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Arrancó una cruzada por el bosque nativo

Juan Luna

Norberto Perassi destinó el 12% de la superficie de su campo para restaurar los árboles, arbustos y flores que corresponden al Caldenal. Ya empezó a realizar la plantación y pronto el lugar se transformará en una reserva abierta para que la pueda visitar la gente y también tendrá como destino la investigación científica y biológica.

En tiempos en los que muchos productores buscan sacarle el mayor provecho posible a cada centímetro de suelo para aumentar su rentabilidad, la decisión de Norberto Perassi resalta aún más y es como un oasis en medio del desierto. Este vecino de Justo Daract destinó el 12% de la superficie total de su campo para intentar restaurar el bosque nativo de la zona, con plantación de las especies que corresponden al distrito del Caldenal.

Con la visita de un jardín de infantes de su ciudad, la semana pasada el productor realizó una suerte de inauguración de una reserva de 64 hectáreas en su establecimiento, que lleva el elocuente nombre de “El Amanecer”. Allí intentará echar luz sobre el oscuro proceso de deforestación y degradación de la vegetación autóctona de la región, y buscará recuperar árboles, arbustos, cactáceas, herbáceas y aromáticas.

La cruzada arrancó a principios de año, con la plantación de cientos de ejemplares que alcanzaron un buen porcentaje de adaptación. Pero todavía queda mucho camino por delante. Para ello, pronto firmará un convenio de cooperación con la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), para que el espacio reciba el asesoramiento técnico de los profesionales de la casa de estudios y para que, al mismo tiempo, sirva de base para las investigaciones y las prácticas que realizan tanto los docentes como los estudiantes.

 


Señalización. Colocaron carteles para identificar las especies con su nombre científico.

 

Por lo que de a poco los lotes, que hasta hace unos meses estaban desnudos, comenzarán a cubrirse con flores, pastos, tallos y hojas, y posiblemente sea un imán para los animales que habitan esos ecosistemas y que habían tenido que emigrar hacia otras coordenadas. De esa forma también será una nueva fuente de conocimientos sobre la flora y la fauna de San Luis, que ya ha empezado a sufrir las consecuencias de la intervención, a veces devastadora, del ser humano.

 

Resiliencia natural

Hay un término que cada vez está más en boga en el mundo de la psicología o de las charlas de motivación y superación personal: resiliencia. El concepto refiere a la capacidad que tiene una persona para sobreponerse a la adversidad e incluso a circunstancias traumáticas, como puede ser la muerte de un ser querido, una enfermedad o un accidente sufrido en carne propia.

Para Stella Bogino, la profesora de Manejo de Bosques de la Facultad de Ingenierías y Ciencias Agropecuarias (FICA), “el mejor ejemplo de resiliencia lo encontramos en la naturaleza”.

Es que los ecosistemas naturales tienen una capacidad intrínseca para recuperarse de las peores condiciones y revivir cuando parece haber muerto, algo así como cuando se dice que el Fénix renace de las cenizas. “La naturaleza es sabia. Por más que sufra la intervención del hombre, que saca el bosque, siempre va a tratar de volver”, explicó la docente, que fue el nexo entre el productor y la institución educativa.

 


Los chicos pudieron ayudar a plantar cinco árboles y liberaron un jilguero, como símbolo de su rol en el medio ambiente.

 

Ese fue uno de los motivos que llevó a Perassi a querer reactivar el monte en sus tierras. Porque la idea surgió junto a unos treinta caldenes que nacieron en un lote que estaba totalmente despojado de vegetación. “Los vi crecer por acción del viento y de las aves que llevaron las semillas. Vi que evolucionaban aún con la hacienda adentro, que un poco los dañaba. Entonces me dije que algo tenía que hacer y decidí, en primer lugar, sacar los vacunos”, recordó Norberto, quien se denomina a sí mismo como un ganadero “ecológico”.

