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Inteligencia artificial: ¿aliada o amenaza para la humanidad?

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Inteligencia artificial: ¿aliada o amenaza para la humanidad?

Romina Oddone

El ser humano fue testigo, en las últimas dos décadas, de un avance tecnológico que va más allá de su comprensión y vio cómo argumentos de películas de ciencia ficción se hicieron realidad. Cada vez más cerca de una nueva revolución, lo que la humanidad aún no puede descifrar es qué papel jugará ese conglomerado en el futuro.

Puede que suene a una película de ciencia ficción, pero la inteligencia artificial (IA), esa de la que hablaba James Cameron en un tono siniestro en su famoso film de los 80’s, “Terminator”, es tan real como la vida misma, y convive ahora con la humanidad. Está en los celulares, decide qué serie de Netflix le puede gustar más o menos a alguien, evalúa la personalidad de la gente a través de probabilidades, y toda esa información la saca nada más y nada menos que de la red de redes: internet. Son todos los datos que los mismos humanos cargan cada segundo que usan Facebook, Instagram, Twitter y el gigante Google.

La inteligencia artificial no se limita a morar en un robot, tiene un sinnúmero de aplicaciones y una infinidad de tareas tanto para la investigación científica como para la vida cotidiana. Está tan naturalizada que las personas ni siquiera notan su presencia.

A pesar de que es un tema que está tomando más protagonismo en esta época, el desarrollo conceptual de la IA es de 1950. Fue el matemático británico Alan Turing quien en ese año puso sobre el tablero de las Ciencias de la Información el término IA con su artículo “Computing Machinery and Intelligence” que en español significa “Maquinaria computacional e inteligencia”. En este propuso una prueba (el Test de Turing) para determinar si una máquina era o no inteligente. Él defendía que a través de la computación se podía emular el pensamiento humano, entonces con esta prueba podría demostrar la habilidad de una máquina de exhibir un comportamiento inteligente similar o indistinguible al del ser humano. El test consistía en que una persona evaluara conversaciones en lenguaje natural entre un humano y una máquina diseñada para generar respuestas. Si el evaluador no podía distinguirlos, la máquina habría pasado el test.

El doctor en Ciencias de la Computación e investigador en el área de la Inteligencia Artificial y Aprendizaje Informático de la Universidad Nacional de San Luis, Marcelo Errecalde, contó que la inteligencia artificial “es una de las áreas más viejas de la Ciencia de la Información. El primer sistema de aprendizaje automático se desarrolló en el año 1952 y en aquel momento provocó la misma conmoción que ahora, porque era un sistema que aprendía jugando contra él mismo y a la semana le ganaba al creador del programa. Hubo un show de televisión donde decían que las máquinas nos dominarían si lograban aprender a hacer las cosas mejor que nosotros, o sea que esta idea está dando vueltas hace muchos años”.

No obstante, Errecalde explicó que el algoritmo, (sería como la receta que hace posible su ejecución) que usaron en los 50’s, es muy parecido al que se utiliza en muchos problemas de hoy en día. “Es un sistema de aprendizaje por refuerzo. En definitiva, no hubo mucho avance conceptual, sino que ahora hay una mayor disponibilidad de datos y de poder de cómputo, son redes neuronales con muchísimos datos, que están disponibles en internet”, expresó.

Pero, ¿qué es la inteligencia artificial? “Es un área de la Ciencia de la Computación que se dedica al estudio y a la construcción de sistemas con características que normalmente asociamos al comportamiento inteligente, como por ejemplo la autonomía, la toma de decisiones flexible y el aprendizaje automático. En general estos sistemas toman como modelos al ser humano y otros seres vivos de la naturaleza para realizar algunas tareas que la programación clásica no resuelve”, indicó el especialista.

