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Un premio al esfuerzo, al estudio y a la solidaridad

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Un premio al esfuerzo, al estudio y a la solidaridad

Marcelo Dettoni

El Diario distinguió a una familia que abre las tranqueras al conocimiento, dos científicas que investigan para la comunidad, un inversor que revolucionó Buena Esperanza, un tambero que arrancó desde cero y una empresa que cumplió 20 años en San Luis.

Ser Destacado de El Diario de la República es reconocido casi unánimemente por la gente del campo como “un mimo al alma”. En su mayoría son productores esforzados que trabajan de sol a sol implorando por el buen clima, científicos que pasan horas frente al microscopio en busca de una mejora genética, o grandes inversores que confiaron en San Luis y redoblan la apuesta año a año, a pesar de que no siempre las condiciones económicas de la Argentina juegan para ellos.

Este año fueron cinco los personajes que desfilaron por la revista El Campo y recibieron hace unos días el premio en una cálida ceremonia llevada a cabo en Estancia Grande. Por supuesto que ninguno faltó a la cita, a pesar de que varios tuvieron que hacer muchos kilómetros para estar. Y todos se mostraron agradecidos de que el Grupo Payné los haya tenido en cuenta con este “mimo al alma” que los fortifica en busca de nuevos objetivos.

Entre los destacados estuvieron Enrique Delfino, un tambero emprendedor; la firma Ser Beef, que este año cumplió dos décadas en San Luis; los Bongiovanni (padre e hijo), que producen cultivos con adelantos tecnológicos; Gastón González, el dueño de Tigonbú SA que hizo una gran inversión en Buena Esperanza; y las científicas Laura Rodríguez Furlán y María Eugenia Dios Sanz, quienes trabajan en la UNSL y consiguieron hacer un pan rico en proteínas a partir del plasma bovino que habitualmente se desecha.

“No sabía que El Diario tenía este premio para los que hacen cosas por la provincia, fue una grata sorpresa. Yo soy un productor chico, que vive del tambo en una época complicada para la lechería, es un gran aliciente saber que nuestro trabajo trasciende las alambradas del campo”, reconoce Enrique Delfino, quien hace 10 años arrancó de cero con su establecimiento ubicado en Concarán, aprendió el oficio a los golpes y acumulando experiencia y durante 2018 se animó a más: construyó una planta para fabricar alimento balanceado que usa en beneficio propio y sirve como servicio a otros productores.

Enrique es hombre de pocas palabras, pero se lo nota cómodo en la fiesta, sobre todo desde el momento en el que se encontró con Américo y Marcelo Bongiovanni, ya que son vecinos del Valle del Conlara porque padre e hijo tienen su campo en Tilisarao. Conversan animadamente entre ellos, hablan de pasturas, rendimientos y mercados. Es algo común cuando se encuentra la gente de campo, siempre con esa obsesión por el trabajo y el amor a la tierra y sus frutos.

“Yo conocía el premio, pero la verdad es que no esperaba que nos eligieran, es una gran satisfacción”, asegura Marcelo Bongiovanni, quien además de producir cultivos también es docente en la FICA y tiene mucha generosidad para abrir las tranqueras y permitir ensayos a sus alumnos cuando necesitan aprobar una materia o la tesis final. Él mismo está todo el tiempo probando nuevas semillas, midiendo rendimientos y apostando a los cultivos de cobertura para proteger los suelos.

“El trabajo en el campo es más bien silencioso, no tiene prensa. La revista es un gran vehículo para dar a conocer lo que hacemos día a día, y que además te reconozcan es una satisfacción”, dice este descendiente de piamonteses, tercera generación de productores en un campo que fue mutando del trigo inicial, a la ganadería y luego a la agricultura de avanzada. “Las tierras la compró mi padre junto con sus hermanos, a mí me tocaron 250 hectáreas y ahora el que tomó la posta es Marcelo”, recuerda Américo, un hombre muy vital a sus casi 70 años, quien transmite el orgullo que siente por su único hijo varón, ya que además tiene dos mujeres.

Mientras Delfino y los Bongiovanni intercambiaban datos, en otro sector de la recepción que siguió a la entrega de premios departían animadamente Alessandro Radici y Javier Digenaro, el dueño de Ser Beef y su gerente general, el hombre que acompañó a la familia italiana desde que llegó a San Luis, hace ya 20 años. “Muy lindo todo, la calidez de la gente de El Diario y la ceremonia en sí. Quedé sorprendido por la cantidad de historias de vida que se generan en la provincia en un año, la verdad es que lo disfruté mucho”, reconoce Alessandro, a quien acompañó su esposa durante toda la tarde. “Si lo seguí desde Nueva York a Granville, ¿cómo no voy a venir hasta Estancia Grande?”, bromea ella, haciendo referencia al cambio de vida que experimentaron cuando Alessandro se hizo cargo de la empresa, siempre con la supervisión de su mamá Elena, el corazón de Ser Beef.

