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Las cadenas agroalimentarias dieron un gran salto entre el 2001 y el 2015

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Las cadenas agroalimentarias dieron un gran salto entre el 2001 y el 2015

Carlos Etchepare

Días atrás, la Secretaría de Gobierno de Agroindustria presentó un informe sobre las cadenas argentinas de valor agroalimentario (CAA). El trabajo fue muy bueno, excelente se podría decir. Muestra lo que es el campo desde el punto de vista de la economía nacional, el peso que tiene y lo representativo que es. El trabajo, insistimos, es muy bueno, pero lo que llama la atención es el período elegido para el estudio. El informe toma como referencia el lapso entre 2001 y 2015.

Podríamos pensar en la objetividad del gobierno y destacarla diciendo que muestra el crecimiento del sector en la etapa kirchnerista, justamente cuando era el sector más castigado por esa gestión. Pero sin lugar a dudas, lo mejor hubiera sido que el informe se completara con lo que pasó después de 2015, es decir considerando también el período de la Presidencia actual.

Resulta muy llamativo que no fuera así, porque inclusive el resultado hubiera sido aún más favorable para el campo que en el período estudiado. Y esto es así por la simple razón de que en desde el 2015 al 2018, las cadenas de valor agroalimentarias crecieron no solo por su propio funcionamiento, sino también por los estímulos iniciales de la gestión de Mauricio Macri y por la contraposición a otros sectores, los cuales no solamente no crecieron sino que además empeoraron su situación.

La verdad es que no quedan muy claros los motivos por los cuales el gobierno de Macri decidió mostrar los logros de la agroindustria durante el gobierno de Cristina Fernández. De todas maneras, analizaremos el estudio presentado por Agroindustria y dejaremos expuesto, otra vez, el verdadero peso del agro y sus industrias en la economía nacional. No obstante vale aclarar que este valioso trabajo, es la actualización temporalmente parcial de un análisis realizado por los mismos autores tiempo atrás. En razón de ello, debemos suponer que en los próximos meses tendremos una nueva actualización con datos que involucren la gestión de la actual administración.

 

Una introducción al estudio

Históricamente nuestro país tuvo uno posición de privilegio como proveedor de alimentos y materias primas. Desde el famoso “granero del mundo”, hasta el todavía tan ansiado “supermercado del mundo”, los diferentes gobiernos y las distintas épocas encasillaron a la Argentina en el rol que mejor sabe jugar. Esto generó por un lado el reconocimiento global de nuestra tierra, pero también posicionó al sector agropecuario como un jugador clave en la economía vernácula.

Por supuesto que el desempeño del sector todavía no alcanzó su pico máximo, ni hacia adentro ni hacia afuera de estas pampas, pero el crecimiento de la producción, sus cadenas de valor y las industrias ligadas al agro son irrefutables.

Los motivos que nos llevan a vanagloriarnos de lo que ya se logró o a preguntarnos por lo que todavía falta, pueden ser muchos. Pero hay uno que es clave en este desarrollo, en este crecer continuo (o discontinuo) de la agroindustria argentina, y pasa ni más ni menos por las políticas que se aplican para el sector.

Y esto pareciera que comienzan a entender quienes nos gobiernan, aunque en el camino incurran en tantos errores como los que ya han cometido antes. Es necesaria “una readaptación de políticas públicas capaces de acompañar y promover la incorporación y el desarrollo de tecnología, el diseño de marcos institucionales específicos para cada mercado y la expansión de las capacidades pormenorizadas del sector”, aseguran desde la Secretaría de Agroindustria de la Nación.

En este contexto, el objetivo del trabajo que elaboraron sobre las cadenas de valor es “aportar evidencia cuantitativa sobre la magnitud de estas actividades desde una perspectiva analítica particular con el fin de conocer la evolución de las cadenas agroalimentarias durante todo el siglo XXI, tanto en los términos temporales como geográficos”. Buscando responder, entre otros, estos interrogantes:

—¿Cuál ha sido el aporte de las cadenas agroalimentarias (CAA) al PIB, al empleo, a las exportaciones y al producto bruto geográfico (PBG) de las diferentes provincias?

—¿Cómo ha evolucionado el valor bruto de producción y el valor agregado de cada una de las CAA? ¿Cómo se desagrega este crecimiento según precio y cantidad (valores constantes)?

—¿Cuál ha sido la evolución de los diferentes eslabones (producción primaria, procesamiento industrial, transporte de carga, comercio) que componen las CAA, incluida la producción de biocombustibles?

—¿Qué eslabón aporta el mayor valor agregado dentro de las CAA?

—¿Cuáles fueron las CAA que más contribuyeron al desarrollo del valor agregado global?

