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Juzgan a un chofer de colectivo por abusar de una adolescente

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Juzgan a un chofer de colectivo por abusar de una adolescente

José Alberto Soria ha admitido el hecho. Pero dice que la relación fue consentida y que la chica le dijo que tenía 18 años.

Ayer, José Alberto Soria no quiso declarar, cuando la Cámara del Crimen 1 de San Luis le dio la primera oportunidad, en la apertura del juicio oral en su contra. Pero el colectivero, que hasta 2015 trabajaba en el servicio interurbano, ya ha introducido en el expediente judicial su versión sobre el hecho por el cual está preso hace dos años y siete meses. Cuando declaró ante la jueza de instrucción, admitió haber tenido relaciones con una chica de 15 años, pero aseguró que fueron consentidas. Y que ella lo empujó al error, porque le dijo que tenía 18 años.

El debate oral tiene el objetivo de dilucidar la verdad y de decidir la suerte del chofer de 51 años. Hasta ahora, el panorama no es alentador para él: llegó a juicio procesado por abuso sexual con acceso carnal, y con un pedido de la fiscalía de instrucción de que lo condenen a catorce años de cárcel.

Tampoco fue favorable para el imputado el informe que dio ayer, ante el tribunal, el director general del Cuerpo Profesional Forense (CPF) del Poder Judicial, Darío Villarroel. El médico pediatra examinó a la víctima la mañana del viernes 24 de abril de 2015, es decir, apenas unas horas después del abuso.

Constató, por una parte, que la adolescente tenía lesiones recientes que demostraban que su iniciación sexual se dio la noche anterior, la del jueves 23, cerca de las once de la noche. Por otra, verificó que la chica “tenía escoriaciones y pequeños hematomas subyacentes” en la zona genital, que dan cuenta de que sufrió un acceso carnal no consentido, aseveró, después de la audiencia, el abogado Alberto Tuninetti, que representa a la víctima junto a su colega Jorge Rosales.

“Es más, el médico dijo que se acordaba de ella, que estaba quebrada anímicamente, muy mal, lo que más lo acercaba a la idea de que había sufrido un abuso sexual”, agregó el abogado.

De manera previsible, el defensor de Soria, Héctor Zavala Agüero, relativizó la contundencia del informe del perito, al destacar que “según Villarroel la chica no tenía las lesiones típicas de alguien que se defiende de una violación”.

“Por ejemplo –afirmó el abogado–, la madre de la menor dijo en la denuncia que la joven tenía heridas en la boca y en la muñeca derecha, pero el médico no constató ninguna de esas lesiones”.

El abuso ocurrió cuando la adolescente salía de practicar hándbol en el polideportivo de La Punta y tomó un colectivo para ir a su casa, ubicada en la misma ciudad.

El chofer aprovechó que se bajó el último pasajero para entablar comunicación con la chica. La llamó con la excusa de que le había dado mal el boleto y empezó a hacerle preguntas.

En el playón, a oscuras
Cuando el colectivo llegó al final del módulo 15, el barrio donde vive la menor, dobló hacia el sur y avanzó una cuadra. Ella le pidió que parara, porque ahí tenía que bajarse. Pero el chofer se negó, le dijo que descendiera más adelante, así podían hablar más. Siguió. Paró en un playón ubicado frente al módulo 15, donde habitualmente estacionan los colectivos. 

El chofer apagó las luces y desplegó las cortinas que daban a las viviendas ubicadas al norte. El vehículo quedó en penumbras. Se aproximó a ella, le preguntó si alguna vez alguien le había dicho que tenía lindos ojos. La chica no le contestó. El hombre se acercó más y comenzó a tocarla. Según la denuncia, la adolescente le explicó que debía irse a su casa y fue hacia las escaleras traseras, para salir. Pero el hombre la tomó de un brazo, la llevó a una butaca trasera, intentó besarla, la manoseó y la ultrajó.

Soria no niega el hecho, sólo niega que haya sido una relación forzada. “Él dice que fue consentida y que, además, la joven tiene contextura robusta y no llevaba ninguna vestimenta que diera a entender que tenía edad de ir al colegio”, dijo su abogado.

“A mi criterio, la chica tuvo miedo de haber llegado tarde a la casa y que la madre la retara o le pegara, porque cuando declaró hoy –la mamá de la chica compareció ayer ante el tribunal– quedó en evidencia que es de carácter muy fuerte. Entonces, la hija inventó lo de la violación”, afirmó Zavala Agüero.

El abogado de la víctima dice que la versión del acusado se cae a pedazos si se analiza el perfil de la chica y su actitud y su estado de ánimo posterior al hecho. 

Hoy, a las ocho y media, en la segunda audiencia del juicio, que se hace a puertas cerradas, el tribunal va a exhibir ante las partes otra prueba importante: la filmación de la entrevista psicológica a la menor, realizada en Cámara Gesell.

