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Mejora el precio del gordo, pero no la cría

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Mejora el precio del gordo, pero no la cría

Nicolás Razzetti

En términos reales, los valores de la hacienda para faena superaron por mucho a la inflación y se ubican en niveles similares a los de 2016, pero entre los feedloteros sigue primando la cautela, por eso el nivel de encierre es bajo. En el caso de la cría, las cuentas siguen complicadas.

La producción de carne sigue bajando. En marzo, el dato oficial indica una caída muy alta en la faena. La reducción fue de 12% ese mes y en la comparación interanual, en tanto que en el primer cuatrimestre del año la merma alcanza al 5%. 
Menos faena significa menos producción de carne, pero con exportaciones que son mucho más altas que en el primer trimestre del año pasado y que llegan a niveles similares a los que había en el cierre de 2018. Por eso lo que se resiente es el consumo ponderado promedio por habitante y por año, que según los últimos datos cayó por debajo de los 50 kilos y cuyo promedio debería ser todavía menor cuando se conozcan los datos sobre las exportaciones de marzo y abril.

El año pasado se produjo mucha carne, se superaron las 3 millones de toneladas. La alta faena hizo que el consumo no se viera resentido a pesar de la creciente venta al extranjero. En 2018 la faena y producción de carne fueron altas porque la seca obligó al achicamiento de los campos y además los feedlots encerraron mucha hacienda, por lo menos hasta el invierno. Pero los números no dieron bien y eso redujo los encierres, lo que significa menos oferta para la demanda local en el arranque del año. Del lado de la cría, en tanto, el buen clima del verano y del arranque del otoño y la menor carga de hacienda por el achique de 2018 permite que los productores retengan ganado, o que tengan menos necesidad de desprenderse de madres y de la invernada. 

Por esos motivos la oferta fue baja en el primer trimestre del año. En marzo la producción de carne fue solo de 229 mil toneladas, el mismo volumen que habitualmente se destina al mercado interno, lo que quiere decir que para sostener el consumo ese mes no se debería haber exportado nada. Evidentemente el consumo va a tener que competir con las exportaciones en los meses que vienen, lo que debería ayudar al menos al sostenimiento de los precios. 

En el arranque del año hubo una mejora notable en las cotizaciones, proceso que arrancó poco antes de la última Navidad y que permitió una recuperación de precios en términos reales. Así lo explicó el consultor Matías Sara: “El gordo en los últimos meses le ganó a la inflación del año pasado, recuperó algo de lo que perdió en 2017/18 y sus niveles de precios son similares a los que había en 2016, cuando el engorde se manejaba bien con cierta rentabilidad”. Pero no sucede lo mismo con la cría, lo que veremos más adelante.

Con respecto a la mejora de la renta del engorde, Juan Eiras, reelegido recientemente al frente de la Cámara de Feedlot, comentó que “los números mejoraron en términos nominales desde la suba. El precio de venta superó al costo, que fue el gran drama del año pasado. Pero esa es la foto, cuando uno intenta ver la película se encuentra con un panorama más incierto porque los pesos por cabeza no cubren nada. Y ni hablar del costo financiero". 

El kilo producido en el engorde a corral es de $55 para el ternero y de $55 a $60 para un novillito. Estamos hablando de precios promedio según las fuentes consultadas, aunque todo depende del sistema productivo en cada caso y de las oportunidades comerciales que se presenten. A esos precios hay que sumarles los costos de compra. En tanto la venta promedia los $65/70, valor al que se requiere restarle los costos comerciales. El número da levemente positivo, y si se agrega una recría mejora un poco más, ya que el costo del kilo ganado en esa etapa es de $25/30. Pero aun así el resultado es “finito” y por eso la cuenta se ajusta con el precio del ternero. “La rentabilidad es muy baja, de 7/8% en un buen lote que deja $1.500/$2.000 por cabeza. Hablamos de 7/8% en un cuatrimestre contra un plazo fijo que deja 4% mensual, mientras que otras colocaciones están en el orden del  5/6%, contra lo financiero no hay manera de competir” explicó Eiras.

El bolsillo de los engordadores quedó seco por las pérdidas de 2018 y eso se refleja en los bajos niveles de encierre, que promediaron en el inicio de abril 55% de la capacidad instalada de los socios de la entidad, cuando a igual fecha del año pasado la ocupación había llegado a 73%.

El ritmo de ingreso de la hacienda a los corrales es lento, moderado desde el inicio de la zafra. Los referentes del feedlot en nuestro país señalaron que este año la cautela prima a la hora de las compras porque no había posibilidades de volver a perder dinero.

