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Mondino tuvo su propia década ganada en el sur

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Mondino tuvo su propia década ganada en el sur

Juan Luna

Cuando la consignataria cordobesa decidió crear una feria en San Luis, el campo vivía tiempos difíciles. Pero perseveró, la fecha se convirtió rápidamente en un clásico y ayudó a potenciar una plaza ganadera que ya es una referencia para el centro-oeste del país.

Algunas cosas pueden cambiar: el calor puede cederle el paso al frío, el sol puede estar tapado por las nubes, o la tranquilidad puede mutar en preocupación. Pero hay algunas que son inmutables: el galpón espera al costado de la autopista Nº 55, los autos y camionetas cruzan las tranqueras y llenan el estacionamiento, y los corrales siempre están repletos. Desde que la firma Alfredo S. Mondino decidió instalar una feria en Buena Esperanza, la postal se recrea una y otra vez durante el segundo viernes de cada mes. El fin de la semana pasada, la consignataria cordobesa celebró diez años de remates consecutivos en el sur de San Luis, una subasta que se transformó en un clásico de la ganadería puntana y en una plaza de referencia para todo el centro-oeste del país.

Carlos Malagueño, el agente que tiene a su cargo la sucursal, contó que la idea de instalar una subasta en la localidad surgió en una conversación, asado de por medio, entre Roberto Mondino y Félix Noguera, titular de Compañía General de Hacienda, para explotar el potencial de esas instalaciones, que estaban desaprovechadas, y la presencia cada vez más grande que la empresa martillera tenía en la ganadería de la zona.

“Nosotros ya dábamos un remate en Del Campillo y uno en Villa Huidobro. Teníamos la sucursal acá, veníamos trabajando muy bien, con muchos clientes, y surgió la necesidad de generar un mercado aquí. Pero era un momento muy duro del país", recordó Francisco Garín, gerente general de la empresa, en diálogo con la revista El Campo.

El calendario marcaba el año 2008 cuando la empresa emprendió la aventura de dar una subasta mensual en la localidad en la que ya estaban desde hacía doce años. Pero en esa época, el campo argentino vivía momentos de turbulencia, con el sector parado por la cuestionada y posteriormente derogada Resolución 125.

“Fue durísimo. Estábamos en plena ejecución del proyecto y cada vez que llegaba una factura era todo un lío porque estábamos parados. Fueron tres meses muy difíciles, en los que se frenó la comercialización, la gente estaba armando el predio y había que pagar los cheques. Muchas veces dudábamos si seguíamos o no”, hace memoria Roberto Mondino, una de las cabezas de la firma y encargado habitual del martillo.

Es que el primer desafío fue convertir el lugar, que funcionaba como depósito y taller y estaba lleno de maquinarias y fosas, en una feria con las comodidades necesarias. “El armado se hizo con mucho esfuerzo. Recuerdo que era un galpón, y empezaron a emparejar el terreno, a poner los primeros postes, a armar las tribunas, la barra, los asadores. Parecía que no iba a llegar nunca a hacerse realidad”, reconoce Garín. “Me acuerdo de quien hizo cada cosa acá. Este predio tiene un valor afectivo muy grande para nosotros”, agregó Mondino.

Finalmente, la inauguración y las primeras ventas llegaron. Las fotos de ese 12 de diciembre de 2008 no mienten: la madera de los corrales y las tranqueras lucen como nuevas y los diez años menos encima también se notan en los protagonistas. Pero también se percibe el entusiasmo y la expectativa por lo que estaba pasando.

Pero ya desde el debut, el remate mostró algunas características que se mantendrían durante toda la década: una gran convocatoria de productores de toda la región, hacienda de buena calidad y un encierre más que numeroso que arroja buenos precios.

"Desde el primer momento fue así. Al principio me decían que hiciéramos subastas más chicas, porque el día que tuviéramos 700 cabezas iba a parecer un fracaso. Pero nunca bajaron los encierres”, planteó el martillero. De hecho, "nunca están por debajo de los dos mil, tres mil o cuatro mil animales, aún en remates que no son especiales. Es muy parejo durante todo el año y ya es un clásico de los segundos viernes de cada mes”, completó Malagueño.

La fecha rápidamente se instaló en las agendas de los productores de la zona, que encontraron en la feria un lugar seguro donde poder comercializar su hacienda. Es que por más que muchos todavía elijan vender sus vacas sin intermediarios, está claro que cuentan con una herramienta más y con un respaldo para hacerse conocer y diseminar su producción en campos  que, quizá, de otra forma les serían inalcanzables por su volumen.