El cerebro es Digenaro, el hombre que se encarga de la administración y es la mano derecha de los Radici. “Es lindo recibir el premio a Los Destacados, hay mucha gente importante que pasó por este momento. Para la empresa es un reconocimiento a tantos años en San Luis, siempre apostando por el crecimiento y dando trabajo a la gente”, cuenta el gerente general, quien nunca se pierde un detalle y tiene un gran equipo de colaboradores.

Gastón González es otro de los destacados que nunca pierde la sonrisa. Alto, siempre vestido a la moda, avasallante en el andar, el dueño de Tigonbú saluda gente a izquierda y derecha. Algunos lo conocen en su faceta empresarial y otros porque es un destacado exponente de la velocidad, que incluso se dio el gusto de correr el Dakar primero en camioneta y luego en la categoría cuatriciclos, su gran pasión.

El Diario decidió destacarlo por su emprendimiento en el sur, donde tiene ganadería con encierre a corral para 4.000 cabezas, una flamante planta que produce bioetanol y pronto generará biogás. Pero González no se queda encerrado en su campo, lo abre para todo tipo de emprendimientos comerciales e incluso tiene un costado solidario, porque colabora con la Escuela Generativa Agrotécnica que está justo enfrente, cruzando la autopista Nº 55.

 “Esos chicos son el futuro del campo puntano, ¿cómo no voy a colaborar en todo lo que pueda? Tengo buena relación con Víctor Iglesias, el rector, y siempre podrán venir a ver cómo producimos, preguntar lo que quieran, hacer recorridas y aprender los nuevos procesos tecnológicos, porque hoy si no te movés con eficiencia y estás al tanto de la última novedad, perdés plata”, cuenta el empresario y corredor.

Sobre el premio, dice que “siempre es bienvenido un reconocimiento, y más si viene de un grupo empresario como el Payné, con mucha historia en San Luis. Uno nunca piensa que lo van a elegir, pero el llamado llegó y acá estamos, compartiendo con mucha gente que hizo méritos por recibir el suyo. Fue muy interesante escuchar algunas historias de superación, de garra, de solidaridad”.

El caso de Rodríguez Furlán y Dios Sanz es distinto al del resto, ellas están en los contornos de la producción agrícola, más relacionadas con la investigación de laboratorio que con la producción a campo, pero su aporte puede llegar a ser fundamental para la sociedad. “Es una linda reunión, con mucha gente interesante, acá está reflejado el valor de los vecinos de San Luis”, reflexiona la ingeniera en alimentos que condujo a un equipo de cinco mujeres al éxito de encontrar la fórmula para aprovechar el plasma bovino con fines útiles.

“El plasma no se usa demasiado para el mercado alimenticio por su mal olor y sabor, pero nosotras lo procesamos para quitarle esas características. Ojalá que la investigación se concrete y termine en el mercado comercial”, se ilusionan, aferradas a su estatuilla. “Los investigadores no siempre tenemos visibilidad, por eso le agradecemos a El Diario que nos haya destacado, es una motivación grande para seguir investigando y mejorando”, dice su compañera Dios Sanz. Ambas ya están acostumbradas a recibir distinciones, hace pocos meses obtuvieron el segundo premio en un concurso universitario de innovación, que les reportó 30 mil pesos.

Cada uno en lo suyo, todos hacen su aporte diario para el crecimiento de San Luis. Delfino levantándose a la madrugada para ordeñar y luego picar maíz para su ganado; los Bongiovanni apostando a la producción y el conocimiento, sin esconder nada en el camino; Ser Beef dando trabajo genuino y diversificando sus actividades, al punto de abrir mercados exportadores para la provincia; González con una inversión que atrae mano de obra para el Departamento Dupuy y generando energías limpias; y las chicas de la UNSL con su talento para sacar “agua de las piedras” en busca de contribuir con la seguridad alimentaria.

En ellos se grafica la esencia de los Destacados de El Diario de la República, siempre en busca de la excelencia, la solidaridad, el esfuerzo, el compromiso y el trabajo diario de los puntanos. El campo tiene lo suyo y los exhibe con orgullo, el mismo que sintieron ellos cuando sus historias se dieron a conocer a través de las páginas de la revista El Campo. El brindis de cierre no hizo otra cosa que unirlos para ponerle un broche de oro a un 2018 lleno de reconocimientos, que no hacen otra cosa que motivarlos para encarar el 2019 con la polenta de siempre, la que los llevó al sitial que ocupan hoy, sin esconder nada.

