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Villa Mercedes: cárcel para un acusado de abusar a su hijastra

Los ultrajes, según le contó la menor a su madre y a la directora de su escuela, empezaron cuando tenía ocho años. 

S. calló lo que Moisés G., su padrastro, le hizo a lo largo de seis años. No quería contarlo porque por momentos tenía miedo de que no le creyeran, pero sobretodo pensaba que si le hacía semejante confesión a su mamá la cargaría con más problemas de los que, de por sí, ya tenía. Por eso durante todo ese tiempo la madre no advirtió, según dijo en la denuncia, nada que le hiciese pensar que su pareja abusaba de su hija. Pero hace casi un año S. sacó a la luz ese sucio secreto que por temor había guardado. Su madre jamás la puso en duda. De inmediato denunció a quien, por ese entonces, era su pareja y se fue de la casa en la que convivían hacía años, en Villa Mercedes. Ayer, con el cúmulo de pruebas recabadas en los últimos meses, a Moisés se le acabó la libertad. El juez instructor Leandro Estrada lo envió a la penitenciaría de San Luis. 

Lo procesó por "abuso sexual gravemente ultrajante agravado por ser cometido contra un menor, aprovechando la situación de convivencia preexistente", le confirmó el magistrado a El Diario. El hombre de 30 años fue notificado de la resolución pasadas las 19. Y, cerca de las 21, el personal de la oficina judicial de la Policía acataba la disposición del juez, trasladando al acusado de la jefatura al penal de San Luis. 

Moisés fue detenido el miércoles de la semana pasada. Al día siguiente fue indagado por Estrada. Pero asistido por su abogado, Ariel Becerra, se abstuvo de declarar, dijo el magistrado. 

El acusado fue denunciado el 6 de abril del año pasado, no solo por su pareja, sino también por la directora de la escuela a la que concurre la víctima. Ese día, la menor, que en aquel momento tenía 13 años, se animó a contarle a sus compañeras lo que su padrastro le hacía. 

Las otras chicas le aconsejaron que ya no ocultara eso, que lo hablara en ese instante aunque sea con las autoridades de la escuela. Y así fue. Cuando la madre de S. llegó al establecimiento, la directora le dijo: "S. tiene algo importante que decirle". 

Cuando madre e hija quedaron a solas, la adolescente le contó. "Moisés me toca desde los ocho", le reveló, recordó la mujer en la denuncia. La manoseaba debajo del corpiño. A veces amanecía y tenía el pantalón desprendido, confesó la chica. Otras veces pasaba y le tocaba la cola, como si fuera un juego. Hacía diez años que convivía con el hombre y hasta tenían un hijo de cinco años en común, jamás había visto o percibido siquiera que algo así pasara en su casa. 

Ese mismo día que lo denunció, el juez ordenó la exclusión del acusado del domicilio. Más allá de eso, la denunciante, que acababa de convertirse en su ex, tomó a sus dos hijos y se mudó a lo de un hermano. Ya no podía ver a Moisés. 

Después, en la Cámara Gesell S. ratificó todo lo que había dicho a los docentes y a su madre. "Los informes psicológicos hechos a la menor, que dieron cuenta de la veracidad de su relato, y también los testimonios del gabinete de psicólogos de la escuela que contuvieron a la nena", mencionó el juez, fueron otras de las tantas pruebas que determinaron el procesamiento del imputado. 

Fue luego de escuchar a la víctima que su madre entendió el porqué de algunas cosas que siempre le llamaron la atención acerca del acusado. "Él era raro. Muy callado. No le gustaba tener amistad con nadie (...) Era muy observador de las mujeres.

Miraba raro, como que se perdía mirando (...) Siempre quería tener relaciones conmigo y yo a veces me negaba. Él no entendía, me decía entonces que para qué tenía mujer. Una vez me quiso obligar y yo me defendí", había recordado la mujer, al final de su denuncia. 
 

