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La deuda de género es gigante

Miles de millones de dólares debe poner el mundo para equilibrar la balanza hacia los derechos de las mujeres; para llevar a cero las muertes maternas prevenibles, eliminar la violencia de género y satisfacer las necesidades de planificación familiar, los tres grandes compromisos de la 25ª Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPS25). Todo esto requiere, además de voluntad política, de dinero, mucho dinero.

Cumplir con esas deudas pendientes desde la primera e histórica Conferencia, la de El Cairo en 1994, necesitará nada menos que 264.000 millones de dólares de aquí a 2030, según cálculos de organizaciones privadas, incluidas la Fundación Ford, Johnson & Johnson, Philips y World Vision.

Crear impulso financiero y cerrar las brechas de recursos existentes en torno a estos compromisos no será fácil. Si bien la mayoría de los países han incluido en su Constitución los derechos y  la salud reproductiva, la movilización de recursos internos no ha seguido automáticamente.

En Nairobi, Kenia, la CIPD25 convocó a más de 6.000 delegados de más de 164 países y representantes provenientes de organizaciones de la sociedad civil, organizaciones de base, jóvenes, líderes empresariales y comunitarios, organizaciones religiosas, pueblos indígenas e instituciones financieras.

Llevar a cero la mortalidad materna en los 120 países que representan más de 95 por ciento de la mortalidad materna costaría 115.500 millones de dólares en intervenciones clave de salud materna, para evitar la realidad en que 830 mujeres mueren diariamente durante el parto, además por cada una que muere, otras 20 sufren graves daños.

Para terminar con las necesidades insatisfechas de planificación familiar en el mismo número de países prioritarios se necesitaría 68.500 millones de dólares.

Mientras, acabar con la violencia de género requeriría invertir 42.000 millones de dólares en 132 países prioritarios.

Actualmente, en realidad solo hay fondos para invertir 42.000 millones en asistencia para el desarrollo inicial de estos objetivos. Por lo tanto, significa que se requerirán 222.000 millones adicionales en inversiones hacia esos tres temas prioritarios durante la próxima década.

Pero no está nada claro por el momento si estos costos adicionales llegarán a provenir de inversiones extranjeras, partidas internas o aportes del sector privado, o una combinación de todos en porcentajes sin definir.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), que organiza la CIPD, alega que las decisiones financieras pueden enmarcarse de diferentes maneras y que analizar el costo y las brechas en el cumplimiento de los tres compromisos es una forma de asesorar al mundo sobre cómo invertir.

“Se trata de ayudar a las sociedades a estar mejor informadas y a tomar mejores decisiones. El problema no es cuánto valdrá llevar esos objetivos a cero, sino el costo de no llevarlas a cero”, argumenta Unfpa.

Datos del Banco Mundial demuestran que la planificación familiar es la “mejor adquisición” para los gobiernos. Por cada dólar adicional invertido en servicios anticonceptivos en los países del Sur en desarrollo, el costo de la atención médica materna y neonatal podría reducirse en 2,20 dólares. Las estimaciones también muestran otra cifra muy importante: por cada dólar invertido en planificación familiar se ahorran costos por 120 dólares.

En el caso de África, encontrar fondos para alcanzar los tres grandes objetivos de la CIPD de Nairobi resulta aun más importante que en el resto del mundo, porque el presupuesto en el sector de salud del continente es especialmente limitado.

La voluntad política y los compromisos son muy importantes, la CIPD asegura que en el caso de África “siempre habrá recursos para lo que un gobierno, o un presidente, digan que es una prioridad. Los presidentes africanos ejercen una gran influencia en la asignación de recursos”. Un ejemplo es el caso de Uganda, donde el gobierno se comprometió a asignar anualmente cinco millones de dólares a la planificación familiar, simplemente porque el presidente lo sugirió.

Una nueva generación de líderes que no rehúyan asumir compromisos ambiciosos, y que sintonicen con los intereses de la población, será el primer paso para empezar a saldar una deuda tan infame, como persistente.

