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“Soy de los que ve en las crisis una oportunidad”

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“Soy de los que ve en las crisis una oportunidad”

Miguel Garro

Fundador del mayor festival rockero del país, el cordobés habla de sus inicios, de las bandas de San Luis que tocaron este año y de la vez que trajo a Callejeros a la provincia después de la masacre de Cromañón. Una voz autorizada para pensar a fondo el pasado, el presente y el futuro del rock nacional.

No recuerda con precisión José Palazzo cuántos años tenía cuando su madre le regaló su primera guitarra. Sí que era un adolescente que escuchaba rock en la tierra del cuarteto. Ahora, a los 49, cuando al empresario le preguntan dónde nació estira la i, la mezcla con una e inexistente y le pone el acento para decir “soy de Córdoba capiiieeetal”.

Aquel instrumento –que luego de un esfuerzo de memoria en el medio de la charla con “Cooltura” surgió que pudo haber llegado a sus manos cuando tenía entre 15 y 16 años- fue la entrada para su primera banda de rock, “Rouge and roll”, que todavía existe. Porque antes de ser el empresario rockero más importante del país, Palazzo fue, entre otras cosas, músico y periodista.

José puede servir de ejemplo palmario de persona nacida en el interior que consigue el éxito luego de muchos años de remar en un ambiente en el que no siempre la mar se presenta serena. Él mismo define las condiciones para llegar donde llegó en palabras sueltas, hilvana - das sólo por la senda de quien construyó un imperio en medio de la nada de las sierras cordobesas: “Coherencia, trabajo, constancia, esfuerzo, creatividad y ganas”, enumeró.

El reino que forjó Palazzo se llama “Cosquín rock”, es el festival más grande del país, el año que viene cumplirá 20 años y es el que permitió que otros festivales -de franquicia extranjera como el Lollapalloza o el Blue- se instalaran en un terreno que ya había sido probado. Hoy, el encuentro rockero cordobés despedirá su edición 19, que tuvo, como todos los anteriores, muchas novedades.

Los miles de espectadores que fueron a la edición 2019 del Cosquín rock disfrutaron de una programación muy ecléctica, con música electrónica en una carpa aparte, “Los auténticos decadentes” con el mismo unplugged que dieron en MTV el año pasado, un escenario exclusivo para el heavy metal, nueve hectáreas de rock y diversión, un servicio gastronómico notablemente superior al de años anteriores, restaurantes cordobeses que mudaron sus mesas al festival y, sobre todo, mucha distorsión.

 

“Para mí es un orgullo que hayamos crecido de esta manera. Estamos en muchos países de América Latina con las versiones del Cosquín rock y en Argentina somos una alternativa clara para el verano".

 

Además, en la grilla hubo dos bandas puntanas que alimentaron un récord: fue la primera edición en la que hubo más de un representante de San Luis. “Passaje”, de Villa Mercedes, entró por consagrarse ganador del PreCosquín rock que se hizo en la provincia el año pasado; y “Vorsoto” fue invitada especialmente por la organización. La llegada de ambos conjuntos al festival más grande del rock argentino sirve para explicar también el modo de trabajo de Palazzo.

“Tanto el PreCosquín rock de San Luis, que tuvo un nivel fenomenal, como la llegada de Vorsoto fueron respuesta a una iniciativa de un grupo de músicos independientes de acá que se llama “Córdoba rockea”. Ellos son los encargados de hacer toda la movida y se autogestionan. El festival lo que hace es cederles un espacio”, explicó el organizador.

“Para mí es un orgullo que hayamos crecido de esta manera. Estamos en muchos países de América Latina con las versiones del Cosquín rock y en Argentina somos una alternativa clara para el verano, no sólo para los chicos, sino para toda la familia. Haber armado un festival familiar es lo que más nos costó y lo que más queremos difundir”, dijo Palazzo a “Cooltura”.

 

 

La incursión de otros géneros que no son necesariamente rock y que en algunos casos chocan ideas con sus seguidores más conspicuos en el festival de Palazzo le dio una apertura que muchos agradecen. “Yo escuché rock toda mi vida y escucho música todo el tiempo, pero no puedo estar atento a todo lo que pasa. Para armar la grilla del trap me asesoró mi hija, que ahora está viviendo en Barcelona; para el hip hop me reuní con Muphasa y otros exponentes. Hay géneros de los que estoy completamente desinformado pero me gustan, si no me gustaran es difícil que en - tren al festival”, señaló el empresario.

