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Naruto vs. David Slater, "algo vs. alguien"

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Naruto vs. David Slater, "algo vs. alguien"

Nicolás Varvara

En el mundo de la fotografía el marco legal, que involucra tanto a los derechos de autor como de explotación de la obra, atraviesa muchas veces "grises" difíciles de resolver que se convierten en un verdadero dolor de cabeza para todas las figuras legales involucradas. Tal fue el caso de la famosa foto del "mono selfie" Naruto.

La historia sucedió más o menos así: en 2011 David Slater, fotógrafo de naturaleza, viajó a Indonesia para convivir con macacos negros crestados y retratarlos de todas las formas posibles. En un descuido, uno de los monos le robó la cámara y empezó a sacar fotos, entre ellas dos selfies que se viralizaron por todo el mundo sin ningún reparo, hasta llegar a Wikimedia, la organización responsable de Wikipedia. David reclamó entonces por primera vez por los derechos sobre las fotos y recibió una respuesta que lo dejó boquiabierto: "No, las fotos son del mono".

Ni Slater ni mucho menos el simio alegre pensaron jamás en las repercusiones judiciales y el debate legal inédito que tres años después se gestaría sobre los derechos de autor de aquellas fotografías.

El vacío legal existente hasta el momento acerca de si un animal -calificado como "algo" y no "alguien" por la ley- podría ser considerado creador de una obra, desató un sinnúmero de opiniones, tanto de los defensores más acérrimos del derecho de autor, como de la ONG PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), que tomó partido en la defensa legal del mono ante los tribunales estadounidenses, buscando instaurar que Naruto es alguien y no algo, y que el mono "tomó la foto y por consiguiente tenía los derechos sobre la imagen, como ocurriría en el caso de un humano".

En este punto, todos los medios se mofaban del hecho e ilustraban diarios y revistas con la imagen del sonriente mono, dueño de una dentadura bastante llamativa, concediéndole el crédito fotográfico nada más y nada menos que a Naruto.

La defensa de Slater sostenía que él era el legítimo propietario de las fotos, porque había instalado la cámara y sólo se había alejado por unos minutos, para luego percatarse de que el mono se había llevado su equipo y con una sonrisa de oreja a oreja se alejaba disparando fotos para todos lados.

Tras la extravagante batalla judicial el litigio terminó con un arreglo entre las partes. El fotógrafo aceptó que el 25% de los ingresos futuros obtenidos de las fotos del mono fueran donados a organismos encargados de proteger el hábitat de Naruto y otros simios de Indonesia. Casi como una mojada de oreja, el animal fue declarado por PETA como "Personalidad del Año" en 2017.

 

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Naruto vs. David Slater, "algo vs. alguien"

En el mundo de la fotografía el marco legal, que involucra tanto a los derechos de autor como de explotación de la obra, atraviesa muchas veces "grises" difíciles de resolver que se convierten en un verdadero dolor de cabeza para todas las figuras legales involucradas. Tal fue el caso de la famosa foto del "mono selfie" Naruto.

La historia sucedió más o menos así: en 2011 David Slater, fotógrafo de naturaleza, viajó a Indonesia para convivir con macacos negros crestados y retratarlos de todas las formas posibles. En un descuido, uno de los monos le robó la cámara y empezó a sacar fotos, entre ellas dos selfies que se viralizaron por todo el mundo sin ningún reparo, hasta llegar a Wikimedia, la organización responsable de Wikipedia. David reclamó entonces por primera vez por los derechos sobre las fotos y recibió una respuesta que lo dejó boquiabierto: "No, las fotos son del mono".

Ni Slater ni mucho menos el simio alegre pensaron jamás en las repercusiones judiciales y el debate legal inédito que tres años después se gestaría sobre los derechos de autor de aquellas fotografías.

El vacío legal existente hasta el momento acerca de si un animal -calificado como "algo" y no "alguien" por la ley- podría ser considerado creador de una obra, desató un sinnúmero de opiniones, tanto de los defensores más acérrimos del derecho de autor, como de la ONG PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), que tomó partido en la defensa legal del mono ante los tribunales estadounidenses, buscando instaurar que Naruto es alguien y no algo, y que el mono "tomó la foto y por consiguiente tenía los derechos sobre la imagen, como ocurriría en el caso de un humano".

En este punto, todos los medios se mofaban del hecho e ilustraban diarios y revistas con la imagen del sonriente mono, dueño de una dentadura bastante llamativa, concediéndole el crédito fotográfico nada más y nada menos que a Naruto.

La defensa de Slater sostenía que él era el legítimo propietario de las fotos, porque había instalado la cámara y sólo se había alejado por unos minutos, para luego percatarse de que el mono se había llevado su equipo y con una sonrisa de oreja a oreja se alejaba disparando fotos para todos lados.

Tras la extravagante batalla judicial el litigio terminó con un arreglo entre las partes. El fotógrafo aceptó que el 25% de los ingresos futuros obtenidos de las fotos del mono fueran donados a organismos encargados de proteger el hábitat de Naruto y otros simios de Indonesia. Casi como una mojada de oreja, el animal fue declarado por PETA como "Personalidad del Año" en 2017.

 

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