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Juzgan a un chofer de colectivo por abusar de una adolescente

José Alberto Soria ha admitido el hecho. Pero dice que la relación fue consentida y que la chica le dijo que tenía 18 años.

28 de agosto de 2015. esa noche, en el playón, reconstruyeron el abuso ocurrido en abril de ese año.

Ayer, José Alberto Soria no quiso declarar, cuando la Cámara del Crimen 1 de San Luis le dio la primera oportunidad, en la apertura del juicio oral en su contra. Pero el colectivero, que hasta 2015 trabajaba en el servicio interurbano, ya ha introducido en el expediente judicial su versión sobre el hecho por el cual está preso hace dos años y siete meses. Cuando declaró ante la jueza de instrucción, admitió haber tenido relaciones con una chica de 15 años, pero aseguró que fueron consentidas. Y que ella lo empujó al error, porque le dijo que tenía 18 años.

El debate oral tiene el objetivo de dilucidar la verdad y de decidir la suerte del chofer de 51 años. Hasta ahora, el panorama no es alentador para él: llegó a juicio procesado por abuso sexual con acceso carnal, y con un pedido de la fiscalía de instrucción de que lo condenen a catorce años de cárcel.

Tampoco fue favorable para el imputado el informe que dio ayer, ante el tribunal, el director general del Cuerpo Profesional Forense (CPF) del Poder Judicial, Darío Villarroel. El médico pediatra examinó a la víctima la mañana del viernes 24 de abril de 2015, es decir, apenas unas horas después del abuso.

Constató, por una parte, que la adolescente tenía lesiones recientes que demostraban que su iniciación sexual se dio la noche anterior, la del jueves 23, cerca de las once de la noche. Por otra, verificó que la chica “tenía escoriaciones y pequeños hematomas subyacentes” en la zona genital, que dan cuenta de que sufrió un acceso carnal no consentido, aseveró, después de la audiencia, el abogado Alberto Tuninetti, que representa a la víctima junto a su colega Jorge Rosales.

“Es más, el médico dijo que se acordaba de ella, que estaba quebrada anímicamente, muy mal, lo que más lo acercaba a la idea de que había sufrido un abuso sexual”, agregó el abogado.

De manera previsible, el defensor de Soria, Héctor Zavala Agüero, relativizó la contundencia del informe del perito, al destacar que “según Villarroel la chica no tenía las lesiones típicas de alguien que se defiende de una violación”.

“Por ejemplo –afirmó el abogado–, la madre de la menor dijo en la denuncia que la joven tenía heridas en la boca y en la muñeca derecha, pero el médico no constató ninguna de esas lesiones”.

El abuso ocurrió cuando la adolescente salía de practicar hándbol en el polideportivo de La Punta y tomó un colectivo para ir a su casa, ubicada en la misma ciudad.

El chofer aprovechó que se bajó el último pasajero para entablar comunicación con la chica. La llamó con la excusa de que le había dado mal el boleto y empezó a hacerle preguntas.

En el playón, a oscuras
Cuando el colectivo llegó al final del módulo 15, el barrio donde vive la menor, dobló hacia el sur y avanzó una cuadra. Ella le pidió que parara, porque ahí tenía que bajarse. Pero el chofer se negó, le dijo que descendiera más adelante, así podían hablar más. Siguió. Paró en un playón ubicado frente al módulo 15, donde habitualmente estacionan los colectivos. 

El chofer apagó las luces y desplegó las cortinas que daban a las viviendas ubicadas al norte. El vehículo quedó en penumbras. Se aproximó a ella, le preguntó si alguna vez alguien le había dicho que tenía lindos ojos. La chica no le contestó. El hombre se acercó más y comenzó a tocarla. Según la denuncia, la adolescente le explicó que debía irse a su casa y fue hacia las escaleras traseras, para salir. Pero el hombre la tomó de un brazo, la llevó a una butaca trasera, intentó besarla, la manoseó y la ultrajó.

Soria no niega el hecho, sólo niega que haya sido una relación forzada. “Él dice que fue consentida y que, además, la joven tiene contextura robusta y no llevaba ninguna vestimenta que diera a entender que tenía edad de ir al colegio”, dijo su abogado.

“A mi criterio, la chica tuvo miedo de haber llegado tarde a la casa y que la madre la retara o le pegara, porque cuando declaró hoy –la mamá de la chica compareció ayer ante el tribunal– quedó en evidencia que es de carácter muy fuerte. Entonces, la hija inventó lo de la violación”, afirmó Zavala Agüero.

El abogado de la víctima dice que la versión del acusado se cae a pedazos si se analiza el perfil de la chica y su actitud y su estado de ánimo posterior al hecho. 

Hoy, a las ocho y media, en la segunda audiencia del juicio, que se hace a puertas cerradas, el tribunal va a exhibir ante las partes otra prueba importante: la filmación de la entrevista psicológica a la menor, realizada en Cámara Gesell.

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