Con esa consigna, Palazzo incorporó a lo largo de 19 años a la grilla de Cosquín rock artistas que respondían a su paladar sólo por el hecho de que consideraba que el público debía escucharlos. Así, hizo subir al escenario mayor a números que con el tiempo revalidarían esa confianza.

El camino ascendente que tuvo Palazzo en su vida pudo haber comenzado cuando se convirtió en el manager de su propia banda. Pero se potenció cuando entró a los medios de comunicación. José tuvo programas de radio, de televisión en Córdoba e incursionó en la tele nacional con “Rockódromo”, un ciclo que se emitió por la antigua Televisión Pública durante tres temporadas. De allí saltó a la producción y vio que el negocio tenía algunas aris - tas que explotar. Entonces empezó a fundar empresas que le dieran al público lo que el público esperaba, armó teatros y lugares para tocar, los rodeó de restaurantes y empezó a trabajar seria - mente en la realización de recitales en Córdoba: en pocos años llevó a Paul Mc Cartney, Gun’s and roses, Chayanne y otros.

Cuando vio la oportunidad de replicar el tradicional festival folclórico de Cosquín en una versión rockera, se metió de cabeza impulsado por Julio Maharbiz, quien por entonces tenía la concesión de la plaza Próspero Molina. Allí José llevó a Charly García, Palo Pandolfo, Bersuit Vergarabat y otros insignes rockeros de hace 20 años a un lugar al que no estaban acostumbrados.

Luego de algunos vericuetos administrativos con la municipalidad de Cosquín (que en el 2005 le cedió la plaza para que haga un encuentro similar a Jorge Guinzburg y su productora), Palazzo y una parte del rock se mudaron a las sierras de Bialet Massé, donde estuvo algunas ediciones hasta que se asentó definitivamente en Santa María de Punilla, sede actual del festival.

El organizador asegura que no es fácil lidiar con músicos, empresarios, funcionarios y todos los estamentos estatales que hay entre una idea y la realización del festival multitudinario. Y a eso hay que sumarles las crisis que pendularmente vive el país. “Yo pasé la crisis del 2001, del 2002, del 2003, la del 2010 y acá estamos todavía”.

Este año parece especialmente complicado para sobrellevar la idea de Palazzo, a tal punto que tuvo que darle de baja a cuatro números internacionales que tenía previsto mostrar en la edición que termina hoy. La escalada del dólar y, sobre todo, la incertidumbre de la economía nacional –los empresarios como todo hombre de negocio deben trabajar en un suelo de mínima estabilidad- hicieron que el dueño del Cosquín rock revea la grilla antes de difundirla.

Parte del plan para soportar el invierno fue mirar el futuro con cierto optimismo, aunque el productor cordobés duda de tener esa cualidad. “A nosotros nos tiene muy preocupados la situación nacional, pero siempre hemos visto en las crisis una oportunidad. En este caso, creemos que los precios actuales aumentaron el turismo interno y el festival se convirtió en una opción para las vacaciones en familia”, sostuvo José.

 

 

Producir en San Luis

Cuando Callejeros estaba en la mira pública por su escasa respuesta a la tragedia de Cromañón y no encontraba lugar donde tocar, San Luis se convirtió en una opción y Palazzo estuvo detrás de eso. Tres años después del incendio, el grupo en proceso de desarme de Patricio “Pato” Fontanet –que ya había pasado por una primera etapa en prisión- vino a la provincia y fue víctima del temeroso titubeo municipal. Estaba todo listo para que el grupo tocara en un club de San Luis, pero ante el rechazo de la Intendencia tuvo que trasladarse al Ave Fénix. “Ya habíamos tocado (N de la R: José habla siempre como si fuera parte del grupo, por más que en algunos casos es un agente más externo que un manager) en algunas provincias y surgió la posibilidad de ir a San Luis gracias a las gestiones de Diego Sosa”.

El productor villamercedino es una suerte de conexión para los shows que Palazzo trae a la provincia, como fue el de La Renga en La Pedrera a principios del año pasado. “Trabajo mucho con él, es una persona muy seria y responsable, dos adjetivos que son muy necesarios en este negocio y que no se encuentran con frecuencia”, calificó el cordobés a su colega puntano.

Uno de los cuestionamientos que con mayor frecuencia recibe el organizador sobre la grilla de Cosquín rock es la falta de renovación de los números centrales. “Las pelotas”, “Skay y los faquires” “Gardelitos”, “Las pastillas del abuelo”, “Babasónicos”, “Ciro y los persas”, “Carajo”, entre otras bandas vienen siendo desde hace muchos años infaltables en la grilla coscoína.