Por eso no mejora el precio de la invernada. La puja se da por los machos de menos de 200 kilos, por los que compiten feedloteros con recriadores. Esa es la categoría más pedida, en el resto se nota una tranquilidad mayor, especialmente cuando se negocian terneras. Claramente es el ternero la variable de ajuste de los corrales, que temen que la crisis económica les juegue en contra cuando salgan con gordo para la faena. El maíz les está dando una mano ya que la relación es de 12 a 1 con el kilo de animal en pie, un buen número en términos históricos aunque podría ser mejor si el precio local hubiera copiado la baja de Chicago, lo que hubiera sido posible si no se hubiese producido la última devaluación que llevó al dólar de $38 a $43/44. Por otra parte, hay que contemplar que los feedlots compran el maíz con un descuento del 10% por las retenciones.

¿Cuál es la perspectiva para la oferta de gordo en cuanto a los precios? La alta oferta de pasto del verano y el otoño, y el ingreso escalonado de hacienda a los corrales, va permitir una oferta moderada de hacienda liviana y a que los valores se sostengan. Aunque si se respetan los precios en términos nominales, con una inflación del 3/4% mensual se perderá poder de compra o de reposición. Muchos coinciden en que la hacienda que no entra al feedlot termina en una recría, lo que nadie puede precisar es la cantidad ni mucho menos cuándo se contará con ese ganado para la faena. Pero sí es real que así se diluye la posibilidad de picos de oferta y que el alargamiento del proceso productivo puede significar mayor productividad por animal y una oferta “desparramada” en el año.

La exportación jugaría a favor del sostenimiento de los valores. En los primeros dos meses del año se embarcaron 100 mil toneladas res con hueso, lo que augura al menos 600 mil en el año, con una faena y una producción que serían más bajas que en 2018. Esa exportación se lleva mayormente carne de vaca, que en gran parte terminaba antes en zonas de menor capacidad de compra como ciertos municipios del conurbano bonaerense donde operan los “vaqueros”, que ahora piden hacienda de corral, novillitos principalmente que no tienen los mejores niveles de terminación pero a los que le agregan competencia y mejoran las ventas de lo que sale de los feedlots.

Más arriba señalamos que los precios del gordo mejoraron en términos reales y que superaron a la inflación de 2018. En efecto, la suba en los valores del ganado para faena fue de 90/100% contra una inflación de 48%. No sucedió lo mismo con los precios de la cría. “Los valores de la cría están más complicados. La suba del ternero permitió que se mantenga en términos reales el mismo precio que había el año pasado, lo que significa una pérdida de valor muy grande respecto de 2015. Eso se nota más en las terneras y hace que para los criadores puros, éste sea un año complicado”, indicó Sara. 

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Mejora el precio del gordo, pero no la cría

En términos reales, los valores de la hacienda para faena superaron por mucho a la inflación y se ubican en niveles similares a los de 2016, pero entre los feedloteros sigue primando la cautela, por eso el nivel de encierre es bajo. En el caso de la cría, las cuentas siguen complicadas.

La producción de carne sigue bajando. En marzo, el dato oficial indica una caída muy alta en la faena. La reducción fue de 12% ese mes y en la comparación interanual, en tanto que en el primer cuatrimestre del año la merma alcanza al 5%. 
Menos faena significa menos producción de carne, pero con exportaciones que son mucho más altas que en el primer trimestre del año pasado y que llegan a niveles similares a los que había en el cierre de 2018. Por eso lo que se resiente es el consumo ponderado promedio por habitante y por año, que según los últimos datos cayó por debajo de los 50 kilos y cuyo promedio debería ser todavía menor cuando se conozcan los datos sobre las exportaciones de marzo y abril.

El año pasado se produjo mucha carne, se superaron las 3 millones de toneladas. La alta faena hizo que el consumo no se viera resentido a pesar de la creciente venta al extranjero. En 2018 la faena y producción de carne fueron altas porque la seca obligó al achicamiento de los campos y además los feedlots encerraron mucha hacienda, por lo menos hasta el invierno. Pero los números no dieron bien y eso redujo los encierres, lo que significa menos oferta para la demanda local en el arranque del año. Del lado de la cría, en tanto, el buen clima del verano y del arranque del otoño y la menor carga de hacienda por el achique de 2018 permite que los productores retengan ganado, o que tengan menos necesidad de desprenderse de madres y de la invernada. 

Por esos motivos la oferta fue baja en el primer trimestre del año. En marzo la producción de carne fue solo de 229 mil toneladas, el mismo volumen que habitualmente se destina al mercado interno, lo que quiere decir que para sostener el consumo ese mes no se debería haber exportado nada. Evidentemente el consumo va a tener que competir con las exportaciones en los meses que vienen, lo que debería ayudar al menos al sostenimiento de los precios. 

En el arranque del año hubo una mejora notable en las cotizaciones, proceso que arrancó poco antes de la última Navidad y que permitió una recuperación de precios en términos reales. Así lo explicó el consultor Matías Sara: “El gordo en los últimos meses le ganó a la inflación del año pasado, recuperó algo de lo que perdió en 2017/18 y sus niveles de precios son similares a los que había en 2016, cuando el engorde se manejaba bien con cierta rentabilidad”. Pero no sucede lo mismo con la cría, lo que veremos más adelante.

