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Comenzó la tradicional cabalgata hasta Renca para honrar al santo

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Comenzó la tradicional cabalgata hasta Renca para honrar al santo


Este año no va a ser la excepción. Movilizados por la fe, los hermanos Sapino y sus familias emprendieron a primera hora de la mañana el viaje a caballo y en sulky hasta la localidad del Departamento Chacabuco, una travesía que realizan desde hace ya doce años, incluido el 2014. Son casi una decena a quienes sólo les importa llegar a tiempo para participar de la misa y la procesión del 3 de mayo, en honor al Cristo de Renca.

"Es algo de no explicar cuando uno llega se nos caen las lágrimas y nos fundimos en un abrazo"


El Centro Tradicionalista Fortín Mercedino “Gauchos de Liborio Luna”, fundado por el músico Walter Sapino, está a cargo de la organización de la caravana montada. Durante el resto del año también  participan en otros encuentros. “Somos todos familia y amigos. La idea de cabalgar fue de Walter por una cuestión de fe, siempre fue por eso. Todos los años hay peticiones diferentes, pero la principal es la unión familiar, la salud y la paz, nuestra y de toda la provincia”, explicó Agustín Sapino, uno de los protagonistas.


La marcha comienza el Día del Trabajador, al alba. “Salimos el 1º por la mañana, hay tres integrantes que salen de Villa Mercedes y se unen en Coronel Alzogaray (un paraje a unos 25 kilómetros) con el resto que vienen del establecimiento Doña Sixta, que es de mis padres, y de la estancia 'Tío José', que es de Walter”, detalló el hermano.


La travesía requiere momentos de descanso para los equinos y los mismos jinetes. “No se puede hacer de una sola tirada, así que la primera posta es en  Juan Llerena. Ahí, generalmente nos recibe el intendente al mediodía, después seguimos a La Toma donde paramos para merendar y se hace noche en Naschel, en la casa de la familia Montañés. Ellos nos brindan los mejores servicios, es como ir a la casa de uno”, apreció. Ayer partieron entre las 6 y las 7 y estiman llegar para dormir cerca de las 23. Al otro día, amanecen y siguen el camino, sin ningún retraso, para formar parte de la misa y la procesión anual del Cristo de Renca.


Todos los años suman adeptos pero siempre cuentan con Nicolás, Emanuel, Walter, Luciano y Agustín Sapino, Orlando Flores y su hijo Mateo, de 12 años, Hipólito Quiroga, Sergio González y Marina Rolando, la esposa del músico. Los jinetes son acompañados por dos camionetas que llevan ropa, víveres y son el auxilio si surge alguna eventualidad. Hubo ocasiones en las que la lluvia los detuvo y tuvieron que hacer más paradas pero, si no es tan intensa, sacan a relucir sus pilotos impermeables y continúan la marcha.


Anécdotas en el camino


Los Sapino debieron sortear algunos imprevistos en estos once años de promesas. “Una vez, uno de los animales se lastimó los bastos, donde pisan, rengueaba y parecía que no iba a poder llegar. Nos quedamos en Naschel esa noche, y al otro día cuando despertamos el animal no tenía más la lastimadura que lo afectaba y pudo llegar. Nosotros dijimos que realmente fue un milagro del santo”, contó Agustín.


Walter también recordó que “el primer año que fuimos a Renca, fui con Juan, un tío hermano de mi papá, en dos sulkys. La tía Mercedes y mi madre Mirta nos prepararon dos recipientes de huevos cocidos, llevábamos pan y queso casero y esas alforjas llenas de ilusión para llegar a Renca. Ese año nevó casi 70 centímetros, llegar fue toda una odisea. La iniciativa la concretamos también con Lito y mis hermanos Luciano, Nicolás y Gustavo, que era chico”.


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Comenzó la tradicional cabalgata hasta Renca para honrar al santo

El grupo completo descansa en una de las postas. Son 127 kilómetros por hacer.

Este año no va a ser la excepción. Movilizados por la fe, los hermanos Sapino y sus familias emprendieron a primera hora de la mañana el viaje a caballo y en sulky hasta la localidad del Departamento Chacabuco, una travesía que realizan desde hace ya doce años, incluido el 2014. Son casi una decena a quienes sólo les importa llegar a tiempo para participar de la misa y la procesión del 3 de mayo, en honor al Cristo de Renca.

"Es algo de no explicar cuando uno llega se nos caen las lágrimas y nos fundimos en un abrazo"


El Centro Tradicionalista Fortín Mercedino “Gauchos de Liborio Luna”, fundado por el músico Walter Sapino, está a cargo de la organización de la caravana montada. Durante el resto del año también  participan en otros encuentros. “Somos todos familia y amigos. La idea de cabalgar fue de Walter por una cuestión de fe, siempre fue por eso. Todos los años hay peticiones diferentes, pero la principal es la unión familiar, la salud y la paz, nuestra y de toda la provincia”, explicó Agustín Sapino, uno de los protagonistas.


La marcha comienza el Día del Trabajador, al alba. “Salimos el 1º por la mañana, hay tres integrantes que salen de Villa Mercedes y se unen en Coronel Alzogaray (un paraje a unos 25 kilómetros) con el resto que vienen del establecimiento Doña Sixta, que es de mis padres, y de la estancia 'Tío José', que es de Walter”, detalló el hermano.


La travesía requiere momentos de descanso para los equinos y los mismos jinetes. “No se puede hacer de una sola tirada, así que la primera posta es en  Juan Llerena. Ahí, generalmente nos recibe el intendente al mediodía, después seguimos a La Toma donde paramos para merendar y se hace noche en Naschel, en la casa de la familia Montañés. Ellos nos brindan los mejores servicios, es como ir a la casa de uno”, apreció. Ayer partieron entre las 6 y las 7 y estiman llegar para dormir cerca de las 23. Al otro día, amanecen y siguen el camino, sin ningún retraso, para formar parte de la misa y la procesión anual del Cristo de Renca.


Todos los años suman adeptos pero siempre cuentan con Nicolás, Emanuel, Walter, Luciano y Agustín Sapino, Orlando Flores y su hijo Mateo, de 12 años, Hipólito Quiroga, Sergio González y Marina Rolando, la esposa del músico. Los jinetes son acompañados por dos camionetas que llevan ropa, víveres y son el auxilio si surge alguna eventualidad. Hubo ocasiones en las que la lluvia los detuvo y tuvieron que hacer más paradas pero, si no es tan intensa, sacan a relucir sus pilotos impermeables y continúan la marcha.


Anécdotas en el camino


Los Sapino debieron sortear algunos imprevistos en estos once años de promesas. “Una vez, uno de los animales se lastimó los bastos, donde pisan, rengueaba y parecía que no iba a poder llegar. Nos quedamos en Naschel esa noche, y al otro día cuando despertamos el animal no tenía más la lastimadura que lo afectaba y pudo llegar. Nosotros dijimos que realmente fue un milagro del santo”, contó Agustín.


Walter también recordó que “el primer año que fuimos a Renca, fui con Juan, un tío hermano de mi papá, en dos sulkys. La tía Mercedes y mi madre Mirta nos prepararon dos recipientes de huevos cocidos, llevábamos pan y queso casero y esas alforjas llenas de ilusión para llegar a Renca. Ese año nevó casi 70 centímetros, llegar fue toda una odisea. La iniciativa la concretamos también con Lito y mis hermanos Luciano, Nicolás y Gustavo, que era chico”.


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