Lo que más le llamó la atención fue que la parcela de al lado, que había vivido las mismas condiciones y procesos, no tuvo la misma reactivación. “Es como que el lugar estaba llamado a su restitución, agregó.

El hombre, de 58 años, es nativo de Coronel Moldes, provincia de Córdoba, pero habita en la ciudad del tango desde hace tanto tiempo que se considera “un daractense más”. Es parte de una familia que tiene una genealogía de más de 450 años y que siempre estuvo ligada de alguna forma a la producción agropecuaria.

“Mis antecesores estuvieron dedicados a la agricultura y la ganadería en lugares ancestrales. Llegaron a fines del siglo XIX, en 1883, desde Italia, arrendando campos en Santa Fe”, relató. Las tierras que ahora trabaja son apenas una porción de las que adquirieron sus parientes, en generaciones anteriores, y que se fueron heredando y dividiendo con el paso de las décadas.

Aunque ha realizado diferentes actividades agropecuarias, incluida la siembra, ahora Norberto está enfocado totalmente al mundo de la producción de carne. En su campo desarrolla el ciclo completo de la cría de hacienda, desde la parición de los tenernos hasta el engorde para sacar sus animales pesados con destino a la exportación.

Pero en el manejo de la tierra y de los rodeos, reafirma su condición de “productor ecológico”. “No uso herbicidas ni nada, solo tengo pasturas perennes y hago todo el sistema dentro del campo”, aseguró.

A la hora de definir su plantel, deja en claro que no tiene grandes pretensiones. “Tengo un stock de Aberdeen Angus, con una sangre linda, normal, no soy ningún cabañero, pero tenemos una excelente genética. Contamos con buenas instalaciones y la parte que corresponde a la sanidad la lleva adelante un veterinario local, con todo el sistema de vacunación oficial. Estamos bien”, contó con humildad.

 

La actividad principal de Perassi es la ganadería. Realiza el ciclo completo de la producción de carne, desde la cría hasta el engorde, con destino a la exportación.

 

De hecho, no lo movió ningún motivo económico para llevar a cabo su proyecto ambiental. Al contrario, tuvo que resignar de producir en 64 de las 540 hectáreas que tiene su establecimiento y debió invertir dinero de su bolsillo para acondicionar el predio y realizar las plantaciones. “Lo podría sembrar con soja o alquilar para maní, que es muy rentable. Pero soy alguien que está despojado de cosas materiales”, se definió.

Además, “siempre me gustó el bosque nativo, estar en contacto con la naturaleza, la montaña. Me gusta lo que nos ofrecen el monte y las plantas. Soy hombre de campo y siempre viví en un ámbito donde no había mucha plantación.  Obviamente que hacíamos lo exótico: plantábamos el pino o el eucalipto. Pero pensé que podía darle otra imagen al bosque, cuidándolo, porque es muy paisajístico y tiene una floración hermosa", agregó.

Asimismo, opinó que prevalece una desvalorización generalizada de los árboles y arbustos autóctonos de la zona y que no siempre se aprecian su belleza y sus múltiples funciones.

 

Remendar los errores

Las hectáreas, que ya empezaron a transformarse en una reserva, tienen su propia historia. En principio porque Perassi contó que hace más de un siglo su familia alquilaba esa superficie para criadores de ovejas. De ahí, supuso, puede que haya obtenido una gran fertilidad.

Porque aún añora las grandes cosechas de maíz que lograba en esos lotes, cuando trabajaba junto a su padre. "En esa época no se hacía a granel, sino en estibas y también cultivábamos alfalfa”, recordó.

Sin embargo, reconoció que en un proceso de separación familiar de los campos, sus hermanos habían sembrado maní en esa superficie, sin las precauciones necesarias, antes de que el Gobierno de San Luis implementara la reglamentación para cultivar esta especie, una ley que actualmente rige.

“Ese lote fue uno de los que causó las voladuras de maní que tuvieron repercusión en todo San Luis. A causa de ese y otros campos, después se tuvo que hacer la normativa", admitió.

