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Armado del remate: no todo es bajar el martillo

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Armado del remate: no todo es bajar el martillo

Por Juan Luna


Cuando los productores desembarcan en el predio de Buena Esperanza para intentar llevarse algún lote de vacunos en la feria de la firma Alfredo S. Mondino, la hacienda ya espera cómodamente ubicada en los corrales. Los agentes saludan y dan la bienvenida y luego reparten las cartillas con los datos por categorías y kilajes. Los arrieros preparan sus caballos y los martilleros aguardan ansiosos para dar inicio a la subasta.

Abren las puertas del predio a las dos de la tarde para recibir las jaulas. Terminan a la medianoche, cuando arriban todos los camiones.


Pero para que en la fecha y hora exacta del remate todo esté listo y no se escape ningún detalle, hay una preparación previa que se extiende durante varios días, pero que tiene su momento clave en la jornada anterior a la subasta.


La revista El Campo se internó durante un día completo en el predio recostado sobre la autopista N° 55 para conocer todas las tareas que hacen agentes y peones para descargar la hacienda, apartarla en los corrales, pesarla y clasificarla. Trabajos con los cuales buscan asegurar que el remate sea un éxito para vendedores y compradores. Porque no todo es bajar el martillo y contar las ganancias.



Relato del día de trabajo


Entre los callejones y las tranqueras se recuesta un sol tibio. Y aunque no tiene la suficiente fuerza para calentar las manos, es un alivio tras el mal tiempo que azotó al sur. En esos días (los primeros de abril) cayeron entre 300 y 400 milímetros de agua en la localidad y en toda la región, desde el sur de San Luis, hasta el sur de Córdoba y el norte de La Pampa.


En las cercanías hay caminos cortados y llegan noticias de que algunas jaulas no arribarán porque no pudieron atravesar las rutas empantanadas. Incluso los titulares de la consignataria cordobesa estuvieron dubitativos sobre si mantener la feria o suspenderla. Pero el mal tiempo ha dado una tregua y la decisión de seguir adelante se hace cada vez más fuerte.


Las dos de la tarde es la hora señalada para abrir las puertas del predio y empezar a recibir a los camiones que traerán la hacienda hasta la medianoche. Por eso, un rato antes, los representantes que la firma tiene en Buena Esperanza y las localidades cercanas comienzan a llegar al predio.


Una vez al mes la feria genera un círculo virtuoso en Buena Esperanza. Es que no sólo hay comercialización de hacienda, sino que también genera trabajo para hombres y muchachos del pueblo. Por eso, desde temprano, unos veinte peones están bien dispuestos, con sus botas y rebenque en mano, para arriar la hacienda que descienda de las jaulas y llevarla a los corrales.


En la senda de ingreso de los camiones y en algunos callejones hay charcos  y barro, pero los corrales están bastante secos como para que los bovinos entren sin problemas. Los cientos de compartimientos que están vacíos con el transcurso de las horas se irán colmando y el silencio será reemplazado por el bullicio lógico de la hacienda.


Después de algunos minutos, por la ruta se divisa el primer transporte y todos se apuran a ocupar sus puestos. El primer eslabón está en la garita entre dos rampas para que las vacas bajen a los corrales. Allí, algunos agentes de Alfredo S. Mondino y un inspector de Cosafi (Control Sanitario y Fiscal), reciben la documentación de los lotes transportados y verifican que cumplan con las exigencias de Senasa y toman los datos de procedencia, cantidad y vacunación de los lotes.


Luego, la hacienda toma dos destinos posibles. Si los que llegan son gordos, son enviados a un sector de los corrales; si en cambio es invernada, van hacia la otra punta. De esa manera, los agentes clasifican la hacienda y si es necesario, la separan por sexo.


"A los gordos los organizamos desde las vaquillonas más livianas hacia las más pesadas, lo mismo con el novillo. Luego, colocamos la vaca desde la mejor a la peor calidad, después los toros y a lo último la conserva", detalló Carlos Malagueño, representante de la firma en la localidad del sur puntano y quien se encarga de la hacienda gorda.


Por el lado de la invernada, los lotes se ordenan desde los terneros machos, de mayor a menor peso, luego las tropas que llegan con machos y hembras mezcladas, y finalmente las terneras. Tras esta selección, completan las vacas vacías, las preñadas y las madres con crías. Este tipo de hacienda, que se vende en la pista techada, se detalla en un folleto para que los compradores tengan los datos a mano.