En este sentido, buscando también responder estos interrogantes y con el afán de intentar mostrarles lo más sustancial del informe elaborado por el Gobierno, es que decidimos dividir la columna en dos entregas. De tal manera que todos los puntos principales del trabajo de Agroindustria lleguen al conocimiento del público general.

 

El período 2001/2015

Llamativamente el gobierno nacional eligió demostrar el peso y el crecimiento del sector agroindustrial argentino analizando el período 2001/2015. Como primer resultado, se desprende que durante el período analizado, las CAA registraron un crecimiento en volúmenes del 43%, fundamentalmente impulsadas por las actividades primarias, que registraron un aumento entre puntas del 51%. En tanto que, según el informe, las actividades manufactureras lo hicieron en un 39%.

De esta manera se podría concluir que a lo largo del período, el sector ha ido generando mayores volúmenes de productos primarios que no han sido completamente acompañados por los eslabones subsiguientes. De todas maneras, el resultado de esta relación tiene mucho que ver con algunas condiciones adversas que atravesó la economía argentina.

De todas formas, y pese a estas diferencias entre eslabones, el estudio demuestra que en valores constantes (con las excepciones de los años 2002, 2009 y 2012), las CAA han experimentado una evolución positiva que les permitió promediar una participación en el PBI del 15%.

“Cuando se desagrega el nivel general entre precios y cantidades, las CAA registraron un aumento en el volumen de producción del 2,6% promedio anual, mientras que sus precios se incrementaron a un ritmo del 19,2%, lo que resultó en un incremento total a precios corrientes del 22,3% anual” asegura el informe.

Las cadenas agrícolas fueron el motor de la participación agroindustrial en la economía nacional. En este sentido aportaron un 77,1% del crecimiento total de las CAA y en particular debe destacarse el incremento registrado por la cadena soja, que fue responsable del 75% del aumento de los volúmenes de producción del grupo (cadenas agrícolas) y de más de la mitad del crecimiento del total de las CAA. Más atrás se ubicarían las cadenas de maíz y cebada. En tanto que el peor desempeño fue el registrado por las cadenas girasol y trigo. Este último dato otra vez nos lleva a no entender porqué el Gobierno limitó el período de análisis, ya que si hubiera tomado los años posteriores al 2015, el resultado en la cadena de trigo seguramente sería diferente. Como contrapunto, las cadenas pecuarias perdieron casi 2 puntos porcentuales (p.p.) de participación en el total, mientras que las cadenas regionales registraron una diferencia negativa de 6 p.p. Algo similar se observa en la participación en el valor agregado a precios constantes: las agrícolas ganan 11 p.p.; las pecuarias y regionales pierden 6 p.p. y 4 p.p. respectivamente.

Por último, cuando consideramos en conjunto precios y cantidades durante el período 2001/2015, se puede advertir el aumento notable de participación de las cadenas agrícolas dentro de las CAA.

 

Números que todo lo explican

Pero además de la etapa 2001/2015, el trabajo también se detiene más específicamente en el último año de este período mencionado. De esta manera se destaca que “las 31 cadenas identificadas generaron durante 2015 valor agregado por $484.753 millones (10% PIB); $1.148.428 millones de valor bruto de producción (12% VBP nacional); 1.907.498 personas ocupadas (10% del empleo nacional) y exportaciones por US$32.344 millones (57% de las exportaciones totales del país)”.

Inclusive cuando el análisis se circunscribe aún más y se analiza solamente respecto de la producción de bienes, el peso de las CAA representa el 29% del valor agregado, el 27% del valor de producción y el 31% del empleo.

Por otra parte, como cualquier medición económica el trabajo elaborado por Agroindustria no solo se hizo a precios corrientes, sino también a valores constantes para considerar el crecimiento real en un período de elevada inflación y de grandes cambios en los precios relativos. De esta forma, el informe aclara que “se llevó a cabo una estimación a precios constantes, tomando como base el año 2007”.

En este contexto, también se desprende que uno de los principales aportes de las CAA al conjunto de la economía se encuentra en su rol clave en la inserción internacional. “De esta manera es interesante notar que, al año 2015, las actividades primarias y agroalimentarias en su conjunto (productos primarios y manufacturas de origen agropecuario) registraron un superávit cercano a los US$33 mil millones, mientras que el resto de las actividades industriales alcanzaron un déficit de US$32 mil millones. En este sentido, las CAA además de ser el núcleo central de inserción del país en el comercio internacional, son proveedoras de divisas”, asegura el informe.

Hasta acá nada nuevo bajo el sol, pero de todas maneras siempre es interesante que los números se recuerden. Así no habrá forma de que nos olvidemos cuán importante es la agroindustria en la vida social, alimenticia y económica de los argentinos.

