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El chañar, un infiltrado entre los pastizales

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El chañar, un infiltrado entre los pastizales

Juan Luna

Un grupo de investigadores analiza la invasión de especies leñosas en las gramíneas del sur de San Luis, y cómo se vuelve un problema productivo y ecológico al mismo tiempo.

Entre los múltiples cambios y daños que han sufrido los pastizales pampeanos en las últimas décadas, hay un fenómeno que crece de forma silenciosa pero intensa. La invasión de especies leñosas sobre la vegetación autóctona ha producido transformaciones en los ecosistemas del semiárido puntano y ha impactado directamente en la productividad y rentabilidad de los sistemas ganaderos.

Un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) se ocupa de estudiar el alcance de ese proceso conocido como “arbustización”, que es definido como el aumento de las densidades de árboles y arbustos a expensas de otras especies, sobre todo gramíneas, de tal modo que el equilibrio entre el estrato leñoso y el herbáceo se modifica desfavorablemente.

El equipo conformado por Manuel Demaría, Ruth Rauber, Pablo Cipriotti, Daniel Arroyo, Juan Pablo Martini y Alicia Sendoya también indaga en las posibles causas y consecuencias de ese crecimiento, en un área de muestra de aproximadamente 20.000 kilómetros cuadrados del territorio provincial.

Hay dos especies principales que protagonizan la avanzada: el caldén y el chañar. Pero los biólogos se concentraron en la segunda, que lleva el nombre científico de Geoffroeadecorticans y se caracteriza, entre otras cosas, por formar de pequeñas a grandes isletas en medio de los campos.

“Este proyecto empezó hace dos años a raíz de una inquietud de un grupo de productores, que veían que había un aumento importante de leñosas en ambientes donde antes las cantidades no eran significativas. Ellos están preocupados porque se disminuye su oferta forrajera, pero también representa un problema ecológico de conservación para el pastizal pampeano y los ecosistemas”, explicó Demaría, uno de especialistas en biología que participa del estudio.

Lo primero que hay que tener en claro es que hay una vasta porción del territorio puntano en donde el paisaje natural históricamente estuvo dominado por gramíneas (una de las principales es el sorghastrum pellitum, también denominado "pasto de vaca") y no por arbustos ni árboles, a diferencia de lo que sucede en la región conocida como el caldenal o en el norte provincial, donde abundan los bosques de algarrobo, por ejemplo.

El biólogo aportó un dato claro para graficar ese estado primigenio: “Hay familias que son propietarias de los establecimientos desde hace ochenta o cien años, que nos contaron que antes no tenían ni un solo árbol en el campo. Para hacer un asado era complicado encontrar leña”.

Es por eso que la expansión de estas especies representa una novedad y un problema que hay que seguir de cerca, más allá de sus implicancias en la producción. Porque si bien antiguamente eran parte del ambiente, se encontraban en proporciones mucho menores a las que se registran hoy.

Si a eso se le suma que el incremento de los planteos productivos, ya sean ganaderos, agrícolas o mixtos, fue modificando el uso de los suelos, en la actualidad el pastizal pampeano corre peligro de extinción y cada vez pierde más terreno.

A dos escalas

Para tener una dimensión real, los investigadores analizaron el fenómeno en dos escalas diferentes. A nivel regional, utilizaron imágenes satelitales para definir qué porcentaje del terreno fue usurpado por el chañar. De esa manera, lograron determinar que un total de 99.952 hectáreas fueron invadidas por leñosas entre 1989 y 2018. El área pasó a del 4,4% (87.821 hectáreas) a representar el 6,5% (131.167) de la superficie provincial, aún cuando 56.000 hectáreas de arbustos fueron remplazadas por cultivos o pasturas perennes durante el período analizado.

“Nos sorprendió detectar que el área afectada es mucho menor de lo que se hablaba, porque se creía que eran más de 400.000 hectáreas. Por lo que uno podría pensar que el problema no sería tan grave. El tema es que es un porcentaje bajo, pero que está concentrado en las zonas más productivas de la provincia”, analizó Demaría.

Así, los principales puntos invadidos se extienden desde el centro hacia el sur de San Luis, pero se concentran más en el extremo este del mapa. “Mientras más te alejás hacia el oeste, donde bajan las precipitaciones, las isletas empiezan a desaparecer”, aclaró.

