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Piden prisión perpetua para un acusado de matar a un policía

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Piden prisión perpetua para un acusado de matar a un policía


Ricardo Ariel González fue procesado y enviado preventivamente a prisión por homicidio doblemente calificado, por haber sido cometido con alevosía y haber usado un arma de fuego, recordó la fiscal 3, Verónica Alonso Ernst. Y el Código Penal –explicó- es muy claro al respecto: al acusado de ese delito no le corresponde otra pena que no sea la prisión perpetua. Dijo que no es una, sino que son varias las pruebas que lo ubican en el rol del asesino que llevó adelante un trabajo de hormiga para matar al auxiliar Rodolfo Gilberto Domínguez. Pues se tomó la labor de hacerse pasar por una mujer, una provocativa rubia, en Facebook, para entrar en contacto con el policía y, luego de varias semanas de coqueteo a través de la web, logró convencerlo para que la madrugada del 27 de junio de 2015 se dirigiera a Ardiles y Guayaquil, donde descargó la bronca que había acumulado en su contra descerrajándole nueve balazos, porque alguna vez fue el amante de su pareja.


Tras el pedido de condena de la fiscal, la defensa contó con cinco días hábiles para pronunciarse y ofrecer alguna prueba a su favor. Pero el abogado Miguel Agundez no lo hizo. Entonces, el viernes, el decreto de la acusación fue elevado a la Cámara Penal. Si en los próximos cinco días hábiles el representante de González no lo apela, la acusación quedará firme, formalmente, elevada a la Cámara y encarrilada a juicio.


“El cúmulo de pruebas que hay en el expediente es largo, y por eso llevó mucho tiempo analizarlas todas”, aclaró la letrada. Pero las pruebas más fuertes, las de cargo, es decir las que terminaron de sellar el destino del acusado fueron “los elementos encontrados en las computadoras y netbooks que le fueron secuestrados y peritados en La Pampa”.


En esas máquinas hallaron fotos que formaban parte de la cuenta de Facebook falsa. “Ese usuario de la red social fue lo que más investigamos”, indicó la fiscal.


Descubrieron que la cuenta existía desde un año anterior al homicidio y que era utilizado no sólo por el acusado, sino también por su hermano Alex, quien purga una condena en la penitenciaría por resistencia a la autoridad y portación ilegal de arma. “Se trataba de un Facebook que el hermano de González usaba para amedrentar y molestar a la abogada de su ex”, contó. También lo empleaban para escribirles a los posibles candidatos de sus parejas o a los ex novios de ellas, para descubrir así si las mujeres aún mantenían un vínculo con esos hombres o si ellos mostraban un interés por ellas.


De hecho, según la fiscal, hay una testigo que dio fe que esa cuenta era manipulada por los hermanos. Como al momento del asesinato de Domínguez, Alex ya se encontraba en la cárcel, no cabe duda de que quien la abrió y se  hizo pasar por ese usuario fue el acusado.


La noche del homicidio, minutos después del mismo, alrededor de la 1:23, el perfil de ese Facebook cambió, indicó Alonso Ernst. Su usuario pasó de llamarse Carla Pérez a Carmen Pereyra, y la foto de la rubia despampanante fue sustituida por la de una mujer mayor. “Todas esas modificaciones quedaron registradas en la computadora, y los horarios de esos cambios coinciden con los del usuario falso”, dijo. Las fotografías que dan cuenta de eso habían sido eliminadas, pero los peritos las rescataron.


En sus máquinas, el acusado tenía instalado, además, un programa antirrastreo llamado TOR. Tal programa es  usado para ocultar la dirección de IP de la computadora y así navegar de manera anónima, sin que nadie pueda saber desde qué punto del mundo lo hace. “Ese programa te cambia el IP. Entonces te aparece que estás conectado desde Alemania, Francia, Roma o Merlo, cuando no es así. Y casualmente todas las máquinas del acusado tenían TOR”, abundó.


Las pericias psicológicas y psiquiátricas tampoco dejaron bien parado a González. Esos estudios señalaron que el hombre de 39 años no reacciona de la manera esperada ante un conflicto. “Los antecedentes de su personalidad dan cuenta de que tiene una forma de reaccionar que lo configuran como una persona capaz de cometer este tipo delitos”, dijo. 


Al momento de la detención, a fines de agosto de 2016, los investigadores le hallaron al comerciante, en el bolsillo de una de sus prendas, un recorte de El Diario de la República.  Se trataba de un artículo de la Mesa 5, que hablaba sobre el homicidio del auxiliar, al igual que muchos otros diarios que tenía en su almacén, remarcó Alonso Ernst. De hecho, en un allanamiento que le hicieron unos meses antes, un testigo declaró que les prometía a los efectivos que si seguían así iban a terminar igual que Domínguez.


Otros testimonios que lo complicaron fueron los de un grupo de jóvenes que la noche del asesinato, a una cuadra de la escena del crimen, vieron a un hombre de igual estatura, contextura y edad que él, tratando de esfumarse de esa zona del barrio Justo Daract.


González tenía también conocimiento de armas, según la fiscal. Contaba con una formación militar en la escuela de la V Brigada Aérea, practicaba tiro y hasta limpiaba el arma reglamentaria de su ex, la que casualmente desapareció cuatro meses antes del crimen del policía y era del mismo calibre que la pistola que usaron para asesinarlo, una nueve milímetros, recordó Alonso Ernst.