Palazzo tiene otra visión de la cuestión. “El rock argentino se está renovando en este momento, con bandas como “Los espíritus”, “Él mató un policía motorizado”, “Usted señálemelo”, pero las bandas más grandes, las más convocantes, son las mismas hace diez o veinte años. No obstante, es cierto que hay bandas que están generando un cambio, pero están creciendo, se están desarrollando hacia el futuro”.

Tal vez por eso, si tuviera que elegir una banda que todavía no tocó en su festival para que forme parte de la grilla, el empresario no duda en elegir a “La Renga”, justamente una de las agrupaciones que están bajo su órbita de trabajo. Dijo Palazzo que hace nueve años que les insiste a los de Mataderos que acepten su invitación pero no tiene respuestas favorables. “Por ahora”, aclara como para que asome definitivamente su optimismo.

 

 

POWER TRÍO DE OPINIONES

El apoyo a Pato. “Yo produzco los shows de Don Osvaldo, su actual banda. No es la banda de “Pato” porque suena como un grupo amoldado, con su propia ideología. Cuando quise hacerlo con “Callejeros” no me resultó no sé porqué motivos. “Don Osvaldo” tiene un muy buen público, son muy tranquilos y trabajan con un nivel cero de divismo, algo difícil de encontrar en estos tiempos”

 

El regreso inesperado de Charly García. “Más que productor de Charly soy su amigo. Cuando quiere hacer conciertos, me llama, nos juntamos, nos cagamos de risa y preparamos el show. Así fue que el año pasado hicimos ocho recitales que fueron una bomba. Él está muy contento, sacó un disco maravilloso, volvió a los escenarios y recibió el cariño del público. Todo eso, cuando nadie esperaba nada de él".

 

Las diferencias entre El Indio Solari y Skay. “Skay toca para poca gente porque nunca quiso que le pasara lo que le pasó al Indio. Skay disfruta de la ruta y planeó su carrera para tocar en lugares para cuatro o cinco mil personas, todos los fines de semana, en festivales, sin problemas. Solari hizo todo lo contrario. No quiere decir que una cosa esté mal y la otra esté bien. Simplemente son distintos modos de abordar una carrera”.

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“Soy de los que ve en las crisis una oportunidad”

Fundador del mayor festival rockero del país, el cordobés habla de sus inicios, de las bandas de San Luis que tocaron este año y de la vez que trajo a Callejeros a la provincia después de la masacre de Cromañón. Una voz autorizada para pensar a fondo el pasado, el presente y el futuro del rock nacional.

No recuerda con precisión José Palazzo cuántos años tenía cuando su madre le regaló su primera guitarra. Sí que era un adolescente que escuchaba rock en la tierra del cuarteto. Ahora, a los 49, cuando al empresario le preguntan dónde nació estira la i, la mezcla con una e inexistente y le pone el acento para decir “soy de Córdoba capiiieeetal”.

Aquel instrumento –que luego de un esfuerzo de memoria en el medio de la charla con “Cooltura” surgió que pudo haber llegado a sus manos cuando tenía entre 15 y 16 años- fue la entrada para su primera banda de rock, “Rouge and roll”, que todavía existe. Porque antes de ser el empresario rockero más importante del país, Palazzo fue, entre otras cosas, músico y periodista.

José puede servir de ejemplo palmario de persona nacida en el interior que consigue el éxito luego de muchos años de remar en un ambiente en el que no siempre la mar se presenta serena. Él mismo define las condiciones para llegar donde llegó en palabras sueltas, hilvana - das sólo por la senda de quien construyó un imperio en medio de la nada de las sierras cordobesas: “Coherencia, trabajo, constancia, esfuerzo, creatividad y ganas”, enumeró.

El reino que forjó Palazzo se llama “Cosquín rock”, es el festival más grande del país, el año que viene cumplirá 20 años y es el que permitió que otros festivales -de franquicia extranjera como el Lollapalloza o el Blue- se instalaran en un terreno que ya había sido probado. Hoy, el encuentro rockero cordobés despedirá su edición 19, que tuvo, como todos los anteriores, muchas novedades.

Los miles de espectadores que fueron a la edición 2019 del Cosquín rock disfrutaron de una programación muy ecléctica, con música electrónica en una carpa aparte, “Los auténticos decadentes” con el mismo unplugged que dieron en MTV el año pasado, un escenario exclusivo para el heavy metal, nueve hectáreas de rock y diversión, un servicio gastronómico notablemente superior al de años anteriores, restaurantes cordobeses que mudaron sus mesas al festival y, sobre todo, mucha distorsión.