A Buena Esperanza llegan todos los meses camiones con animales provenientes de diferentes partes del país, principalmente de provincias como La Pampa, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires.

Se dio, así, una relación de beneficio mutuo entre el remate de los Mondino y el crecimiento de la ganadería puntana. Porque que exista casi un mercado concentrador ayudó a que muchos más inversores vean con buenos ojos el sur de San Luis. Pero, al mismo tiempo, la fama ganadera que fue ganando la región, potenció los resultados y el prestigio de la subasta.

"Es un orgullo porque creo que hicimos algo bueno para el productor de la zona. Hoy tienen donde vender su hacienda, los precios siempre están al nivel de las mejores zonas del país, quien viene a comprar sabe que encuentra muy buena calidad. Incluso vienen los frigoríficos de punta del país a comprar. Creo que también ayudamos un poco a hacer conocer la zona", sostuvo Roberto. El empresario también reconoció las virtudes que tuvo la provincia para fortalecer la producción y la comercialización. "El Gobierno de San Luis apoya mucho al campo. Está muy presente en los caminos, en la infraestructura. Es admirable en eso, porque trabaja a la par del productor y nos abrió las puertas desde el primer momento", valoró.

Con el paso del tiempo, la feria de Buena Esperanza también se volvió un reflejo de los momentos que vive la ganadería, como si fuera una especie de termómetro que mide el ánimo, la economía, el optimismo y las preocupaciones del sector en una década que también ha sido bastante movida para los negocios agropecuarios.

“Hemos vivido de todo, días de mucho calor, de mucho frío, de lluvias, momentos malos en que no valía nada la hacienda, y otros en que los precios subían muchísimo”, recordó Malagueño. Por su parte, Garín repasó los años más complicados, en los que la sequía o el precio del ganado hacía decaer la cantidad de clientes. Pero también los momentos más positivos, cuando las vacas volvían a ganar espacio en los campos. “Una vez se juntó tanta hacienda que tuvimos que vender el jueves lo gordo, el viernes la invernada y el sábado rematar en Villa Mercedes en la Fiesta del Ternero”, relató todavía con orgullo.

Un gran mérito de la firma fue no conformarse. A la sucursal de Buena Esperanza, le agregaron otras en Unión, Arizona y Villa Mercedes. Allí, sus agentes extendieron la influencia entre los productores, conquistaron a nuevos socios decididos a ofertar su hacienda, y atrajeron más clientes dispuestos a comprar. "Siempre nos gusta ir superándonos, abriendo nuevas zonas, teniendo más clientes, comprando más hacienda. No nos relajamos nunca", aseguró el gerente.

El apoyo y la confianza de las grandes cabañas que se instalaron en la región también fue un envión fundamental. A tal punto que lograron estabilizar un calendario de remates de reproductores con algunas de las principales empresas de genética del país, desde fines de setiembre hasta comienzos de noviembre.

Más allá de festejar los diez años de la feria, el remate del viernes pasado fue también el último del año para la firma en Buena Esperanza. Y con unos brindis de buenos deseos para las fiestas, también llegaron los balances. 

"Hoy está faltando financiamiento, lo vemos en categorías como los vientres sobre todo, que a la gente le falta acompañamiento de los bancos. Pero los ganaderos somos optimistas y estamos esperando que lo mejor venga pronto", analizó Mondino sobre un 2018 en el que el campo no pudo escapar a la crisis económica que vive la Argentina. "Hay mucha inflación. La ganadería ha quedado muy relegada, los costos subieron en dólares, el gasoil aumentó muchísimo y es el principal insumo. Pero la gente de campo se adapta, agacha la cabeza y sigue. Tenemos que pedir que llueva y está lloviendo bien. Se está sembrando la gruesa, la fina está terminando bien, con buenos rindes", completó con la mirada positiva que tanto caracteriza al sector agropecuario.

Ahora viene un pequeño descanso para la feria de Buena Esperanza y para el resto de las subastas que da la consignataria. Durante enero, la empresa no acostumbra a dar remates y regresará en febrero para poner a la venta los terneros de las zafras más tempranas. Ahí, el galpón esperará nuevamente a los clientes y los corrales aguardarán a las vacas, como sucede el segundo viernes de cada mes desde hace diez años.

