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“Yo estuve en el infierno, sé lo que es la oscuridad”

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“Yo estuve en el infierno, sé lo que es la oscuridad”

Noelia Barroso

El actor de “Iluminados por el fuego”, que en parte fue filmada en el Valle de Pancanta,  regresó a San Luis y charló con Cooltura, pero esta vez como difusor de las graves consecuencias del consumo de drogas. Un hombre maduro con historias para contar.

Desde Montaña Rusa, novela en la que interpretó a un juvenil Alejandro, hasta que blanqueó su relación con las sustancias, Gastón Pauls se fue desligando del papel de galán y se convirtió en un ejemplo de lucha. Comprometido con su fundación, a fines del año pasado el actor y productor visitó la provincia para concientizar sobre la problemática de las adicciones, abordándolo desde su experiencia personal. En las exposiciones que brinda por el país, lo acompaña Adrián González Miranda, un joven que también atravesó el camino de las adicciones y ahora se encuentra en recuperación.

Gastón ahora se dedica a ayudar a los que están en la oscuridad, como estuvo él, que vivió en carne propia los estragos de la adicción. Es fundador y presidente de CACUCA (Casa de la Cultura de la Calle) una ONG que representa un espacio de contención para los chicos en vulnerabilidad de derechos para que puedan expresarse a través del arte.

El actor de “Nueve reinas” y “Todos contra Juan” contó que está trabajando desde hace ocho años en el documental “Miedos de comunicación”, en los que entrevista a trece actores con trece problemas diferentes e intenta exponer la tergiversación que hacen algunos medios.

Para él 2018 fue un año de mucho trabajo: “Hice muchas pelis. Dos en Chile, una en Cuba, otra en Colombia”, contó el papá de Muna y Nilo.

 

 

—¿Cómo te recibió San Luis?

—En San Luis siempre me reciben bien, me siento cómodo cuando llego, inmediatamente. Hace dos años estuve por última vez.

—Estás llevando tu experiencia por el país… ¿cómo son esas charlas?

—Soy adicto en recuperación hace once años y pasar el mensaje es parte de mi recuperación. Las charlas son de prevención de adicciones, sobre todo en la gente más joven. Por mi trabajo en la fundación he visto chicos de seis años consumiendo paco, y uno no puede entenderlo. Yo estuve en el infierno, sé lo que es esa oscuridad, nada bueno puede salir de ahí. Nada bueno para nadie. Trato de llevar mi experiencia, y la de Adrián, para que no lo vivan otros.

—¿Por qué creés que pasa eso?

—Primero no existe un trabajo de prevención real y segundo, cómo un pibe de seis años que tiene que estar jugando puede estar consumiendo en una esquina o bajo un puente. Yo tengo hijos, tuve seis años también y no quiero eso para nadie.

—¿Qué es ser un adicto?

—Cualquier persona que esté consumiendo, ya sea drogas, alcohol, sexo, juego, medios de comunicación, también es una droga, la gente que se queda 24 horas en silencio viendo lo que dicen los medios. Todos tenemos un punto de contacto que es la adicción, nadie lo dice pero yo me encargo de decirlo: dicción es decir. Adicción es no decir. Un adicto es una persona que no dice lo que pasa, ni lo que siente, ni lo que quiere, se mete algo adentro en lugar de sacarlo para afuera.

 

 

—Y a vos también te pasó el no decir…

—Sí, en mis épocas de adicto no llegaba ni siquiera a hablar porque estaba muy metido para adentro, en la mentira. Hay que revalorizar un poco la verdad en este mundo. Si se empieza a hablar de la verdad es casi imposible que la gente caiga de la manera en que está cayendo en la adicción, en la droga. Yo viví una mentira como todos los adictos, y no tengo ganas de mentirme más a mí mismo.

—¿Lo más difícil es darse el ‘darse cuenta’?