Más tarde, cuando le tocó hacerse cargo de esas hectáreas, el productor las utilizó como parte del esquema forrajero de la hacienda, no lo movió más de forma agrícola y la tierra se recuperó, a tal punto que ahora el terreno está totalmente estabilizado.

Así, de algún modo Perassi intenta que esa porción del campo remiende el daño que alguna vez ocasionó, y que ahora el impacto sea positivo para el medio ambiente de toda la zona.

Bogino, quien tiene un doctorado en el manejo de bosques, agregó que la forestación de El Amanecer “también tendrá una gran importancia para regular el agua en las cuencas", por lo que indicó que puede contribuir a la remediación ambiental que se realiza en la Cuenca del Morro, en donde hubo un ascenso generalizado de las napas. "Un árbol consume cien litros de agua por día en promedio”, aportó.

El establecimiento está ubicado sobre la ruta provincial 14, a un poco más de doce kilómetros de Justo Daract, en dirección hacia Vizcacheras. Si bien Perassi aseguró que no tuvieron grandes inconvenientes y que las capas freáticas aún son bastantes profundas, consideró que la nueva reserva también será una ayuda para ese fin. “El cerro La Garrapata divide un poco las aguas. Hacia el norte hubo consecuencias, en toda la zona de Juan Jorba. Pero bajando, en Justo Daract, no hubo mucha suba de napas”, amplió.

 


A la inauguración asistieron las seños y alumnos del jardín "Crecer Jugando".

 

Hay otros dos temas ambientales que obligarán al productor a tomar recaudos especiales, para que lo que pretende ser una solución, no se convierta en un problema.

El primero de ellos es la fumigación y el uso de agroquímicos. El hombre dijo que en tres de las cuatro caras del perímetro no tendrá mayores inconvenientes, porque colindan con su propio campo y con la ruta. Mientras que en la franja restante, que limita con una estancia vecina, aseguró que tiene una excelente relación con el arrendatario y que tendrán el máximo resguardo para no aplicar en días de viento, en los que la deriva pueda viajar hacia los árboles recién plantados.

El segundo aspecto con el que hay tomar precaución es el de los incendios, un tema siempre sensible para la provincia en épocas de sequía y principalmente en zonas de monte. Por eso, dijo que harán todas las prácticas necesarias para evitar quemas, como las picadas cortafuego.

"Además voy a hacer una edificación para contratar a una suerte de guardabosques, que tenga control por el tema de los incendios, sabemos que un lugar así necesita de un cuidado especial", anticipó.

La ingeniera agrónoma resaltó la importancia que tiene el proyecto en un contexto de cambio climático a nivel mundial. "Estas acciones, por pequeñas que sean, sirven para paliar estos efectos que nos perjudican a todos y nos obligan a tomar medidas", expresó.

 

Empezar desde las bases

Norberto y su familia decidieron empezar de cero. Para inaugurar el predio y abrirlo definitivamente al público, invitaron a los niños del Jardín de Infantes N°6 "Crecer Jugando", el más grande de Justo Daract.

Los chicos recorrieron el predio y pudieron reconocer cada una de las especies plantadas, que son más de 36 e incluyen desde caldenes, hasta diferentes algarrobos, chañares, quebrachos, jarillas, piquillines, pejes y espinillos, entre otros. Para identificarlos mejor, les colocaron un cartel con el nombre científico y coloquial de cada uno.

La mayoría de los plantines fueron traídos desde un campo vecino, del vivero que tiene el INTA en Villa Dolores, y de otros particulares, como uno muy grande que hay en Carpintería.

Durante la jornada inaugural, los pequeños alumnos plantaron cinco ejemplares y liberaron un jilguero, como símbolo de que son ellos, las nuevas generaciones, los que tienen que tomar la posta en el cuidado del medio ambiente y la preservación de los recursos naturales.

