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Jorge Dillon: "San Luis tiene todo para seguir creciendo"

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Jorge Dillon: "San Luis tiene todo para seguir creciendo"

Por Marcelo Dettoni


Se define como “un orgulloso y feliz servidor público” Jorge Dillon, el hombre que eligió Ricardo Buryaille, el ministro de Agroindustria, para presidir el Servicio Nacional de Sanidad Animal (Senasa). La semana pasada visitó San Luis y no pasó desapercibido, sobre todo porque en los años de hegemonía kirchnerista era casi imposible que un hombre que ocupara ese cargo se acordara de que la provincia es un actor de peso en la producción ganadera. Con Dillon parece que esos tiempos quedaron archivados, ya que estuvo toda una mañana reunido con la gente que trabaja en la Regional local y luego mantuvo una entrevista con Cristian Moleker, el ministro de Medio Ambiente, Campo y Producción. Un síntoma de los vientos de cambio que soplan en el país.


—¿Con qué expectativas llegó a la presidencia del Senasa?


—Con la de mantener la calidad que tiene el organismo en el mundo, un mundo al que la Argentina está necesariamente ligada y que pide entes de referencia que den garantías de calidad alimentaria. Eso es lo que hace Senasa y se lo reconocen. Tenemos una capacidad técnica envidiable, profesionales que pasaron por acá, hoy están en organismos que dictan normas internacionales. El Senasa está en el Top 15 mundial.


—Deme un ejemplo de esa calidad de gestión.


—Hubo uno reciente. El fallo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a favor de la Argentina para que la carne local pueda regresar al mercado estadounidense se basó en un trabajo del Senasa. Esa relación comercial tan importante se va a restablecer porque hubo un sustento técnico que aportó el organismo, y no por una componenda política. Demostramos que la carne argentina estaba en condiciones de ser exportada a Estados Unidos. Esas gestiones suman reconocimiento internacional para el Senasa.


—Quizá tenga más reconocimiento afuera que en la Argentina…


—Suele pasar en todos lados porque el Senasa tiene un rol de policía sanitaria y son pocos los que aceptan acatar a rajatabla todas las normas. Pero en este punto no se pueden hacer excepciones,  ni tener amigos porque de los controles que hace el servicio dependen la apertura y el mantenimiento de los mercados internacionales que la Argentina pueda conseguir. Eso significa ventas, ingreso de dólares y prestigio mundial. Acá no valen las reglas propias, eso corre para todos los países, que no tienen lazos amistosos, sino relaciones comerciales, entonces hay que imponer pautas sanitarias.


—¿Cómo debe trabajar el Senasa?


— Integrado con todo el sistema de producción nacional, en la misma mesa que los productores, los veterinarios, los laboratorios y los gobiernos, tanto el nacional como los provinciales y municipales. De eso depende ganar mercados y mantenerlos, porque nadie va a hacer ese trabajo por nosotros.


—¿Cómo se manejó el organismo durante el gobierno anterior?


—Vivió un proceso importante hasta 2011, en el que se crearon las regionales, que para mí fueron una gran idea. Después se estancó, a tono con los problemas que comenzó a vivir el país, y lamentablemente estancarse es retroceder, entonces el Senasa dio un par de pasos para atrás que ahora intentamos revertir. No fue falta de voluntad, en los últimos dos años se quisieron hacer cosas, pero faltó presupuesto. Acá trabajan 6.500 personas y el dinero que maneja el Senasa es importante, pero nunca alcanza, entonces hay que coordinar mejor las acciones.


—¿Qué aportó la creación de las Regionales?


—Acercaron el Senasa a los centros de poder donde se toman las resoluciones locales. Nos permitieron estar más cerca de las provincias, los productores, los frigoríficos y los veterinarios. Ganamos territorio.


—San Luis no tuvo una buena relación con el Senasa en esos años. ¿Ahora va a ser distinto?


—Ya ven que estoy acá, algo que no sucedía antes. Debemos generar confianza mutua entre el organismo y la provincia, con San Luis y con todas. Juntos siempre es mejor, hay una responsabilidad compartida con la Nación y en materia sanitaria eso es muy importante, no puede fallar ningún eslabón.


—¿Cómo juega la Comisión Provincial de Sanidad Animal (Coprosa) en el asunto?


—De la mejor manera, es el sistema sanitario nacional bajado a nivel provincial. El Senasa participa en San Luis y en todas las Coprosa, codo a codo con los gobiernos, los centros ganaderos, los colegios profesionales, el INTA y todos los demás. Lo mejor que nos puede pasar a nosotros es que la Coprosa de San Luis funcione bien porque el Senasa no puede con todo.