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Mondino tuvo su propia década ganada en el sur

Cuando la consignataria cordobesa decidió crear una feria en San Luis, el campo vivía tiempos difíciles. Pero perseveró, la fecha se convirtió rápidamente en un clásico y ayudó a potenciar una plaza ganadera que ya es una referencia para el centro-oeste del país.

Fotos: Juan Varela.

Algunas cosas pueden cambiar: el calor puede cederle el paso al frío, el sol puede estar tapado por las nubes, o la tranquilidad puede mutar en preocupación. Pero hay algunas que son inmutables: el galpón espera al costado de la autopista Nº 55, los autos y camionetas cruzan las tranqueras y llenan el estacionamiento, y los corrales siempre están repletos. Desde que la firma Alfredo S. Mondino decidió instalar una feria en Buena Esperanza, la postal se recrea una y otra vez durante el segundo viernes de cada mes. El fin de la semana pasada, la consignataria cordobesa celebró diez años de remates consecutivos en el sur de San Luis, una subasta que se transformó en un clásico de la ganadería puntana y en una plaza de referencia para todo el centro-oeste del país.

Carlos Malagueño, el agente que tiene a su cargo la sucursal, contó que la idea de instalar una subasta en la localidad surgió en una conversación, asado de por medio, entre Roberto Mondino y Félix Noguera, titular de Compañía General de Hacienda, para explotar el potencial de esas instalaciones, que estaban desaprovechadas, y la presencia cada vez más grande que la empresa martillera tenía en la ganadería de la zona.

“Nosotros ya dábamos un remate en Del Campillo y uno en Villa Huidobro. Teníamos la sucursal acá, veníamos trabajando muy bien, con muchos clientes, y surgió la necesidad de generar un mercado aquí. Pero era un momento muy duro del país", recordó Francisco Garín, gerente general de la empresa, en diálogo con la revista El Campo.

El calendario marcaba el año 2008 cuando la empresa emprendió la aventura de dar una subasta mensual en la localidad en la que ya estaban desde hacía doce años. Pero en esa época, el campo argentino vivía momentos de turbulencia, con el sector parado por la cuestionada y posteriormente derogada Resolución 125.

“Fue durísimo. Estábamos en plena ejecución del proyecto y cada vez que llegaba una factura era todo un lío porque estábamos parados. Fueron tres meses muy difíciles, en los que se frenó la comercialización, la gente estaba armando el predio y había que pagar los cheques. Muchas veces dudábamos si seguíamos o no”, hace memoria Roberto Mondino, una de las cabezas de la firma y encargado habitual del martillo.

Es que el primer desafío fue convertir el lugar, que funcionaba como depósito y taller y estaba lleno de maquinarias y fosas, en una feria con las comodidades necesarias. “El armado se hizo con mucho esfuerzo. Recuerdo que era un galpón, y empezaron a emparejar el terreno, a poner los primeros postes, a armar las tribunas, la barra, los asadores. Parecía que no iba a llegar nunca a hacerse realidad”, reconoce Garín. “Me acuerdo de quien hizo cada cosa acá. Este predio tiene un valor afectivo muy grande para nosotros”, agregó Mondino.

Finalmente, la inauguración y las primeras ventas llegaron. Las fotos de ese 12 de diciembre de 2008 no mienten: la madera de los corrales y las tranqueras lucen como nuevas y los diez años menos encima también se notan en los protagonistas. Pero también se percibe el entusiasmo y la expectativa por lo que estaba pasando.

Pero ya desde el debut, el remate mostró algunas características que se mantendrían durante toda la década: una gran convocatoria de productores de toda la región, hacienda de buena calidad y un encierre más que numeroso que arroja buenos precios.

"Desde el primer momento fue así. Al principio me decían que hiciéramos subastas más chicas, porque el día que tuviéramos 700 cabezas iba a parecer un fracaso. Pero nunca bajaron los encierres”, planteó el martillero. De hecho, "nunca están por debajo de los dos mil, tres mil o cuatro mil animales, aún en remates que no son especiales. Es muy parejo durante todo el año y ya es un clásico de los segundos viernes de cada mes”, completó Malagueño.

La fecha rápidamente se instaló en las agendas de los productores de la zona, que encontraron en la feria un lugar seguro donde poder comercializar su hacienda. Es que por más que muchos todavía elijan vender sus vacas sin intermediarios, está claro que cuentan con una herramienta más y con un respaldo para hacerse conocer y diseminar su producción en campos  que, quizá, de otra forma les serían inalcanzables por su volumen.