"La orientación de este proyecto es la educativa, que vengan los colegios y el lugar se conozca. Comenzamos con el jardín porque es la base de la educación, es el principio de todo esto. Con mi familia nos pareció que era lo ideal para que vayan aprendiendo que el bosque se puede recuperar y que vayan comulgando con nuestras especies", dijo.

Por esa misma razón, apuesta todas las fichas a la firma del convenio con la UNSL. Porque con el asesoramiento de los profesionales de la facultad, en primer lugar podrá continuar con una plantación más planificada, prestando atención a las mejores condiciones y rincones para cada tipo de árboles, arbustos y flores. Pero también porque servirá para que realicen ensayos y pruebas para medir la adaptación de las especies.

"Nuestros alumnos hacen sus trabajos de finalización de carrera y sería un buen lugar para que ellos desarrollen sus investigaciones", agregó Bogino.

Perassi aseguró que está dispuesta a dar toda la libertad e incluso a aportar económicamente para que el espacio se destaque por ser una cuna de conocimientos que sirvan a la población.

"Yo hago la base. Soy solamente un hombre de campo, pero quiero proyectarlo a gente que sabe. Hay que hacer todo con mucha prolijidad y rigurosidad", dijo, y agradeció el apoyo de Rodolfo Murúa, un ex hachero de Chancani, de quien aprendió sobre bosques nativos y que contribuye en las plantaciones.

Entusiasmado, motivado, decidido y feliz. Todos esos adjetivos le caben a Norberto, quien realmente deja entrever la pasión con la que encara un proyecto que recién acaba de iniciar, pero que todavía tiene mucho camino por delante.

"Mi anhelo es que esto sirva para que en cada campo, la gente se contagie y dejen un porcentaje de sus tierras para restaurar el bosque nativo. Yo no estoy en contra de producir, pero hay que hacerlo con la mayor conciencia posible", cerró el "productor ecológico".

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Arrancó una cruzada por el bosque nativo

Norberto Perassi destinó el 12% de la superficie de su campo para restaurar los árboles, arbustos y flores que corresponden al Caldenal. Ya empezó a realizar la plantación y pronto el lugar se transformará en una reserva abierta para que la pueda visitar la gente y también tendrá como destino la investigación científica y biológica.

Norberto tuvo el apoyo de los suyos para el proyecto. Su familia siempre estuvo ligada a la producción agropecuaria.

En tiempos en los que muchos productores buscan sacarle el mayor provecho posible a cada centímetro de suelo para aumentar su rentabilidad, la decisión de Norberto Perassi resalta aún más y es como un oasis en medio del desierto. Este vecino de Justo Daract destinó el 12% de la superficie total de su campo para intentar restaurar el bosque nativo de la zona, con plantación de las especies que corresponden al distrito del Caldenal.

Con la visita de un jardín de infantes de su ciudad, la semana pasada el productor realizó una suerte de inauguración de una reserva de 64 hectáreas en su establecimiento, que lleva el elocuente nombre de “El Amanecer”. Allí intentará echar luz sobre el oscuro proceso de deforestación y degradación de la vegetación autóctona de la región, y buscará recuperar árboles, arbustos, cactáceas, herbáceas y aromáticas.

La cruzada arrancó a principios de año, con la plantación de cientos de ejemplares que alcanzaron un buen porcentaje de adaptación. Pero todavía queda mucho camino por delante. Para ello, pronto firmará un convenio de cooperación con la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), para que el espacio reciba el asesoramiento técnico de los profesionales de la casa de estudios y para que, al mismo tiempo, sirva de base para las investigaciones y las prácticas que realizan tanto los docentes como los estudiantes.

 


Señalización. Colocaron carteles para identificar las especies con su nombre científico.