Es que los lugares con mayores y mejores niveles de lluvia y condiciones edáficas presentaron superficies de leñosas más grandes. Aunque si se comparan los números desde 1989 a la actualidad,  los crecimientos fueron poco acentuados en estas zonas y la arbustización fue mucho más pronunciada en las locaciones con precipitaciones inferiores a 600 milímetros.

Asimismo, los suelos más arenosos y con menor contenido de materia orgánica y humedad, favorecieron incrementos mayores en la cobertura de los chañares.

La segunda instancia del análisis consiste en un muestreo de los campos a nivel predial. Hasta el momento pudieron recorrer 79 isletas en diferentes establecimientos productivos. Para esos estudios, contaron con el aval y el apoyo del grupo CREA de Soven. “Ellos nos facilitan la entrada a las estancias y nos brindan su asistencia. Siempre hemos tenido una excelente relación con los productores", expresó el investigador.

En las dieciséis estancias analizadas hasta el momento, el grado de afectación es muy variable. Hay algunos campos que tienen apenas un 0,8% de su superficie ocupada por estos bosques, mientras que hay otros que tienen más del 30% invadido. Ese el caso del establecimiento “La Libertad”, por ejemplo, que tiene 3.268 hectáreas afectadas de sus 11.662.

El tamaño de cada isleta también es disímil. Pueden abarcar menos de una hectárea o pueden "adueñarse" de lotes enteros de más de cien hectáreas.

Problemas para los productores

Los inconvenientes que esto le puede generar a los productores son muchos. El principal es que mientras el chañar gana terreno, la cantidad y la calidad forrajera de los campos disminuyen, y por lo tanto se reduce la disponibilidad de alimento para sus rodeos. O al menos esa era la hipótesis desde la que partían los técnicos, porque cuando se adentraron a estudiar cada uno de los bosques, descubrieron que la oferta de pasturas no es tan baja como presuponían.

“Eso nos pareció muy interesante, pero queremos profundizar esos análisis porque el muestreo fue en un año muy bueno, y la principal especie que había es anual y se desarrolla en años lluviosos, que es la cebadilla criolla. Queremos hacer otro estudio más a largo plazo, para ver qué pasa, porque estimamos que la oferta en años secos va a caer mucho", dijo Demaría.

Ruth Rauber, quien también es bióloga, agregó que otro factor que los sorprendió fue la gran heterogeneidad que hay entre los bosques. "Cada uno es distinto al otro y hay gran cantidad de especies vegetales adentro, aunque un 30% de la superficie de la isleta está formado por exóticas", contó.

Hay aún más complicaciones para los sistemas ganaderos que ven reducidas sus posibilidades de expansión. Por un lado, las áreas boscosas son tan cerradas que se convierten en obstáculos para el paso e ingreso de los bovinos. Y, por otra parte, en el caso de que un productor quiera sembrar alguna pastura o hacer cultivos como soja o maíz, tendría que hacer algún tipo de intervención para quitar las leñosas, algo que además de ser muy costoso, lo haría chocar contra los lineamientos de la Ley de Bosques, aún cuando “en esas zonas el chañar no debería estar contemplado porque no es propio de esos ambientes”, opinó Demaría.

 

Múltiples causas

Como en todo fenómeno de transformación ecológica, la causa no es una sola. Entre las explicaciones que los investigadores han hallado hasta el momento, se encuentran “el cambio climático, el aumento de las precipitaciones, la intensificación del pastoreo y el cambio de uso de la tierra”, comenzó a enumerar Rauber.

Pero incluso, las propias características genéticas del chañar favorecen su rápida expansión. La especie tiene raíces gemíferas, lo que significa que cuando un individuo logra establecerse, se multiplica por debajo del suelo y emergen nuevas plantas a través de un solo renoval, más allá de que también pueden diseminarse a través de las semillas que caen sobre el terreno.

Además, sostienen que otra posible explicación es la disminución en la cantidad y volumen de los incendios en esa zona. “Nosotros creemos que a pesar de que en la provincia muchas áreas están siendo afectadas por mayor intensidad del fuego, los pastizales en general han evolucionado con las quemas. Por eso las gramíneas se recuperan muy fácilmente de las llamas”, explicó su compañero en la investigación.

Aclaró que no existen registros históricos, pero que algunos factores como la subdivisión de los campos y la presencia de picadas y alambrados, pueden haber reducido la frecuencia de incendios de gran escala, lo que por otra parte favorece la invasión de las leñosas.