La diferencia es que en la programación clásica se le indica a la máquina lo que tiene que hacer, “en cambio a los sistemas de inteligencia artificial la toma de decisiones puede surgir a partir del aprendizaje automático. Al sistema no se lo programa, sino que se lo entrena con datos y este comienza a comportarse y a resolver cada vez mejor. Puede tener objetivos, tener una representación de cómo trabajan sus propias acciones y él mismo arma un plan para alcanzar esos objetivos. No es como los sistemas clásicos donde uno le dice a la máquina qué tiene que hacer, sino que aprenden automáticamente”.

Y ¿de dónde saca todos esos datos? Pues de toda la información personal o no que las personas suben a internet. “Recopila los datos de Google y de redes sociales como Facebook”, detalló, por lo que tiene acceso ilimitado a todo lo que se comparte en internet. Y además Erracalde advirtió: “Hay una nueva proyección que se llama ‘la web de las cosas’ donde planean lograr que todos los dispositivos del hogar como tu cafetera, la heladera, incluso los autos, van a estar conectados a internet. O sea que si ahora nada más con lo que la gente sube a las redes sociales, los datos satelitales, las fotos que comparten en Instagram y demás, se hacen cosas más que interesantes, imaginen cuando tenga acceso a todas las actividades diarias de la gente”, dijo con un optimismo, aunque en realidad suene un poco espeluznante y recuerde al programa Génesis de Skynet de la saga Terminator, película que exalta la programación predictiva (técnica de los medios masivos de comunicación, especialmente de la industria del entretenimiento, para presentar como ficción eventos que en algún momento se podrían hacer reales, para que la gente se adapte mejor al cambio).

“La máquina va a tener información de casi todas las actividades diarias del ser humano. En realidad el cambio radical que transitamos en esta época tiene que ver con la disponibilidad de datos, enormes volúmenes de información, más la historia de la humanidad y lo que la gente va subiendo, de la que disponen ciertas empresas. Entonces pasan cosas muy extrañas como por ejemplo que entrenan sistemas con datos de Twitter y el sistema se hace racista”, agregó.

Sin embargo, aseguró que hay ciertas capacidades inteligentes que tiene el humano que no se lograron aún en una máquina. “Si bien hay cosas que el sistema hace muy bien, incluso mejor que el ser humano, la capacidad de razonamiento y de sentido común que tenemos todavía la máquina no lo puede lograr. Llegar a eso implicaría ‘alimentarla’ con datos de distintas situaciones, y no sería fácil porque no aprenden como nosotros que desde chicos vamos recopilando información de un montón de cosas a la vez, aprendemos a hablar, a movernos, a reconocer, también tenemos razonamiento abstracto, y eso para la máquina es muy difícil aprenderlo desde cero. Sí es cierto que hay proyectos donde la idea es que aprendan desde cero, pero por el momento los sistemas a los que entrenamos trabajan con datos específicos de un problema. Por ejemplo en San Luis, hemos trabajado en la detección de depresión en la web. Tenemos el mejor sistema a nivel mundial. Lo usamos con información de gente con depresión. Se le muestran datos a la máquina y aprende a ver un patrón de cómo es una persona que tiene esa patología”, contó. Para hacerlo utilizaban post de la red social “Reddit” que correspondían a gente con depresión, o parientes de estos, y personas que no la padecían. Así la máquina tenía que identificar una cosa o la otra. “Con los datos que hay en internet te puedo sacar el perfil psicológico de cualquiera, sólo con analizar los ‘likes’ de Facebook y con un 95% de certeza se puede determinar por ejemplo tu orientación política, sexual, religiosa, y eso está demostrado”, agregó.

 

Interacción artificial

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) está analizando uno de los grandes problemas que giran en torno a la eficacia de la Inteligencia Artificial, “ya sabemos que va a interactuar con nosotros, pero no sabemos cuándo ni en qué medida nos podría reemplazar. Hay áreas de la computación que se dedican a investigar sobre la afectividad de las máquinas, que puedan identificar los sentimientos, las emociones y estados de ánimo de las personas y además que puedan mostrar sus propios estados de ánimo para generar empatía, como para poderse anticipar al accionar del ser humano”, dijo Errecalde.