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Villa Mercedes: cárcel para un acusado de abusar a su hijastra

Los ultrajes, según le contó la menor a su madre y a la directora de su escuela, empezaron cuando tenía ocho años. 

Moisés G., de 30 años, se había negado a declarar ante el juez Leandro Estrada. Foto: Héctor Portella.

S. calló lo que Moisés G., su padrastro, le hizo a lo largo de seis años. No quería contarlo porque por momentos tenía miedo de que no le creyeran, pero sobretodo pensaba que si le hacía semejante confesión a su mamá la cargaría con más problemas de los que, de por sí, ya tenía. Por eso durante todo ese tiempo la madre no advirtió, según dijo en la denuncia, nada que le hiciese pensar que su pareja abusaba de su hija. Pero hace casi un año S. sacó a la luz ese sucio secreto que por temor había guardado. Su madre jamás la puso en duda. De inmediato denunció a quien, por ese entonces, era su pareja y se fue de la casa en la que convivían hacía años, en Villa Mercedes. Ayer, con el cúmulo de pruebas recabadas en los últimos meses, a Moisés se le acabó la libertad. El juez instructor Leandro Estrada lo envió a la penitenciaría de San Luis. 

Lo procesó por "abuso sexual gravemente ultrajante agravado por ser cometido contra un menor, aprovechando la situación de convivencia preexistente", le confirmó el magistrado a El Diario. El hombre de 30 años fue notificado de la resolución pasadas las 19. Y, cerca de las 21, el personal de la oficina judicial de la Policía acataba la disposición del juez, trasladando al acusado de la jefatura al penal de San Luis. 

Moisés fue detenido el miércoles de la semana pasada. Al día siguiente fue indagado por Estrada. Pero asistido por su abogado, Ariel Becerra, se abstuvo de declarar, dijo el magistrado. 

El acusado fue denunciado el 6 de abril del año pasado, no solo por su pareja, sino también por la directora de la escuela a la que concurre la víctima. Ese día, la menor, que en aquel momento tenía 13 años, se animó a contarle a sus compañeras lo que su padrastro le hacía. 

Las otras chicas le aconsejaron que ya no ocultara eso, que lo hablara en ese instante aunque sea con las autoridades de la escuela. Y así fue. Cuando la madre de S. llegó al establecimiento, la directora le dijo: "S. tiene algo importante que decirle". 

Cuando madre e hija quedaron a solas, la adolescente le contó. "Moisés me toca desde los ocho", le reveló, recordó la mujer en la denuncia. La manoseaba debajo del corpiño. A veces amanecía y tenía el pantalón desprendido, confesó la chica. Otras veces pasaba y le tocaba la cola, como si fuera un juego. Hacía diez años que convivía con el hombre y hasta tenían un hijo de cinco años en común, jamás había visto o percibido siquiera que algo así pasara en su casa. 

Ese mismo día que lo denunció, el juez ordenó la exclusión del acusado del domicilio. Más allá de eso, la denunciante, que acababa de convertirse en su ex, tomó a sus dos hijos y se mudó a lo de un hermano. Ya no podía ver a Moisés. 

Después, en la Cámara Gesell S. ratificó todo lo que había dicho a los docentes y a su madre. "Los informes psicológicos hechos a la menor, que dieron cuenta de la veracidad de su relato, y también los testimonios del gabinete de psicólogos de la escuela que contuvieron a la nena", mencionó el juez, fueron otras de las tantas pruebas que determinaron el procesamiento del imputado. 

Fue luego de escuchar a la víctima que su madre entendió el porqué de algunas cosas que siempre le llamaron la atención acerca del acusado. "Él era raro. Muy callado. No le gustaba tener amistad con nadie (...) Era muy observador de las mujeres.

Miraba raro, como que se perdía mirando (...) Siempre quería tener relaciones conmigo y yo a veces me negaba. Él no entendía, me decía entonces que para qué tenía mujer. Una vez me quiso obligar y yo me defendí", había recordado la mujer, al final de su denuncia. 
 

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