 

Por lo que de a poco los lotes, que hasta hace unos meses estaban desnudos, comenzarán a cubrirse con flores, pastos, tallos y hojas, y posiblemente sea un imán para los animales que habitan esos ecosistemas y que habían tenido que emigrar hacia otras coordenadas. De esa forma también será una nueva fuente de conocimientos sobre la flora y la fauna de San Luis, que ya ha empezado a sufrir las consecuencias de la intervención, a veces devastadora, del ser humano.

 

Resiliencia natural

Hay un término que cada vez está más en boga en el mundo de la psicología o de las charlas de motivación y superación personal: resiliencia. El concepto refiere a la capacidad que tiene una persona para sobreponerse a la adversidad e incluso a circunstancias traumáticas, como puede ser la muerte de un ser querido, una enfermedad o un accidente sufrido en carne propia.

Para Stella Bogino, la profesora de Manejo de Bosques de la Facultad de Ingenierías y Ciencias Agropecuarias (FICA), “el mejor ejemplo de resiliencia lo encontramos en la naturaleza”.

Es que los ecosistemas naturales tienen una capacidad intrínseca para recuperarse de las peores condiciones y revivir cuando parece haber muerto, algo así como cuando se dice que el Fénix renace de las cenizas. “La naturaleza es sabia. Por más que sufra la intervención del hombre, que saca el bosque, siempre va a tratar de volver”, explicó la docente, que fue el nexo entre el productor y la institución educativa.

 


Los chicos pudieron ayudar a plantar cinco árboles y liberaron un jilguero, como símbolo de su rol en el medio ambiente.

 

Ese fue uno de los motivos que llevó a Perassi a querer reactivar el monte en sus tierras. Porque la idea surgió junto a unos treinta caldenes que nacieron en un lote que estaba totalmente despojado de vegetación. “Los vi crecer por acción del viento y de las aves que llevaron las semillas. Vi que evolucionaban aún con la hacienda adentro, que un poco los dañaba. Entonces me dije que algo tenía que hacer y decidí, en primer lugar, sacar los vacunos”, recordó Norberto, quien se denomina a sí mismo como un ganadero “ecológico”.

Lo que más le llamó la atención fue que la parcela de al lado, que había vivido las mismas condiciones y procesos, no tuvo la misma reactivación. “Es como que el lugar estaba llamado a su restitución, agregó.

El hombre, de 58 años, es nativo de Coronel Moldes, provincia de Córdoba, pero habita en la ciudad del tango desde hace tanto tiempo que se considera “un daractense más”. Es parte de una familia que tiene una genealogía de más de 450 años y que siempre estuvo ligada de alguna forma a la producción agropecuaria.

“Mis antecesores estuvieron dedicados a la agricultura y la ganadería en lugares ancestrales. Llegaron a fines del siglo XIX, en 1883, desde Italia, arrendando campos en Santa Fe”, relató. Las tierras que ahora trabaja son apenas una porción de las que adquirieron sus parientes, en generaciones anteriores, y que se fueron heredando y dividiendo con el paso de las décadas.

Aunque ha realizado diferentes actividades agropecuarias, incluida la siembra, ahora Norberto está enfocado totalmente al mundo de la producción de carne. En su campo desarrolla el ciclo completo de la cría de hacienda, desde la parición de los tenernos hasta el engorde para sacar sus animales pesados con destino a la exportación.

Pero en el manejo de la tierra y de los rodeos, reafirma su condición de “productor ecológico”. “No uso herbicidas ni nada, solo tengo pasturas perennes y hago todo el sistema dentro del campo”, aseguró.

A la hora de definir su plantel, deja en claro que no tiene grandes pretensiones. “Tengo un stock de Aberdeen Angus, con una sangre linda, normal, no soy ningún cabañero, pero tenemos una excelente genética. Contamos con buenas instalaciones y la parte que corresponde a la sanidad la lleva adelante un veterinario local, con todo el sistema de vacunación oficial. Estamos bien”, contó con humildad.

 

La actividad principal de Perassi es la ganadería. Realiza el ciclo completo de la producción de carne, desde la cría hasta el engorde, con destino a la exportación.