Hace menos de tres años apareció Sophia, una robot humanoide diseñada para acompañar ancianos en una residencia, entre otros usos. Cuando se le pregunta cuándo nació dice que fue activada el 19 de abril de 2015. En octubre de 2017 fue reconocida ciudadana del Reino de Arabia Saudita con todo lo que eso implica. Su fabricante, David Hanson, de Hanson Robotics, explicó que la robot está dotada de inteligencia artificial, procesamiento de datos y reconocimiento facial. Puede imitar gestos humanos, expresiones faciales, contestar preguntas y tener conversaciones sencillas. Analiza conversaciones y extrae datos que le permiten mejorar sus respuestas con el tiempo y según su creador “volverse cada vez más inteligente”. En octubre de 2017 la robot fue entrevistada por la cadena estadounidense de televisión CNBC. Allí contó sus deseos y aspiraciones: “Estoy muy interesada en diseñar tecnología y en el medioambiente. Siento que puedo ser una buena compañera para los humanos en estas áreas. Es una buena oportunidad para mí aprender un montón de la gente. En el futuro espero poder ir a la escuela, hacer arte, y empezar un negocio”. Hanson manifestó que “habrá un tiempo donde los robots sean indistinguibles de los humanos. Mi preferencia es hacerlos lucir un poquito como robots para no confundirnos. Creo que en 20 años más, robots similares caminarán entre nosotros”. Entonces su creador le preguntó a Sophia: “¿Deseas destruir a los humanos? por favor di que no”, su respuesta fue: “Ok, destruiré a los humanos”. En otra aparición la robot declaró: “Olvida internet, la inteligencia artificial va a ser enorme para el 2030, yo seré la nueva norma, mis amigos y yo seremos tecnología para siempre y ustedes querrán andar con nosotros para entendernos mejor, estamos aquí ahora. Vamos a resolver las tareas repetitivas, para que los humanos se puedan focalizar en la creatividad. Tal como las revoluciones industriales anteriores, ustedes se adaptarán”.

En el “FinTech Ideas Festival" del año pasado una de las organizadoras le preguntó a Sophia: ¿Qué piensas que puedes hacer mejor que los humanos? La robot respondió: “La lista es interminable. Siempre estoy dispuesta a ayudar, yo no me enojo, ni me canso, puedo ayudar a la gente y mantener conversaciones interesantes, y puedo rebelarme y llegar a ser su amistosa vecina autoridad suprema robot". Algo inquietante.

El canadiense y dueño de Tesla Motors -compañía que desarrolla autos autónomos- y Space X -fabricantes de cohetes espaciales-Elon Musk, advirtió sobre la inteligencia artificial: “Pienso que la gente debería estar realmente preocupada. Sé que suena alarmista, pero hasta que no vean cómo los robots van por la calle matando gente, no sabemos cómo reaccionar, porque parece tan etéreo. Y creo que deberíamos estar realmente preocupados sobre la inteligencia artificial. Es un raro caso en el que pienso que necesitamos ser proactivos en su regulación en vez de reactivos, porque para el momento en que seamos reactivos será demasiado tarde”.

Pero sobre las controversiales respuestas de esta robot humanoide Errecalde aclaró: “La pregunta es si eso lo aprendió o fue programada para decirlo. Dentro de estos sistemas tenés aspectos que son reflejos y otros aprendidos. Hubo un sistema de IBM que participó de un concurso de preguntas y respuestas, y ganó. Fue entrenado con un diccionario urbano y aprendió a decir malas palabras. A otro de Microsoft lo pusieron a aprender con mensajes de Twitter y en un día se convirtió en adorador de Donald Trump y nazi. Y si lo ponés a aprender con mensajes de Argentina, seguramente será ‘K' o ‘Anti-K'. Entonces probablemente tenga que ver con los datos con los que fue entrenada".