También sostienen que la disminución del ganado ovino que hay en los campos pudo haber contribuido. "Hay estudios que demuestran que las ovejas son más romenadoras que las vacas, y comen más arbustos. Esto se ha visto en La Pampa, donde al faltar este tipo de animales, muchas leñosas se han desarrollado", agregó el investigador.

 

Un estudio abierto

Aunque ya tienen algunos datos que le permiten sacar conclusiones preliminares, el estudio de la "arbustización" en los pastizales pampeanos está abierto.

Uno de los próximos pasos que pretenden realizar es un análisis de la dinámica de las isletas, cómo se propagan y a qué ritmo. A su vez, harán una "lectura" de los anillos de crecimiento de las raíces para relacionarlas con eventos climáticos. "Se pueden ver cuando hubo fuego, si hubo enfermedades, si llovió más o menos, se puede conocer la historia de cada ejemplar", explicó Rauber, entusiasmada.

Es que además de ser un fenómeno que afecta la productividad de los campos, los biólogos sostuvieron que es importante entender el comportamiento ecológico de las leñosas para tratar de evitar futuras invasiones en otras áreas. 

"Nuestra hipótesis es que quizás a largo plazo, esta situación se pueda repetir hacia el oeste, porque ya se han empezado a desplazar hacia ese punto cardinal", advirtió Demaría.

Además, el pastizal no solo tiende a desaparecer, sino que toda su comunidad vegetal se ve modificada con la presencia de las especies invasoras. "Los pastizales casi que no tienen regímenes de protección, ni nacionales ni internacionales, no tienen el mismo estatus que los bosques. Pero nosotros consideramos que son ambientes muy importantes", analizó.

Por eso, indicaron, una primera medida para proteger los recursos naturales es hacer controles antes de que las isletas sean lo suficientemente grandes como para que cueste mucho erradicarlas.   Algunas técnicas para hacerlo podrían ser la utilización de quemas prescriptas en las etapas iniciales de los chañares. En otras áreas que están muy invadidas, "quizás se podrían hacer controles químicos o utilizar maquinaria pesada, pero es algo que hay que evaluar. Por eso lo mejor es entender a estas especies para hacer sugerencias", advirtió.

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El chañar, un infiltrado entre los pastizales

Un grupo de investigadores analiza la invasión de especies leñosas en las gramíneas del sur de San Luis, y cómo se vuelve un problema productivo y ecológico al mismo tiempo.

Entre los múltiples cambios y daños que han sufrido los pastizales pampeanos en las últimas décadas, hay un fenómeno que crece de forma silenciosa pero intensa. La invasión de especies leñosas sobre la vegetación autóctona ha producido transformaciones en los ecosistemas del semiárido puntano y ha impactado directamente en la productividad y rentabilidad de los sistemas ganaderos.

Un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) se ocupa de estudiar el alcance de ese proceso conocido como “arbustización”, que es definido como el aumento de las densidades de árboles y arbustos a expensas de otras especies, sobre todo gramíneas, de tal modo que el equilibrio entre el estrato leñoso y el herbáceo se modifica desfavorablemente.

El equipo conformado por Manuel Demaría, Ruth Rauber, Pablo Cipriotti, Daniel Arroyo, Juan Pablo Martini y Alicia Sendoya también indaga en las posibles causas y consecuencias de ese crecimiento, en un área de muestra de aproximadamente 20.000 kilómetros cuadrados del territorio provincial.

Hay dos especies principales que protagonizan la avanzada: el caldén y el chañar. Pero los biólogos se concentraron en la segunda, que lleva el nombre científico de Geoffroeadecorticans y se caracteriza, entre otras cosas, por formar de pequeñas a grandes isletas en medio de los campos.

“Este proyecto empezó hace dos años a raíz de una inquietud de un grupo de productores, que veían que había un aumento importante de leñosas en ambientes donde antes las cantidades no eran significativas. Ellos están preocupados porque se disminuye su oferta forrajera, pero también representa un problema ecológico de conservación para el pastizal pampeano y los ecosistemas”, explicó Demaría, uno de especialistas en biología que participa del estudio.

Lo primero que hay que tener en claro es que hay una vasta porción del territorio puntano en donde el paisaje natural históricamente estuvo dominado por gramíneas (una de las principales es el sorghastrum pellitum, también denominado "pasto de vaca") y no por arbustos ni árboles, a diferencia de lo que sucede en la región conocida como el caldenal o en el norte provincial, donde abundan los bosques de algarrobo, por ejemplo.