 

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Un premio al esfuerzo, al estudio y a la solidaridad

El Diario distinguió a una familia que abre las tranqueras al conocimiento, dos científicas que investigan para la comunidad, un inversor que revolucionó Buena Esperanza, un tambero que arrancó desde cero y una empresa que cumplió 20 años en San Luis.

El campo, presente. Todos los destacados posan en una escalera del complejo Fetiche.

Ser Destacado de El Diario de la República es reconocido casi unánimemente por la gente del campo como “un mimo al alma”. En su mayoría son productores esforzados que trabajan de sol a sol implorando por el buen clima, científicos que pasan horas frente al microscopio en busca de una mejora genética, o grandes inversores que confiaron en San Luis y redoblan la apuesta año a año, a pesar de que no siempre las condiciones económicas de la Argentina juegan para ellos.

Este año fueron cinco los personajes que desfilaron por la revista El Campo y recibieron hace unos días el premio en una cálida ceremonia llevada a cabo en Estancia Grande. Por supuesto que ninguno faltó a la cita, a pesar de que varios tuvieron que hacer muchos kilómetros para estar. Y todos se mostraron agradecidos de que el Grupo Payné los haya tenido en cuenta con este “mimo al alma” que los fortifica en busca de nuevos objetivos.

Entre los destacados estuvieron Enrique Delfino, un tambero emprendedor; la firma Ser Beef, que este año cumplió dos décadas en San Luis; los Bongiovanni (padre e hijo), que producen cultivos con adelantos tecnológicos; Gastón González, el dueño de Tigonbú SA que hizo una gran inversión en Buena Esperanza; y las científicas Laura Rodríguez Furlán y María Eugenia Dios Sanz, quienes trabajan en la UNSL y consiguieron hacer un pan rico en proteínas a partir del plasma bovino que habitualmente se desecha.

“No sabía que El Diario tenía este premio para los que hacen cosas por la provincia, fue una grata sorpresa. Yo soy un productor chico, que vive del tambo en una época complicada para la lechería, es un gran aliciente saber que nuestro trabajo trasciende las alambradas del campo”, reconoce Enrique Delfino, quien hace 10 años arrancó de cero con su establecimiento ubicado en Concarán, aprendió el oficio a los golpes y acumulando experiencia y durante 2018 se animó a más: construyó una planta para fabricar alimento balanceado que usa en beneficio propio y sirve como servicio a otros productores.

Enrique es hombre de pocas palabras, pero se lo nota cómodo en la fiesta, sobre todo desde el momento en el que se encontró con Américo y Marcelo Bongiovanni, ya que son vecinos del Valle del Conlara porque padre e hijo tienen su campo en Tilisarao. Conversan animadamente entre ellos, hablan de pasturas, rendimientos y mercados. Es algo común cuando se encuentra la gente de campo, siempre con esa obsesión por el trabajo y el amor a la tierra y sus frutos.

“Yo conocía el premio, pero la verdad es que no esperaba que nos eligieran, es una gran satisfacción”, asegura Marcelo Bongiovanni, quien además de producir cultivos también es docente en la FICA y tiene mucha generosidad para abrir las tranqueras y permitir ensayos a sus alumnos cuando necesitan aprobar una materia o la tesis final. Él mismo está todo el tiempo probando nuevas semillas, midiendo rendimientos y apostando a los cultivos de cobertura para proteger los suelos.

“El trabajo en el campo es más bien silencioso, no tiene prensa. La revista es un gran vehículo para dar a conocer lo que hacemos día a día, y que además te reconozcan es una satisfacción”, dice este descendiente de piamonteses, tercera generación de productores en un campo que fue mutando del trigo inicial, a la ganadería y luego a la agricultura de avanzada. “Las tierras la compró mi padre junto con sus hermanos, a mí me tocaron 250 hectáreas y ahora el que tomó la posta es Marcelo”, recuerda Américo, un hombre muy vital a sus casi 70 años, quien transmite el orgullo que siente por su único hijo varón, ya que además tiene dos mujeres.

Mientras Delfino y los Bongiovanni intercambiaban datos, en otro sector de la recepción que siguió a la entrega de premios departían animadamente Alessandro Radici y Javier Digenaro, el dueño de Ser Beef y su gerente general, el hombre que acompañó a la familia italiana desde que llegó a San Luis, hace ya 20 años. “Muy lindo todo, la calidez de la gente de El Diario y la ceremonia en sí. Quedé sorprendido por la cantidad de historias de vida que se generan en la provincia en un año, la verdad es que lo disfruté mucho”, reconoce Alessandro, a quien acompañó su esposa durante toda la tarde. “Si lo seguí desde Nueva York a Granville, ¿cómo no voy a venir hasta Estancia Grande?”, bromea ella, haciendo referencia al cambio de vida que experimentaron cuando Alessandro se hizo cargo de la empresa, siempre con la supervisión de su mamá Elena, el corazón de Ser Beef.

