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¿Argentina va a perder una nueva oportunidad?

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¿Argentina va a perder una nueva oportunidad?

Carlos Etchepare

Hace algún tiempo, un ex ministro de Relaciones Exteriores de Alemania llamado Joshka Fisher fue consultado por una visión pesimista que tenía sobre algunos aspectos que caracterizaban a la realidad del mundo. Fisher respondió: “No creo tener una visión pesimista. Me pone muy furioso que la gente diga constantemente que uno es pesimista cuando simplemente es realista. Cuando afuera hay una gran tormenta ¿qué puedo decir? ¡Está brillando el sol! No quiero ni debo hacer el ridículo. Cuando se viene una tormenta, el especialista, el analista, debe decir 'Hay amenaza de tormenta', aún a riesgo de ser calificado de profeta de la oscuridad".
Es exactamente eso lo que hemos estado haciendo desde la primera columna que hemos escrito en la primera edición de la revista El Campo y es lo que pretendemos seguir haciendo porque es nuestra responsabilidad y porque siempre hemos tenido la libertad para tocar todos los temas. Con errores y aciertos, pero contando una realidad que está por encima de las ideologías y que solo refleja la prueba de los hechos. Es en ese espíritu que se incluye el siguiente resumen de lo ocurrido durante 2018 y lo que esperamos que sea 2019.

Balance negativo
Se terminó 2018 y para muchos es el momento del balance. Si lo debiéramos hacer para el sector agroindustrial, el mismo arrojaría resultados claramente negativos. Empecemos por lo poco positivo que nos dejó el año pasado: apenas la apertura potencial de algunos mercados, cuya concreción efectiva se irá viendo con el tiempo en tanto y en cuanto haya producción para abastecer esa presunta demanda externa.
En este aspecto, también hay que destacar que la apertura de mercados para la Argentina, en la mayoría de los casos y en los productos más representativos como la carne por ejemplo, la cantidad de requisitos con los que hay que cumplir para acceder a esos mercados, como el caso de la República Popular China o Estados Unidos, son tantos que la adaptación para el acceso a esos mercados llevará su tiempo. Y en esto la Argentina tiene mucho por aprender. Por el contrario, no han existido mayores limitaciones para el ingreso de productos de diversos orígenes que la Argentina ha tenido que permitir a cambio de la posibilidad de llegar con los suyos al exterior.
Un ejemplo de lo señalado es la “recuperación del mercado de limones” con Estados Unidos, que significará en el mejor de los casos exportaciones por 50 millones de dólares; pero a la vez se perdió el mercado del biodiésel por 1.500 millones de dólares. También se vuelve a perder el mercado europeo para este producto ante las acusaciones de “dumping” de la Unión Europea. Esta situación pone en peligro una industria que se desarrolló mediante la generación de “políticas activas” durante gran parte de la gestión anterior, hasta la llegada de Axel Kicillof al Ministerio de Economía.
Durante la actual administración, lejos estuvo de mejorarse la política aplicada a este sector en la última etapa del gobierno anterior. Por el contrario, el “lobby” de la industria de combustibles fósiles y de la industria automotriz se ha fortalecido, y lo que podría ser una solución con varios aspectos positivos, como lo es la mayor mezcla de biocombustibles en el consumo interno, duerme el “sueño de los justos” en los cajones de funcionarios que no se animan a tomar la decisión.
