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La Justicia y el derecho, una mera y eventual coincidencia

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La Justicia y el derecho, una mera y eventual coincidencia

Por alguna razón, “el ciudadano” debe presentarse ante la Justicia. Debe someterse a su imperio. Corresponde. Así está establecido, así es el “pacto social”. Porque se vulneraron sus derechos u otro ciudadano ha denunciado que él lo vulneró, incluso porque cometió un delito y fue descubierto in fraganti, por razones que tienen que ver con lo penal, con lo civil, con lo laboral, con lo comercial o familiar. Lo cierto es que debe comparecer ante la Justicia. En los tradicionales tribunales de la calle Talcahuano, en Comodoro Py, o en cualquier sede de cualquier rincón de la República Argentina.

Al momento de presentarse, la máxima autoridad de la más importante institución del Poder Judicial de la Nación, expresa públicamente: “La legitimidad del Poder Judicial es esencial. Y un Poder Judicial sin legitimidad pierde su razón de ser, pues no puede ser eficaz. Toda crisis de legitimidad es en gran parte una crisis de confianza. Y los argentinos están perdiendo la confianza en el Poder Judicial. Para recuperar la legitimidad y la confianza perdida debemos demostrar que somos puntillosos en el cumplimiento de las reglas”. (La ciudadanía) “sospecha que servimos a intereses ajenos al derecho. Que no servimos al derecho sino que nos servimos del derecho”. (Recuperar la confianza) “lleva tiempo y constancia. Y la constancia es algo que nos cuesta a los argentinos.  Los jueces debemos atarnos al mástil de la legalidad. Tener coherencia aunque el resultado sea antipático”. 

“El ciudadano” reflexiona: “Estoy en un problema personal serio, me enfrento a un juez, me someto a un sistema que puede no ser eficaz, está en duda su legitimidad. Y muchos no confían para nada en él. Estas personas a las que me entrego pueden no ser puntillosas en el cumplimiento de las reglas. Se sospecha que sirven a otros intereses y cualquier coincidencia con las normas del derecho es casi casualidad. ¿Cuánto tiempo precisarán? Los que me tocan a mí, ¿tendrán constancia? ¿Se habrán atado al mástil o querrán ser simpáticos?” Demasiadas dudas para un simple mortal argentino enfrentado a semejante monstruo. 

“El ciudadano” decide cambiar de canal. Habría elegido uno de la oposición a todo. En otro canal muestran el juicio político a varios jueces, más los destituidos. Y las escuchas, los mensajes telefónicos y los videos que incriminan a un fiscal que está a punto de ser declarado en rebeldía por no presentarse ante un juez del mismo sistema, sospechados juez y fiscal de absoluta parcialidad. Cambia otra vez de canal. Maldice su suerte.

Escucha pestes de la integración y el funcionamiento del Consejo de la Magistratura. De la conformación actual, de la de hace dos años y de la anterior. Este consejo controla, corrige, sanciona y destituye a los jueces arriba mencionados.  Y vuelve a cambiar de canal.

Encuentra un sesudo análisis de la judicialización de la política y la politización de la Justicia. Intenta entonces descubrir de qué partido político será el juez que le toca enfrentar, si es garantista o no. ¿Qué opina del Hábeas Corpus? ¿Cuál es su idea sobre la libertad y la condena? ¿Qué doctrinas acompaña? Y ojalá el secretario, el fiscal y el defensor oficial acompañen la misma. Igual, su cuestión no es política, no está afiliado a nada, no integra el consorcio de su edificio, ni de su barrio porque no quiere líos, pero… nunca se sabe.

Prefiere no recordar que no pudo contratar al “mejor abogado” por una transitoria coyuntura económico-financiera. Y que no podrá hacerlo en su vida. O quizás sí.

Inocente o culpable. Ahora sí, “el ciudadano” entra a “los tribunales”, absolutamente convencido que  cualquier relación que tenga su futuro con el derecho y la Justicia es una mera y eventual coincidencia. Igual, igual... “cree en la Justicia”.