—¿Y San Luis está en condiciones de ser protagonista?


—Totalmente. Un ejemplo fue la excelente aplicación del Plan Toros. La Nación aportó fondos para el plan de venéreas y la provincia los puso al servicio de ese proyecto. ¿Usted sabe cuándo surgió el primer Plan Toros?


—La verdad que no…


—Fue en 1985, en la provincia de Buenos Aires, yo estaba por entonces en el INTA de Balcarce, que fue uno de los encargados de la instrumentación. Por entonces se compensaba a los productores que tenían animales enfermos, después San Luis hizo un plan superador porque comenzó a reponerle esos toros por otros sanos y de mejor calidad. Es un ejemplo de que hay que trabajar en conjunto.



Necesidad de consenso


—¿Qué va a pasar con la Resolución 38 que establece regulaciones especiales en materia sanitaria para el movimiento de ganado en pie? San Luis en su momento la resistió y hoy está en el limbo, con una postergación indefinida…


—Vamos a consensuar con las provincias a las que abarca la normativa y las comisiones de lucha contra la brucelosis y la tuberculosis como seguimos. Tenemos que atender un problema nacional y provincial, porque son enfermedades zoonóticas que se transmiten a los seres humanos, hay una responsabilidad social en el asunto que tienen que atender los productores y también los estados.



—Nadie con conciencia sobre los riesgos sanitarios argumentó en contra de la medida, la crítica se centró en lo intempestiva que fue su aplicación, sin otorgar el tiempo necesario para ponerla en marcha en las condiciones ideales.


—Cada provincia tiene sus particularidades en cuanto a los sistemas ganaderos. Hay que tener en cuenta la infraestructura, la población y los controles, que a su vez deben tener caminos en condiciones de circulación y laboratorios para tomar las muestras. Es todo un paquete que hay que analizar con detenimiento, la resolución habla de “avanzar” en el control y eso es algo que queremos todos. No hay dudas que existe una necesidad de regular el movimiento de ganado, porque trasladar animales enfermos siempre es un problema para el que los recibe.



—San Luis presentó un Plan Sanitario Alternativo hace tiempo, apenas se desató el conflicto. ¿Pudo analizarlo?


—Vamos a prestarle especial atención a ese proyecto, queremos que las provincias avancen y se comprometan, y si es bajo el paraguas protector de la Nación, mucho mejor. No hay que ir nunca para abajo, porque eso lesiona los intereses de la Nación, siempre hay que tender a mejorar. El Senasa pondrá la vara bien alta y hay que al menos igualarla, si después los productores quieren superarlas, mucho mejor. Pero los que quieran mantenerse por debajo no la van a pasar bien, no tiene que dar lo mismo criar animales con brucelosis que tener rodeos sanos. En esto no es cuestión de hacer lo que cada uno quiere, porque cada acción repercute en el bienestar de todos. Volvemos al ejemplo de los mercados internacionales: un error aislado perjudica a toda la cadena de valor.


—Otra queja apenas se conoció la Resolución 38 es que faltaban laboratorios para hacer la toma de muestras y que éstas eran muy caras para los pequeños productores…


—Vuelvo al ejemplo del año ’85, cuando lanzamos el Plan Toros en la provincia de Buenos Aires. También había muy pocos laboratorios, por eso comenzamos a aplicarlo en un puñado de partidos. Cuando los privados vieron el negocio, vinieron ellos a abrir laboratorios, no tuvimos que salir a buscarlos, se extendió el plan y benefició a todos. Ahora tiene que pasar lo mismo, si la Resolución 38 finalmente comienza a aplicarse deberán instalarse más laboratorios en las provincias, pero tiene que ser rentable, tampoco sirve uno en cada campo. En este paréntesis hay que analizar todas estas aristas del proyecto y sé que vamos a mejorar todos, el Senasa, las provincias y los privados.


—¿Cómo ve la realidad de San Luis?


—Es una provincia rica en un montón de cosas, acá se hace de todo, está muy diversificada. ¿Y sabe qué es lo que más me gusta? Que el Gobierno acompaña mucho, hay un gran esfuerzo de su parte. San Luis tiene una ganadería importante, que llega al 3% del volumen nacional, pero se puede aumentar, está muy bien en caprinos, donde también hay campo para mejorar mucho. Tiene polos nuevos de desarrollo porcino y avícola que además cuentan con una posición de privilegio, porque están alejados de los establecimientos de cría intensiva, entonces no lidian con problemas sanitarios. En síntesis, es una provincia que trabaja bien, que mira hacia el campo, con buena sanidad y un futuro promisorio.


