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Chalecos amarillos y demandas

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Chalecos amarillos y demandas

En un lapso de apenas tres meses, el movimiento de los “chalecos amarillos” (en francés, “gilets jaunes”), no solo se volvió conocido a nivel global, sino que además demostró que las protestas populares no distinguen fronteras, cuando la falta de equidad también se hace visible.

En términos objetivos, es un movimiento de protesta, no organizado, que apareció en Francia en octubre de 2018, extendido en menor medida a otros países como Bélgica, Países Bajos, Alemania, Suecia, Reino Unido, Irlanda, Canadá, Grecia, Italia, Israel y España.

De manera similar a la Primavera Árabe o el Movimiento de los Indignados en España (ambos en el 2011), esta movilización tiene su origen en la difusión a través de las redes sociales, en la que mayoritariamente se convoca a los ciudadanos a manifestarse.

En los casos mencionados y en este también, puede definirse como un movimiento de “espontaneidad revolucionaria”, transversal y sin cabezas visibles,centrado en el rechazo del aumento del impuesto sobre el carbono (lo que se traduce como un aumento en el precio de los combustibles); pero se amplió rápidamente a otras demandas como el aumento del poder adquisitivo de las clases medias y clases bajas, particularmente rurales y cercanas a la ciudad, y a la exigencia de la  renuncia del presidente francés, Emmanuel Macron.

El movimiento se organizó en torno a los bloqueos de carreteras, caminos y rotondas. Las protestas luego se extendieron a París, donde la violencia causó importantes daños materiales y numerosos arrestos. Durante los mitines, varias personas tanto protestantes como opositores murieron y cientos resultan heridas. Hasta finales de diciembre se contaban diez víctimas fatales y al menos 750 heridos.

A Macron, de pronto “la bomba” le explotó en el patio de su casa. Y las críticas, internas y externas, han puesto su gobierno en la mayor crisis que le toca enfrentar. Los resultados fueron inmediatos: el líder francés perdió “la consideración” de su otrora aliado Donald Trump y las voces disidentes acerca del manejo de la crisis, recorren los diarios, la TV, y las noticias en internet.

Incluso la célebre estrella de cine francesa Brigitte Bardot afirmó su apoyo al movimiento de que desde hace semanas organiza masivas protestas en las ciudades y carreteras de Francia. “Entiendo lo que están viviendo, su enojo cotidiano”, declaró Bardot al diario Midi Libre.

“Cuando veo que se usan millones para cosas de una inutilidad inimaginable, cuando veo los desplazamientos de políticos en avión privado, los coches, los choferes...Todo este dinero gastado es insoportable. Que lo den a la gente que no tiene ni un centavo”, añadió.

La estrella de cine estimó que los “Restos du Coeur, -una fundación sin ánimo de lucro que distribuye comida gratis a los más desfavorecidos- deberían de estar subvencionados por el Estado” y alabó “el trabajo de los voluntarios”.Las respuestas del presidente francés Emmanuel Macron a los “chalecos amarillos” no son “convincentes en absoluto”, agregó.

Pero los “chalecos amarillos”, poseen la particularidad de “haber despertado” otras injusticias cotidianas, tan evidentes como cuestionables, desde lo social: varias personalidades francesas, entre las cuales se encuentran la actriz Juliette Binoche y el economista Thomas Piketty, firmaron una petición contra el aumento de las tasas universitarias para los estudiantes no europeos, rechazando “un muro del dinero”, que amenaza a “los menos favorecidos”.

“Es un muro del dinero que el gobierno está construyendo contra los estudiantes extranjeros”, se lamentaron los firmantes de una editorial publicado en “Le Journal du Dimanche”.

El gobierno anunció en noviembre que aumentará de manera significativa las matrículas de inscripción para los estudiantes no pertenecientes a la Unión Europea (UE), de tal manera que la tasa anual pasará de 170 a 2.770 euros en licenciatura, y de 243 a 3.770 euros en las maestrías, al inicio del nuevo año 2019-2020, lo que equivale a “un tercio del costo real” de su formación para las finanzas públicas, según las autoridades galas.

Las revoluciones de hoy muchas veces se parecen a las demandas espontáneas por las injusticias que se advierten a diario. Es una modalidad que puede cambiar las cosas. Es una modalidad que puede cambiar gobiernos. Es una modalidad que obliga a reflexionar.