El cerebro es Digenaro, el hombre que se encarga de la administración y es la mano derecha de los Radici. “Es lindo recibir el premio a Los Destacados, hay mucha gente importante que pasó por este momento. Para la empresa es un reconocimiento a tantos años en San Luis, siempre apostando por el crecimiento y dando trabajo a la gente”, cuenta el gerente general, quien nunca se pierde un detalle y tiene un gran equipo de colaboradores.

Gastón González es otro de los destacados que nunca pierde la sonrisa. Alto, siempre vestido a la moda, avasallante en el andar, el dueño de Tigonbú saluda gente a izquierda y derecha. Algunos lo conocen en su faceta empresarial y otros porque es un destacado exponente de la velocidad, que incluso se dio el gusto de correr el Dakar primero en camioneta y luego en la categoría cuatriciclos, su gran pasión.

El Diario decidió destacarlo por su emprendimiento en el sur, donde tiene ganadería con encierre a corral para 4.000 cabezas, una flamante planta que produce bioetanol y pronto generará biogás. Pero González no se queda encerrado en su campo, lo abre para todo tipo de emprendimientos comerciales e incluso tiene un costado solidario, porque colabora con la Escuela Generativa Agrotécnica que está justo enfrente, cruzando la autopista Nº 55.

 “Esos chicos son el futuro del campo puntano, ¿cómo no voy a colaborar en todo lo que pueda? Tengo buena relación con Víctor Iglesias, el rector, y siempre podrán venir a ver cómo producimos, preguntar lo que quieran, hacer recorridas y aprender los nuevos procesos tecnológicos, porque hoy si no te movés con eficiencia y estás al tanto de la última novedad, perdés plata”, cuenta el empresario y corredor.

Sobre el premio, dice que “siempre es bienvenido un reconocimiento, y más si viene de un grupo empresario como el Payné, con mucha historia en San Luis. Uno nunca piensa que lo van a elegir, pero el llamado llegó y acá estamos, compartiendo con mucha gente que hizo méritos por recibir el suyo. Fue muy interesante escuchar algunas historias de superación, de garra, de solidaridad”.

El caso de Rodríguez Furlán y Dios Sanz es distinto al del resto, ellas están en los contornos de la producción agrícola, más relacionadas con la investigación de laboratorio que con la producción a campo, pero su aporte puede llegar a ser fundamental para la sociedad. “Es una linda reunión, con mucha gente interesante, acá está reflejado el valor de los vecinos de San Luis”, reflexiona la ingeniera en alimentos que condujo a un equipo de cinco mujeres al éxito de encontrar la fórmula para aprovechar el plasma bovino con fines útiles.

“El plasma no se usa demasiado para el mercado alimenticio por su mal olor y sabor, pero nosotras lo procesamos para quitarle esas características. Ojalá que la investigación se concrete y termine en el mercado comercial”, se ilusionan, aferradas a su estatuilla. “Los investigadores no siempre tenemos visibilidad, por eso le agradecemos a El Diario que nos haya destacado, es una motivación grande para seguir investigando y mejorando”, dice su compañera Dios Sanz. Ambas ya están acostumbradas a recibir distinciones, hace pocos meses obtuvieron el segundo premio en un concurso universitario de innovación, que les reportó 30 mil pesos.

Cada uno en lo suyo, todos hacen su aporte diario para el crecimiento de San Luis. Delfino levantándose a la madrugada para ordeñar y luego picar maíz para su ganado; los Bongiovanni apostando a la producción y el conocimiento, sin esconder nada en el camino; Ser Beef dando trabajo genuino y diversificando sus actividades, al punto de abrir mercados exportadores para la provincia; González con una inversión que atrae mano de obra para el Departamento Dupuy y generando energías limpias; y las chicas de la UNSL con su talento para sacar “agua de las piedras” en busca de contribuir con la seguridad alimentaria.

En ellos se grafica la esencia de los Destacados de El Diario de la República, siempre en busca de la excelencia, la solidaridad, el esfuerzo, el compromiso y el trabajo diario de los puntanos. El campo tiene lo suyo y los exhibe con orgullo, el mismo que sintieron ellos cuando sus historias se dieron a conocer a través de las páginas de la revista El Campo. El brindis de cierre no hizo otra cosa que unirlos para ponerle un broche de oro a un 2018 lleno de reconocimientos, que no hacen otra cosa que motivarlos para encarar el 2019 con la polenta de siempre, la que los llevó al sitial que ocupan hoy, sin esconder nada.

 

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