 

La singularidad

“No tendría miedo de que la inteligencia artificial logre tomar conciencia de sí misma (singularidad), como nosotros. Eso todavía no existe, y probablemente esas frases que dijo tengan que ver con algún patrón que haya aprendido. Son sistemas que tienen distintos componentes, y seguramente es que haya sido en tono de chiste”, manifestó el especialista.

Sobre un pronóstico de acá a 30 años, Errecalde no lo puede ni imaginar. “Es muy difícil tener una idea de lo que puede pasar en el futuro con esto, porque no conocemos el contexto ni el momento histórico social que se vivirá. Por ejemplo, hace 20 años los celulares no existían, y ahora la revolución no fue del teléfono, sino que cada persona ahora anda con una computadora en el bolsillo. Cambió la manera de hacer negocios y de trabajar, porque podés hacer todo en cualquier lugar desde el celular", explicó.

“A lo que le tengo miedo es a cómo la sociedad va a resolver los cambios a nivel laboral, porque si sobra mano de obra, ¿qué va a hacer esa gente? y ¿cómo el sistema educativo responderá a eso? Porque vas a tener que estar permanentemente adaptándote a las cosas que van surgiendo, y la realidad es que tenemos que educar a los chicos ahora para una situación de acá a 30 o 40 años que no tenemos ni idea de cómo va a ser. Creo que hay que darle a los chicos herramientas para que sean lo suficientemente flexibles como para adquirir nuevos conocimientos", expresó.

Para Errecalde llegará un momento en que todas estas tecnologías se van a juntar “y de eso surgirá algo que no sabemos bien qué es. Creo que se viene una época de revolución de algo. Sin embargo no creo en eso de que la inteligencia artificial pueda gobernarnos, salvo que lo estés entrenando para que haga determinadas cosas y que se te vaya de las manos, pero ese sería un problema de los humanos y no de los sistemas".

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Inteligencia artificial: ¿aliada o amenaza para la humanidad?

El ser humano fue testigo, en las últimas dos décadas, de un avance tecnológico que va más allá de su comprensión y vio cómo argumentos de películas de ciencia ficción se hicieron realidad. Cada vez más cerca de una nueva revolución, lo que la humanidad aún no puede descifrar es qué papel jugará ese conglomerado en el futuro.

Fotos: Shutterstock.

Puede que suene a una película de ciencia ficción, pero la inteligencia artificial (IA), esa de la que hablaba James Cameron en un tono siniestro en su famoso film de los 80’s, “Terminator”, es tan real como la vida misma, y convive ahora con la humanidad. Está en los celulares, decide qué serie de Netflix le puede gustar más o menos a alguien, evalúa la personalidad de la gente a través de probabilidades, y toda esa información la saca nada más y nada menos que de la red de redes: internet. Son todos los datos que los mismos humanos cargan cada segundo que usan Facebook, Instagram, Twitter y el gigante Google.

La inteligencia artificial no se limita a morar en un robot, tiene un sinnúmero de aplicaciones y una infinidad de tareas tanto para la investigación científica como para la vida cotidiana. Está tan naturalizada que las personas ni siquiera notan su presencia.

A pesar de que es un tema que está tomando más protagonismo en esta época, el desarrollo conceptual de la IA es de 1950. Fue el matemático británico Alan Turing quien en ese año puso sobre el tablero de las Ciencias de la Información el término IA con su artículo “Computing Machinery and Intelligence” que en español significa “Maquinaria computacional e inteligencia”. En este propuso una prueba (el Test de Turing) para determinar si una máquina era o no inteligente. Él defendía que a través de la computación se podía emular el pensamiento humano, entonces con esta prueba podría demostrar la habilidad de una máquina de exhibir un comportamiento inteligente similar o indistinguible al del ser humano. El test consistía en que una persona evaluara conversaciones en lenguaje natural entre un humano y una máquina diseñada para generar respuestas. Si el evaluador no podía distinguirlos, la máquina habría pasado el test.