—Sí. A mí me llevó un montón de años, primero darme cuenta y después darme cuenta de que podía pedir ayuda. El adicto es una persona muy particular, con el tema de la autoestima es muy raro. Por un lado te creés Dios, creés que sos el mejor de todos, el único que tiene la verdad y que están todos equivocados y por otro lado tenés la autoestima por el piso y sentís que sos una basura, que no podés, que sos poca cosa y que si sólo consumís un poco te sentís mejor, es un círculo vicioso y no se sale.

—¿Y cómo sí se sale?

—En general es imposible salir si no se reconoce que hay un problema. Y mucha gente es adicta sin saber. Estamos en una sociedad adicta a todo. A medicamentos, alcohol, a cigarrillos, al sexo, al juego, a los medios de comunicación, a todo. Es muy difícil que a una sociedad que está enferma, que está viviendo en la mentira, le digan que tiene que darse cuenta pero es el primer paso. Hay que proponer eso, que la gente pueda entender que hay algo que se llama adicción y quizás lo está viviendo.

—¿Qué rescatás de las charlas que das?

—Hemos tenido hasta mil chicos por día en algunas y de pronto uno levanta la mano y dice: ‘Yo soy adicto, me acabo de dar cuenta’. Para mí ese es el objetivo, que a uno le caiga la ficha. Ayudarlo a que se dé cuenta de que tiene un problema porque en el consumo, sobre todo de drogas pesadas hay tres finales posibles: terminás en una cárcel, en un hospital o en un cementerio. No importa todo lo que te quieran decir... que es genial, que te divertís, que no sé qué. Todos, tarde o temprano terminan en el mismo lugar. Sí, todos terminaremos en el cementerio pero a mí no me interesa que un pibe a los seis años, que debe estar jugando al fútbol en la esquina, termine ahí, si tiene suerte. Porque puede ser peor y quedar cuadripléjico de por vida.

—¿Trabajar con el entorno es lo más difícil?

—Es lo más difícil de todo. En general en una familia muchas veces el adicto es el emergente, es el fusible que salta, así como al que internan en un psiquiátrico en realidad está hablando de un problema familiar. Si en una familia es complicado, en una sociedad ni hablar porque es una gran familia, encima disfuncional, en la que cada uno hace cualquier cosa y donde están todos los valores dados vuelta. Es muy difícil porque, en general, cuando vos levantás la mano y decís “soy adicto" en el deporte lo destrozan, en la vida también. Nadie sabe bien qué hacer, nadie sabe bien cómo ayudar al que levanta la mano y dice que tiene un problema.

—¿A vos también te destrozaron?

—Cuando yo dije que era adicto me cargaron en televisión y los que me cargaban tomaban conmigo. Pero ellos viven en la mentira, están consumiendo. No soy un careta, no voy a salir a decir que este u otro tomaba, pero en este mundo tomás con gente muy pesada. Pero ellos están enfermos, la Organización Mundial de la Salud la reconoce como enfermedad. Así como están los diabéticos que tienen un tema con el azúcar, el adicto tiene un problema con las sustancias.

—¿Cómo vivís actualmente habiendo salido de esto?

—Es que no hay cura, convivís con tu adicción toda la vida, es un inmenso trabajo. Yo trabajo todos los días en esto, antes de irme a mi casa a dormir para después viajar me fui a Narcóticos Anónimos, y voy tres veces por semana. Tengo que seguir laburando conmigo, si me relajo diez minutos me doy contra la pared.

—¿Qué consejo final le das al público?

—Que el primer paso de la recuperación es aceptar que soy impotente frente a mi adicción y que mi vida se ha vuelto ingobernable. Que por lo menos hagamos un mínimo planteo, cada uno consigo mismo y decirse: “Estoy decidiendo yo” o aceptar que algo tiene más poder que yo mismo y ese algo no es un poder superior, es quizás un papelito o una botella de vino, o una jeringa, una pipa para fumar paco... ver si uno sigue decidiendo en su vida o algo está influyendo de tal manera que es esclavo de eso. Un planteo para decir. “Tengo un problema, necesito ayuda”. Yo siempre aconsejo NA, Narcóticos Anónimos.

