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Proponen que la rasqueta sea el alimento típico de Villa Mercedes

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Proponen que la rasqueta sea el alimento típico de Villa Mercedes

Ingenio y buen gusto. Gualdoni, el creador, le dobló la punta al pan para aprovechar el espacio. Foto: Juan Andrés Galli.

En el desayuno o en la merienda. Para acompañar el mate o un refresco. Sola o untada con dulce de leche, mermelada o manteca. La rasqueta es un clásico en las mesas de Villa Mercedes, por su delicioso sabor y por su accesibilidad. Para honrarlo y para fomentar el turismo gastronómico, diferentes áreas del Municipio y unas veinte panaderías locales se reúnen para elevar al panificado a la categoría de comida típica de la ciudad, y ya organizan un festival en su honor.

"Los destinos turísticos más importantes del país y del mundo siempre tienen un atractivo culinario, porque la comida es un motivador muy fuerte para los viajantes. Entonces nos planteamos la idea de buscar un alimento que nos represente", contó Tamara Sosa, coordinadora del área municipal de Turismo.

La tarea no fue fácil. La mayoría de los platos que pensaban, siempre terminaban teniendo su origen real en otra localidad o región. Pero "en esas charlas surgió el dato de que muchas personas que vienen de afuera compran rasquetas porque en otros lados no se hace", completó Mario Mondelli, secretario de Desarrollo Sustentable.

Así, con la ayuda de la cámara que los aglutina, convocaron a los comerciantes del rubro a una reu-nión para hacerlos parte del proyecto. "La mayoría se entusiasmó de inmediato, pero había muchos comentarios encontrados sobre si este producto se fabrica en otros lugares también", reconoció Sosa.

Las dudas se disiparon cuando aparecieron los Gualdoni, los familiares de quien elaboró la primera rasqueta, a principios del siglo XX, en su antigua panadería "La Mercedina" que estaba ubicada en Ayacucho y Pedernera, y que ya no existe como tal. Pedro, el nieto homónimo del innovador cocinero, contó que su abuelo proveía pan a otras ciudades cercanas, como Río Cuarto o Villa Dolores. Para que las piezas fueran más fáciles de transportar y entraran mejor en las cajas, las amasó cuadradas. Pero para aprovechar aún más el espacio en las bandejas que llevaba al horno, decidió doblarles la punta y así se logró la infaltable y sabrosa almohadilla que tienen en el extremo superior. "Quedó con la forma de una rasqueta de las que se usaban en ese entonces para peinar los caballos, y de ahí le quedó el nombre", recordó.

Maximiliano Viale, presidente de la cámara, la definió como un producto infaltable en el mostrador de todos los negocios mercedinos del rubro. Porque es fácil de elaborar y es un alimento bastante económico para los consumidores: su valor oscila entre los $8 y los $10. "No tiene demasiados secretos. Algunos le ponen más hojaldre, más o menos grasa, y eso hace variar un poco el precio y el sabor", explicó.

Con la comprobación del origen local del panificado, el entusiasmo de los productores se hizo más fuerte y ya son unos veinte comercios los que adhieren a la iniciativa. Se reúnen de forma semanal para darle vida a un festival que, hasta el momento, formaría parte de las actividades complementarias de la fiesta mayor de la Calle Angosta, prevista para el 6, 7 y 8 de diciembre.

Ahí los panaderos, además de vender, mostrarán la historia del producto y la receta original, pero también de un derivado que cada vez gana más fuerza: el sándwich de rasqueta, otro orgullo para chuparse los dedos.

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Proponen que la rasqueta sea el alimento típico de Villa Mercedes

Ingenio y buen gusto. Gualdoni, el creador, le dobló la punta al pan para aprovechar el espacio. Foto: Juan Andrés Galli.

Ingenio y buen gusto. Gualdoni, el creador, le dobló la punta al pan para aprovechar el espacio. Foto: Juan Andrés Galli.

En el desayuno o en la merienda. Para acompañar el mate o un refresco. Sola o untada con dulce de leche, mermelada o manteca. La rasqueta es un clásico en las mesas de Villa Mercedes, por su delicioso sabor y por su accesibilidad. Para honrarlo y para fomentar el turismo gastronómico, diferentes áreas del Municipio y unas veinte panaderías locales se reúnen para elevar al panificado a la categoría de comida típica de la ciudad, y ya organizan un festival en su honor.

"Los destinos turísticos más importantes del país y del mundo siempre tienen un atractivo culinario, porque la comida es un motivador muy fuerte para los viajantes. Entonces nos planteamos la idea de buscar un alimento que nos represente", contó Tamara Sosa, coordinadora del área municipal de Turismo.

La tarea no fue fácil. La mayoría de los platos que pensaban, siempre terminaban teniendo su origen real en otra localidad o región. Pero "en esas charlas surgió el dato de que muchas personas que vienen de afuera compran rasquetas porque en otros lados no se hace", completó Mario Mondelli, secretario de Desarrollo Sustentable.

Así, con la ayuda de la cámara que los aglutina, convocaron a los comerciantes del rubro a una reu-nión para hacerlos parte del proyecto. "La mayoría se entusiasmó de inmediato, pero había muchos comentarios encontrados sobre si este producto se fabrica en otros lugares también", reconoció Sosa.

Las dudas se disiparon cuando aparecieron los Gualdoni, los familiares de quien elaboró la primera rasqueta, a principios del siglo XX, en su antigua panadería "La Mercedina" que estaba ubicada en Ayacucho y Pedernera, y que ya no existe como tal. Pedro, el nieto homónimo del innovador cocinero, contó que su abuelo proveía pan a otras ciudades cercanas, como Río Cuarto o Villa Dolores. Para que las piezas fueran más fáciles de transportar y entraran mejor en las cajas, las amasó cuadradas. Pero para aprovechar aún más el espacio en las bandejas que llevaba al horno, decidió doblarles la punta y así se logró la infaltable y sabrosa almohadilla que tienen en el extremo superior. "Quedó con la forma de una rasqueta de las que se usaban en ese entonces para peinar los caballos, y de ahí le quedó el nombre", recordó.

Maximiliano Viale, presidente de la cámara, la definió como un producto infaltable en el mostrador de todos los negocios mercedinos del rubro. Porque es fácil de elaborar y es un alimento bastante económico para los consumidores: su valor oscila entre los $8 y los $10. "No tiene demasiados secretos. Algunos le ponen más hojaldre, más o menos grasa, y eso hace variar un poco el precio y el sabor", explicó.

Con la comprobación del origen local del panificado, el entusiasmo de los productores se hizo más fuerte y ya son unos veinte comercios los que adhieren a la iniciativa. Se reúnen de forma semanal para darle vida a un festival que, hasta el momento, formaría parte de las actividades complementarias de la fiesta mayor de la Calle Angosta, prevista para el 6, 7 y 8 de diciembre.

Ahí los panaderos, además de vender, mostrarán la historia del producto y la receta original, pero también de un derivado que cada vez gana más fuerza: el sándwich de rasqueta, otro orgullo para chuparse los dedos.

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