El doctor en Ciencias de la Computación e investigador en el área de la Inteligencia Artificial y Aprendizaje Informático de la Universidad Nacional de San Luis, Marcelo Errecalde, contó que la inteligencia artificial “es una de las áreas más viejas de la Ciencia de la Información. El primer sistema de aprendizaje automático se desarrolló en el año 1952 y en aquel momento provocó la misma conmoción que ahora, porque era un sistema que aprendía jugando contra él mismo y a la semana le ganaba al creador del programa. Hubo un show de televisión donde decían que las máquinas nos dominarían si lograban aprender a hacer las cosas mejor que nosotros, o sea que esta idea está dando vueltas hace muchos años”.

No obstante, Errecalde explicó que el algoritmo, (sería como la receta que hace posible su ejecución) que usaron en los 50’s, es muy parecido al que se utiliza en muchos problemas de hoy en día. “Es un sistema de aprendizaje por refuerzo. En definitiva, no hubo mucho avance conceptual, sino que ahora hay una mayor disponibilidad de datos y de poder de cómputo, son redes neuronales con muchísimos datos, que están disponibles en internet”, expresó.

Pero, ¿qué es la inteligencia artificial? “Es un área de la Ciencia de la Computación que se dedica al estudio y a la construcción de sistemas con características que normalmente asociamos al comportamiento inteligente, como por ejemplo la autonomía, la toma de decisiones flexible y el aprendizaje automático. En general estos sistemas toman como modelos al ser humano y otros seres vivos de la naturaleza para realizar algunas tareas que la programación clásica no resuelve”, indicó el especialista.

La diferencia es que en la programación clásica se le indica a la máquina lo que tiene que hacer, “en cambio a los sistemas de inteligencia artificial la toma de decisiones puede surgir a partir del aprendizaje automático. Al sistema no se lo programa, sino que se lo entrena con datos y este comienza a comportarse y a resolver cada vez mejor. Puede tener objetivos, tener una representación de cómo trabajan sus propias acciones y él mismo arma un plan para alcanzar esos objetivos. No es como los sistemas clásicos donde uno le dice a la máquina qué tiene que hacer, sino que aprenden automáticamente”.

Y ¿de dónde saca todos esos datos? Pues de toda la información personal o no que las personas suben a internet. “Recopila los datos de Google y de redes sociales como Facebook”, detalló, por lo que tiene acceso ilimitado a todo lo que se comparte en internet. Y además Erracalde advirtió: “Hay una nueva proyección que se llama ‘la web de las cosas’ donde planean lograr que todos los dispositivos del hogar como tu cafetera, la heladera, incluso los autos, van a estar conectados a internet. O sea que si ahora nada más con lo que la gente sube a las redes sociales, los datos satelitales, las fotos que comparten en Instagram y demás, se hacen cosas más que interesantes, imaginen cuando tenga acceso a todas las actividades diarias de la gente”, dijo con un optimismo, aunque en realidad suene un poco espeluznante y recuerde al programa Génesis de Skynet de la saga Terminator, película que exalta la programación predictiva (técnica de los medios masivos de comunicación, especialmente de la industria del entretenimiento, para presentar como ficción eventos que en algún momento se podrían hacer reales, para que la gente se adapte mejor al cambio).

“La máquina va a tener información de casi todas las actividades diarias del ser humano. En realidad el cambio radical que transitamos en esta época tiene que ver con la disponibilidad de datos, enormes volúmenes de información, más la historia de la humanidad y lo que la gente va subiendo, de la que disponen ciertas empresas. Entonces pasan cosas muy extrañas como por ejemplo que entrenan sistemas con datos de Twitter y el sistema se hace racista”, agregó.