La eliminación del diferencial arancelario que beneficiaba durante más de 30 años a la industria y que era soportado por los productores de soja, fue una medida acertada. Claro que duró muy poco su eventual impacto, porque a partir del aumento de las retenciones esos recursos ahora pasaron al Estado. En el mismo sentido podemos mencionar la eliminación del Fondo Federal Sojero. Su desaparición original venía acompañada de la disminución de las retenciones. Finalmente las retenciones se aumentaron y los recursos del Fondo Sojero quedaron para que el gobierno central distribuya esos recursos a discreción.
Otro aspecto que podemos colocar en el lado positivo de la ecuación es la intención de simplificar trámites administrativos. Sin embargo, esa simplificación improvisada de algunos trámites dejó en evidencia la falta de coordinación y conocimiento de las diferentes áreas gubernamentales involucradas sobre el final del año.
Una acción positiva del sector privado que tendrá trascendencia futura si se desarrolla adecuadamente es la fusión entre el Mercado a Término de Buenos Aires (MATBA) y el ROFEX. Si funciona, será una excelente herramienta para los productores y todos los integrantes de la cadena comercial, más aquellos que deseen participar del circuito como inversores. Por supuesto, también para ello hará falta un contexto político y económico que acompañe.
Pasemos a la balanza negativa. El clima fue un azote para los productores, pero también lo fue la falta de respuesta oficial de un Poder Ejecutivo que desconoció la importancia del sector. Solo se utilizó el efecto negativo del clima que castigó a muchos productores como excusa cuando hubo que justificar un nuevo fracaso de la gestión económica del gobierno nacional.
Y ante el fracaso de la política económica nacional, como solución improvisada se recurrió de vuelta a la implementación de los derechos de exportación con vigencia hasta el 31 de diciembre de 2020.
Entre los aspectos negativos del último año no podemos desconocer la degradación del Ministerio de Agroindustria, el cambio en las reglas de juego en la mitad de la campaña, la parálisis de las obras de infraestructura, el récord de importación de soja cuando los productores locales pagan un 30% de impuestos a la producción adicionales (derechos de exportación), el aumento de las importaciones de carne de cerdo, el cierre de tambos sin solución de continuidad y las economías regionales que no saben cómo continuar frente a una incertidumbre que no se detiene.
Aunque no es responsabilidad exclusiva del Gobierno, tal como lo sostuvimos en reiteradas oportunidades desde esta columna, finalizó 2018 y no hay Ley de Semillas. Tampoco la habrá en 2019. El proyecto que se está manejando en el Congreso aún requiere de un arduo debate, ya que lejos está de satisfacer al conjunto de los productores. Por eso creemos que en 2019, que además es un año eleccionario, difícilmente pueda darse a esta normativa el tratamiento y la importancia que merece.
Frente a esta política emanada desde el gobierno nacional, fundamentalmente el principal daño ha sido la pérdida de confianza que sufrió gran parte de los productores ante el retroceso en las políticas de una administración que recibió todo el apoyo del sector y que no fue correspondido de la misma manera por el accionar de Mauricio Macri y su gabinete, que volvieron a hacer aquello que tanto habían cuestionado en gobiernos anteriores.
El ajuste llegó por el mismo lado de siempre, con mayor presión impositiva para aquellos que están encerrados en el sistema y más disponibilidad de recursos para aquellos que se dan el lujo de gastar esos recursos en función de intereses políticos que solo se van modificando a través de los años en los nombres de quienes gobiernan y pretenden perpetuarse en el poder.