"El secreto de un buen remate está acá", comenta al pasar Pablo Giraudo, otro de los agentes de la compañía. "Es fundamental acomodar todo para que al otro día salga una subasta ordenada y  ágil", completa, mientras guía a un camión que estaciona marcha atrás para hacer descender los terneros.


Cuando la hacienda ya está clasificada, los peones se encargan de llevarla hasta otro de los puntos clave: la balanza. Bajo un pequeño tinglado, cuentan con una báscula que puede registrar un mínimo de 50 kilos y un máximo 7.990. Allí se coloca un muchacho en cada extremo de la jaula, para abrir y cerrar las puertas y permitir que los ejemplares entren al pesaje.


El hombre que arría a caballo la hacienda, trae en sus manos una nota con el detalle de la cantidad de animales y el número de corral. Ese papel lo recibe Luis Poggio, representante de la firma en Villa Mercedes, quien se encarga de tomar el peso justo del bulto y sacar un promedio en base a la cantidad de cabezas que haya sobre la balanza.


No es una tarea fácil. A la hora de registrar el peso, hay que tener en cuenta la categoría de hacienda (novillo, vaquillona, vaca) y en base a eso hay que calcular el porcentaje de desbaste, es decir, los kilos que se estima que el animal perderá en orina y materia fecal durante el traslado.


"Es como impartir justicia entre el comprador y el vendedor. Lograr dar un peso exacto para dejar conforme al dueño de la hacienda, y al vendedor con el rinde que tendrá cuando la faene", expresó Poggio.


Cuando el lote es pesado, el agente devuelve la nota con los kilajes justos y el peón y la hacienda retornan al corral.


La prolijidad con la que hagan el trabajo es vital para mantener la credibilidad de la que goza la empresa de los Mondino a la hora de vender hacienda.


El mecanismo se repite una y otra vez con cada uno de los vehículos que llegan cargados al predio. Cuando empieza a caer el sol es cuando más transportes arriban desde distintos puntos. Hay lotes desde Fortín El Patria, de Arizona, Mendoza, entre otros.


"Es un día largo. Arrancamos a las dos de la tarde a empezar bajar animales y hasta que no llega el último, no se deja de pasar. Depende de la cantidad que haya, pero podemos terminar a la medianoche. Y al otro día, a las seis de la mañana, continuamos con los que llegaron a la noche tarde", reveló Poggio.


A medida que las horas pasan, comienzan a aparecer los abrigos sobre los hombros de los trabajadores. Pero para apaciguar las horas, no faltan ni el mate ni las bromas.


Mientras tanto, uno de los empleados enciende el fuego para cerrar la jornada con un asado, que comparten desde los peones hasta los gerentes de la empresa, con algunos clientes que llegan desde un día antes para la subasta.


Cuando amanece, los "soldados" están nuevamente de pie para complementar los últimos detalles. El personal del servicio de catering coloca las mesas y cocina el almuerzo que reunirá a cientos de productores al mediodía.



Trabajo cumplido


En el momento en que los productores llegaron al predio, todo está listo. Y aunque no pudieron completar el número de cabezas anunciado, lograron un gran encierre de más de dos mil animales. "Felicitaciones a todo el equipo que logró este encierre, después de días de mucha lluvia. Todos saben que hubo rutas cortadas, campos muy complicados para cargar. Los clientes han hecho un gran esfuerzo también. Estuvimos dudando de dar este remate, pero han hecho un gran trabajo y lo sacamos adelante", reconoció Roberto Mondino, micrófono en mano, antes de empezar la subasta de la invernada.


Por su parte, el gerente general de la compañía, Francisco Garín, destacó que "los diez días previos a la feria son fundamentales. Cada representante pasa una planilla con toda la hacienda que va a traer y con eso ya empezamos a hacer la publicidad y a invitar a la gente. El día anterior vinimos dos o tres personas de Del Campillo, de Villa Huidobro y Villa Valeria para ayudar a los de la zona a hacer todo el encierre".


Cuando el último golpe de martillo cae, la tarea sigue. Pero los trabajadores ya gozan de la satisfacción de haber cumplido, una vez más.