A Buena Esperanza llegan todos los meses camiones con animales provenientes de diferentes partes del país, principalmente de provincias como La Pampa, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires.

Se dio, así, una relación de beneficio mutuo entre el remate de los Mondino y el crecimiento de la ganadería puntana. Porque que exista casi un mercado concentrador ayudó a que muchos más inversores vean con buenos ojos el sur de San Luis. Pero, al mismo tiempo, la fama ganadera que fue ganando la región, potenció los resultados y el prestigio de la subasta.

"Es un orgullo porque creo que hicimos algo bueno para el productor de la zona. Hoy tienen donde vender su hacienda, los precios siempre están al nivel de las mejores zonas del país, quien viene a comprar sabe que encuentra muy buena calidad. Incluso vienen los frigoríficos de punta del país a comprar. Creo que también ayudamos un poco a hacer conocer la zona", sostuvo Roberto. El empresario también reconoció las virtudes que tuvo la provincia para fortalecer la producción y la comercialización. "El Gobierno de San Luis apoya mucho al campo. Está muy presente en los caminos, en la infraestructura. Es admirable en eso, porque trabaja a la par del productor y nos abrió las puertas desde el primer momento", valoró.

Con el paso del tiempo, la feria de Buena Esperanza también se volvió un reflejo de los momentos que vive la ganadería, como si fuera una especie de termómetro que mide el ánimo, la economía, el optimismo y las preocupaciones del sector en una década que también ha sido bastante movida para los negocios agropecuarios.

“Hemos vivido de todo, días de mucho calor, de mucho frío, de lluvias, momentos malos en que no valía nada la hacienda, y otros en que los precios subían muchísimo”, recordó Malagueño. Por su parte, Garín repasó los años más complicados, en los que la sequía o el precio del ganado hacía decaer la cantidad de clientes. Pero también los momentos más positivos, cuando las vacas volvían a ganar espacio en los campos. “Una vez se juntó tanta hacienda que tuvimos que vender el jueves lo gordo, el viernes la invernada y el sábado rematar en Villa Mercedes en la Fiesta del Ternero”, relató todavía con orgullo.

Un gran mérito de la firma fue no conformarse. A la sucursal de Buena Esperanza, le agregaron otras en Unión, Arizona y Villa Mercedes. Allí, sus agentes extendieron la influencia entre los productores, conquistaron a nuevos socios decididos a ofertar su hacienda, y atrajeron más clientes dispuestos a comprar. "Siempre nos gusta ir superándonos, abriendo nuevas zonas, teniendo más clientes, comprando más hacienda. No nos relajamos nunca", aseguró el gerente.

El apoyo y la confianza de las grandes cabañas que se instalaron en la región también fue un envión fundamental. A tal punto que lograron estabilizar un calendario de remates de reproductores con algunas de las principales empresas de genética del país, desde fines de setiembre hasta comienzos de noviembre.

Más allá de festejar los diez años de la feria, el remate del viernes pasado fue también el último del año para la firma en Buena Esperanza. Y con unos brindis de buenos deseos para las fiestas, también llegaron los balances. 

"Hoy está faltando financiamiento, lo vemos en categorías como los vientres sobre todo, que a la gente le falta acompañamiento de los bancos. Pero los ganaderos somos optimistas y estamos esperando que lo mejor venga pronto", analizó Mondino sobre un 2018 en el que el campo no pudo escapar a la crisis económica que vive la Argentina. "Hay mucha inflación. La ganadería ha quedado muy relegada, los costos subieron en dólares, el gasoil aumentó muchísimo y es el principal insumo. Pero la gente de campo se adapta, agacha la cabeza y sigue. Tenemos que pedir que llueva y está lloviendo bien. Se está sembrando la gruesa, la fina está terminando bien, con buenos rindes", completó con la mirada positiva que tanto caracteriza al sector agropecuario.

Ahora viene un pequeño descanso para la feria de Buena Esperanza y para el resto de las subastas que da la consignataria. Durante enero, la empresa no acostumbra a dar remates y regresará en febrero para poner a la venta los terneros de las zafras más tempranas. Ahí, el galpón esperará nuevamente a los clientes y los corrales aguardarán a las vacas, como sucede el segundo viernes de cada mes desde hace diez años.

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