tener en claro para lo que estamos. Tenemos buena onda entre los dos, él me respeta y yo a él. Tiene un talento especial”.
La sociedad Fernández–Oda no es casual ni circunstancial. Los resultados lo respaldan. “Tenemos dos torneos juntos y los ganamos a los dos. En el US Open sacamos a las dos mejores parejas del mundo y acá le ganamos a las tres mejores. Lo hicimos en buena medida y manteniendo el dominio”, destacó.
Hijo del ex basquetbolista Gustavo “Lobo” Fernández, histórico base de GEPU de San Luis, “Gusti” creció rodeado de deporte y competencia. Hoy, con una carrera consagrada a sus 32 años y diez títulos de Grand Slam (5 en dobles y 5 en singles) , sigue exigiéndose al máximo, aunque con una perspectiva distinta.
Lo que viene será intenso dentro y fuera de la cancha. “Tengo exhibiciones en Latinoamérica, voy a meterme de lleno con eso mientras entreno. Después viene la gira de Estados Unidos, Asia y Europa. Mi mujer está embarazada, esperamos para junio. Va a ser un año especial por eso, que es la prioridad. Voy a tratar de hacerlo de la mejor manera”, contó.
Al hablar de ese momento personal, la emoción se hizo imposible de disimular. Conmovido, Fernández abrió su corazón. “Estoy bastante emocional, ser padre te moviliza. Mi sueño profesional fue siempre el tenis, pero mi sueño personal es ser papá. Es difícil estar lejos. Desde los 13 años llevo esta vida, y uno se acostumbra, pero ahora una parte mía está allá”.
Gustavo Fernández volvió a ganar, volvió a competir al máximo y volvió a demostrar por qué es una referencia del deporte argentino. Con su nuevo título en dobles, alcanzó el “Grand Slam Career” que hace referencia a conseguir cada uno de los Majors y además sumó el décimo en total para su vidriera.
Pero, más allá de los trofeos y de lo que ocurre en la cancha, el tenista argentino desde fines del 2025 empezó a jugar el partido más importante de su vida.
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