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Armado del remate: no todo es bajar el martillo

Cada pieza en su lugar. Como un rompecabezas, organizan cada lote en el corral correspondiente.

Cuando los productores desembarcan en el predio de Buena Esperanza para intentar llevarse algún lote de vacunos en la feria de la firma Alfredo S. Mondino, la hacienda ya espera cómodamente ubicada en los corrales. Los agentes saludan y dan la bienvenida y luego reparten las cartillas con los datos por categorías y kilajes. Los arrieros preparan sus caballos y los martilleros aguardan ansiosos para dar inicio a la subasta.

Abren las puertas del predio a las dos de la tarde para recibir las jaulas. Terminan a la medianoche, cuando arriban todos los camiones.


Pero para que en la fecha y hora exacta del remate todo esté listo y no se escape ningún detalle, hay una preparación previa que se extiende durante varios días, pero que tiene su momento clave en la jornada anterior a la subasta.


La revista El Campo se internó durante un día completo en el predio recostado sobre la autopista N° 55 para conocer todas las tareas que hacen agentes y peones para descargar la hacienda, apartarla en los corrales, pesarla y clasificarla. Trabajos con los cuales buscan asegurar que el remate sea un éxito para vendedores y compradores. Porque no todo es bajar el martillo y contar las ganancias.



Relato del día de trabajo


Entre los callejones y las tranqueras se recuesta un sol tibio. Y aunque no tiene la suficiente fuerza para calentar las manos, es un alivio tras el mal tiempo que azotó al sur. En esos días (los primeros de abril) cayeron entre 300 y 400 milímetros de agua en la localidad y en toda la región, desde el sur de San Luis, hasta el sur de Córdoba y el norte de La Pampa.


En las cercanías hay caminos cortados y llegan noticias de que algunas jaulas no arribarán porque no pudieron atravesar las rutas empantanadas. Incluso los titulares de la consignataria cordobesa estuvieron dubitativos sobre si mantener la feria o suspenderla. Pero el mal tiempo ha dado una tregua y la decisión de seguir adelante se hace cada vez más fuerte.


Las dos de la tarde es la hora señalada para abrir las puertas del predio y empezar a recibir a los camiones que traerán la hacienda hasta la medianoche. Por eso, un rato antes, los representantes que la firma tiene en Buena Esperanza y las localidades cercanas comienzan a llegar al predio.


Una vez al mes la feria genera un círculo virtuoso en Buena Esperanza. Es que no sólo hay comercialización de hacienda, sino que también genera trabajo para hombres y muchachos del pueblo. Por eso, desde temprano, unos veinte peones están bien dispuestos, con sus botas y rebenque en mano, para arriar la hacienda que descienda de las jaulas y llevarla a los corrales.


En la senda de ingreso de los camiones y en algunos callejones hay charcos  y barro, pero los corrales están bastante secos como para que los bovinos entren sin problemas. Los cientos de compartimientos que están vacíos con el transcurso de las horas se irán colmando y el silencio será reemplazado por el bullicio lógico de la hacienda.


Después de algunos minutos, por la ruta se divisa el primer transporte y todos se apuran a ocupar sus puestos. El primer eslabón está en la garita entre dos rampas para que las vacas bajen a los corrales. Allí, algunos agentes de Alfredo S. Mondino y un inspector de Cosafi (Control Sanitario y Fiscal), reciben la documentación de los lotes transportados y verifican que cumplan con las exigencias de Senasa y toman los datos de procedencia, cantidad y vacunación de los lotes.


Luego, la hacienda toma dos destinos posibles. Si los que llegan son gordos, son enviados a un sector de los corrales; si en cambio es invernada, van hacia la otra punta. De esa manera, los agentes clasifican la hacienda y si es necesario, la separan por sexo.


"A los gordos los organizamos desde las vaquillonas más livianas hacia las más pesadas, lo mismo con el novillo. Luego, colocamos la vaca desde la mejor a la peor calidad, después los toros y a lo último la conserva", detalló Carlos Malagueño, representante de la firma en la localidad del sur puntano y quien se encarga de la hacienda gorda.


Por el lado de la invernada, los lotes se ordenan desde los terneros machos, de mayor a menor peso, luego las tropas que llegan con machos y hembras mezcladas, y finalmente las terneras. Tras esta selección, completan las vacas vacías, las preñadas y las madres con crías. Este tipo de hacienda, que se vende en la pista techada, se detalla en un folleto para que los compradores tengan los datos a mano.