 

De hecho, no lo movió ningún motivo económico para llevar a cabo su proyecto ambiental. Al contrario, tuvo que resignar de producir en 64 de las 540 hectáreas que tiene su establecimiento y debió invertir dinero de su bolsillo para acondicionar el predio y realizar las plantaciones. “Lo podría sembrar con soja o alquilar para maní, que es muy rentable. Pero soy alguien que está despojado de cosas materiales”, se definió.

Además, “siempre me gustó el bosque nativo, estar en contacto con la naturaleza, la montaña. Me gusta lo que nos ofrecen el monte y las plantas. Soy hombre de campo y siempre viví en un ámbito donde no había mucha plantación.  Obviamente que hacíamos lo exótico: plantábamos el pino o el eucalipto. Pero pensé que podía darle otra imagen al bosque, cuidándolo, porque es muy paisajístico y tiene una floración hermosa", agregó.

Asimismo, opinó que prevalece una desvalorización generalizada de los árboles y arbustos autóctonos de la zona y que no siempre se aprecian su belleza y sus múltiples funciones.

 

Remendar los errores

Las hectáreas, que ya empezaron a transformarse en una reserva, tienen su propia historia. En principio porque Perassi contó que hace más de un siglo su familia alquilaba esa superficie para criadores de ovejas. De ahí, supuso, puede que haya obtenido una gran fertilidad.

Porque aún añora las grandes cosechas de maíz que lograba en esos lotes, cuando trabajaba junto a su padre. "En esa época no se hacía a granel, sino en estibas y también cultivábamos alfalfa”, recordó.

Sin embargo, reconoció que en un proceso de separación familiar de los campos, sus hermanos habían sembrado maní en esa superficie, sin las precauciones necesarias, antes de que el Gobierno de San Luis implementara la reglamentación para cultivar esta especie, una ley que actualmente rige.

“Ese lote fue uno de los que causó las voladuras de maní que tuvieron repercusión en todo San Luis. A causa de ese y otros campos, después se tuvo que hacer la normativa", admitió.

Más tarde, cuando le tocó hacerse cargo de esas hectáreas, el productor las utilizó como parte del esquema forrajero de la hacienda, no lo movió más de forma agrícola y la tierra se recuperó, a tal punto que ahora el terreno está totalmente estabilizado.

Así, de algún modo Perassi intenta que esa porción del campo remiende el daño que alguna vez ocasionó, y que ahora el impacto sea positivo para el medio ambiente de toda la zona.

Bogino, quien tiene un doctorado en el manejo de bosques, agregó que la forestación de El Amanecer “también tendrá una gran importancia para regular el agua en las cuencas", por lo que indicó que puede contribuir a la remediación ambiental que se realiza en la Cuenca del Morro, en donde hubo un ascenso generalizado de las napas. "Un árbol consume cien litros de agua por día en promedio”, aportó.

El establecimiento está ubicado sobre la ruta provincial 14, a un poco más de doce kilómetros de Justo Daract, en dirección hacia Vizcacheras. Si bien Perassi aseguró que no tuvieron grandes inconvenientes y que las capas freáticas aún son bastantes profundas, consideró que la nueva reserva también será una ayuda para ese fin. “El cerro La Garrapata divide un poco las aguas. Hacia el norte hubo consecuencias, en toda la zona de Juan Jorba. Pero bajando, en Justo Daract, no hubo mucha suba de napas”, amplió.

 


A la inauguración asistieron las seños y alumnos del jardín "Crecer Jugando".

 

Hay otros dos temas ambientales que obligarán al productor a tomar recaudos especiales, para que lo que pretende ser una solución, no se convierta en un problema.