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Las cadenas agroalimentarias dieron un gran salto entre el 2001 y el 2015

Días atrás, la Secretaría de Gobierno de Agroindustria presentó un informe sobre las cadenas argentinas de valor agroalimentario (CAA). El trabajo fue muy bueno, excelente se podría decir. Muestra lo que es el campo desde el punto de vista de la economía nacional, el peso que tiene y lo representativo que es. El trabajo, insistimos, es muy bueno, pero lo que llama la atención es el período elegido para el estudio. El informe toma como referencia el lapso entre 2001 y 2015.

Podríamos pensar en la objetividad del gobierno y destacarla diciendo que muestra el crecimiento del sector en la etapa kirchnerista, justamente cuando era el sector más castigado por esa gestión. Pero sin lugar a dudas, lo mejor hubiera sido que el informe se completara con lo que pasó después de 2015, es decir considerando también el período de la Presidencia actual.

Resulta muy llamativo que no fuera así, porque inclusive el resultado hubiera sido aún más favorable para el campo que en el período estudiado. Y esto es así por la simple razón de que en desde el 2015 al 2018, las cadenas de valor agroalimentarias crecieron no solo por su propio funcionamiento, sino también por los estímulos iniciales de la gestión de Mauricio Macri y por la contraposición a otros sectores, los cuales no solamente no crecieron sino que además empeoraron su situación.

La verdad es que no quedan muy claros los motivos por los cuales el gobierno de Macri decidió mostrar los logros de la agroindustria durante el gobierno de Cristina Fernández. De todas maneras, analizaremos el estudio presentado por Agroindustria y dejaremos expuesto, otra vez, el verdadero peso del agro y sus industrias en la economía nacional. No obstante vale aclarar que este valioso trabajo, es la actualización temporalmente parcial de un análisis realizado por los mismos autores tiempo atrás. En razón de ello, debemos suponer que en los próximos meses tendremos una nueva actualización con datos que involucren la gestión de la actual administración.

 

Una introducción al estudio

Históricamente nuestro país tuvo uno posición de privilegio como proveedor de alimentos y materias primas. Desde el famoso “granero del mundo”, hasta el todavía tan ansiado “supermercado del mundo”, los diferentes gobiernos y las distintas épocas encasillaron a la Argentina en el rol que mejor sabe jugar. Esto generó por un lado el reconocimiento global de nuestra tierra, pero también posicionó al sector agropecuario como un jugador clave en la economía vernácula.

Por supuesto que el desempeño del sector todavía no alcanzó su pico máximo, ni hacia adentro ni hacia afuera de estas pampas, pero el crecimiento de la producción, sus cadenas de valor y las industrias ligadas al agro son irrefutables.

Los motivos que nos llevan a vanagloriarnos de lo que ya se logró o a preguntarnos por lo que todavía falta, pueden ser muchos. Pero hay uno que es clave en este desarrollo, en este crecer continuo (o discontinuo) de la agroindustria argentina, y pasa ni más ni menos por las políticas que se aplican para el sector.

Y esto pareciera que comienzan a entender quienes nos gobiernan, aunque en el camino incurran en tantos errores como los que ya han cometido antes. Es necesaria “una readaptación de políticas públicas capaces de acompañar y promover la incorporación y el desarrollo de tecnología, el diseño de marcos institucionales específicos para cada mercado y la expansión de las capacidades pormenorizadas del sector”, aseguran desde la Secretaría de Agroindustria de la Nación.

En este contexto, el objetivo del trabajo que elaboraron sobre las cadenas de valor es “aportar evidencia cuantitativa sobre la magnitud de estas actividades desde una perspectiva analítica particular con el fin de conocer la evolución de las cadenas agroalimentarias durante todo el siglo XXI, tanto en los términos temporales como geográficos”. Buscando responder, entre otros, estos interrogantes:

—¿Cuál ha sido el aporte de las cadenas agroalimentarias (CAA) al PIB, al empleo, a las exportaciones y al producto bruto geográfico (PBG) de las diferentes provincias?

—¿Cómo ha evolucionado el valor bruto de producción y el valor agregado de cada una de las CAA? ¿Cómo se desagrega este crecimiento según precio y cantidad (valores constantes)?

—¿Cuál ha sido la evolución de los diferentes eslabones (producción primaria, procesamiento industrial, transporte de carga, comercio) que componen las CAA, incluida la producción de biocombustibles?

—¿Qué eslabón aporta el mayor valor agregado dentro de las CAA?

—¿Cuáles fueron las CAA que más contribuyeron al desarrollo del valor agregado global?