 

“Para mí es un orgullo que hayamos crecido de esta manera. Estamos en muchos países de América Latina con las versiones del Cosquín rock y en Argentina somos una alternativa clara para el verano".

 

Además, en la grilla hubo dos bandas puntanas que alimentaron un récord: fue la primera edición en la que hubo más de un representante de San Luis. “Passaje”, de Villa Mercedes, entró por consagrarse ganador del PreCosquín rock que se hizo en la provincia el año pasado; y “Vorsoto” fue invitada especialmente por la organización. La llegada de ambos conjuntos al festival más grande del rock argentino sirve para explicar también el modo de trabajo de Palazzo.

“Tanto el PreCosquín rock de San Luis, que tuvo un nivel fenomenal, como la llegada de Vorsoto fueron respuesta a una iniciativa de un grupo de músicos independientes de acá que se llama “Córdoba rockea”. Ellos son los encargados de hacer toda la movida y se autogestionan. El festival lo que hace es cederles un espacio”, explicó el organizador.

“Para mí es un orgullo que hayamos crecido de esta manera. Estamos en muchos países de América Latina con las versiones del Cosquín rock y en Argentina somos una alternativa clara para el verano, no sólo para los chicos, sino para toda la familia. Haber armado un festival familiar es lo que más nos costó y lo que más queremos difundir”, dijo Palazzo a “Cooltura”.

 

 

La incursión de otros géneros que no son necesariamente rock y que en algunos casos chocan ideas con sus seguidores más conspicuos en el festival de Palazzo le dio una apertura que muchos agradecen. “Yo escuché rock toda mi vida y escucho música todo el tiempo, pero no puedo estar atento a todo lo que pasa. Para armar la grilla del trap me asesoró mi hija, que ahora está viviendo en Barcelona; para el hip hop me reuní con Muphasa y otros exponentes. Hay géneros de los que estoy completamente desinformado pero me gustan, si no me gustaran es difícil que en - tren al festival”, señaló el empresario.

Con esa consigna, Palazzo incorporó a lo largo de 19 años a la grilla de Cosquín rock artistas que respondían a su paladar sólo por el hecho de que consideraba que el público debía escucharlos. Así, hizo subir al escenario mayor a números que con el tiempo revalidarían esa confianza.

El camino ascendente que tuvo Palazzo en su vida pudo haber comenzado cuando se convirtió en el manager de su propia banda. Pero se potenció cuando entró a los medios de comunicación. José tuvo programas de radio, de televisión en Córdoba e incursionó en la tele nacional con “Rockódromo”, un ciclo que se emitió por la antigua Televisión Pública durante tres temporadas. De allí saltó a la producción y vio que el negocio tenía algunas aris - tas que explotar. Entonces empezó a fundar empresas que le dieran al público lo que el público esperaba, armó teatros y lugares para tocar, los rodeó de restaurantes y empezó a trabajar seria - mente en la realización de recitales en Córdoba: en pocos años llevó a Paul Mc Cartney, Gun’s and roses, Chayanne y otros.

Cuando vio la oportunidad de replicar el tradicional festival folclórico de Cosquín en una versión rockera, se metió de cabeza impulsado por Julio Maharbiz, quien por entonces tenía la concesión de la plaza Próspero Molina. Allí José llevó a Charly García, Palo Pandolfo, Bersuit Vergarabat y otros insignes rockeros de hace 20 años a un lugar al que no estaban acostumbrados.

Luego de algunos vericuetos administrativos con la municipalidad de Cosquín (que en el 2005 le cedió la plaza para que haga un encuentro similar a Jorge Guinzburg y su productora), Palazzo y una parte del rock se mudaron a las sierras de Bialet Massé, donde estuvo algunas ediciones hasta que se asentó definitivamente en Santa María de Punilla, sede actual del festival.

El organizador asegura que no es fácil lidiar con músicos, empresarios, funcionarios y todos los estamentos estatales que hay entre una idea y la realización del festival multitudinario. Y a eso hay que sumarles las crisis que pendularmente vive el país. “Yo pasé la crisis del 2001, del 2002, del 2003, la del 2010 y acá estamos todavía”.