El primero de ellos es la fumigación y el uso de agroquímicos. El hombre dijo que en tres de las cuatro caras del perímetro no tendrá mayores inconvenientes, porque colindan con su propio campo y con la ruta. Mientras que en la franja restante, que limita con una estancia vecina, aseguró que tiene una excelente relación con el arrendatario y que tendrán el máximo resguardo para no aplicar en días de viento, en los que la deriva pueda viajar hacia los árboles recién plantados.

El segundo aspecto con el que hay tomar precaución es el de los incendios, un tema siempre sensible para la provincia en épocas de sequía y principalmente en zonas de monte. Por eso, dijo que harán todas las prácticas necesarias para evitar quemas, como las picadas cortafuego.

"Además voy a hacer una edificación para contratar a una suerte de guardabosques, que tenga control por el tema de los incendios, sabemos que un lugar así necesita de un cuidado especial", anticipó.

La ingeniera agrónoma resaltó la importancia que tiene el proyecto en un contexto de cambio climático a nivel mundial. "Estas acciones, por pequeñas que sean, sirven para paliar estos efectos que nos perjudican a todos y nos obligan a tomar medidas", expresó.

 

Empezar desde las bases

Norberto y su familia decidieron empezar de cero. Para inaugurar el predio y abrirlo definitivamente al público, invitaron a los niños del Jardín de Infantes N°6 "Crecer Jugando", el más grande de Justo Daract.

Los chicos recorrieron el predio y pudieron reconocer cada una de las especies plantadas, que son más de 36 e incluyen desde caldenes, hasta diferentes algarrobos, chañares, quebrachos, jarillas, piquillines, pejes y espinillos, entre otros. Para identificarlos mejor, les colocaron un cartel con el nombre científico y coloquial de cada uno.

La mayoría de los plantines fueron traídos desde un campo vecino, del vivero que tiene el INTA en Villa Dolores, y de otros particulares, como uno muy grande que hay en Carpintería.

Durante la jornada inaugural, los pequeños alumnos plantaron cinco ejemplares y liberaron un jilguero, como símbolo de que son ellos, las nuevas generaciones, los que tienen que tomar la posta en el cuidado del medio ambiente y la preservación de los recursos naturales.

"La orientación de este proyecto es la educativa, que vengan los colegios y el lugar se conozca. Comenzamos con el jardín porque es la base de la educación, es el principio de todo esto. Con mi familia nos pareció que era lo ideal para que vayan aprendiendo que el bosque se puede recuperar y que vayan comulgando con nuestras especies", dijo.

Por esa misma razón, apuesta todas las fichas a la firma del convenio con la UNSL. Porque con el asesoramiento de los profesionales de la facultad, en primer lugar podrá continuar con una plantación más planificada, prestando atención a las mejores condiciones y rincones para cada tipo de árboles, arbustos y flores. Pero también porque servirá para que realicen ensayos y pruebas para medir la adaptación de las especies.

"Nuestros alumnos hacen sus trabajos de finalización de carrera y sería un buen lugar para que ellos desarrollen sus investigaciones", agregó Bogino.

Perassi aseguró que está dispuesta a dar toda la libertad e incluso a aportar económicamente para que el espacio se destaque por ser una cuna de conocimientos que sirvan a la población.

"Yo hago la base. Soy solamente un hombre de campo, pero quiero proyectarlo a gente que sabe. Hay que hacer todo con mucha prolijidad y rigurosidad", dijo, y agradeció el apoyo de Rodolfo Murúa, un ex hachero de Chancani, de quien aprendió sobre bosques nativos y que contribuye en las plantaciones.

Entusiasmado, motivado, decidido y feliz. Todos esos adjetivos le caben a Norberto, quien realmente deja entrever la pasión con la que encara un proyecto que recién acaba de iniciar, pero que todavía tiene mucho camino por delante.

"Mi anhelo es que esto sirva para que en cada campo, la gente se contagie y dejen un porcentaje de sus tierras para restaurar el bosque nativo. Yo no estoy en contra de producir, pero hay que hacerlo con la mayor conciencia posible", cerró el "productor ecológico".

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