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El tiro que mató al albañil que fue a cobrar un trabajo se hizo a corta distancia

Según la autopsia, la víctima tenía cerca de 50 heridas, producto de los perdigones. 

Por redacción
| 14 de diciembre de 2019
En su casa secuestraron una escopeta. Los perdigones y esquirlas recuperadas en la autopsia son compatibles con calibre 16, dijo la forense. Foto: Leandro Cruciana/ Martín Gómez.

El disparo que acabó con la vida de Juan Carlos Avaca fue realizado a corta distancia, posiblemente a 30 centímetros o menos, según la presunción de la médica forense Marcela Gómez, quien hizo la autopsia en los primeros minutos del miércoles. La víctima tenía, además, cerca de 50 heridas contusas, pequeñas, producto de perdigones, que estaban repartidas en el rostro, el tórax, los hombros y el cuello. Y justamente en este último lugar, la forense detectó una perforación en la arteria carótida externa. Avaca murió por una hemorragia irrefrenable. 

 

Este viernes, cerca de las 12:30, el sospechoso de cometer el crimen, Franco Emanuel Herrera, de 24 años, estuvo en el Juzgado Penal 2, para la indagatoria ante el juez Penal 2, Ariel Parrillis, por el delito de “Homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego”. El magistrado le informó a El Diario de la República que el imputado solicitó una prórroga de la detención de ocho días. La defensa fue asumida por Diego Quevedo. 

 

Del cuerpo de la víctima extrajeron 12 perdigones y cinco esquirlas, todos compatibles con calibre 16. 

 

El jueves, es decir, al día siguiente del crimen, el jefe del Departamento Homicidios, subcomisario Javier Sosa, le comentó a El Diario que el arma que secuestraron esa mañana en la casa del sospechoso, situada en la esquina de Ministro Juan Cruz Ponce y Siempre Verde, en el barrio 140 Viviendas de San Luis, es “tipo de caza, y proyecta un tipo de cartuchos especiales”. Otras fuentes indicaron que los perdigones se dispersan abriéndose como en abanico o roseta. Eso explica tal cantidad de lesiones, que abarcaron fundamentalmente la cara y la parte superior del torso. 

 

El juez Parrillis refirió que poco es lo que puede informar en este estadio de la causa, dado que tendrá que emitir en los próximos días una definición sobre la situación de Herrera.

 

Pero accedió a enumerar los elementos que tomó en consideración a la hora de ordenar la detención del joven, medida que los efectivos de Homicidios concretaron durante un allanamiento en su casa, tras una noche de vigilia. La Policía se quedó custodiando el domicilio con la sospecha de que allí estaba Herrera, armado. 

 

El magistrado tomó en cuenta lo declarado por la esposa de la víctima, el taxista que los trasladó a ella y a Avaca a la casa de Herrera y el informe de la médica forense. 

 

 

 

Dijo que lo que tienen acreditado por el momento es que entre la víctima y el sospechoso hubo una discusión en la vereda, que aparentemente se generó por una deuda de trabajo que Herrera o un familiar de él tenía con Avaca por trabajos de revoque y pintura que había hecho algunas semanas atrás, según lo declarado por la esposa de la víctima. Ella señaló expresamente quién fue el agresor, e indicó que lo conoce bien, de antes, porque ha sido compañero de escuela de uno de sus hijos. 

 

El juez refirió que la esposa de Avaca no especificó en su declaración ante los efectivos cuál es el monto de dinero que su esposo iba a solicitar que le pagaran. La mujer dijo también que ella no bajó a acompañar a su marido, pero se dio cuenta que inició una discusión, por los gritos y por la gestualidad de Avaca, aunque no logró escuchar qué se decían quienes tenían el intercambio verbal. 

 

En un momento, ella le dijo a su pareja que "ya estaba", que se fueran, y vio a Herrera salir con un arma que cargó y con la que le disparó. La mujer se acercó a su marido, que estaba ensangrentado, y le preguntó dónde lo habían herido, y él le contestó que en un ojo. 

 

El chofer paró su vehículo a unos metros de la casa a la que Avaca iba, en doble fila, delante de un contenedor y de unos ladrillos, ya que había una camioneta estacionada. Él no se bajó, pero sí escuchó los gritos y la detonación. Ya cuando notó junto a la mujer de Avaca que él estaba lesionado, lo subieron al taxi y lo llevaron al Hospital Cerro de la Cruz, donde al llegar constataron que ya no estaba vivo. 

 

El juez espera que en breve lleguen los informes de las distintas pericias practicadas, entre ellas,a los celulares secuestrados y al dermotest hecho al presunto agresor. Se hizo en prendas de vestir y en sus manos, aunque entre el hecho y la detención transcurrió toda la noche, por lo que el sospechoso podría haber intentado quitarse cualquier resto que pudo quedarle de la deflagración de la pólvora.

 

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