Con respecto a la mejora de la renta del engorde, Juan Eiras, reelegido recientemente al frente de la Cámara de Feedlot, comentó que “los números mejoraron en términos nominales desde la suba. El precio de venta superó al costo, que fue el gran drama del año pasado. Pero esa es la foto, cuando uno intenta ver la película se encuentra con un panorama más incierto porque los pesos por cabeza no cubren nada. Y ni hablar del costo financiero". 

El kilo producido en el engorde a corral es de $55 para el ternero y de $55 a $60 para un novillito. Estamos hablando de precios promedio según las fuentes consultadas, aunque todo depende del sistema productivo en cada caso y de las oportunidades comerciales que se presenten. A esos precios hay que sumarles los costos de compra. En tanto la venta promedia los $65/70, valor al que se requiere restarle los costos comerciales. El número da levemente positivo, y si se agrega una recría mejora un poco más, ya que el costo del kilo ganado en esa etapa es de $25/30. Pero aun así el resultado es “finito” y por eso la cuenta se ajusta con el precio del ternero. “La rentabilidad es muy baja, de 7/8% en un buen lote que deja $1.500/$2.000 por cabeza. Hablamos de 7/8% en un cuatrimestre contra un plazo fijo que deja 4% mensual, mientras que otras colocaciones están en el orden del  5/6%, contra lo financiero no hay manera de competir” explicó Eiras.

El bolsillo de los engordadores quedó seco por las pérdidas de 2018 y eso se refleja en los bajos niveles de encierre, que promediaron en el inicio de abril 55% de la capacidad instalada de los socios de la entidad, cuando a igual fecha del año pasado la ocupación había llegado a 73%.

El ritmo de ingreso de la hacienda a los corrales es lento, moderado desde el inicio de la zafra. Los referentes del feedlot en nuestro país señalaron que este año la cautela prima a la hora de las compras porque no había posibilidades de volver a perder dinero.

Por eso no mejora el precio de la invernada. La puja se da por los machos de menos de 200 kilos, por los que compiten feedloteros con recriadores. Esa es la categoría más pedida, en el resto se nota una tranquilidad mayor, especialmente cuando se negocian terneras. Claramente es el ternero la variable de ajuste de los corrales, que temen que la crisis económica les juegue en contra cuando salgan con gordo para la faena. El maíz les está dando una mano ya que la relación es de 12 a 1 con el kilo de animal en pie, un buen número en términos históricos aunque podría ser mejor si el precio local hubiera copiado la baja de Chicago, lo que hubiera sido posible si no se hubiese producido la última devaluación que llevó al dólar de $38 a $43/44. Por otra parte, hay que contemplar que los feedlots compran el maíz con un descuento del 10% por las retenciones.

¿Cuál es la perspectiva para la oferta de gordo en cuanto a los precios? La alta oferta de pasto del verano y el otoño, y el ingreso escalonado de hacienda a los corrales, va permitir una oferta moderada de hacienda liviana y a que los valores se sostengan. Aunque si se respetan los precios en términos nominales, con una inflación del 3/4% mensual se perderá poder de compra o de reposición. Muchos coinciden en que la hacienda que no entra al feedlot termina en una recría, lo que nadie puede precisar es la cantidad ni mucho menos cuándo se contará con ese ganado para la faena. Pero sí es real que así se diluye la posibilidad de picos de oferta y que el alargamiento del proceso productivo puede significar mayor productividad por animal y una oferta “desparramada” en el año.

La exportación jugaría a favor del sostenimiento de los valores. En los primeros dos meses del año se embarcaron 100 mil toneladas res con hueso, lo que augura al menos 600 mil en el año, con una faena y una producción que serían más bajas que en 2018. Esa exportación se lleva mayormente carne de vaca, que en gran parte terminaba antes en zonas de menor capacidad de compra como ciertos municipios del conurbano bonaerense donde operan los “vaqueros”, que ahora piden hacienda de corral, novillitos principalmente que no tienen los mejores niveles de terminación pero a los que le agregan competencia y mejoran las ventas de lo que sale de los feedlots.

Más arriba señalamos que los precios del gordo mejoraron en términos reales y que superaron a la inflación de 2018. En efecto, la suba en los valores del ganado para faena fue de 90/100% contra una inflación de 48%. No sucedió lo mismo con los precios de la cría. “Los valores de la cría están más complicados. La suba del ternero permitió que se mantenga en términos reales el mismo precio que había el año pasado, lo que significa una pérdida de valor muy grande respecto de 2015. Eso se nota más en las terneras y hace que para los criadores puros, éste sea un año complicado”, indicó Sara. 

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