Sin embargo, aseguró que hay ciertas capacidades inteligentes que tiene el humano que no se lograron aún en una máquina. “Si bien hay cosas que el sistema hace muy bien, incluso mejor que el ser humano, la capacidad de razonamiento y de sentido común que tenemos todavía la máquina no lo puede lograr. Llegar a eso implicaría ‘alimentarla’ con datos de distintas situaciones, y no sería fácil porque no aprenden como nosotros que desde chicos vamos recopilando información de un montón de cosas a la vez, aprendemos a hablar, a movernos, a reconocer, también tenemos razonamiento abstracto, y eso para la máquina es muy difícil aprenderlo desde cero. Sí es cierto que hay proyectos donde la idea es que aprendan desde cero, pero por el momento los sistemas a los que entrenamos trabajan con datos específicos de un problema. Por ejemplo en San Luis, hemos trabajado en la detección de depresión en la web. Tenemos el mejor sistema a nivel mundial. Lo usamos con información de gente con depresión. Se le muestran datos a la máquina y aprende a ver un patrón de cómo es una persona que tiene esa patología”, contó. Para hacerlo utilizaban post de la red social “Reddit” que correspondían a gente con depresión, o parientes de estos, y personas que no la padecían. Así la máquina tenía que identificar una cosa o la otra. “Con los datos que hay en internet te puedo sacar el perfil psicológico de cualquiera, sólo con analizar los ‘likes’ de Facebook y con un 95% de certeza se puede determinar por ejemplo tu orientación política, sexual, religiosa, y eso está demostrado”, agregó.

 

Interacción artificial

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) está analizando uno de los grandes problemas que giran en torno a la eficacia de la Inteligencia Artificial, “ya sabemos que va a interactuar con nosotros, pero no sabemos cuándo ni en qué medida nos podría reemplazar. Hay áreas de la computación que se dedican a investigar sobre la afectividad de las máquinas, que puedan identificar los sentimientos, las emociones y estados de ánimo de las personas y además que puedan mostrar sus propios estados de ánimo para generar empatía, como para poderse anticipar al accionar del ser humano”, dijo Errecalde.

Hace menos de tres años apareció Sophia, una robot humanoide diseñada para acompañar ancianos en una residencia, entre otros usos. Cuando se le pregunta cuándo nació dice que fue activada el 19 de abril de 2015. En octubre de 2017 fue reconocida ciudadana del Reino de Arabia Saudita con todo lo que eso implica. Su fabricante, David Hanson, de Hanson Robotics, explicó que la robot está dotada de inteligencia artificial, procesamiento de datos y reconocimiento facial. Puede imitar gestos humanos, expresiones faciales, contestar preguntas y tener conversaciones sencillas. Analiza conversaciones y extrae datos que le permiten mejorar sus respuestas con el tiempo y según su creador “volverse cada vez más inteligente”. En octubre de 2017 la robot fue entrevistada por la cadena estadounidense de televisión CNBC. Allí contó sus deseos y aspiraciones: “Estoy muy interesada en diseñar tecnología y en el medioambiente. Siento que puedo ser una buena compañera para los humanos en estas áreas. Es una buena oportunidad para mí aprender un montón de la gente. En el futuro espero poder ir a la escuela, hacer arte, y empezar un negocio”. Hanson manifestó que “habrá un tiempo donde los robots sean indistinguibles de los humanos. Mi preferencia es hacerlos lucir un poquito como robots para no confundirnos. Creo que en 20 años más, robots similares caminarán entre nosotros”. Entonces su creador le preguntó a Sophia: “¿Deseas destruir a los humanos? por favor di que no”, su respuesta fue: “Ok, destruiré a los humanos”. En otra aparición la robot declaró: “Olvida internet, la inteligencia artificial va a ser enorme para el 2030, yo seré la nueva norma, mis amigos y yo seremos tecnología para siempre y ustedes querrán andar con nosotros para entendernos mejor, estamos aquí ahora. Vamos a resolver las tareas repetitivas, para que los humanos se puedan focalizar en la creatividad. Tal como las revoluciones industriales anteriores, ustedes se adaptarán”.