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La deuda de género es gigante

Miles de millones de dólares debe poner el mundo para equilibrar la balanza hacia los derechos de las mujeres; para llevar a cero las muertes maternas prevenibles, eliminar la violencia de género y satisfacer las necesidades de planificación familiar, los tres grandes compromisos de la 25ª Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPS25). Todo esto requiere, además de voluntad política, de dinero, mucho dinero.

Cumplir con esas deudas pendientes desde la primera e histórica Conferencia, la de El Cairo en 1994, necesitará nada menos que 264.000 millones de dólares de aquí a 2030, según cálculos de organizaciones privadas, incluidas la Fundación Ford, Johnson & Johnson, Philips y World Vision.

Crear impulso financiero y cerrar las brechas de recursos existentes en torno a estos compromisos no será fácil. Si bien la mayoría de los países han incluido en su Constitución los derechos y  la salud reproductiva, la movilización de recursos internos no ha seguido automáticamente.

En Nairobi, Kenia, la CIPD25 convocó a más de 6.000 delegados de más de 164 países y representantes provenientes de organizaciones de la sociedad civil, organizaciones de base, jóvenes, líderes empresariales y comunitarios, organizaciones religiosas, pueblos indígenas e instituciones financieras.

Llevar a cero la mortalidad materna en los 120 países que representan más de 95 por ciento de la mortalidad materna costaría 115.500 millones de dólares en intervenciones clave de salud materna, para evitar la realidad en que 830 mujeres mueren diariamente durante el parto, además por cada una que muere, otras 20 sufren graves daños.

Para terminar con las necesidades insatisfechas de planificación familiar en el mismo número de países prioritarios se necesitaría 68.500 millones de dólares.

Mientras, acabar con la violencia de género requeriría invertir 42.000 millones de dólares en 132 países prioritarios.

Actualmente, en realidad solo hay fondos para invertir 42.000 millones en asistencia para el desarrollo inicial de estos objetivos. Por lo tanto, significa que se requerirán 222.000 millones adicionales en inversiones hacia esos tres temas prioritarios durante la próxima década.

Pero no está nada claro por el momento si estos costos adicionales llegarán a provenir de inversiones extranjeras, partidas internas o aportes del sector privado, o una combinación de todos en porcentajes sin definir.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), que organiza la CIPD, alega que las decisiones financieras pueden enmarcarse de diferentes maneras y que analizar el costo y las brechas en el cumplimiento de los tres compromisos es una forma de asesorar al mundo sobre cómo invertir.

“Se trata de ayudar a las sociedades a estar mejor informadas y a tomar mejores decisiones. El problema no es cuánto valdrá llevar esos objetivos a cero, sino el costo de no llevarlas a cero”, argumenta Unfpa.

Datos del Banco Mundial demuestran que la planificación familiar es la “mejor adquisición” para los gobiernos. Por cada dólar adicional invertido en servicios anticonceptivos en los países del Sur en desarrollo, el costo de la atención médica materna y neonatal podría reducirse en 2,20 dólares. Las estimaciones también muestran otra cifra muy importante: por cada dólar invertido en planificación familiar se ahorran costos por 120 dólares.

En el caso de África, encontrar fondos para alcanzar los tres grandes objetivos de la CIPD de Nairobi resulta aun más importante que en el resto del mundo, porque el presupuesto en el sector de salud del continente es especialmente limitado.

La voluntad política y los compromisos son muy importantes, la CIPD asegura que en el caso de África “siempre habrá recursos para lo que un gobierno, o un presidente, digan que es una prioridad. Los presidentes africanos ejercen una gran influencia en la asignación de recursos”. Un ejemplo es el caso de Uganda, donde el gobierno se comprometió a asignar anualmente cinco millones de dólares a la planificación familiar, simplemente porque el presidente lo sugirió.

Una nueva generación de líderes que no rehúyan asumir compromisos ambiciosos, y que sintonicen con los intereses de la población, será el primer paso para empezar a saldar una deuda tan infame, como persistente.

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