Pirotecnia 0: un discurso hipócrita que hizo mucho ruido en la primera madrugada del año
El decreto que prohíbe el uso de pirotecnia fue violado, una vez más, por ciudadanos que prefieren la diversión individual y por la ineficacia de un Estado ausente, cuando no hipócrita.
La primera irresponsabilidad es de aquel ciudadano que decide comprar en el mercado ilegal y luego usar pirotecnia para las Fiestas de fin de año. Lo nocivo que resultan las explosiones para animales y personas de cierta condición ya está suficientemente dicho y comprobado y sin embargo hay gente que todavía prefiere celebrar la llegada de un nuevo año con petardos y cohetes. Pero detrás de esa inconciencia hay un Estado que prefiere mirar para otro lado.
Peor que un Estado ausente o ineficiente es un Estado hipócrita. Mucho de esa cualidad hubo en las intendencias de toda la provincia de San Luis que por un lado predicaron con ordenanzas inútiles la Pirotecnia 0, llenaron de flyers publicitarios sus portales de internet pero a la hora de efectivizar las medidas se taparon los oídos para no escuchar a batería de explosiones de la Nochebuena y de la última noche del año.
Cualquier vecino que quiera usar pirotecnia sabe perfectamente dónde encontrarla. Basta que abra algún perfil de redes sociales -Facebook fue la más poblada- y empiece a buscar ofertas y promociones de esos productos. Encontrará, de inmediato, una gran cantidad de posteos con todo tipo de explosivos a su disposición.
Si lo hace el consumidor, bien puede hacerlo el ente encargado de controlar que la pirotecnia no circule. Pocas veces un delito fue tan evidente y por ende tan fácil de contrarrestar como la venta de petardos por internet.
Allí se genera otro cruel desatino de la administración. Aquellos vecinos que denunciaron el uso y la venta de pirotecnia se vieron envueltos en una confusión burocrática que los desanimó ante el ruido ensordecedor de la incapacidad de los funcionarios. Muchas municipalidades de la provincia habilitaron un número para hacer las denuncias, pero estaban, según decían los empleados encargados de atender (cuando lo hacían), solo para receptar acusaciones por las ventas.
Como está dicho, esas actividades estaban ventiladas a la luz de los portales. Si hubiera existido de parte de los entes oficiales una decisión firme y categórica de combatir las explosiones bastaba recorrer las redes sociales. De todos modos, aún con la información brindada en las denuncias, las municipalidades poco se preocuparon por combatir el problema.
Si una persona, en cambio, quería denunciar el uso de pirotecnia tenía que recurrir a la Policía, que muchas veces no estaba ni siquiera al tanto que la comisión de esa contravención era parte de su órbita de trabajo. Además, fue evidente que el mayor uso de los explosivos se realizó durante las noches festivas, un momento que ninguna persona está dispuesta a desperdiciar para ir a denunciar que otro celebra con una falta a la norma.
Ante ese panorama de desprotección, la vía más directa parece ser la concientización y la responsabilidad de los propios ciudadanos para que el lema “Pirotecnia 0” no sea solo una fórmula o un decreto para generar alivio momentáneo en una parte de la comunidad sino una realidad que permita que las Fiestas sean disfrutadas por todos en paz.
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