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“Yo estuve en el infierno, sé lo que es la oscuridad”

El actor de “Iluminados por el fuego”, que en parte fue filmada en el Valle de Pancanta,  regresó a San Luis y charló con Cooltura, pero esta vez como difusor de las graves consecuencias del consumo de drogas. Un hombre maduro con historias para contar.

Desde Montaña Rusa, novela en la que interpretó a un juvenil Alejandro, hasta que blanqueó su relación con las sustancias, Gastón Pauls se fue desligando del papel de galán y se convirtió en un ejemplo de lucha. Comprometido con su fundación, a fines del año pasado el actor y productor visitó la provincia para concientizar sobre la problemática de las adicciones, abordándolo desde su experiencia personal. En las exposiciones que brinda por el país, lo acompaña Adrián González Miranda, un joven que también atravesó el camino de las adicciones y ahora se encuentra en recuperación.

Gastón ahora se dedica a ayudar a los que están en la oscuridad, como estuvo él, que vivió en carne propia los estragos de la adicción. Es fundador y presidente de CACUCA (Casa de la Cultura de la Calle) una ONG que representa un espacio de contención para los chicos en vulnerabilidad de derechos para que puedan expresarse a través del arte.

El actor de “Nueve reinas” y “Todos contra Juan” contó que está trabajando desde hace ocho años en el documental “Miedos de comunicación”, en los que entrevista a trece actores con trece problemas diferentes e intenta exponer la tergiversación que hacen algunos medios.

Para él 2018 fue un año de mucho trabajo: “Hice muchas pelis. Dos en Chile, una en Cuba, otra en Colombia”, contó el papá de Muna y Nilo.

 

 

—¿Cómo te recibió San Luis?

—En San Luis siempre me reciben bien, me siento cómodo cuando llego, inmediatamente. Hace dos años estuve por última vez.

—Estás llevando tu experiencia por el país… ¿cómo son esas charlas?

—Soy adicto en recuperación hace once años y pasar el mensaje es parte de mi recuperación. Las charlas son de prevención de adicciones, sobre todo en la gente más joven. Por mi trabajo en la fundación he visto chicos de seis años consumiendo paco, y uno no puede entenderlo. Yo estuve en el infierno, sé lo que es esa oscuridad, nada bueno puede salir de ahí. Nada bueno para nadie. Trato de llevar mi experiencia, y la de Adrián, para que no lo vivan otros.

—¿Por qué creés que pasa eso?

—Primero no existe un trabajo de prevención real y segundo, cómo un pibe de seis años que tiene que estar jugando puede estar consumiendo en una esquina o bajo un puente. Yo tengo hijos, tuve seis años también y no quiero eso para nadie.

—¿Qué es ser un adicto?

—Cualquier persona que esté consumiendo, ya sea drogas, alcohol, sexo, juego, medios de comunicación, también es una droga, la gente que se queda 24 horas en silencio viendo lo que dicen los medios. Todos tenemos un punto de contacto que es la adicción, nadie lo dice pero yo me encargo de decirlo: dicción es decir. Adicción es no decir. Un adicto es una persona que no dice lo que pasa, ni lo que siente, ni lo que quiere, se mete algo adentro en lugar de sacarlo para afuera.

 

 

—Y a vos también te pasó el no decir…

—Sí, en mis épocas de adicto no llegaba ni siquiera a hablar porque estaba muy metido para adentro, en la mentira. Hay que revalorizar un poco la verdad en este mundo. Si se empieza a hablar de la verdad es casi imposible que la gente caiga de la manera en que está cayendo en la adicción, en la droga. Yo viví una mentira como todos los adictos, y no tengo ganas de mentirme más a mí mismo.

—¿Lo más difícil es darse el ‘darse cuenta’?