Este año parece especialmente complicado para sobrellevar la idea de Palazzo, a tal punto que tuvo que darle de baja a cuatro números internacionales que tenía previsto mostrar en la edición que termina hoy. La escalada del dólar y, sobre todo, la incertidumbre de la economía nacional –los empresarios como todo hombre de negocio deben trabajar en un suelo de mínima estabilidad- hicieron que el dueño del Cosquín rock revea la grilla antes de difundirla.

Parte del plan para soportar el invierno fue mirar el futuro con cierto optimismo, aunque el productor cordobés duda de tener esa cualidad. “A nosotros nos tiene muy preocupados la situación nacional, pero siempre hemos visto en las crisis una oportunidad. En este caso, creemos que los precios actuales aumentaron el turismo interno y el festival se convirtió en una opción para las vacaciones en familia”, sostuvo José.

 

 

Producir en San Luis

Cuando Callejeros estaba en la mira pública por su escasa respuesta a la tragedia de Cromañón y no encontraba lugar donde tocar, San Luis se convirtió en una opción y Palazzo estuvo detrás de eso. Tres años después del incendio, el grupo en proceso de desarme de Patricio “Pato” Fontanet –que ya había pasado por una primera etapa en prisión- vino a la provincia y fue víctima del temeroso titubeo municipal. Estaba todo listo para que el grupo tocara en un club de San Luis, pero ante el rechazo de la Intendencia tuvo que trasladarse al Ave Fénix. “Ya habíamos tocado (N de la R: José habla siempre como si fuera parte del grupo, por más que en algunos casos es un agente más externo que un manager) en algunas provincias y surgió la posibilidad de ir a San Luis gracias a las gestiones de Diego Sosa”.

El productor villamercedino es una suerte de conexión para los shows que Palazzo trae a la provincia, como fue el de La Renga en La Pedrera a principios del año pasado. “Trabajo mucho con él, es una persona muy seria y responsable, dos adjetivos que son muy necesarios en este negocio y que no se encuentran con frecuencia”, calificó el cordobés a su colega puntano.

Uno de los cuestionamientos que con mayor frecuencia recibe el organizador sobre la grilla de Cosquín rock es la falta de renovación de los números centrales. “Las pelotas”, “Skay y los faquires” “Gardelitos”, “Las pastillas del abuelo”, “Babasónicos”, “Ciro y los persas”, “Carajo”, entre otras bandas vienen siendo desde hace muchos años infaltables en la grilla coscoína.

Palazzo tiene otra visión de la cuestión. “El rock argentino se está renovando en este momento, con bandas como “Los espíritus”, “Él mató un policía motorizado”, “Usted señálemelo”, pero las bandas más grandes, las más convocantes, son las mismas hace diez o veinte años. No obstante, es cierto que hay bandas que están generando un cambio, pero están creciendo, se están desarrollando hacia el futuro”.

Tal vez por eso, si tuviera que elegir una banda que todavía no tocó en su festival para que forme parte de la grilla, el empresario no duda en elegir a “La Renga”, justamente una de las agrupaciones que están bajo su órbita de trabajo. Dijo Palazzo que hace nueve años que les insiste a los de Mataderos que acepten su invitación pero no tiene respuestas favorables. “Por ahora”, aclara como para que asome definitivamente su optimismo.

 

 

POWER TRÍO DE OPINIONES

El apoyo a Pato. “Yo produzco los shows de Don Osvaldo, su actual banda. No es la banda de “Pato” porque suena como un grupo amoldado, con su propia ideología. Cuando quise hacerlo con “Callejeros” no me resultó no sé porqué motivos. “Don Osvaldo” tiene un muy buen público, son muy tranquilos y trabajan con un nivel cero de divismo, algo difícil de encontrar en estos tiempos”

 

El regreso inesperado de Charly García. “Más que productor de Charly soy su amigo. Cuando quiere hacer conciertos, me llama, nos juntamos, nos cagamos de risa y preparamos el show. Así fue que el año pasado hicimos ocho recitales que fueron una bomba. Él está muy contento, sacó un disco maravilloso, volvió a los escenarios y recibió el cariño del público. Todo eso, cuando nadie esperaba nada de él".

 

Las diferencias entre El Indio Solari y Skay. “Skay toca para poca gente porque nunca quiso que le pasara lo que le pasó al Indio. Skay disfruta de la ruta y planeó su carrera para tocar en lugares para cuatro o cinco mil personas, todos los fines de semana, en festivales, sin problemas. Solari hizo todo lo contrario. No quiere decir que una cosa esté mal y la otra esté bien. Simplemente son distintos modos de abordar una carrera”.

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