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¿Argentina va a perder una nueva oportunidad?

Hace algún tiempo, un ex ministro de Relaciones Exteriores de Alemania llamado Joshka Fisher fue consultado por una visión pesimista que tenía sobre algunos aspectos que caracterizaban a la realidad del mundo. Fisher respondió: “No creo tener una visión pesimista. Me pone muy furioso que la gente diga constantemente que uno es pesimista cuando simplemente es realista. Cuando afuera hay una gran tormenta ¿qué puedo decir? ¡Está brillando el sol! No quiero ni debo hacer el ridículo. Cuando se viene una tormenta, el especialista, el analista, debe decir 'Hay amenaza de tormenta', aún a riesgo de ser calificado de profeta de la oscuridad".
Es exactamente eso lo que hemos estado haciendo desde la primera columna que hemos escrito en la primera edición de la revista El Campo y es lo que pretendemos seguir haciendo porque es nuestra responsabilidad y porque siempre hemos tenido la libertad para tocar todos los temas. Con errores y aciertos, pero contando una realidad que está por encima de las ideologías y que solo refleja la prueba de los hechos. Es en ese espíritu que se incluye el siguiente resumen de lo ocurrido durante 2018 y lo que esperamos que sea 2019.

Balance negativo
Se terminó 2018 y para muchos es el momento del balance. Si lo debiéramos hacer para el sector agroindustrial, el mismo arrojaría resultados claramente negativos. Empecemos por lo poco positivo que nos dejó el año pasado: apenas la apertura potencial de algunos mercados, cuya concreción efectiva se irá viendo con el tiempo en tanto y en cuanto haya producción para abastecer esa presunta demanda externa.
En este aspecto, también hay que destacar que la apertura de mercados para la Argentina, en la mayoría de los casos y en los productos más representativos como la carne por ejemplo, la cantidad de requisitos con los que hay que cumplir para acceder a esos mercados, como el caso de la República Popular China o Estados Unidos, son tantos que la adaptación para el acceso a esos mercados llevará su tiempo. Y en esto la Argentina tiene mucho por aprender. Por el contrario, no han existido mayores limitaciones para el ingreso de productos de diversos orígenes que la Argentina ha tenido que permitir a cambio de la posibilidad de llegar con los suyos al exterior.
Un ejemplo de lo señalado es la “recuperación del mercado de limones” con Estados Unidos, que significará en el mejor de los casos exportaciones por 50 millones de dólares; pero a la vez se perdió el mercado del biodiésel por 1.500 millones de dólares. También se vuelve a perder el mercado europeo para este producto ante las acusaciones de “dumping” de la Unión Europea. Esta situación pone en peligro una industria que se desarrolló mediante la generación de “políticas activas” durante gran parte de la gestión anterior, hasta la llegada de Axel Kicillof al Ministerio de Economía.
Durante la actual administración, lejos estuvo de mejorarse la política aplicada a este sector en la última etapa del gobierno anterior. Por el contrario, el “lobby” de la industria de combustibles fósiles y de la industria automotriz se ha fortalecido, y lo que podría ser una solución con varios aspectos positivos, como lo es la mayor mezcla de biocombustibles en el consumo interno, duerme el “sueño de los justos” en los cajones de funcionarios que no se animan a tomar la decisión.
La eliminación del diferencial arancelario que beneficiaba durante más de 30 años a la industria y que era soportado por los productores de soja, fue una medida acertada. Claro que duró muy poco su eventual impacto, porque a partir del aumento de las retenciones esos recursos ahora pasaron al Estado. En el mismo sentido podemos mencionar la eliminación del Fondo Federal Sojero. Su desaparición original venía acompañada de la disminución de las retenciones. Finalmente las retenciones se aumentaron y los recursos del Fondo Sojero quedaron para que el gobierno central distribuya esos recursos a discreción.
Otro aspecto que podemos colocar en el lado positivo de la ecuación es la intención de simplificar trámites administrativos. Sin embargo, esa simplificación improvisada de algunos trámites dejó en evidencia la falta de coordinación y conocimiento de las diferentes áreas gubernamentales involucradas sobre el final del año.
Una acción positiva del sector privado que tendrá trascendencia futura si se desarrolla adecuadamente es la fusión entre el Mercado a Término de Buenos Aires (MATBA) y el ROFEX. Si funciona, será una excelente herramienta para los productores y todos los integrantes de la cadena comercial, más aquellos que deseen participar del circuito como inversores. Por supuesto, también para ello hará falta un contexto político y económico que acompañe.
Pasemos a la balanza negativa. El clima fue un azote para los productores, pero también lo fue la falta de respuesta oficial de un Poder Ejecutivo que desconoció la importancia del sector. Solo se utilizó el efecto negativo del clima que castigó a muchos productores como excusa cuando hubo que justificar un nuevo fracaso de la gestión económica del gobierno nacional.
Y ante el fracaso de la política económica nacional, como solución improvisada se recurrió de vuelta a la implementación de los derechos de exportación con vigencia hasta el 31 de diciembre de 2020.
Entre los aspectos negativos del último año no podemos desconocer la degradación del Ministerio de Agroindustria, el cambio en las reglas de juego en la mitad de la campaña, la parálisis de las obras de infraestructura, el récord de importación de soja cuando los productores locales pagan un 30% de impuestos a la producción adicionales (derechos de exportación), el aumento de las importaciones de carne de cerdo, el cierre de tambos sin solución de continuidad y las economías regionales que no saben cómo continuar frente a una incertidumbre que no se detiene.
Aunque no es responsabilidad exclusiva del Gobierno, tal como lo sostuvimos en reiteradas oportunidades desde esta columna, finalizó 2018 y no hay Ley de Semillas. Tampoco la habrá en 2019. El proyecto que se está manejando en el Congreso aún requiere de un arduo debate, ya que lejos está de satisfacer al conjunto de los productores. Por eso creemos que en 2019, que además es un año eleccionario, difícilmente pueda darse a esta normativa el tratamiento y la importancia que merece.
Frente a esta política emanada desde el gobierno nacional, fundamentalmente el principal daño ha sido la pérdida de confianza que sufrió gran parte de los productores ante el retroceso en las políticas de una administración que recibió todo el apoyo del sector y que no fue correspondido de la misma manera por el accionar de Mauricio Macri y su gabinete, que volvieron a hacer aquello que tanto habían cuestionado en gobiernos anteriores.
El ajuste llegó por el mismo lado de siempre, con mayor presión impositiva para aquellos que están encerrados en el sistema y más disponibilidad de recursos para aquellos que se dan el lujo de gastar esos recursos en función de intereses políticos que solo se van modificando a través de los años en los nombres de quienes gobiernan y pretenden perpetuarse en el poder.

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