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Jorge Dillon: "San Luis tiene todo para seguir creciendo"

Mano a mano. Jorge Dillon recibió a la revista El Campo en las oficinas que el Senasa tiene en la vieja casona de la calle Falucho.

Se define como “un orgulloso y feliz servidor público” Jorge Dillon, el hombre que eligió Ricardo Buryaille, el ministro de Agroindustria, para presidir el Servicio Nacional de Sanidad Animal (Senasa). La semana pasada visitó San Luis y no pasó desapercibido, sobre todo porque en los años de hegemonía kirchnerista era casi imposible que un hombre que ocupara ese cargo se acordara de que la provincia es un actor de peso en la producción ganadera. Con Dillon parece que esos tiempos quedaron archivados, ya que estuvo toda una mañana reunido con la gente que trabaja en la Regional local y luego mantuvo una entrevista con Cristian Moleker, el ministro de Medio Ambiente, Campo y Producción. Un síntoma de los vientos de cambio que soplan en el país.


—¿Con qué expectativas llegó a la presidencia del Senasa?


—Con la de mantener la calidad que tiene el organismo en el mundo, un mundo al que la Argentina está necesariamente ligada y que pide entes de referencia que den garantías de calidad alimentaria. Eso es lo que hace Senasa y se lo reconocen. Tenemos una capacidad técnica envidiable, profesionales que pasaron por acá, hoy están en organismos que dictan normas internacionales. El Senasa está en el Top 15 mundial.


—Deme un ejemplo de esa calidad de gestión.


—Hubo uno reciente. El fallo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a favor de la Argentina para que la carne local pueda regresar al mercado estadounidense se basó en un trabajo del Senasa. Esa relación comercial tan importante se va a restablecer porque hubo un sustento técnico que aportó el organismo, y no por una componenda política. Demostramos que la carne argentina estaba en condiciones de ser exportada a Estados Unidos. Esas gestiones suman reconocimiento internacional para el Senasa.


—Quizá tenga más reconocimiento afuera que en la Argentina…


—Suele pasar en todos lados porque el Senasa tiene un rol de policía sanitaria y son pocos los que aceptan acatar a rajatabla todas las normas. Pero en este punto no se pueden hacer excepciones,  ni tener amigos porque de los controles que hace el servicio dependen la apertura y el mantenimiento de los mercados internacionales que la Argentina pueda conseguir. Eso significa ventas, ingreso de dólares y prestigio mundial. Acá no valen las reglas propias, eso corre para todos los países, que no tienen lazos amistosos, sino relaciones comerciales, entonces hay que imponer pautas sanitarias.


—¿Cómo debe trabajar el Senasa?


— Integrado con todo el sistema de producción nacional, en la misma mesa que los productores, los veterinarios, los laboratorios y los gobiernos, tanto el nacional como los provinciales y municipales. De eso depende ganar mercados y mantenerlos, porque nadie va a hacer ese trabajo por nosotros.


—¿Cómo se manejó el organismo durante el gobierno anterior?


—Vivió un proceso importante hasta 2011, en el que se crearon las regionales, que para mí fueron una gran idea. Después se estancó, a tono con los problemas que comenzó a vivir el país, y lamentablemente estancarse es retroceder, entonces el Senasa dio un par de pasos para atrás que ahora intentamos revertir. No fue falta de voluntad, en los últimos dos años se quisieron hacer cosas, pero faltó presupuesto. Acá trabajan 6.500 personas y el dinero que maneja el Senasa es importante, pero nunca alcanza, entonces hay que coordinar mejor las acciones.


—¿Qué aportó la creación de las Regionales?


—Acercaron el Senasa a los centros de poder donde se toman las resoluciones locales. Nos permitieron estar más cerca de las provincias, los productores, los frigoríficos y los veterinarios. Ganamos territorio.


—San Luis no tuvo una buena relación con el Senasa en esos años. ¿Ahora va a ser distinto?


—Ya ven que estoy acá, algo que no sucedía antes. Debemos generar confianza mutua entre el organismo y la provincia, con San Luis y con todas. Juntos siempre es mejor, hay una responsabilidad compartida con la Nación y en materia sanitaria eso es muy importante, no puede fallar ningún eslabón.


—¿Cómo juega la Comisión Provincial de Sanidad Animal (Coprosa) en el asunto?


—De la mejor manera, es el sistema sanitario nacional bajado a nivel provincial. El Senasa participa en San Luis y en todas las Coprosa, codo a codo con los gobiernos, los centros ganaderos, los colegios profesionales, el INTA y todos los demás. Lo mejor que nos puede pasar a nosotros es que la Coprosa de San Luis funcione bien porque el Senasa no puede con todo.