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La Justicia y el derecho, una mera y eventual coincidencia

Por alguna razón, “el ciudadano” debe presentarse ante la Justicia. Debe someterse a su imperio. Corresponde. Así está establecido, así es el “pacto social”. Porque se vulneraron sus derechos u otro ciudadano ha denunciado que él lo vulneró, incluso porque cometió un delito y fue descubierto in fraganti, por razones que tienen que ver con lo penal, con lo civil, con lo laboral, con lo comercial o familiar. Lo cierto es que debe comparecer ante la Justicia. En los tradicionales tribunales de la calle Talcahuano, en Comodoro Py, o en cualquier sede de cualquier rincón de la República Argentina.

Al momento de presentarse, la máxima autoridad de la más importante institución del Poder Judicial de la Nación, expresa públicamente: “La legitimidad del Poder Judicial es esencial. Y un Poder Judicial sin legitimidad pierde su razón de ser, pues no puede ser eficaz. Toda crisis de legitimidad es en gran parte una crisis de confianza. Y los argentinos están perdiendo la confianza en el Poder Judicial. Para recuperar la legitimidad y la confianza perdida debemos demostrar que somos puntillosos en el cumplimiento de las reglas”. (La ciudadanía) “sospecha que servimos a intereses ajenos al derecho. Que no servimos al derecho sino que nos servimos del derecho”. (Recuperar la confianza) “lleva tiempo y constancia. Y la constancia es algo que nos cuesta a los argentinos.  Los jueces debemos atarnos al mástil de la legalidad. Tener coherencia aunque el resultado sea antipático”. 

“El ciudadano” reflexiona: “Estoy en un problema personal serio, me enfrento a un juez, me someto a un sistema que puede no ser eficaz, está en duda su legitimidad. Y muchos no confían para nada en él. Estas personas a las que me entrego pueden no ser puntillosas en el cumplimiento de las reglas. Se sospecha que sirven a otros intereses y cualquier coincidencia con las normas del derecho es casi casualidad. ¿Cuánto tiempo precisarán? Los que me tocan a mí, ¿tendrán constancia? ¿Se habrán atado al mástil o querrán ser simpáticos?” Demasiadas dudas para un simple mortal argentino enfrentado a semejante monstruo. 

“El ciudadano” decide cambiar de canal. Habría elegido uno de la oposición a todo. En otro canal muestran el juicio político a varios jueces, más los destituidos. Y las escuchas, los mensajes telefónicos y los videos que incriminan a un fiscal que está a punto de ser declarado en rebeldía por no presentarse ante un juez del mismo sistema, sospechados juez y fiscal de absoluta parcialidad. Cambia otra vez de canal. Maldice su suerte.

Escucha pestes de la integración y el funcionamiento del Consejo de la Magistratura. De la conformación actual, de la de hace dos años y de la anterior. Este consejo controla, corrige, sanciona y destituye a los jueces arriba mencionados.  Y vuelve a cambiar de canal.

Encuentra un sesudo análisis de la judicialización de la política y la politización de la Justicia. Intenta entonces descubrir de qué partido político será el juez que le toca enfrentar, si es garantista o no. ¿Qué opina del Hábeas Corpus? ¿Cuál es su idea sobre la libertad y la condena? ¿Qué doctrinas acompaña? Y ojalá el secretario, el fiscal y el defensor oficial acompañen la misma. Igual, su cuestión no es política, no está afiliado a nada, no integra el consorcio de su edificio, ni de su barrio porque no quiere líos, pero… nunca se sabe.

Prefiere no recordar que no pudo contratar al “mejor abogado” por una transitoria coyuntura económico-financiera. Y que no podrá hacerlo en su vida. O quizás sí.

Inocente o culpable. Ahora sí, “el ciudadano” entra a “los tribunales”, absolutamente convencido que  cualquier relación que tenga su futuro con el derecho y la Justicia es una mera y eventual coincidencia. Igual, igual... “cree en la Justicia”.

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