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Chalecos amarillos y demandas

En un lapso de apenas tres meses, el movimiento de los “chalecos amarillos” (en francés, “gilets jaunes”), no solo se volvió conocido a nivel global, sino que además demostró que las protestas populares no distinguen fronteras, cuando la falta de equidad también se hace visible.

En términos objetivos, es un movimiento de protesta, no organizado, que apareció en Francia en octubre de 2018, extendido en menor medida a otros países como Bélgica, Países Bajos, Alemania, Suecia, Reino Unido, Irlanda, Canadá, Grecia, Italia, Israel y España.

De manera similar a la Primavera Árabe o el Movimiento de los Indignados en España (ambos en el 2011), esta movilización tiene su origen en la difusión a través de las redes sociales, en la que mayoritariamente se convoca a los ciudadanos a manifestarse.

En los casos mencionados y en este también, puede definirse como un movimiento de “espontaneidad revolucionaria”, transversal y sin cabezas visibles,centrado en el rechazo del aumento del impuesto sobre el carbono (lo que se traduce como un aumento en el precio de los combustibles); pero se amplió rápidamente a otras demandas como el aumento del poder adquisitivo de las clases medias y clases bajas, particularmente rurales y cercanas a la ciudad, y a la exigencia de la  renuncia del presidente francés, Emmanuel Macron.

El movimiento se organizó en torno a los bloqueos de carreteras, caminos y rotondas. Las protestas luego se extendieron a París, donde la violencia causó importantes daños materiales y numerosos arrestos. Durante los mitines, varias personas tanto protestantes como opositores murieron y cientos resultan heridas. Hasta finales de diciembre se contaban diez víctimas fatales y al menos 750 heridos.

A Macron, de pronto “la bomba” le explotó en el patio de su casa. Y las críticas, internas y externas, han puesto su gobierno en la mayor crisis que le toca enfrentar. Los resultados fueron inmediatos: el líder francés perdió “la consideración” de su otrora aliado Donald Trump y las voces disidentes acerca del manejo de la crisis, recorren los diarios, la TV, y las noticias en internet.

Incluso la célebre estrella de cine francesa Brigitte Bardot afirmó su apoyo al movimiento de que desde hace semanas organiza masivas protestas en las ciudades y carreteras de Francia. “Entiendo lo que están viviendo, su enojo cotidiano”, declaró Bardot al diario Midi Libre.

“Cuando veo que se usan millones para cosas de una inutilidad inimaginable, cuando veo los desplazamientos de políticos en avión privado, los coches, los choferes...Todo este dinero gastado es insoportable. Que lo den a la gente que no tiene ni un centavo”, añadió.

La estrella de cine estimó que los “Restos du Coeur, -una fundación sin ánimo de lucro que distribuye comida gratis a los más desfavorecidos- deberían de estar subvencionados por el Estado” y alabó “el trabajo de los voluntarios”.Las respuestas del presidente francés Emmanuel Macron a los “chalecos amarillos” no son “convincentes en absoluto”, agregó.

Pero los “chalecos amarillos”, poseen la particularidad de “haber despertado” otras injusticias cotidianas, tan evidentes como cuestionables, desde lo social: varias personalidades francesas, entre las cuales se encuentran la actriz Juliette Binoche y el economista Thomas Piketty, firmaron una petición contra el aumento de las tasas universitarias para los estudiantes no europeos, rechazando “un muro del dinero”, que amenaza a “los menos favorecidos”.

“Es un muro del dinero que el gobierno está construyendo contra los estudiantes extranjeros”, se lamentaron los firmantes de una editorial publicado en “Le Journal du Dimanche”.

El gobierno anunció en noviembre que aumentará de manera significativa las matrículas de inscripción para los estudiantes no pertenecientes a la Unión Europea (UE), de tal manera que la tasa anual pasará de 170 a 2.770 euros en licenciatura, y de 243 a 3.770 euros en las maestrías, al inicio del nuevo año 2019-2020, lo que equivale a “un tercio del costo real” de su formación para las finanzas públicas, según las autoridades galas.

Las revoluciones de hoy muchas veces se parecen a las demandas espontáneas por las injusticias que se advierten a diario. Es una modalidad que puede cambiar las cosas. Es una modalidad que puede cambiar gobiernos. Es una modalidad que obliga a reflexionar.

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