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Cambiaron el caballo por las motos y ansían trabajar mejor

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Cambiaron el caballo por las motos y ansían trabajar mejor

Trece carreros accedieron al rodado con caja y planean aumentar las tareas para incrementar sus ingresos. 

Con esto he salido adelante por mis hijos. Estoy sin palabras, muy emocionada por esta oportunidad que me dio Dios. Hace muchos años que trabajo llevando verduras y ramas, y ahora tengo planes de salir a vender artículos de limpieza", expresó con la voz entrecortada Vanesa Rivarola, una vecina del San José. Ella y otras doce personas más recibieron una motocarga con la que reemplazarán el caballo y el carro y se ilusionaron con poder mejorar sus ingresos. 

La iniciativa fue plasmada en la ordenanza 795 del 2016 para poder eliminar paulatinamente la tracción a sangre en la ciudad y  atacar los basurales clandestinos generados, en algunos casos, por los carreros.

Ayer a las 11 en el complejo nativista "Héctor Aubert", once hombres y dos mujeres recibieron una motocicleta de 200 cilindradas con acoplado, caja de cambios con marcha atrás y alertas lumínicas y sonoras para anticipar las maniobras.

Muchos de ellos han pasado décadas en la tarea y de niños vieron a sus padres hacer lo mismo.

"Llevo entre 15 y 18 años con esto, crié a mis hijos y hasta hice mi casa. Siempre estuve de acuerdo con la motocarga porque quería que mi caballo dejara de tirar, el hecho de cargar arena o escombros era mucho peso para él pero teníamos que hacerlo porque vivíamos de eso. Siempre lo tuve bien cuidado, no está lastimado pero me daba lástima verlo. A veces parábamos al mediodía pero hay días que arrancás temprano. Con esto podré cubrir más zonas porque es más rápido", resaltó Carlos Ledesma.

Ramón González, que vive con su mujer María en el Kilómetro 4, se emocionó hasta las lágrimas. "Anoche no pude dormir de los nervios, tanto esperé para que no sufran más los caballos. Hace más de 20 años que trabajo en changas pero ahora quiero hacer otra cosa, no quiero sacar más ramas ni escombros. Me gustaría hacer fletes y vender verdura o leña", indicó.

 

Emocionada, Vanesa Rivarola, junto a su familia, no pudo ocultar sus lágrimas. Foto: Chiche Herrera

 

Lucía Alaniz, otra de las adjudicatarias, contó que de chiquitos trabajan con carros. "Fuimos criados así porque mi papá laburó toda la vida en esto. Hacíamos changas de escombros, arena, panadería, lo que saliera. Los muchachos de la primera entrega dicen que les va bastante bien así que no creo que nosotros tengamos problemas; las expectativas son buenas, tenemos fe", confió.

La normativa, además, busca proteger a los equinos que en ciertos casos trabajan enfermos. "La necesidad era pedida permanentemente por grupos proteccionistas y la comunidad, por lo que entendimos que debíamos ser una ciudad sin tracción a sangre. En el 2017 empezamos a trabajar para crear responsabilidad sobre su carro y los caballos, nos aseguramos  que cada animal esté con herraduras, desparasitado y si necesitaban veterinario acudiríamos con la medicación y el profesional", sostuvo Laura Ferrer, a cargo de la Unidad Ejecutora de Tenencia Responsable de animales.

Los trece beneficiarios llegaron con sus compañeros equinos a los que despidieron con cariño y entregaron al Refugio de contención municipal, que ya los dio en adopción a distintas estancias aledañas a la ciudad.

En el registro elaborado por la Comuna hay 128 carreros, de los cuales 102 aún están en lista de espera para adquirir el vehículo. Con esta segunda entrega completaron 26. La primera fue realizada el año pasado en agosto.

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Cambiaron el caballo por las motos y ansían trabajar mejor

Trece carreros accedieron al rodado con caja y planean aumentar las tareas para incrementar sus ingresos. 

A punto. Los beneficiados con el rodado tuvieron clases de manejo gratuitas. Foto: Chiche Herrera

Con esto he salido adelante por mis hijos. Estoy sin palabras, muy emocionada por esta oportunidad que me dio Dios. Hace muchos años que trabajo llevando verduras y ramas, y ahora tengo planes de salir a vender artículos de limpieza", expresó con la voz entrecortada Vanesa Rivarola, una vecina del San José. Ella y otras doce personas más recibieron una motocarga con la que reemplazarán el caballo y el carro y se ilusionaron con poder mejorar sus ingresos. 

La iniciativa fue plasmada en la ordenanza 795 del 2016 para poder eliminar paulatinamente la tracción a sangre en la ciudad y  atacar los basurales clandestinos generados, en algunos casos, por los carreros.

Ayer a las 11 en el complejo nativista "Héctor Aubert", once hombres y dos mujeres recibieron una motocicleta de 200 cilindradas con acoplado, caja de cambios con marcha atrás y alertas lumínicas y sonoras para anticipar las maniobras.

Muchos de ellos han pasado décadas en la tarea y de niños vieron a sus padres hacer lo mismo.

"Llevo entre 15 y 18 años con esto, crié a mis hijos y hasta hice mi casa. Siempre estuve de acuerdo con la motocarga porque quería que mi caballo dejara de tirar, el hecho de cargar arena o escombros era mucho peso para él pero teníamos que hacerlo porque vivíamos de eso. Siempre lo tuve bien cuidado, no está lastimado pero me daba lástima verlo. A veces parábamos al mediodía pero hay días que arrancás temprano. Con esto podré cubrir más zonas porque es más rápido", resaltó Carlos Ledesma.

Ramón González, que vive con su mujer María en el Kilómetro 4, se emocionó hasta las lágrimas. "Anoche no pude dormir de los nervios, tanto esperé para que no sufran más los caballos. Hace más de 20 años que trabajo en changas pero ahora quiero hacer otra cosa, no quiero sacar más ramas ni escombros. Me gustaría hacer fletes y vender verdura o leña", indicó.

 

Emocionada, Vanesa Rivarola, junto a su familia, no pudo ocultar sus lágrimas. Foto: Chiche Herrera

 

Lucía Alaniz, otra de las adjudicatarias, contó que de chiquitos trabajan con carros. "Fuimos criados así porque mi papá laburó toda la vida en esto. Hacíamos changas de escombros, arena, panadería, lo que saliera. Los muchachos de la primera entrega dicen que les va bastante bien así que no creo que nosotros tengamos problemas; las expectativas son buenas, tenemos fe", confió.

La normativa, además, busca proteger a los equinos que en ciertos casos trabajan enfermos. "La necesidad era pedida permanentemente por grupos proteccionistas y la comunidad, por lo que entendimos que debíamos ser una ciudad sin tracción a sangre. En el 2017 empezamos a trabajar para crear responsabilidad sobre su carro y los caballos, nos aseguramos  que cada animal esté con herraduras, desparasitado y si necesitaban veterinario acudiríamos con la medicación y el profesional", sostuvo Laura Ferrer, a cargo de la Unidad Ejecutora de Tenencia Responsable de animales.

Los trece beneficiarios llegaron con sus compañeros equinos a los que despidieron con cariño y entregaron al Refugio de contención municipal, que ya los dio en adopción a distintas estancias aledañas a la ciudad.

En el registro elaborado por la Comuna hay 128 carreros, de los cuales 102 aún están en lista de espera para adquirir el vehículo. Con esta segunda entrega completaron 26. La primera fue realizada el año pasado en agosto.

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