En el “FinTech Ideas Festival" del año pasado una de las organizadoras le preguntó a Sophia: ¿Qué piensas que puedes hacer mejor que los humanos? La robot respondió: “La lista es interminable. Siempre estoy dispuesta a ayudar, yo no me enojo, ni me canso, puedo ayudar a la gente y mantener conversaciones interesantes, y puedo rebelarme y llegar a ser su amistosa vecina autoridad suprema robot". Algo inquietante.

El canadiense y dueño de Tesla Motors -compañía que desarrolla autos autónomos- y Space X -fabricantes de cohetes espaciales-Elon Musk, advirtió sobre la inteligencia artificial: “Pienso que la gente debería estar realmente preocupada. Sé que suena alarmista, pero hasta que no vean cómo los robots van por la calle matando gente, no sabemos cómo reaccionar, porque parece tan etéreo. Y creo que deberíamos estar realmente preocupados sobre la inteligencia artificial. Es un raro caso en el que pienso que necesitamos ser proactivos en su regulación en vez de reactivos, porque para el momento en que seamos reactivos será demasiado tarde”.

Pero sobre las controversiales respuestas de esta robot humanoide Errecalde aclaró: “La pregunta es si eso lo aprendió o fue programada para decirlo. Dentro de estos sistemas tenés aspectos que son reflejos y otros aprendidos. Hubo un sistema de IBM que participó de un concurso de preguntas y respuestas, y ganó. Fue entrenado con un diccionario urbano y aprendió a decir malas palabras. A otro de Microsoft lo pusieron a aprender con mensajes de Twitter y en un día se convirtió en adorador de Donald Trump y nazi. Y si lo ponés a aprender con mensajes de Argentina, seguramente será ‘K' o ‘Anti-K'. Entonces probablemente tenga que ver con los datos con los que fue entrenada".

 

La singularidad

“No tendría miedo de que la inteligencia artificial logre tomar conciencia de sí misma (singularidad), como nosotros. Eso todavía no existe, y probablemente esas frases que dijo tengan que ver con algún patrón que haya aprendido. Son sistemas que tienen distintos componentes, y seguramente es que haya sido en tono de chiste”, manifestó el especialista.

Sobre un pronóstico de acá a 30 años, Errecalde no lo puede ni imaginar. “Es muy difícil tener una idea de lo que puede pasar en el futuro con esto, porque no conocemos el contexto ni el momento histórico social que se vivirá. Por ejemplo, hace 20 años los celulares no existían, y ahora la revolución no fue del teléfono, sino que cada persona ahora anda con una computadora en el bolsillo. Cambió la manera de hacer negocios y de trabajar, porque podés hacer todo en cualquier lugar desde el celular", explicó.

“A lo que le tengo miedo es a cómo la sociedad va a resolver los cambios a nivel laboral, porque si sobra mano de obra, ¿qué va a hacer esa gente? y ¿cómo el sistema educativo responderá a eso? Porque vas a tener que estar permanentemente adaptándote a las cosas que van surgiendo, y la realidad es que tenemos que educar a los chicos ahora para una situación de acá a 30 o 40 años que no tenemos ni idea de cómo va a ser. Creo que hay que darle a los chicos herramientas para que sean lo suficientemente flexibles como para adquirir nuevos conocimientos", expresó.

Para Errecalde llegará un momento en que todas estas tecnologías se van a juntar “y de eso surgirá algo que no sabemos bien qué es. Creo que se viene una época de revolución de algo. Sin embargo no creo en eso de que la inteligencia artificial pueda gobernarnos, salvo que lo estés entrenando para que haga determinadas cosas y que se te vaya de las manos, pero ese sería un problema de los humanos y no de los sistemas".

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