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Las plazas saludables no son para San Luis

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Las plazas saludables no son para San Luis

Adriana Durigutti

Y esto que digo en el título, lo defiendo de aquí al más allá.

Estas estaciones saludables no están hechas para San Luis… Acá nos conocemos todos y todos nos tenemos demasiada confianza. Yo no quiero estar ahí trepada, sudando, sin respiración y que pasen mis amigos en auto, al grito de: “¡Caminador, suelte a esa mujer!”

Yo no me voy a exponer al escarnio, la vergüenza y el gaste público. Nos encerramos en un gimnasio en un tercer o cuarto piso, con las ventanas ploteadas y ¡sin espejos!

Y ojo, que he sacado la cuenta de que salir caminando algunas cuadras y llegar a estos lugares al aire libre, disfrutar del paisaje y oxigenarnos, es muchísimo más barato que enterrarse en cualquier gym.

Pero, es una ciudad chica y nos conocemos tanto. Por lo que propongo ocultar cada aparato en una cabina o proveernos de máscaras, caretas, capuchas, pelucas o afines.

Y fijate que salir a caminar o andar en bici no es para nada motivo de burla, al contrario, es como una actitud loable y digna de honores. Pero subirte a alguno de esos artefactos, es, inmediatamente, sinónimo de mofa y socarronería.

Salvo que emprendamos tal acción, en GRUPO.

Siempre en corporación es más fácil, como que la montonera de gente justifica una y mil acciones. Somos mayorcitos y vamos a bailar en grupo, no pasa nada.

Estamos sin dinero, pero vamos todos a comer unas pizzas, perfecta elección. Estás excedido de peso (como las valijas) y ¡vamos todos a la placita! Argumentadísimos, es decir, alegatos para salir del paso y vergüenza, todos tenemos.

Otra que ir a hacer zumba, que para eso debiera haber un capítulo aparte. Me vendieron que era bailar y divertirse, ¡perras mentiras! Te tenés que aprender coreografías dificilísimas y encima recordarlas y repetirlas con un elenco de gorditos con iniciativa de vida sana, como yo.

Volvemos a estos espacios de esparcimiento y entrenamos como locas, para estar a la altura del sol y el veranito, pero queremos privacidad, ocultamiento, camuflaje, ostracismo, no exposición pública. Para lo cual, nos creamos un microemprendimiento con unas amigas, “confección de máscaras” que también podrán ser usadas en otros menesteres y nos servirán para poder subirnos a algún caminador popular, sin sufrir en el intento.

Estas modas del running y los deportes al aire libre no están hechas para todes. Es como la ropa deportiva… las calzas, las remeras y las zapatillas no le quedan bien a alguna minoría. Debiéramos pensar en atuendos alternativos, para gente variada. Tipo túnicas airfit, ponchos con tecnología fitness; diseños elegantes “chic”, para aportar movilidad, estética y comodidad, con toques urbanos. Y de paso, les diseñamos a ese vestuario bien trendy unas capuchas novedosas que regulen la transpiración y la temperatura corporal.

Resumiendo, piezas ergonómicas que se ajusten a las necesidades físicas de quienes practicamos deportes de alto ocultamiento.

Y ahí sí. Subite a los escaladores tranquila y olvídate del “Qué dirán”.

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Las plazas saludables no son para San Luis

Y esto que digo en el título, lo defiendo de aquí al más allá.

Estas estaciones saludables no están hechas para San Luis… Acá nos conocemos todos y todos nos tenemos demasiada confianza. Yo no quiero estar ahí trepada, sudando, sin respiración y que pasen mis amigos en auto, al grito de: “¡Caminador, suelte a esa mujer!”

Yo no me voy a exponer al escarnio, la vergüenza y el gaste público. Nos encerramos en un gimnasio en un tercer o cuarto piso, con las ventanas ploteadas y ¡sin espejos!

Y ojo, que he sacado la cuenta de que salir caminando algunas cuadras y llegar a estos lugares al aire libre, disfrutar del paisaje y oxigenarnos, es muchísimo más barato que enterrarse en cualquier gym.

Pero, es una ciudad chica y nos conocemos tanto. Por lo que propongo ocultar cada aparato en una cabina o proveernos de máscaras, caretas, capuchas, pelucas o afines.

Y fijate que salir a caminar o andar en bici no es para nada motivo de burla, al contrario, es como una actitud loable y digna de honores. Pero subirte a alguno de esos artefactos, es, inmediatamente, sinónimo de mofa y socarronería.

Salvo que emprendamos tal acción, en GRUPO.

Siempre en corporación es más fácil, como que la montonera de gente justifica una y mil acciones. Somos mayorcitos y vamos a bailar en grupo, no pasa nada.

Estamos sin dinero, pero vamos todos a comer unas pizzas, perfecta elección. Estás excedido de peso (como las valijas) y ¡vamos todos a la placita! Argumentadísimos, es decir, alegatos para salir del paso y vergüenza, todos tenemos.

Otra que ir a hacer zumba, que para eso debiera haber un capítulo aparte. Me vendieron que era bailar y divertirse, ¡perras mentiras! Te tenés que aprender coreografías dificilísimas y encima recordarlas y repetirlas con un elenco de gorditos con iniciativa de vida sana, como yo.

Volvemos a estos espacios de esparcimiento y entrenamos como locas, para estar a la altura del sol y el veranito, pero queremos privacidad, ocultamiento, camuflaje, ostracismo, no exposición pública. Para lo cual, nos creamos un microemprendimiento con unas amigas, “confección de máscaras” que también podrán ser usadas en otros menesteres y nos servirán para poder subirnos a algún caminador popular, sin sufrir en el intento.

Estas modas del running y los deportes al aire libre no están hechas para todes. Es como la ropa deportiva… las calzas, las remeras y las zapatillas no le quedan bien a alguna minoría. Debiéramos pensar en atuendos alternativos, para gente variada. Tipo túnicas airfit, ponchos con tecnología fitness; diseños elegantes “chic”, para aportar movilidad, estética y comodidad, con toques urbanos. Y de paso, les diseñamos a ese vestuario bien trendy unas capuchas novedosas que regulen la transpiración y la temperatura corporal.

Resumiendo, piezas ergonómicas que se ajusten a las necesidades físicas de quienes practicamos deportes de alto ocultamiento.

Y ahí sí. Subite a los escaladores tranquila y olvídate del “Qué dirán”.

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