"El secreto de un buen remate está acá", comenta al pasar Pablo Giraudo, otro de los agentes de la compañía. "Es fundamental acomodar todo para que al otro día salga una subasta ordenada y  ágil", completa, mientras guía a un camión que estaciona marcha atrás para hacer descender los terneros.


Cuando la hacienda ya está clasificada, los peones se encargan de llevarla hasta otro de los puntos clave: la balanza. Bajo un pequeño tinglado, cuentan con una báscula que puede registrar un mínimo de 50 kilos y un máximo 7.990. Allí se coloca un muchacho en cada extremo de la jaula, para abrir y cerrar las puertas y permitir que los ejemplares entren al pesaje.


El hombre que arría a caballo la hacienda, trae en sus manos una nota con el detalle de la cantidad de animales y el número de corral. Ese papel lo recibe Luis Poggio, representante de la firma en Villa Mercedes, quien se encarga de tomar el peso justo del bulto y sacar un promedio en base a la cantidad de cabezas que haya sobre la balanza.


No es una tarea fácil. A la hora de registrar el peso, hay que tener en cuenta la categoría de hacienda (novillo, vaquillona, vaca) y en base a eso hay que calcular el porcentaje de desbaste, es decir, los kilos que se estima que el animal perderá en orina y materia fecal durante el traslado.


"Es como impartir justicia entre el comprador y el vendedor. Lograr dar un peso exacto para dejar conforme al dueño de la hacienda, y al vendedor con el rinde que tendrá cuando la faene", expresó Poggio.


Cuando el lote es pesado, el agente devuelve la nota con los kilajes justos y el peón y la hacienda retornan al corral.


La prolijidad con la que hagan el trabajo es vital para mantener la credibilidad de la que goza la empresa de los Mondino a la hora de vender hacienda.


El mecanismo se repite una y otra vez con cada uno de los vehículos que llegan cargados al predio. Cuando empieza a caer el sol es cuando más transportes arriban desde distintos puntos. Hay lotes desde Fortín El Patria, de Arizona, Mendoza, entre otros.


"Es un día largo. Arrancamos a las dos de la tarde a empezar bajar animales y hasta que no llega el último, no se deja de pasar. Depende de la cantidad que haya, pero podemos terminar a la medianoche. Y al otro día, a las seis de la mañana, continuamos con los que llegaron a la noche tarde", reveló Poggio.


A medida que las horas pasan, comienzan a aparecer los abrigos sobre los hombros de los trabajadores. Pero para apaciguar las horas, no faltan ni el mate ni las bromas.


Mientras tanto, uno de los empleados enciende el fuego para cerrar la jornada con un asado, que comparten desde los peones hasta los gerentes de la empresa, con algunos clientes que llegan desde un día antes para la subasta.


Cuando amanece, los "soldados" están nuevamente de pie para complementar los últimos detalles. El personal del servicio de catering coloca las mesas y cocina el almuerzo que reunirá a cientos de productores al mediodía.



Trabajo cumplido


En el momento en que los productores llegaron al predio, todo está listo. Y aunque no pudieron completar el número de cabezas anunciado, lograron un gran encierre de más de dos mil animales. "Felicitaciones a todo el equipo que logró este encierre, después de días de mucha lluvia. Todos saben que hubo rutas cortadas, campos muy complicados para cargar. Los clientes han hecho un gran esfuerzo también. Estuvimos dudando de dar este remate, pero han hecho un gran trabajo y lo sacamos adelante", reconoció Roberto Mondino, micrófono en mano, antes de empezar la subasta de la invernada.


Por su parte, el gerente general de la compañía, Francisco Garín, destacó que "los diez días previos a la feria son fundamentales. Cada representante pasa una planilla con toda la hacienda que va a traer y con eso ya empezamos a hacer la publicidad y a invitar a la gente. El día anterior vinimos dos o tres personas de Del Campillo, de Villa Huidobro y Villa Valeria para ayudar a los de la zona a hacer todo el encierre".


Cuando el último golpe de martillo cae, la tarea sigue. Pero los trabajadores ya gozan de la satisfacción de haber cumplido, una vez más.


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