El biólogo aportó un dato claro para graficar ese estado primigenio: “Hay familias que son propietarias de los establecimientos desde hace ochenta o cien años, que nos contaron que antes no tenían ni un solo árbol en el campo. Para hacer un asado era complicado encontrar leña”.

Es por eso que la expansión de estas especies representa una novedad y un problema que hay que seguir de cerca, más allá de sus implicancias en la producción. Porque si bien antiguamente eran parte del ambiente, se encontraban en proporciones mucho menores a las que se registran hoy.

Si a eso se le suma que el incremento de los planteos productivos, ya sean ganaderos, agrícolas o mixtos, fue modificando el uso de los suelos, en la actualidad el pastizal pampeano corre peligro de extinción y cada vez pierde más terreno.

A dos escalas

Para tener una dimensión real, los investigadores analizaron el fenómeno en dos escalas diferentes. A nivel regional, utilizaron imágenes satelitales para definir qué porcentaje del terreno fue usurpado por el chañar. De esa manera, lograron determinar que un total de 99.952 hectáreas fueron invadidas por leñosas entre 1989 y 2018. El área pasó a del 4,4% (87.821 hectáreas) a representar el 6,5% (131.167) de la superficie provincial, aún cuando 56.000 hectáreas de arbustos fueron remplazadas por cultivos o pasturas perennes durante el período analizado.

“Nos sorprendió detectar que el área afectada es mucho menor de lo que se hablaba, porque se creía que eran más de 400.000 hectáreas. Por lo que uno podría pensar que el problema no sería tan grave. El tema es que es un porcentaje bajo, pero que está concentrado en las zonas más productivas de la provincia”, analizó Demaría.

Así, los principales puntos invadidos se extienden desde el centro hacia el sur de San Luis, pero se concentran más en el extremo este del mapa. “Mientras más te alejás hacia el oeste, donde bajan las precipitaciones, las isletas empiezan a desaparecer”, aclaró.

Es que los lugares con mayores y mejores niveles de lluvia y condiciones edáficas presentaron superficies de leñosas más grandes. Aunque si se comparan los números desde 1989 a la actualidad,  los crecimientos fueron poco acentuados en estas zonas y la arbustización fue mucho más pronunciada en las locaciones con precipitaciones inferiores a 600 milímetros.

Asimismo, los suelos más arenosos y con menor contenido de materia orgánica y humedad, favorecieron incrementos mayores en la cobertura de los chañares.

La segunda instancia del análisis consiste en un muestreo de los campos a nivel predial. Hasta el momento pudieron recorrer 79 isletas en diferentes establecimientos productivos. Para esos estudios, contaron con el aval y el apoyo del grupo CREA de Soven. “Ellos nos facilitan la entrada a las estancias y nos brindan su asistencia. Siempre hemos tenido una excelente relación con los productores", expresó el investigador.

En las dieciséis estancias analizadas hasta el momento, el grado de afectación es muy variable. Hay algunos campos que tienen apenas un 0,8% de su superficie ocupada por estos bosques, mientras que hay otros que tienen más del 30% invadido. Ese el caso del establecimiento “La Libertad”, por ejemplo, que tiene 3.268 hectáreas afectadas de sus 11.662.

El tamaño de cada isleta también es disímil. Pueden abarcar menos de una hectárea o pueden "adueñarse" de lotes enteros de más de cien hectáreas.

Problemas para los productores

Los inconvenientes que esto le puede generar a los productores son muchos. El principal es que mientras el chañar gana terreno, la cantidad y la calidad forrajera de los campos disminuyen, y por lo tanto se reduce la disponibilidad de alimento para sus rodeos. O al menos esa era la hipótesis desde la que partían los técnicos, porque cuando se adentraron a estudiar cada uno de los bosques, descubrieron que la oferta de pasturas no es tan baja como presuponían.

“Eso nos pareció muy interesante, pero queremos profundizar esos análisis porque el muestreo fue en un año muy bueno, y la principal especie que había es anual y se desarrolla en años lluviosos, que es la cebadilla criolla. Queremos hacer otro estudio más a largo plazo, para ver qué pasa, porque estimamos que la oferta en años secos va a caer mucho", dijo Demaría.