—¿Y San Luis está en condiciones de ser protagonista?


—Totalmente. Un ejemplo fue la excelente aplicación del Plan Toros. La Nación aportó fondos para el plan de venéreas y la provincia los puso al servicio de ese proyecto. ¿Usted sabe cuándo surgió el primer Plan Toros?


—La verdad que no…


—Fue en 1985, en la provincia de Buenos Aires, yo estaba por entonces en el INTA de Balcarce, que fue uno de los encargados de la instrumentación. Por entonces se compensaba a los productores que tenían animales enfermos, después San Luis hizo un plan superador porque comenzó a reponerle esos toros por otros sanos y de mejor calidad. Es un ejemplo de que hay que trabajar en conjunto.



Necesidad de consenso


—¿Qué va a pasar con la Resolución 38 que establece regulaciones especiales en materia sanitaria para el movimiento de ganado en pie? San Luis en su momento la resistió y hoy está en el limbo, con una postergación indefinida…


—Vamos a consensuar con las provincias a las que abarca la normativa y las comisiones de lucha contra la brucelosis y la tuberculosis como seguimos. Tenemos que atender un problema nacional y provincial, porque son enfermedades zoonóticas que se transmiten a los seres humanos, hay una responsabilidad social en el asunto que tienen que atender los productores y también los estados.



—Nadie con conciencia sobre los riesgos sanitarios argumentó en contra de la medida, la crítica se centró en lo intempestiva que fue su aplicación, sin otorgar el tiempo necesario para ponerla en marcha en las condiciones ideales.


—Cada provincia tiene sus particularidades en cuanto a los sistemas ganaderos. Hay que tener en cuenta la infraestructura, la población y los controles, que a su vez deben tener caminos en condiciones de circulación y laboratorios para tomar las muestras. Es todo un paquete que hay que analizar con detenimiento, la resolución habla de “avanzar” en el control y eso es algo que queremos todos. No hay dudas que existe una necesidad de regular el movimiento de ganado, porque trasladar animales enfermos siempre es un problema para el que los recibe.



—San Luis presentó un Plan Sanitario Alternativo hace tiempo, apenas se desató el conflicto. ¿Pudo analizarlo?


—Vamos a prestarle especial atención a ese proyecto, queremos que las provincias avancen y se comprometan, y si es bajo el paraguas protector de la Nación, mucho mejor. No hay que ir nunca para abajo, porque eso lesiona los intereses de la Nación, siempre hay que tender a mejorar. El Senasa pondrá la vara bien alta y hay que al menos igualarla, si después los productores quieren superarlas, mucho mejor. Pero los que quieran mantenerse por debajo no la van a pasar bien, no tiene que dar lo mismo criar animales con brucelosis que tener rodeos sanos. En esto no es cuestión de hacer lo que cada uno quiere, porque cada acción repercute en el bienestar de todos. Volvemos al ejemplo de los mercados internacionales: un error aislado perjudica a toda la cadena de valor.


—Otra queja apenas se conoció la Resolución 38 es que faltaban laboratorios para hacer la toma de muestras y que éstas eran muy caras para los pequeños productores…


—Vuelvo al ejemplo del año ’85, cuando lanzamos el Plan Toros en la provincia de Buenos Aires. También había muy pocos laboratorios, por eso comenzamos a aplicarlo en un puñado de partidos. Cuando los privados vieron el negocio, vinieron ellos a abrir laboratorios, no tuvimos que salir a buscarlos, se extendió el plan y benefició a todos. Ahora tiene que pasar lo mismo, si la Resolución 38 finalmente comienza a aplicarse deberán instalarse más laboratorios en las provincias, pero tiene que ser rentable, tampoco sirve uno en cada campo. En este paréntesis hay que analizar todas estas aristas del proyecto y sé que vamos a mejorar todos, el Senasa, las provincias y los privados.


—¿Cómo ve la realidad de San Luis?


—Es una provincia rica en un montón de cosas, acá se hace de todo, está muy diversificada. ¿Y sabe qué es lo que más me gusta? Que el Gobierno acompaña mucho, hay un gran esfuerzo de su parte. San Luis tiene una ganadería importante, que llega al 3% del volumen nacional, pero se puede aumentar, está muy bien en caprinos, donde también hay campo para mejorar mucho. Tiene polos nuevos de desarrollo porcino y avícola que además cuentan con una posición de privilegio, porque están alejados de los establecimientos de cría intensiva, entonces no lidian con problemas sanitarios. En síntesis, es una provincia que trabaja bien, que mira hacia el campo, con buena sanidad y un futuro promisorio.


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