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Piden prisión perpetua para un acusado de matar a un policía


Ricardo Ariel González fue procesado y enviado preventivamente a prisión por homicidio doblemente calificado, por haber sido cometido con alevosía y haber usado un arma de fuego, recordó la fiscal 3, Verónica Alonso Ernst. Y el Código Penal –explicó- es muy claro al respecto: al acusado de ese delito no le corresponde otra pena que no sea la prisión perpetua. Dijo que no es una, sino que son varias las pruebas que lo ubican en el rol del asesino que llevó adelante un trabajo de hormiga para matar al auxiliar Rodolfo Gilberto Domínguez. Pues se tomó la labor de hacerse pasar por una mujer, una provocativa rubia, en Facebook, para entrar en contacto con el policía y, luego de varias semanas de coqueteo a través de la web, logró convencerlo para que la madrugada del 27 de junio de 2015 se dirigiera a Ardiles y Guayaquil, donde descargó la bronca que había acumulado en su contra descerrajándole nueve balazos, porque alguna vez fue el amante de su pareja.


Tras el pedido de condena de la fiscal, la defensa contó con cinco días hábiles para pronunciarse y ofrecer alguna prueba a su favor. Pero el abogado Miguel Agundez no lo hizo. Entonces, el viernes, el decreto de la acusación fue elevado a la Cámara Penal. Si en los próximos cinco días hábiles el representante de González no lo apela, la acusación quedará firme, formalmente, elevada a la Cámara y encarrilada a juicio.


“El cúmulo de pruebas que hay en el expediente es largo, y por eso llevó mucho tiempo analizarlas todas”, aclaró la letrada. Pero las pruebas más fuertes, las de cargo, es decir las que terminaron de sellar el destino del acusado fueron “los elementos encontrados en las computadoras y netbooks que le fueron secuestrados y peritados en La Pampa”.


En esas máquinas hallaron fotos que formaban parte de la cuenta de Facebook falsa. “Ese usuario de la red social fue lo que más investigamos”, indicó la fiscal.


Descubrieron que la cuenta existía desde un año anterior al homicidio y que era utilizado no sólo por el acusado, sino también por su hermano Alex, quien purga una condena en la penitenciaría por resistencia a la autoridad y portación ilegal de arma. “Se trataba de un Facebook que el hermano de González usaba para amedrentar y molestar a la abogada de su ex”, contó. También lo empleaban para escribirles a los posibles candidatos de sus parejas o a los ex novios de ellas, para descubrir así si las mujeres aún mantenían un vínculo con esos hombres o si ellos mostraban un interés por ellas.


De hecho, según la fiscal, hay una testigo que dio fe que esa cuenta era manipulada por los hermanos. Como al momento del asesinato de Domínguez, Alex ya se encontraba en la cárcel, no cabe duda de que quien la abrió y se  hizo pasar por ese usuario fue el acusado.


La noche del homicidio, minutos después del mismo, alrededor de la 1:23, el perfil de ese Facebook cambió, indicó Alonso Ernst. Su usuario pasó de llamarse Carla Pérez a Carmen Pereyra, y la foto de la rubia despampanante fue sustituida por la de una mujer mayor. “Todas esas modificaciones quedaron registradas en la computadora, y los horarios de esos cambios coinciden con los del usuario falso”, dijo. Las fotografías que dan cuenta de eso habían sido eliminadas, pero los peritos las rescataron.


En sus máquinas, el acusado tenía instalado, además, un programa antirrastreo llamado TOR. Tal programa es  usado para ocultar la dirección de IP de la computadora y así navegar de manera anónima, sin que nadie pueda saber desde qué punto del mundo lo hace. “Ese programa te cambia el IP. Entonces te aparece que estás conectado desde Alemania, Francia, Roma o Merlo, cuando no es así. Y casualmente todas las máquinas del acusado tenían TOR”, abundó.


Las pericias psicológicas y psiquiátricas tampoco dejaron bien parado a González. Esos estudios señalaron que el hombre de 39 años no reacciona de la manera esperada ante un conflicto. “Los antecedentes de su personalidad dan cuenta de que tiene una forma de reaccionar que lo configuran como una persona capaz de cometer este tipo delitos”, dijo. 


Al momento de la detención, a fines de agosto de 2016, los investigadores le hallaron al comerciante, en el bolsillo de una de sus prendas, un recorte de El Diario de la República.  Se trataba de un artículo de la Mesa 5, que hablaba sobre el homicidio del auxiliar, al igual que muchos otros diarios que tenía en su almacén, remarcó Alonso Ernst. De hecho, en un allanamiento que le hicieron unos meses antes, un testigo declaró que les prometía a los efectivos que si seguían así iban a terminar igual que Domínguez.


Otros testimonios que lo complicaron fueron los de un grupo de jóvenes que la noche del asesinato, a una cuadra de la escena del crimen, vieron a un hombre de igual estatura, contextura y edad que él, tratando de esfumarse de esa zona del barrio Justo Daract.


González tenía también conocimiento de armas, según la fiscal. Contaba con una formación militar en la escuela de la V Brigada Aérea, practicaba tiro y hasta limpiaba el arma reglamentaria de su ex, la que casualmente desapareció cuatro meses antes del crimen del policía y era del mismo calibre que la pistola que usaron para asesinarlo, una nueve milímetros, recordó Alonso Ernst.


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