Ruth Rauber, quien también es bióloga, agregó que otro factor que los sorprendió fue la gran heterogeneidad que hay entre los bosques. "Cada uno es distinto al otro y hay gran cantidad de especies vegetales adentro, aunque un 30% de la superficie de la isleta está formado por exóticas", contó.

Hay aún más complicaciones para los sistemas ganaderos que ven reducidas sus posibilidades de expansión. Por un lado, las áreas boscosas son tan cerradas que se convierten en obstáculos para el paso e ingreso de los bovinos. Y, por otra parte, en el caso de que un productor quiera sembrar alguna pastura o hacer cultivos como soja o maíz, tendría que hacer algún tipo de intervención para quitar las leñosas, algo que además de ser muy costoso, lo haría chocar contra los lineamientos de la Ley de Bosques, aún cuando “en esas zonas el chañar no debería estar contemplado porque no es propio de esos ambientes”, opinó Demaría.

 

Múltiples causas

Como en todo fenómeno de transformación ecológica, la causa no es una sola. Entre las explicaciones que los investigadores han hallado hasta el momento, se encuentran “el cambio climático, el aumento de las precipitaciones, la intensificación del pastoreo y el cambio de uso de la tierra”, comenzó a enumerar Rauber.

Pero incluso, las propias características genéticas del chañar favorecen su rápida expansión. La especie tiene raíces gemíferas, lo que significa que cuando un individuo logra establecerse, se multiplica por debajo del suelo y emergen nuevas plantas a través de un solo renoval, más allá de que también pueden diseminarse a través de las semillas que caen sobre el terreno.

Además, sostienen que otra posible explicación es la disminución en la cantidad y volumen de los incendios en esa zona. “Nosotros creemos que a pesar de que en la provincia muchas áreas están siendo afectadas por mayor intensidad del fuego, los pastizales en general han evolucionado con las quemas. Por eso las gramíneas se recuperan muy fácilmente de las llamas”, explicó su compañero en la investigación.

Aclaró que no existen registros históricos, pero que algunos factores como la subdivisión de los campos y la presencia de picadas y alambrados, pueden haber reducido la frecuencia de incendios de gran escala, lo que por otra parte favorece la invasión de las leñosas.

También sostienen que la disminución del ganado ovino que hay en los campos pudo haber contribuido. "Hay estudios que demuestran que las ovejas son más romenadoras que las vacas, y comen más arbustos. Esto se ha visto en La Pampa, donde al faltar este tipo de animales, muchas leñosas se han desarrollado", agregó el investigador.

 

Un estudio abierto

Aunque ya tienen algunos datos que le permiten sacar conclusiones preliminares, el estudio de la "arbustización" en los pastizales pampeanos está abierto.

Uno de los próximos pasos que pretenden realizar es un análisis de la dinámica de las isletas, cómo se propagan y a qué ritmo. A su vez, harán una "lectura" de los anillos de crecimiento de las raíces para relacionarlas con eventos climáticos. "Se pueden ver cuando hubo fuego, si hubo enfermedades, si llovió más o menos, se puede conocer la historia de cada ejemplar", explicó Rauber, entusiasmada.

Es que además de ser un fenómeno que afecta la productividad de los campos, los biólogos sostuvieron que es importante entender el comportamiento ecológico de las leñosas para tratar de evitar futuras invasiones en otras áreas. 

"Nuestra hipótesis es que quizás a largo plazo, esta situación se pueda repetir hacia el oeste, porque ya se han empezado a desplazar hacia ese punto cardinal", advirtió Demaría.

Además, el pastizal no solo tiende a desaparecer, sino que toda su comunidad vegetal se ve modificada con la presencia de las especies invasoras. "Los pastizales casi que no tienen regímenes de protección, ni nacionales ni internacionales, no tienen el mismo estatus que los bosques. Pero nosotros consideramos que son ambientes muy importantes", analizó.

Por eso, indicaron, una primera medida para proteger los recursos naturales es hacer controles antes de que las isletas sean lo suficientemente grandes como para que cueste mucho erradicarlas.   Algunas técnicas para hacerlo podrían ser la utilización de quemas prescriptas en las etapas iniciales de los chañares. En otras áreas que están muy invadidas, "quizás se podrían hacer controles químicos o utilizar maquinaria pesada, pero es algo que hay que evaluar. Por eso lo mejor es entender a estas especies para hacer sugerencias", advirtió.

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