En este sentido, buscando también responder estos interrogantes y con el afán de intentar mostrarles lo más sustancial del informe elaborado por el Gobierno, es que decidimos dividir la columna en dos entregas. De tal manera que todos los puntos principales del trabajo de Agroindustria lleguen al conocimiento del público general.

 

El período 2001/2015

Llamativamente el gobierno nacional eligió demostrar el peso y el crecimiento del sector agroindustrial argentino analizando el período 2001/2015. Como primer resultado, se desprende que durante el período analizado, las CAA registraron un crecimiento en volúmenes del 43%, fundamentalmente impulsadas por las actividades primarias, que registraron un aumento entre puntas del 51%. En tanto que, según el informe, las actividades manufactureras lo hicieron en un 39%.

De esta manera se podría concluir que a lo largo del período, el sector ha ido generando mayores volúmenes de productos primarios que no han sido completamente acompañados por los eslabones subsiguientes. De todas maneras, el resultado de esta relación tiene mucho que ver con algunas condiciones adversas que atravesó la economía argentina.

De todas formas, y pese a estas diferencias entre eslabones, el estudio demuestra que en valores constantes (con las excepciones de los años 2002, 2009 y 2012), las CAA han experimentado una evolución positiva que les permitió promediar una participación en el PBI del 15%.

“Cuando se desagrega el nivel general entre precios y cantidades, las CAA registraron un aumento en el volumen de producción del 2,6% promedio anual, mientras que sus precios se incrementaron a un ritmo del 19,2%, lo que resultó en un incremento total a precios corrientes del 22,3% anual” asegura el informe.

Las cadenas agrícolas fueron el motor de la participación agroindustrial en la economía nacional. En este sentido aportaron un 77,1% del crecimiento total de las CAA y en particular debe destacarse el incremento registrado por la cadena soja, que fue responsable del 75% del aumento de los volúmenes de producción del grupo (cadenas agrícolas) y de más de la mitad del crecimiento del total de las CAA. Más atrás se ubicarían las cadenas de maíz y cebada. En tanto que el peor desempeño fue el registrado por las cadenas girasol y trigo. Este último dato otra vez nos lleva a no entender porqué el Gobierno limitó el período de análisis, ya que si hubiera tomado los años posteriores al 2015, el resultado en la cadena de trigo seguramente sería diferente. Como contrapunto, las cadenas pecuarias perdieron casi 2 puntos porcentuales (p.p.) de participación en el total, mientras que las cadenas regionales registraron una diferencia negativa de 6 p.p. Algo similar se observa en la participación en el valor agregado a precios constantes: las agrícolas ganan 11 p.p.; las pecuarias y regionales pierden 6 p.p. y 4 p.p. respectivamente.

Por último, cuando consideramos en conjunto precios y cantidades durante el período 2001/2015, se puede advertir el aumento notable de participación de las cadenas agrícolas dentro de las CAA.

 

Números que todo lo explican

Pero además de la etapa 2001/2015, el trabajo también se detiene más específicamente en el último año de este período mencionado. De esta manera se destaca que “las 31 cadenas identificadas generaron durante 2015 valor agregado por $484.753 millones (10% PIB); $1.148.428 millones de valor bruto de producción (12% VBP nacional); 1.907.498 personas ocupadas (10% del empleo nacional) y exportaciones por US$32.344 millones (57% de las exportaciones totales del país)”.

Inclusive cuando el análisis se circunscribe aún más y se analiza solamente respecto de la producción de bienes, el peso de las CAA representa el 29% del valor agregado, el 27% del valor de producción y el 31% del empleo.

Por otra parte, como cualquier medición económica el trabajo elaborado por Agroindustria no solo se hizo a precios corrientes, sino también a valores constantes para considerar el crecimiento real en un período de elevada inflación y de grandes cambios en los precios relativos. De esta forma, el informe aclara que “se llevó a cabo una estimación a precios constantes, tomando como base el año 2007”.

En este contexto, también se desprende que uno de los principales aportes de las CAA al conjunto de la economía se encuentra en su rol clave en la inserción internacional. “De esta manera es interesante notar que, al año 2015, las actividades primarias y agroalimentarias en su conjunto (productos primarios y manufacturas de origen agropecuario) registraron un superávit cercano a los US$33 mil millones, mientras que el resto de las actividades industriales alcanzaron un déficit de US$32 mil millones. En este sentido, las CAA además de ser el núcleo central de inserción del país en el comercio internacional, son proveedoras de divisas”, asegura el informe.

Hasta acá nada nuevo bajo el sol, pero de todas maneras siempre es interesante que los números se recuerden. Así no habrá forma de que nos olvidemos cuán importante es la agroindustria en la vida social, alimenticia y económica de los argentinos.

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