—Sí. A mí me llevó un montón de años, primero darme cuenta y después darme cuenta de que podía pedir ayuda. El adicto es una persona muy particular, con el tema de la autoestima es muy raro. Por un lado te creés Dios, creés que sos el mejor de todos, el único que tiene la verdad y que están todos equivocados y por otro lado tenés la autoestima por el piso y sentís que sos una basura, que no podés, que sos poca cosa y que si sólo consumís un poco te sentís mejor, es un círculo vicioso y no se sale.

—¿Y cómo sí se sale?

—En general es imposible salir si no se reconoce que hay un problema. Y mucha gente es adicta sin saber. Estamos en una sociedad adicta a todo. A medicamentos, alcohol, a cigarrillos, al sexo, al juego, a los medios de comunicación, a todo. Es muy difícil que a una sociedad que está enferma, que está viviendo en la mentira, le digan que tiene que darse cuenta pero es el primer paso. Hay que proponer eso, que la gente pueda entender que hay algo que se llama adicción y quizás lo está viviendo.

—¿Qué rescatás de las charlas que das?

—Hemos tenido hasta mil chicos por día en algunas y de pronto uno levanta la mano y dice: ‘Yo soy adicto, me acabo de dar cuenta’. Para mí ese es el objetivo, que a uno le caiga la ficha. Ayudarlo a que se dé cuenta de que tiene un problema porque en el consumo, sobre todo de drogas pesadas hay tres finales posibles: terminás en una cárcel, en un hospital o en un cementerio. No importa todo lo que te quieran decir... que es genial, que te divertís, que no sé qué. Todos, tarde o temprano terminan en el mismo lugar. Sí, todos terminaremos en el cementerio pero a mí no me interesa que un pibe a los seis años, que debe estar jugando al fútbol en la esquina, termine ahí, si tiene suerte. Porque puede ser peor y quedar cuadripléjico de por vida.

—¿Trabajar con el entorno es lo más difícil?

—Es lo más difícil de todo. En general en una familia muchas veces el adicto es el emergente, es el fusible que salta, así como al que internan en un psiquiátrico en realidad está hablando de un problema familiar. Si en una familia es complicado, en una sociedad ni hablar porque es una gran familia, encima disfuncional, en la que cada uno hace cualquier cosa y donde están todos los valores dados vuelta. Es muy difícil porque, en general, cuando vos levantás la mano y decís “soy adicto" en el deporte lo destrozan, en la vida también. Nadie sabe bien qué hacer, nadie sabe bien cómo ayudar al que levanta la mano y dice que tiene un problema.

—¿A vos también te destrozaron?

—Cuando yo dije que era adicto me cargaron en televisión y los que me cargaban tomaban conmigo. Pero ellos viven en la mentira, están consumiendo. No soy un careta, no voy a salir a decir que este u otro tomaba, pero en este mundo tomás con gente muy pesada. Pero ellos están enfermos, la Organización Mundial de la Salud la reconoce como enfermedad. Así como están los diabéticos que tienen un tema con el azúcar, el adicto tiene un problema con las sustancias.

—¿Cómo vivís actualmente habiendo salido de esto?

—Es que no hay cura, convivís con tu adicción toda la vida, es un inmenso trabajo. Yo trabajo todos los días en esto, antes de irme a mi casa a dormir para después viajar me fui a Narcóticos Anónimos, y voy tres veces por semana. Tengo que seguir laburando conmigo, si me relajo diez minutos me doy contra la pared.

—¿Qué consejo final le das al público?

—Que el primer paso de la recuperación es aceptar que soy impotente frente a mi adicción y que mi vida se ha vuelto ingobernable. Que por lo menos hagamos un mínimo planteo, cada uno consigo mismo y decirse: “Estoy decidiendo yo” o aceptar que algo tiene más poder que yo mismo y ese algo no es un poder superior, es quizás un papelito o una botella de vino, o una jeringa, una pipa para fumar paco... ver si uno sigue decidiendo en su vida o algo está influyendo de tal manera que es esclavo de eso. Un planteo para decir. “Tengo un problema, necesito ayuda”. Yo siempre aconsejo NA, Narcóticos Anónimos.

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